Los 600 kilómetros y más de 6.000 metros de desnivel de la Titan Desert no son los únicos desafíos que Juan Ignacio Martínez afronta por el desierto del Sáhara. Cada etapa subido a la bicicleta de Aural Centros Auditivos se convierte en un auténtico reto, pero el CEO de la empresa también lidera otra carrera paralela en Marruecos, que va más allá de la superación deportiva.
Aural Centros Auditivos deja huella en las localidades marroquíes por las que pasa la competición y ofrece de manera solidaria revisiones, tratamientos y audífonos a personas con pocos recursos
Los 600 kilómetros y más de 6.000 metros de desnivel de la Titan Desert no son los únicos desafíos que Juan Ignacio Martínez afronta por el desierto del Sáhara. Cada etapa subido a la bicicleta de Aural Centros Auditivos se convierte en un auténtico reto, pero el CEO de la empresa también lidera otra carrera paralela en Marruecos, que va más allá de la superación deportiva.
Los 37 corredores del equipo, entre ellos el exciclista del Movistar Team Luis Pasamontes, se enfrentan durante seis jornadas a una de las pruebas de bicicleta de montaña más exigentes. Ellos no son los únicos titanes que afrontan el barro. También lo hacen otros integrantes de la expedición desde un camión solidario, que mejora la vida de personas con pocos recursos en algunas poblaciones locales de Marruecos.

Bajo el lema Volver a oír para volver a vivir, dos audioprotesistas y una médica otorrinolaringóloga se han convertido por tercer año consecutivo en los verdaderos héroes para los niños y las personas mayores. Su solidaridad deja huella y ofrecen servicios de detección y tratamiento de problemas auditivos a más de 300 personas. Una ayuda que también les permite conectar con la vida gracias a las donaciones de audífonos.
“Siempre que hemos realizado una prueba en un país desfavorecido, hemos tratado de devolver al territorio parte de lo que nos dan. Hay muchas personas que quieren llevar audífonos, pero no pueden ni tienen los recursos para detectar su necesidad”, admite Juan Ignacio.
Su energía está en la bicicleta, pero su cabeza en un camión que le devuelve la fuerza en cada empeño a pedales durante las interminables horas de etapa: “Uno de los momentos clave es cuando conectas los primeros audífonos. En ese momento, la persona empieza a recibir todo un mundo de sonidos que hasta entonces eran totalmente inaccesibles”.
Desde primera hora de la mañana, las familias esperan con ganas que el vehículo abra sus puertas. “Vienen más de 50 pacientes”. Los más beneficiados son los pequeños, con testimonios que calan hondo a Francisca Mallmann, médica otorrinolaringóloga del Instituto IOGI: “El primer día tuvimos un adolescente que había sido operado del corazón por una malformación a los cinco años. En esa cirugía sufrió una pérdida profunda de audición”.
“No estamos aquí para solo correr. La razón es transformar la vida de las personas”
Pese a ello, la revisión auditiva que realizaron en el camión ha cambiado por completo su día a día: “Hicimos el diagnóstico, probamos los audífonos y tuvo un rendimiento excelente. Ahora es capaz de escuchar y ha recuperado una audición que es indispensable para su desarrollo personal”.
Tras la intervención, cada abrazo y gesto de las familias es una lección de superación, más allá del reto deportivo que realiza Aural Centros Auditivos. En la unidad móvil “caen las barreras idiomáticas y culturales”. Hay sonrisas y “algunas lágrimas”. También para Juan Ignacio, que deja en un segundo plano el resultado que logra cada día sobre la bicicleta en la Titan Desert: “Me encanta participar, pero no estamos aquí para solo correr. La verdadera razón es transformar la vida de muchas personas”.
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