La inmigración es uno de los principales objetos de debate político por su elevado crecimiento. Los nacidos en otro país son ya quinta parte de la población. Pero los inmigrantes son, a su vez, un sujeto político activo con capacidad de elección de gobernantes, un grupo cada vez más numeroso por el récord de nacionalizaciones. Lejos de ser un bloque homogéneo, su voto es un nuevo caladero que está lejos de ser patrimonio de ningún partido, con características diferenciadas según el país de origen.Entre los diez países con mayor número de inmigrantes con nacionalidad española y, por tanto, con derecho a voto en unas elecciones generales, sólo entre los venezolanos y los cubanos la derecha supera el 50% del voto, mientras que las posiciones más izquierdistas se dan entre los marroquíes y dominicanos, según revela el análisis de ABC a partir de los microdatos de los barómetros mensuales del CIS entre mayo de 2024 (primero que desagrega por país de nacimiento) y enero de 2026. Unos resultados con muestras estadísticamente representativas para un conjunto de países que suponen el 70% de la población española nacionalizada.En conjunto, entre los extranjeros nacionalizados, la intención de voto más simpatía a los principales partidos de la derecha, PP y Vox, suma sólo el 40%, frente al 47% que agrupan las opciones mayoritarias de izquierda (PSOE, Podemos y Sumar). Sin embargo, es en el detalle por países donde se encuentran las diferencias más ilustrativas.Entre los países con una muestra agregada significativa, PP y Vox solo son la opción preferida en intención de voto para los nacidos en Venezuela (61%) y los originarios de Cuba (52%, donde populares y Vox se reparten casi a partes iguales sus simpatías).Por su parte, los marroquíes se decantan de forma mayoritaria por las opciones nacionales de izquierdas (58%, 28 puntos por encima de la suma de PP y Vox). Un equilibrio similar se da entre los argentinos nacionalizados (53%, +17 puntos).Entre los ecuatorianos nacionalizados (la comunidad de ciudadanos españoles nacidos fuera más numerosa) también hay mayor querencia por la papeleta del PSOE, Sumar o Podemos (53%) que por la de los partidos nacionales del otro lado del espectro ideológico (39% escogerían a PP o Vox). Entre los franceses con DNI español, la cantidad de encuestados que apuestan por Sumar o Podemos es similar a la de quienes responden que de haber elecciones ahora apostarían por el PP (20%).Ideología conservadoraLos inmigrantes nacionalizados se inclinan por partidos de izquierda a pesar de que ideológicamente se sitúan en posiciones más conservadoras que los nacidos en España. En una escala de 1, más a la izquierda, al 10, más a la derecha, los extranjeros nacionalizados en España se sitúan en un 5,1 en su conjunto, frente al 4,7 de los españoles, según los cálculos propios a partir de los barómetros del CIS. Hay diferencias por países. Entre los orígenes mayoritarios, están más a la derecha venezolanos y cubanos (6,0), rumanos (5,7), dominicanos (5,6), bolivianos (5,5) y colombianos (5,3), mientras que están más a la izquierda los marroquíes (4,5) y los argentinos (4,9). La media de 5,1 en la escala ideológica está más cerca del posicionamiento de la ubicación ideológica de los votantes del PP en el mismo periodo analizado (6,5, una diferencia de 1,4 puntos) que de los votantes del PSOE (3,3, a 1,8 puntos). «La población de origen inmigrante suele tener posiciones más conservadores tanto con la redistribución económica como con las políticas que afectan a alguna dimensión moral o sociocultural», como el aborto o los derechos de los homosexuales, señala Laura Morales , profesora de Investigación del IPP-CSIC. Y, sin embargo, su inclinación mayoritaria es a partidos de izquierda. Según explica Morales, esta aparente discrepancia entre la posición ideológica y las opciones partidistas es muy común en el voto de la población inmigrante en Europa y América del Norte.El conservadurismo ideológico de los inmigrantes es sólo un factor para el voto, y no el único ni más decisivo. Carles Pamies , profesor de Ciencia Política de la UNED, indica que en la explicación de la posición del voto de los inmigrantes hay «más evidencia sobre la cuestión de las políticas favorables a la inmigración, a la jerarquía de minorías y a la socialización de origen». La jerarquía se refiere al diferente trato administrativo y social que perciben determinados colectivos respecto a otros inmigrantes, inclinados más a la izquierda para quienes se sienten más discriminados, según sus investigaciones. Los valores políticos de origen aluden, por ejemplo, a la preferencia por la derecha entre los inmigrantes procedentes de regímenes de izquierdas y las posiciones conservadoras de personas con mayor religiosidad.Los venezolanos nacionalizados españoles están políticamente más cerca del PP, y los marroquíes del PSOEDe todas las comunidades mayoritarias, los marroquíes se sitúan entre las posiciones políticas más a la izquierda, una situación generalizada entre las minorías musulmanas en Europa occidental, según explica Santiago Pérez-Nievas , profesor de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid. Las razones son la preferencia por posiciones laicas, frente al cristianismo de los conservadores, y por partidos con un teórico discurso más favorable a la inmigración, ya que se auto perciben como «el grupo más vulnerable al que se dirige mayor hostilidad de la población local», señala.Peso electoral de los inmigrantesLa cuestión es si esa aparente preferencia por partidos de izquierdas puede decantar elecciones. Mientras que en los comicios locales el voto de los nacidos en el extranjero puede ser determinante según su peso demográfico en el municipio, en unas generales está aún lejos de ser clave. De los 9,5 millones de residentes nacidos en el extranjero, sólo tres millones tienen la nacionalidad española, su reparto es desigual por el territorio y su participación es baja. El impacto electoral de los inmigrantes en unas generales depende de la nacionalidad española adquirida por los extranjeros, muy desigual entre países. Por ejemplo, los rumanos, el cuarto país de origen más frecuente (cerca de 520.000), sólo tiene a un 5% de la población nacionalizada (unos 25.000). Así que, a pesar de que apoyan mayoritariamente a partidos de derechas (56% entre PP y Vox), apenas tienen impacto electoral más allá de algunos comicios locales. Los ecuatorianos, la quinta comunidad más numerosa (aproximadamente 470.000) son la primera en número con nacionalidad española (unos 340.000, el 73% de su población total), así que su potencial impacto electoral es mayor, y pesa más su inclinación a la izquierda (53% de voto entre PSOE, Podemos y Sumar, frente al 39% de PP y Vox).En unas elecciones generales o autonómicas es «harto improbable que pueda ser determinante para el resultado», señala Morales. «Los últimos escaños de cada circunscripción se suelen repartir por una diferencia de miles de votos; por tanto, un único partido tendría que ser capaz de movilizar a miles de nuevos votantes de origen inmigrante y que concentraran su voto sólo en ese partido y no lo dispersaran», explica. Una situación improbable, apunta, especialmente si tenemos en cuenta que «la población de origen inmigrante tiene unas tasas de participación electoral mucho menores de media, en torno a 15-20 puntos porcentuales menos». «Sí es previsible que de aquí a diez años el porcentaje que se haya naturalizado aumente, y, sobre todo, el número de sus descendientes», señala Morales, aunque es difícil de prever porque entran en juego factores como crisis económicas que pueden promover su retorno.Los cubanos prefieren a Vox más que a Podemos, que tiene a argentinos y franceses como principales apoyos«El voto inmigrante ahora tiene un peso limitado, insuficiente para decantar elecciones. Muchos son todavía niños, y las nacionalizaciones son un proceso lento», señala Pérez-Nievas. «A medio plazo habrá que contar también con la incorporación a la mayoría de edad de la segunda generación, los hijos de los inmigrantes», avanza. Aunque los estudios sobre los hijos de los inmigrantes son todavía escasos, sobre todo sobre inclinaciones políticas, Pérez-Nievas apunta a la posibilidad de que sus posiciones se parezcan más a los autóctonos, sobre todo en el caso de las parejas mixtas, cuya integración es muy parecida a los locales.Nacionalizaciones, un proceso lentoLa proporción de los inmigrantes nacionalizados según la región mundial de origen es muy diferente al de la población extranjera total. Los iberoamericanos están sobrerrepresentados en naturalizaciones por las facilidades para conseguir la nacionalidad. Son el 42% de la población total nacida en el extranjero, mientras que suponen el 70% de las personas con nacionalidad española nacida en otro país. Mientras que el estándar para solicitar la nacionalidad son diez años de residencia legal, para los iberoamericanos basta con dos años, además de poder mantener la doble nacionalidad con su país de origen. Aunque tampoco es un proceso rápido para ellos. Las personas de origen Iberoamericano pueden solicitar la nacionalidad a los dos años de residir legalmente en España; sin embargo, «en términos prácticos no empiezan normalmente a solicitarla hasta pasados cuatro o cinco años, y no suelen obtenerla hasta aproximadamente entre cinco y siete años de media», apunta Morales. Cuando obtienen la nacionalidad suelen tener tasas de participación muy bajas, aunque, señala, aumentan con mayor número de años de residencia. En cualquier caso, apunta Morales, las razones para solicitar la nacionalidad, un proceso lento, no son para ejercer el derecho al voto, sino para tener una vida más estable.Los ecuatorianos, que son mayoría entre los extranjeros naturalizados, son el granero de voto inmigrante socialistaLos marroquíes, la comunidad extranjera más numerosa, con 1,1 millones de habitantes, es tan sólo la tercera en número de naturalizados, con menos de 300.000, apenas la cuarta parte del total. El paso del tiempo no asegura que aumente drásticamente su incorporación a la nacionalidad española. Entre las personas que proceden de Marruecos, como ocurre con los chinos, las tasas de naturalización son bastante estables, según Morales; es decir, se mantiene el porcentaje de personas que tendrían derecho a solicitar la nacionalidad que luego efectivamente lo hacen. No hay evidencias académicas de que esas tasas vayan a cambiar de manera drástica. «Las solicitudes de nacionalidad suelen ser siempre bastante graduales», señala. Un peso electoral que todavía no es decisivo pero que va en aumento.Captar el voto inmigranteEl voto inmigrante, en cualquier caso, está lejos de ser un bloque monolítico ni patrimonio de la izquierda. «Ante un nuevo ‘caladero de votos’ por un sector de la población que se incorpora al cuerpo electoral, todos los partidos sin excepción tienen margen de crecimiento, incluidos los conservadores. Sin embargo, algunos tendrán más margen y otros menos, por múltiples razones. Los votantes de origen inmigrante son en la mayor parte de los sentidos votantes como todos los demás; es decir, votan a los partidos que más se acercan a sus preferencias y necesidades. La cuestión fundamental es a qué aspectos le dan importancia en cada convocatoria», apunta Morales.«Los partidos de izquierda son más universalistas en su estrategia y buscan movilizar el voto independientemente del colectivo, mientras que la derecha tiende a centrarse algo más en colectivos específicos», señala Pamies. Los partidos conservadores en España, apunta, han tratado de movilizar a personas de origen venezolano, cubano o rumano para «maximizar su voto entre estos grupos sin perder mucho voto de los autóctonos». Según Pamies, es un error por dos motivos. Primero, egoístamente, porque «los partidos de derecha no tienen demasiado que ‘rascar’ centrándose sólo en dos o tres grupos nacionales, que ni siquiera son los más numerosos». Segundo, porque deberían tener «propuestas que realmente interesen a estos colectivos»; aunque reconoce que no es sencillo pensar en políticas que no supongan un coste electoral por otro lado.Los rumanos, grandes valedores del PP, apenas están nacionalizados, así que su repercusión electoral es baja«El PP de Madrid ha hecho más guiños a los latinoamericanos que el PSOE local. ¿Lo seguirán haciendo? Supongo que sí. ¿Con coste electoral? No lo sabemos», expone Pérez-Nievas. Y también hay que contar con los nacionalizados con intención de voto a Vox, un partido con un discurso anti-inmigración. «No es necesariamente paradójico que una persona migrante sea xenófoba», observa Pamies. «Hay personas que aplican la lógica de que el que entra el último que cierre la puerta, y no quieren que entre nadie más en su país de acogida por el miedo a más competencia», señala.«En el contexto actual, es difícil decir si los partidos conservadores pueden ganar más de lo que perderían acercándose de manera explícita y visible a la población de origen inmigrante para atraer su voto», explica Morales. «Es un equilibrio complicado en estos momentos, sobre todo para el PP, que ha pasado de tener un discurso y unas políticas bastante centristas en materia de inmigración. Con las nuevas posiciones y discursos del PP sobre inmigración para acercarse a Vox sí parece complicado poder nadar y guardar la ropa», señala.No obstante, Morales remarca que «no son solo los partidos conservadores quienes se encuentran con esos dilemas para no visibilizar demasiado sus intentos de atraer explícitamente el voto de las personas de origen inmigrante». «El PSOE ha tenido tradicionalmente problemas similares», indica Morales. «En estudios que yo he realizado, varios cuadros medios del PSOE me han manifestado que tradicionalmente ha habido una ambivalencia con respecto a movilizar el voto de la población de origen inmigrante por miedo a que parte del electorado socialista no lo vea con buenos ojos. De hecho, esta es una de las razones que explican la anomalía en el contexto europeo de que el PSOE incluya aún un número muy pequeño, prácticamente simbólico, de personas de origen inmigrante en sus candidaturas municipales, autonómicas, generales y europeas», apunta.MÁS INFORMACIÓN noticia Si El nuevo mapa de la inmigración en 2025 en España, calle a calle noticia No Medio millón de inmigrantes ilegales serán residentes noticia No España ya es el tercer país de Europa con más inmigrantesOtro caso paradigmático dentro de la izquierda es el de Esquerra Republicana de Cataluña. «Está reculando de su estrategia de incorporar candidatos inmigrantes en puestos clave», apunta Pérez-Nievas, probablemente, indica, por el avance de Alianza Catalana, con un discurso abiertamente xenófobo.[Iconos de las banderas de la imagen creados por Flaticon ] La inmigración es uno de los principales objetos de debate político por su elevado crecimiento. Los nacidos en otro país son ya quinta parte de la población. Pero los inmigrantes son, a su vez, un sujeto político activo con capacidad de elección de gobernantes, un grupo cada vez más numeroso por el récord de nacionalizaciones. Lejos de ser un bloque homogéneo, su voto es un nuevo caladero que está lejos de ser patrimonio de ningún partido, con características diferenciadas según el país de origen.Entre los diez países con mayor número de inmigrantes con nacionalidad española y, por tanto, con derecho a voto en unas elecciones generales, sólo entre los venezolanos y los cubanos la derecha supera el 50% del voto, mientras que las posiciones más izquierdistas se dan entre los marroquíes y dominicanos, según revela el análisis de ABC a partir de los microdatos de los barómetros mensuales del CIS entre mayo de 2024 (primero que desagrega por país de nacimiento) y enero de 2026. Unos resultados con muestras estadísticamente representativas para un conjunto de países que suponen el 70% de la población española nacionalizada.En conjunto, entre los extranjeros nacionalizados, la intención de voto más simpatía a los principales partidos de la derecha, PP y Vox, suma sólo el 40%, frente al 47% que agrupan las opciones mayoritarias de izquierda (PSOE, Podemos y Sumar). Sin embargo, es en el detalle por países donde se encuentran las diferencias más ilustrativas.Entre los países con una muestra agregada significativa, PP y Vox solo son la opción preferida en intención de voto para los nacidos en Venezuela (61%) y los originarios de Cuba (52%, donde populares y Vox se reparten casi a partes iguales sus simpatías).Por su parte, los marroquíes se decantan de forma mayoritaria por las opciones nacionales de izquierdas (58%, 28 puntos por encima de la suma de PP y Vox). Un equilibrio similar se da entre los argentinos nacionalizados (53%, +17 puntos).Entre los ecuatorianos nacionalizados (la comunidad de ciudadanos españoles nacidos fuera más numerosa) también hay mayor querencia por la papeleta del PSOE, Sumar o Podemos (53%) que por la de los partidos nacionales del otro lado del espectro ideológico (39% escogerían a PP o Vox). Entre los franceses con DNI español, la cantidad de encuestados que apuestan por Sumar o Podemos es similar a la de quienes responden que de haber elecciones ahora apostarían por el PP (20%).Ideología conservadoraLos inmigrantes nacionalizados se inclinan por partidos de izquierda a pesar de que ideológicamente se sitúan en posiciones más conservadoras que los nacidos en España. En una escala de 1, más a la izquierda, al 10, más a la derecha, los extranjeros nacionalizados en España se sitúan en un 5,1 en su conjunto, frente al 4,7 de los españoles, según los cálculos propios a partir de los barómetros del CIS. Hay diferencias por países. Entre los orígenes mayoritarios, están más a la derecha venezolanos y cubanos (6,0), rumanos (5,7), dominicanos (5,6), bolivianos (5,5) y colombianos (5,3), mientras que están más a la izquierda los marroquíes (4,5) y los argentinos (4,9). La media de 5,1 en la escala ideológica está más cerca del posicionamiento de la ubicación ideológica de los votantes del PP en el mismo periodo analizado (6,5, una diferencia de 1,4 puntos) que de los votantes del PSOE (3,3, a 1,8 puntos). «La población de origen inmigrante suele tener posiciones más conservadores tanto con la redistribución económica como con las políticas que afectan a alguna dimensión moral o sociocultural», como el aborto o los derechos de los homosexuales, señala Laura Morales , profesora de Investigación del IPP-CSIC. Y, sin embargo, su inclinación mayoritaria es a partidos de izquierda. Según explica Morales, esta aparente discrepancia entre la posición ideológica y las opciones partidistas es muy común en el voto de la población inmigrante en Europa y América del Norte.El conservadurismo ideológico de los inmigrantes es sólo un factor para el voto, y no el único ni más decisivo. Carles Pamies , profesor de Ciencia Política de la UNED, indica que en la explicación de la posición del voto de los inmigrantes hay «más evidencia sobre la cuestión de las políticas favorables a la inmigración, a la jerarquía de minorías y a la socialización de origen». La jerarquía se refiere al diferente trato administrativo y social que perciben determinados colectivos respecto a otros inmigrantes, inclinados más a la izquierda para quienes se sienten más discriminados, según sus investigaciones. Los valores políticos de origen aluden, por ejemplo, a la preferencia por la derecha entre los inmigrantes procedentes de regímenes de izquierdas y las posiciones conservadoras de personas con mayor religiosidad.Los venezolanos nacionalizados españoles están políticamente más cerca del PP, y los marroquíes del PSOEDe todas las comunidades mayoritarias, los marroquíes se sitúan entre las posiciones políticas más a la izquierda, una situación generalizada entre las minorías musulmanas en Europa occidental, según explica Santiago Pérez-Nievas , profesor de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid. Las razones son la preferencia por posiciones laicas, frente al cristianismo de los conservadores, y por partidos con un teórico discurso más favorable a la inmigración, ya que se auto perciben como «el grupo más vulnerable al que se dirige mayor hostilidad de la población local», señala.Peso electoral de los inmigrantesLa cuestión es si esa aparente preferencia por partidos de izquierdas puede decantar elecciones. Mientras que en los comicios locales el voto de los nacidos en el extranjero puede ser determinante según su peso demográfico en el municipio, en unas generales está aún lejos de ser clave. De los 9,5 millones de residentes nacidos en el extranjero, sólo tres millones tienen la nacionalidad española, su reparto es desigual por el territorio y su participación es baja. El impacto electoral de los inmigrantes en unas generales depende de la nacionalidad española adquirida por los extranjeros, muy desigual entre países. Por ejemplo, los rumanos, el cuarto país de origen más frecuente (cerca de 520.000), sólo tiene a un 5% de la población nacionalizada (unos 25.000). Así que, a pesar de que apoyan mayoritariamente a partidos de derechas (56% entre PP y Vox), apenas tienen impacto electoral más allá de algunos comicios locales. Los ecuatorianos, la quinta comunidad más numerosa (aproximadamente 470.000) son la primera en número con nacionalidad española (unos 340.000, el 73% de su población total), así que su potencial impacto electoral es mayor, y pesa más su inclinación a la izquierda (53% de voto entre PSOE, Podemos y Sumar, frente al 39% de PP y Vox).En unas elecciones generales o autonómicas es «harto improbable que pueda ser determinante para el resultado», señala Morales. «Los últimos escaños de cada circunscripción se suelen repartir por una diferencia de miles de votos; por tanto, un único partido tendría que ser capaz de movilizar a miles de nuevos votantes de origen inmigrante y que concentraran su voto sólo en ese partido y no lo dispersaran», explica. Una situación improbable, apunta, especialmente si tenemos en cuenta que «la población de origen inmigrante tiene unas tasas de participación electoral mucho menores de media, en torno a 15-20 puntos porcentuales menos». «Sí es previsible que de aquí a diez años el porcentaje que se haya naturalizado aumente, y, sobre todo, el número de sus descendientes», señala Morales, aunque es difícil de prever porque entran en juego factores como crisis económicas que pueden promover su retorno.Los cubanos prefieren a Vox más que a Podemos, que tiene a argentinos y franceses como principales apoyos«El voto inmigrante ahora tiene un peso limitado, insuficiente para decantar elecciones. Muchos son todavía niños, y las nacionalizaciones son un proceso lento», señala Pérez-Nievas. «A medio plazo habrá que contar también con la incorporación a la mayoría de edad de la segunda generación, los hijos de los inmigrantes», avanza. Aunque los estudios sobre los hijos de los inmigrantes son todavía escasos, sobre todo sobre inclinaciones políticas, Pérez-Nievas apunta a la posibilidad de que sus posiciones se parezcan más a los autóctonos, sobre todo en el caso de las parejas mixtas, cuya integración es muy parecida a los locales.Nacionalizaciones, un proceso lentoLa proporción de los inmigrantes nacionalizados según la región mundial de origen es muy diferente al de la población extranjera total. Los iberoamericanos están sobrerrepresentados en naturalizaciones por las facilidades para conseguir la nacionalidad. Son el 42% de la población total nacida en el extranjero, mientras que suponen el 70% de las personas con nacionalidad española nacida en otro país. Mientras que el estándar para solicitar la nacionalidad son diez años de residencia legal, para los iberoamericanos basta con dos años, además de poder mantener la doble nacionalidad con su país de origen. Aunque tampoco es un proceso rápido para ellos. Las personas de origen Iberoamericano pueden solicitar la nacionalidad a los dos años de residir legalmente en España; sin embargo, «en términos prácticos no empiezan normalmente a solicitarla hasta pasados cuatro o cinco años, y no suelen obtenerla hasta aproximadamente entre cinco y siete años de media», apunta Morales. Cuando obtienen la nacionalidad suelen tener tasas de participación muy bajas, aunque, señala, aumentan con mayor número de años de residencia. En cualquier caso, apunta Morales, las razones para solicitar la nacionalidad, un proceso lento, no son para ejercer el derecho al voto, sino para tener una vida más estable.Los ecuatorianos, que son mayoría entre los extranjeros naturalizados, son el granero de voto inmigrante socialistaLos marroquíes, la comunidad extranjera más numerosa, con 1,1 millones de habitantes, es tan sólo la tercera en número de naturalizados, con menos de 300.000, apenas la cuarta parte del total. El paso del tiempo no asegura que aumente drásticamente su incorporación a la nacionalidad española. Entre las personas que proceden de Marruecos, como ocurre con los chinos, las tasas de naturalización son bastante estables, según Morales; es decir, se mantiene el porcentaje de personas que tendrían derecho a solicitar la nacionalidad que luego efectivamente lo hacen. No hay evidencias académicas de que esas tasas vayan a cambiar de manera drástica. «Las solicitudes de nacionalidad suelen ser siempre bastante graduales», señala. Un peso electoral que todavía no es decisivo pero que va en aumento.Captar el voto inmigranteEl voto inmigrante, en cualquier caso, está lejos de ser un bloque monolítico ni patrimonio de la izquierda. «Ante un nuevo ‘caladero de votos’ por un sector de la población que se incorpora al cuerpo electoral, todos los partidos sin excepción tienen margen de crecimiento, incluidos los conservadores. Sin embargo, algunos tendrán más margen y otros menos, por múltiples razones. Los votantes de origen inmigrante son en la mayor parte de los sentidos votantes como todos los demás; es decir, votan a los partidos que más se acercan a sus preferencias y necesidades. La cuestión fundamental es a qué aspectos le dan importancia en cada convocatoria», apunta Morales.«Los partidos de izquierda son más universalistas en su estrategia y buscan movilizar el voto independientemente del colectivo, mientras que la derecha tiende a centrarse algo más en colectivos específicos», señala Pamies. Los partidos conservadores en España, apunta, han tratado de movilizar a personas de origen venezolano, cubano o rumano para «maximizar su voto entre estos grupos sin perder mucho voto de los autóctonos». Según Pamies, es un error por dos motivos. Primero, egoístamente, porque «los partidos de derecha no tienen demasiado que ‘rascar’ centrándose sólo en dos o tres grupos nacionales, que ni siquiera son los más numerosos». Segundo, porque deberían tener «propuestas que realmente interesen a estos colectivos»; aunque reconoce que no es sencillo pensar en políticas que no supongan un coste electoral por otro lado.Los rumanos, grandes valedores del PP, apenas están nacionalizados, así que su repercusión electoral es baja«El PP de Madrid ha hecho más guiños a los latinoamericanos que el PSOE local. ¿Lo seguirán haciendo? Supongo que sí. ¿Con coste electoral? No lo sabemos», expone Pérez-Nievas. Y también hay que contar con los nacionalizados con intención de voto a Vox, un partido con un discurso anti-inmigración. «No es necesariamente paradójico que una persona migrante sea xenófoba», observa Pamies. «Hay personas que aplican la lógica de que el que entra el último que cierre la puerta, y no quieren que entre nadie más en su país de acogida por el miedo a más competencia», señala.«En el contexto actual, es difícil decir si los partidos conservadores pueden ganar más de lo que perderían acercándose de manera explícita y visible a la población de origen inmigrante para atraer su voto», explica Morales. «Es un equilibrio complicado en estos momentos, sobre todo para el PP, que ha pasado de tener un discurso y unas políticas bastante centristas en materia de inmigración. Con las nuevas posiciones y discursos del PP sobre inmigración para acercarse a Vox sí parece complicado poder nadar y guardar la ropa», señala.No obstante, Morales remarca que «no son solo los partidos conservadores quienes se encuentran con esos dilemas para no visibilizar demasiado sus intentos de atraer explícitamente el voto de las personas de origen inmigrante». «El PSOE ha tenido tradicionalmente problemas similares», indica Morales. «En estudios que yo he realizado, varios cuadros medios del PSOE me han manifestado que tradicionalmente ha habido una ambivalencia con respecto a movilizar el voto de la población de origen inmigrante por miedo a que parte del electorado socialista no lo vea con buenos ojos. De hecho, esta es una de las razones que explican la anomalía en el contexto europeo de que el PSOE incluya aún un número muy pequeño, prácticamente simbólico, de personas de origen inmigrante en sus candidaturas municipales, autonómicas, generales y europeas», apunta.MÁS INFORMACIÓN noticia Si El nuevo mapa de la inmigración en 2025 en España, calle a calle noticia No Medio millón de inmigrantes ilegales serán residentes noticia No España ya es el tercer país de Europa con más inmigrantesOtro caso paradigmático dentro de la izquierda es el de Esquerra Republicana de Cataluña. «Está reculando de su estrategia de incorporar candidatos inmigrantes en puestos clave», apunta Pérez-Nievas, probablemente, indica, por el avance de Alianza Catalana, con un discurso abiertamente xenófobo.[Iconos de las banderas de la imagen creados por Flaticon ]
La inmigración es uno de los principales objetos de debate político por su elevado crecimiento. Los nacidos en otro país son ya quinta parte de la población. Pero los inmigrantes son, a su vez, un sujeto político activo con capacidad de elección de gobernantes, un … grupo cada vez más numeroso por el récord de nacionalizaciones. Lejos de ser un bloque homogéneo, su voto es un nuevo caladero que está lejos de ser patrimonio de ningún partido, con características diferenciadas según el país de origen.
Entre los diez países con mayor número de inmigrantes con nacionalidad española y, por tanto, con derecho a voto en unas elecciones generales, sólo entre los venezolanos y los cubanos la derecha supera el 50% del voto, mientras que las posiciones más izquierdistas se dan entre los marroquíes y dominicanos, según revela el análisis de ABC a partir de los microdatos de los barómetros mensuales del CIS entre mayo de 2024 (primero que desagrega por país de nacimiento) y enero de 2026. Unos resultados con muestras estadísticamente representativas para un conjunto de países que suponen el 70% de la población española nacionalizada.
En conjunto, entre los extranjeros nacionalizados, la intención de voto más simpatía a los principales partidos de la derecha, PP y Vox, suma sólo el 40%, frente al 47% que agrupan las opciones mayoritarias de izquierda (PSOE, Podemos y Sumar). Sin embargo, es en el detalle por países donde se encuentran las diferencias más ilustrativas.
Entre los países con una muestra agregada significativa, PP y Vox solo son la opción preferida en intención de voto para los nacidos en Venezuela (61%) y los originarios de Cuba (52%, donde populares y Vox se reparten casi a partes iguales sus simpatías).
Por su parte, los marroquíes se decantan de forma mayoritaria por las opciones nacionales de izquierdas (58%, 28 puntos por encima de la suma de PP y Vox). Un equilibrio similar se da entre los argentinos nacionalizados (53%, +17 puntos).
Entre los ecuatorianos nacionalizados (la comunidad de ciudadanos españoles nacidos fuera más numerosa) también hay mayor querencia por la papeleta del PSOE, Sumar o Podemos (53%) que por la de los partidos nacionales del otro lado del espectro ideológico (39% escogerían a PP o Vox).
Entre los franceses con DNI español, la cantidad de encuestados que apuestan por Sumar o Podemos es similar a la de quienes responden que de haber elecciones ahora apostarían por el PP (20%).
Ideología conservadora
Los inmigrantes nacionalizados se inclinan por partidos de izquierda a pesar de que ideológicamente se sitúan en posiciones más conservadoras que los nacidos en España. En una escala de 1, más a la izquierda, al 10, más a la derecha, los extranjeros nacionalizados en España se sitúan en un 5,1 en su conjunto, frente al 4,7 de los españoles, según los cálculos propios a partir de los barómetros del CIS. Hay diferencias por países. Entre los orígenes mayoritarios, están más a la derecha venezolanos y cubanos (6,0), rumanos (5,7), dominicanos (5,6), bolivianos (5,5) y colombianos (5,3), mientras que están más a la izquierda los marroquíes (4,5) y los argentinos (4,9). La media de 5,1 en la escala ideológica está más cerca del posicionamiento de la ubicación ideológica de los votantes del PP en el mismo periodo analizado (6,5, una diferencia de 1,4 puntos) que de los votantes del PSOE (3,3, a 1,8 puntos).
«La población de origen inmigrante suele tener posiciones más conservadores tanto con la redistribución económica como con las políticas que afectan a alguna dimensión moral o sociocultural», como el aborto o los derechos de los homosexuales, señala Laura Morales, profesora de Investigación del IPP-CSIC. Y, sin embargo, su inclinación mayoritaria es a partidos de izquierda. Según explica Morales, esta aparente discrepancia entre la posición ideológica y las opciones partidistas es muy común en el voto de la población inmigrante en Europa y América del Norte.
El conservadurismo ideológico de los inmigrantes es sólo un factor para el voto, y no el único ni más decisivo. Carles Pamies, profesor de Ciencia Política de la UNED, indica que en la explicación de la posición del voto de los inmigrantes hay «más evidencia sobre la cuestión de las políticas favorables a la inmigración, a la jerarquía de minorías y a la socialización de origen». La jerarquía se refiere al diferente trato administrativo y social que perciben determinados colectivos respecto a otros inmigrantes, inclinados más a la izquierda para quienes se sienten más discriminados, según sus investigaciones. Los valores políticos de origen aluden, por ejemplo, a la preferencia por la derecha entre los inmigrantes procedentes de regímenes de izquierdas y las posiciones conservadoras de personas con mayor religiosidad.
Los venezolanos nacionalizados españoles están políticamente más cerca del PP, y los marroquíes del PSOE
De todas las comunidades mayoritarias, los marroquíes se sitúan entre las posiciones políticas más a la izquierda, una situación generalizada entre las minorías musulmanas en Europa occidental, según explica Santiago Pérez-Nievas, profesor de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid. Las razones son la preferencia por posiciones laicas, frente al cristianismo de los conservadores, y por partidos con un teórico discurso más favorable a la inmigración, ya que se auto perciben como «el grupo más vulnerable al que se dirige mayor hostilidad de la población local», señala.
Peso electoral de los inmigrantes
La cuestión es si esa aparente preferencia por partidos de izquierdas puede decantar elecciones. Mientras que en los comicios locales el voto de los nacidos en el extranjero puede ser determinante según su peso demográfico en el municipio, en unas generales está aún lejos de ser clave. De los 9,5 millones de residentes nacidos en el extranjero, sólo tres millones tienen la nacionalidad española, su reparto es desigual por el territorio y su participación es baja.
El impacto electoral de los inmigrantes en unas generales depende de la nacionalidad española adquirida por los extranjeros, muy desigual entre países. Por ejemplo, los rumanos, el cuarto país de origen más frecuente (cerca de 520.000), sólo tiene a un 5% de la población nacionalizada (unos 25.000). Así que, a pesar de que apoyan mayoritariamente a partidos de derechas (56% entre PP y Vox), apenas tienen impacto electoral más allá de algunos comicios locales. Los ecuatorianos, la quinta comunidad más numerosa (aproximadamente 470.000) son la primera en número con nacionalidad española (unos 340.000, el 73% de su población total), así que su potencial impacto electoral es mayor, y pesa más su inclinación a la izquierda (53% de voto entre PSOE, Podemos y Sumar, frente al 39% de PP y Vox).
En unas elecciones generales o autonómicas es «harto improbable que pueda ser determinante para el resultado», señala Morales. «Los últimos escaños de cada circunscripción se suelen repartir por una diferencia de miles de votos; por tanto, un único partido tendría que ser capaz de movilizar a miles de nuevos votantes de origen inmigrante y que concentraran su voto sólo en ese partido y no lo dispersaran», explica. Una situación improbable, apunta, especialmente si tenemos en cuenta que «la población de origen inmigrante tiene unas tasas de participación electoral mucho menores de media, en torno a 15-20 puntos porcentuales menos». «Sí es previsible que de aquí a diez años el porcentaje que se haya naturalizado aumente, y, sobre todo, el número de sus descendientes», señala Morales, aunque es difícil de prever porque entran en juego factores como crisis económicas que pueden promover su retorno.
Los cubanos prefieren a Vox más que a Podemos, que tiene a argentinos y franceses como principales apoyos
«El voto inmigrante ahora tiene un peso limitado, insuficiente para decantar elecciones. Muchos son todavía niños, y las nacionalizaciones son un proceso lento», señala Pérez-Nievas. «A medio plazo habrá que contar también con la incorporación a la mayoría de edad de la segunda generación, los hijos de los inmigrantes», avanza. Aunque los estudios sobre los hijos de los inmigrantes son todavía escasos, sobre todo sobre inclinaciones políticas, Pérez-Nievas apunta a la posibilidad de que sus posiciones se parezcan más a los autóctonos, sobre todo en el caso de las parejas mixtas, cuya integración es muy parecida a los locales.
Nacionalizaciones, un proceso lento
La proporción de los inmigrantes nacionalizados según la región mundial de origen es muy diferente al de la población extranjera total. Los iberoamericanos están sobrerrepresentados en naturalizaciones por las facilidades para conseguir la nacionalidad. Son el 42% de la población total nacida en el extranjero, mientras que suponen el 70% de las personas con nacionalidad española nacida en otro país. Mientras que el estándar para solicitar la nacionalidad son diez años de residencia legal, para los iberoamericanos basta con dos años, además de poder mantener la doble nacionalidad con su país de origen.
Aunque tampoco es un proceso rápido para ellos. Las personas de origen Iberoamericano pueden solicitar la nacionalidad a los dos años de residir legalmente en España; sin embargo, «en términos prácticos no empiezan normalmente a solicitarla hasta pasados cuatro o cinco años, y no suelen obtenerla hasta aproximadamente entre cinco y siete años de media», apunta Morales. Cuando obtienen la nacionalidad suelen tener tasas de participación muy bajas, aunque, señala, aumentan con mayor número de años de residencia. En cualquier caso, apunta Morales, las razones para solicitar la nacionalidad, un proceso lento, no son para ejercer el derecho al voto, sino para tener una vida más estable.
Los ecuatorianos, que son mayoría entre los extranjeros naturalizados, son el granero de voto inmigrante socialista
Los marroquíes, la comunidad extranjera más numerosa, con 1,1 millones de habitantes, es tan sólo la tercera en número de naturalizados, con menos de 300.000, apenas la cuarta parte del total. El paso del tiempo no asegura que aumente drásticamente su incorporación a la nacionalidad española. Entre las personas que proceden de Marruecos, como ocurre con los chinos, las tasas de naturalización son bastante estables, según Morales; es decir, se mantiene el porcentaje de personas que tendrían derecho a solicitar la nacionalidad que luego efectivamente lo hacen. No hay evidencias académicas de que esas tasas vayan a cambiar de manera drástica. «Las solicitudes de nacionalidad suelen ser siempre bastante graduales», señala. Un peso electoral que todavía no es decisivo pero que va en aumento.
Captar el voto inmigrante
El voto inmigrante, en cualquier caso, está lejos de ser un bloque monolítico ni patrimonio de la izquierda. «Ante un nuevo ‘caladero de votos’ por un sector de la población que se incorpora al cuerpo electoral, todos los partidos sin excepción tienen margen de crecimiento, incluidos los conservadores. Sin embargo, algunos tendrán más margen y otros menos, por múltiples razones. Los votantes de origen inmigrante son en la mayor parte de los sentidos votantes como todos los demás; es decir, votan a los partidos que más se acercan a sus preferencias y necesidades. La cuestión fundamental es a qué aspectos le dan importancia en cada convocatoria», apunta Morales.
«Los partidos de izquierda son más universalistas en su estrategia y buscan movilizar el voto independientemente del colectivo, mientras que la derecha tiende a centrarse algo más en colectivos específicos», señala Pamies. Los partidos conservadores en España, apunta, han tratado de movilizar a personas de origen venezolano, cubano o rumano para «maximizar su voto entre estos grupos sin perder mucho voto de los autóctonos». Según Pamies, es un error por dos motivos. Primero, egoístamente, porque «los partidos de derecha no tienen demasiado que ‘rascar’ centrándose sólo en dos o tres grupos nacionales, que ni siquiera son los más numerosos». Segundo, porque deberían tener «propuestas que realmente interesen a estos colectivos»; aunque reconoce que no es sencillo pensar en políticas que no supongan un coste electoral por otro lado.
Los rumanos, grandes valedores del PP, apenas están nacionalizados, así que su repercusión electoral es baja
«El PP de Madrid ha hecho más guiños a los latinoamericanos que el PSOE local. ¿Lo seguirán haciendo? Supongo que sí. ¿Con coste electoral? No lo sabemos», expone Pérez-Nievas. Y también hay que contar con los nacionalizados con intención de voto a Vox, un partido con un discurso anti-inmigración. «No es necesariamente paradójico que una persona migrante sea xenófoba», observa Pamies. «Hay personas que aplican la lógica de que el que entra el último que cierre la puerta, y no quieren que entre nadie más en su país de acogida por el miedo a más competencia», señala.
«En el contexto actual, es difícil decir si los partidos conservadores pueden ganar más de lo que perderían acercándose de manera explícita y visible a la población de origen inmigrante para atraer su voto», explica Morales. «Es un equilibrio complicado en estos momentos, sobre todo para el PP, que ha pasado de tener un discurso y unas políticas bastante centristas en materia de inmigración. Con las nuevas posiciones y discursos del PP sobre inmigración para acercarse a Vox sí parece complicado poder nadar y guardar la ropa», señala.
No obstante, Morales remarca que «no son solo los partidos conservadores quienes se encuentran con esos dilemas para no visibilizar demasiado sus intentos de atraer explícitamente el voto de las personas de origen inmigrante». «El PSOE ha tenido tradicionalmente problemas similares», indica Morales. «En estudios que yo he realizado, varios cuadros medios del PSOE me han manifestado que tradicionalmente ha habido una ambivalencia con respecto a movilizar el voto de la población de origen inmigrante por miedo a que parte del electorado socialista no lo vea con buenos ojos. De hecho, esta es una de las razones que explican la anomalía en el contexto europeo de que el PSOE incluya aún un número muy pequeño, prácticamente simbólico, de personas de origen inmigrante en sus candidaturas municipales, autonómicas, generales y europeas», apunta.
Otro caso paradigmático dentro de la izquierda es el de Esquerra Republicana de Cataluña. «Está reculando de su estrategia de incorporar candidatos inmigrantes en puestos clave», apunta Pérez-Nievas, probablemente, indica, por el avance de Alianza Catalana, con un discurso abiertamente xenófobo.
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