El actual contexto es disruptivo ya sea en la geopolítica o en la tecnología y tomar decisiones acertadas será decisivo. Hoy quiero hablar en particular de tecnología. La más potente revolución está representada por la Inteligencia Artificial generativa.El debate toca distintos temas: el ético, el de la eficiencia, la formación y el empleo. Abordar la Inteligencia Artificial desde estos cuatro pilares es, básicamente, trazar el mapa de nuestra próxima década para el mejor uso de la tecnología y para un contrato social que cree valor y no lo disminuya.Éticamente la IA no es que sea «mala», sino que es un espejo de nuestros propios sesgos. Aquí tenemos que dar respuestas a muchas preguntas: si un algoritmo se entrena con datos históricos prejuiciosos, ¿Automatizará la discriminación? ¿Quién tiene el timón de la IA? ¿La complejidad de los modelos podría ser tal que ni sus creadores saben exactamente cómo llegan a una conclusión? ¿De quién es la responsabilidad de un error de la IA: del programador, de la empresa o del usuario?Noticia relacionada general No No LIBROS ¿Nos controlará la inteligencia artificial? Carmen R. SantosContestar a estas importantes preguntas y crear transparencia no es fácil pero sí que es fundamental. La IA en sí representa una grandísima oportunidad: puede optimizar y reducir el consumo energético en centros de datos hasta predecir fallos en cadenas de suministro antes de que ocurran, etc. La IA puede encargarse de liberarnos de lo repetitivo, como procesar facturas o resumir actas, permitiendo que el humano se enfoque en la estrategia y la creatividad.Ya no basta con acumular conocimientos; ahora importa saber interactuar con la máquina, hacer la pregunta más adecuada y tener capacidad crítica en la lectura de la respuestaLa IA puede crear eficiencia y ser el motor de la productividad, no solo haciendo las cosas más rápido, sino haciendo cosas que antes eran imposibles. El uso del IA necesita formación: aprender a volver a aprender.El sistema educativo tradicional está bajo presión. Ya no basta con acumular conocimientos; ahora importa saber interactuar con la máquina, hacer la pregunta más adecuada y tener capacidad crítica en la lectura de la respuesta. La alfabetización en IA como entender qué es un prompt, cómo verificar información y comprender las bases de la estadística, es clave.A un mayor uso de la IA deberán corresponder más habilidades humanas como la empatía, la negociación y el pensamiento crítico, herramientas que ganan un valor de mercado inmenso.El aprendizaje deberá ser continuo. La formación ya no acaba en la universidad; será un proceso constante para no quedar obsoletos. Y llegamos a un punto clave, el empleo: aquí tenemos otras preguntas a las que responder: ¿Sustitución o aumento? Desaparecerán roles rutinarios, pero surgirán otros aunque no sabemos en qué proporción, de aquí el dilema. La gran pregunta para la sociedad y las empresas es: ¿se deben reemplazar personas con IA o utilizar la IA como un valor añadido que sume? Es decir: ¿las empresas deben preocuparse solo de la eficiencia remplazando personal con IA o adoptar el modelo de «copiloto», de modo que con la misma plantilla y utilizando la IA ver cuánto puedo hacer más?El aprendizaje deberá ser continuo. La formación ya no acaba en la universidad; será un proceso constante para no quedar obsoletosSi se piensa en corto plazo quizás la búsqueda de la eficiencia parecería responder mejor al interés empresarial. Pero si lo pensamos bien la solución de la eficiencia tiene consecuencias sociales que en perspectiva tenderían a tener un impacto negativo para las empresas mismas.Quiero decir que, si todas la empresas fueran más eficientes y remplazaran sus empleados por la IA, la Sociedad y el Estado tendrían que hacerse cargo, con salarios de subsistencia, de muchas personas sin trabajo. ¿Que efecto se produciría? Unos efectos a cadena: desde un aumento de la pobreza y de las diferencias sociales a una importante disminución del consumo que, a su vez, afectaría los resultados de las mismas empresas «eficientes» .Mirando a largo plazo, la pregunta más correcta que las empresas deberían hacerse es: ¿Cuanto nos puede sumar la IA? Según mi opinión, el modelo del copiloto que obviamente prevé formación es, en el largo plazo, el más sostenible socialmente en términos de empleo y consumo que equivale, en consecuencia, a buenos resultados para las mismas empresas. El actual contexto es disruptivo ya sea en la geopolítica o en la tecnología y tomar decisiones acertadas será decisivo. Hoy quiero hablar en particular de tecnología. La más potente revolución está representada por la Inteligencia Artificial generativa.El debate toca distintos temas: el ético, el de la eficiencia, la formación y el empleo. Abordar la Inteligencia Artificial desde estos cuatro pilares es, básicamente, trazar el mapa de nuestra próxima década para el mejor uso de la tecnología y para un contrato social que cree valor y no lo disminuya.Éticamente la IA no es que sea «mala», sino que es un espejo de nuestros propios sesgos. Aquí tenemos que dar respuestas a muchas preguntas: si un algoritmo se entrena con datos históricos prejuiciosos, ¿Automatizará la discriminación? ¿Quién tiene el timón de la IA? ¿La complejidad de los modelos podría ser tal que ni sus creadores saben exactamente cómo llegan a una conclusión? ¿De quién es la responsabilidad de un error de la IA: del programador, de la empresa o del usuario?Noticia relacionada general No No LIBROS ¿Nos controlará la inteligencia artificial? Carmen R. SantosContestar a estas importantes preguntas y crear transparencia no es fácil pero sí que es fundamental. La IA en sí representa una grandísima oportunidad: puede optimizar y reducir el consumo energético en centros de datos hasta predecir fallos en cadenas de suministro antes de que ocurran, etc. La IA puede encargarse de liberarnos de lo repetitivo, como procesar facturas o resumir actas, permitiendo que el humano se enfoque en la estrategia y la creatividad.Ya no basta con acumular conocimientos; ahora importa saber interactuar con la máquina, hacer la pregunta más adecuada y tener capacidad crítica en la lectura de la respuestaLa IA puede crear eficiencia y ser el motor de la productividad, no solo haciendo las cosas más rápido, sino haciendo cosas que antes eran imposibles. El uso del IA necesita formación: aprender a volver a aprender.El sistema educativo tradicional está bajo presión. Ya no basta con acumular conocimientos; ahora importa saber interactuar con la máquina, hacer la pregunta más adecuada y tener capacidad crítica en la lectura de la respuesta. La alfabetización en IA como entender qué es un prompt, cómo verificar información y comprender las bases de la estadística, es clave.A un mayor uso de la IA deberán corresponder más habilidades humanas como la empatía, la negociación y el pensamiento crítico, herramientas que ganan un valor de mercado inmenso.El aprendizaje deberá ser continuo. La formación ya no acaba en la universidad; será un proceso constante para no quedar obsoletos. Y llegamos a un punto clave, el empleo: aquí tenemos otras preguntas a las que responder: ¿Sustitución o aumento? Desaparecerán roles rutinarios, pero surgirán otros aunque no sabemos en qué proporción, de aquí el dilema. La gran pregunta para la sociedad y las empresas es: ¿se deben reemplazar personas con IA o utilizar la IA como un valor añadido que sume? Es decir: ¿las empresas deben preocuparse solo de la eficiencia remplazando personal con IA o adoptar el modelo de «copiloto», de modo que con la misma plantilla y utilizando la IA ver cuánto puedo hacer más?El aprendizaje deberá ser continuo. La formación ya no acaba en la universidad; será un proceso constante para no quedar obsoletosSi se piensa en corto plazo quizás la búsqueda de la eficiencia parecería responder mejor al interés empresarial. Pero si lo pensamos bien la solución de la eficiencia tiene consecuencias sociales que en perspectiva tenderían a tener un impacto negativo para las empresas mismas.Quiero decir que, si todas la empresas fueran más eficientes y remplazaran sus empleados por la IA, la Sociedad y el Estado tendrían que hacerse cargo, con salarios de subsistencia, de muchas personas sin trabajo. ¿Que efecto se produciría? Unos efectos a cadena: desde un aumento de la pobreza y de las diferencias sociales a una importante disminución del consumo que, a su vez, afectaría los resultados de las mismas empresas «eficientes» .Mirando a largo plazo, la pregunta más correcta que las empresas deberían hacerse es: ¿Cuanto nos puede sumar la IA? Según mi opinión, el modelo del copiloto que obviamente prevé formación es, en el largo plazo, el más sostenible socialmente en términos de empleo y consumo que equivale, en consecuencia, a buenos resultados para las mismas empresas.
El actual contexto es disruptivo ya sea en la geopolítica o en la tecnología y tomar decisiones acertadas será decisivo. Hoy quiero hablar en particular de tecnología. La más potente revolución está representada por la Inteligencia Artificial generativa.
El debate toca distintos temas: el … ético, el de la eficiencia, la formación y el empleo. Abordar la Inteligencia Artificial desde estos cuatro pilares es, básicamente, trazar el mapa de nuestra próxima década para el mejor uso de la tecnología y para un contrato social que cree valor y no lo disminuya.
Éticamente la IA no es que sea «mala», sino que es un espejo de nuestros propios sesgos. Aquí tenemos que dar respuestas a muchas preguntas: si un algoritmo se entrena con datos históricos prejuiciosos, ¿Automatizará la discriminación? ¿Quién tiene el timón de la IA? ¿La complejidad de los modelos podría ser tal que ni sus creadores saben exactamente cómo llegan a una conclusión? ¿De quién es la responsabilidad de un error de la IA: del programador, de la empresa o del usuario?
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Contestar a estas importantes preguntas y crear transparencia no es fácil pero sí que es fundamental. La IA en sí representa una grandísima oportunidad: puede optimizar y reducir el consumo energético en centros de datos hasta predecir fallos en cadenas de suministro antes de que ocurran, etc. La IA puede encargarse de liberarnos de lo repetitivo, como procesar facturas o resumir actas, permitiendo que el humano se enfoque en la estrategia y la creatividad.
Ya no basta con acumular conocimientos; ahora importa saber interactuar con la máquina, hacer la pregunta más adecuada y tener capacidad crítica en la lectura de la respuesta
La IA puede crear eficiencia y ser el motor de la productividad, no solo haciendo las cosas más rápido, sino haciendo cosas que antes eran imposibles. El uso del IA necesita formación: aprender a volver a aprender.
El sistema educativo tradicional está bajo presión. Ya no basta con acumular conocimientos; ahora importa saber interactuar con la máquina, hacer la pregunta más adecuada y tener capacidad crítica en la lectura de la respuesta. La alfabetización en IA como entender qué es un prompt, cómo verificar información y comprender las bases de la estadística, es clave.
A un mayor uso de la IA deberán corresponder más habilidades humanas como la empatía, la negociación y el pensamiento crítico, herramientas que ganan un valor de mercado inmenso.
El aprendizaje deberá ser continuo. La formación ya no acaba en la universidad; será un proceso constante para no quedar obsoletos. Y llegamos a un punto clave, el empleo: aquí tenemos otras preguntas a las que responder: ¿Sustitución o aumento? Desaparecerán roles rutinarios, pero surgirán otros aunque no sabemos en qué proporción, de aquí el dilema. La gran pregunta para la sociedad y las empresas es: ¿se deben reemplazar personas con IA o utilizar la IA como un valor añadido que sume? Es decir: ¿las empresas deben preocuparse solo de la eficiencia remplazando personal con IA o adoptar el modelo de «copiloto», de modo que con la misma plantilla y utilizando la IA ver cuánto puedo hacer más?
El aprendizaje deberá ser continuo. La formación ya no acaba en la universidad; será un proceso constante para no quedar obsoletos
Si se piensa en corto plazo quizás la búsqueda de la eficiencia parecería responder mejor al interés empresarial. Pero si lo pensamos bien la solución de la eficiencia tiene consecuencias sociales que en perspectiva tenderían a tener un impacto negativo para las empresas mismas.
Quiero decir que, si todas la empresas fueran más eficientes y remplazaran sus empleados por la IA, la Sociedad y el Estado tendrían que hacerse cargo, con salarios de subsistencia, de muchas personas sin trabajo. ¿Que efecto se produciría? Unos efectos a cadena: desde un aumento de la pobreza y de las diferencias sociales a una importante disminución del consumo que, a su vez, afectaría los resultados de las mismas empresas «eficientes» .
Mirando a largo plazo, la pregunta más correcta que las empresas deberían hacerse es: ¿Cuanto nos puede sumar la IA? Según mi opinión, el modelo del copiloto que obviamente prevé formación es, en el largo plazo, el más sostenible socialmente en términos de empleo y consumo que equivale, en consecuencia, a buenos resultados para las mismas empresas.
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