Bajar a la trinchera, montarse en un vehículo militar, prácticas de defensa y operaciones de contrainsurgencia. Estudiantes de cuarto curso de Periodismo de la Universidad Europea Miguel de Cervantes (UEMC) de Valladolid han participado junto a alumnos del Ejército durante este mes en una serie de «ejercicios tácticos» simulados con el objetivo de acercarse un poco más e intentar conocer el reporterismo de guerra. Se trata de una iniciativa que se incluye dentro de la asignatura Periodismo Especializado y en el marco de un convenio con la Academia de Caballería vallisoletana que les llevó hasta el campo de maniobras de Ejército de Renedo-Cabezón. El acuerdo entre ambas instituciones arrancó en 2016 y se detuvo con la llegada del Covid (2020). Si bien, ahora han decidido retomarlo. La profesora que dirige la materia, Rosa María Arráez, ha explicado que el objetivo de esta formación es acercar a los alumnos a lo que se conoce como periodismo de guerra ‘empotrado ‘, en inglés ‘embedded’, que es «diferente» a la figura del corresponsal bélico. «La diferencia, en este caso, es que el periodista acude al lugar bajo la protección de una unidad militar», explica la docente, mientras que la otra figura se mueve de forma independiente sobre el terreno en el que se desarrolla el conflicto. Así, el redactor que acude junto a las tropas desplegadas en una operación, se encuentra bajo sus protocolos de seguridad y «contando la realidad del conflicto desde la actuación de las fuerzas que lo acogen», cuenta. Los ejercicios «tácticos»Nueve alumnos de la universidad vallisoletana participaron en esta iniciativa divididos en grupos. En un caso participaron en un ejercicio táctico «simulado» que consistía en que una parte descendía a la trinchera, mientras otros tenían posición de ataque. En cada uno de estos grupos había un portavoz de los alumnos que pertenecían a la Academia de Caballería, que también debía tomar la decisión, tal y como si estuviera sobre el terreno, de dónde colocar a quienes serían informadores. Otros tuvieron un ejercicio de «contrainsurgencia» donde vieron una simulación de cómo se enfrentaría un ataque de un grupo terrorista y las posibles negociaciones. «También vieron cómo se rescataba a un herido, como se le traslada y los ejercicios básicos de auxilio», detalla la docente. «Nos pareció interesante que vieran también escoltas de convoy y de autoridades», indica Arráez. Los universitarios también fueron uno más, por ejemplo, durante las comidas, tal y como si estuvieran en el terreno. Hubo quien almorzó en el campo con las bolsas de bocadillos que suelen portar los militares, mientras otros en las tiendas de campaña que suelen montarse en conflicto. Noticia relacionada No No 26 periodistas en 24 países Un viaje por el mundo, cada día con los corresponsales Pablo M. DíezEl objetivo era de que vieran una situación de conflicto, cómo se despliega el ejército en combate y «las estrategias que se toman», pero también que conocieran la citada figura del periodismo «empotrado». La acción fue «absolutamente viva» e interesante «para las dos partes», expresa. «Los alumnos de Caballería también querían saber cómo funciona el periodismo y nos pidieron que hiciéramos preguntas, como si estuvieran ocurriendo en una situación real, aunque ellos saben que habría cosas que no podrían contar», apunta. Al final de la actividad «todos los chicos coincidían en que el Ejército les había abierto las puertas y habían podido preguntar todo lo que habían querido», expresa la profesora. Pero, además, los mandos desplegados en el campo de maniobras les explicaron que para «ellos es muy importante que la sociedad conozca el trabajo que ellos hacen y la labor que tienen», relata.El ejercicio es una actividad que además «se corrige» en lo académico, explica la profesora. Y se hace a través de un «foto reportaje que tiene que tener un titular sobre la vivencia en el campo de entrenamiento» y «también se les pide hacer una crónica». «Esta pieza pueden planteársela desde dos puntos de vista: de lo que está pasando sobre el terreno o sobre cómo periodistas empotrados se ven integrados dentro de las maniobras», expresa. Alumnos de Periodismo de la UEMC y de la Academia de Caballería de Valladolid durante las maniobras UEMCEl resultado final fue que «ellos no se esperaba lo que iban a ver», resume Rosa María Arráez. «Una cosa es lo que les comentamos antes y otra cosa fue cuando llegaron allí», indica. Al aterrizar en el campo de maniobras, se les dan normas de seguridad, les ponen el casco y el chaleco, les colocan la identificación, detalles que les hicieron ya meterse en el papel, tal y como hicieron también los estudiantes de la Academia de Caballería que, desde el inicio de las maniobras se desplegaron como si de una misión real se tratara. «La comunicación por radio, el despliegue y la estructura de mando fue algo que les llamó muchísimo la atención», cuenta. Una vez superada la experiencia, la profesora también ha podido comprobar que el interés por dedicarse al periodismo de guerra no es demasiado elevado. «Lo ven con muchísimo respeto y ven que, efectivamente, corren peligro», comenta, porque son también «muy conscientes de que es muy difícil hacer bien este tipo de reporterismo». Además, ellos mismos reconocen que «hay que formarse, conocer muy bien el contexto y también mucho análisis para explicar las tensiones geopolíticas». De los nueve participantes, tan solo uno sí estaría decidido a probar esta modalidad informativa. Bajar a la trinchera, montarse en un vehículo militar, prácticas de defensa y operaciones de contrainsurgencia. Estudiantes de cuarto curso de Periodismo de la Universidad Europea Miguel de Cervantes (UEMC) de Valladolid han participado junto a alumnos del Ejército durante este mes en una serie de «ejercicios tácticos» simulados con el objetivo de acercarse un poco más e intentar conocer el reporterismo de guerra. Se trata de una iniciativa que se incluye dentro de la asignatura Periodismo Especializado y en el marco de un convenio con la Academia de Caballería vallisoletana que les llevó hasta el campo de maniobras de Ejército de Renedo-Cabezón. El acuerdo entre ambas instituciones arrancó en 2016 y se detuvo con la llegada del Covid (2020). Si bien, ahora han decidido retomarlo. La profesora que dirige la materia, Rosa María Arráez, ha explicado que el objetivo de esta formación es acercar a los alumnos a lo que se conoce como periodismo de guerra ‘empotrado ‘, en inglés ‘embedded’, que es «diferente» a la figura del corresponsal bélico. «La diferencia, en este caso, es que el periodista acude al lugar bajo la protección de una unidad militar», explica la docente, mientras que la otra figura se mueve de forma independiente sobre el terreno en el que se desarrolla el conflicto. Así, el redactor que acude junto a las tropas desplegadas en una operación, se encuentra bajo sus protocolos de seguridad y «contando la realidad del conflicto desde la actuación de las fuerzas que lo acogen», cuenta. Los ejercicios «tácticos»Nueve alumnos de la universidad vallisoletana participaron en esta iniciativa divididos en grupos. En un caso participaron en un ejercicio táctico «simulado» que consistía en que una parte descendía a la trinchera, mientras otros tenían posición de ataque. En cada uno de estos grupos había un portavoz de los alumnos que pertenecían a la Academia de Caballería, que también debía tomar la decisión, tal y como si estuviera sobre el terreno, de dónde colocar a quienes serían informadores. Otros tuvieron un ejercicio de «contrainsurgencia» donde vieron una simulación de cómo se enfrentaría un ataque de un grupo terrorista y las posibles negociaciones. «También vieron cómo se rescataba a un herido, como se le traslada y los ejercicios básicos de auxilio», detalla la docente. «Nos pareció interesante que vieran también escoltas de convoy y de autoridades», indica Arráez. Los universitarios también fueron uno más, por ejemplo, durante las comidas, tal y como si estuvieran en el terreno. Hubo quien almorzó en el campo con las bolsas de bocadillos que suelen portar los militares, mientras otros en las tiendas de campaña que suelen montarse en conflicto. Noticia relacionada No No 26 periodistas en 24 países Un viaje por el mundo, cada día con los corresponsales Pablo M. DíezEl objetivo era de que vieran una situación de conflicto, cómo se despliega el ejército en combate y «las estrategias que se toman», pero también que conocieran la citada figura del periodismo «empotrado». La acción fue «absolutamente viva» e interesante «para las dos partes», expresa. «Los alumnos de Caballería también querían saber cómo funciona el periodismo y nos pidieron que hiciéramos preguntas, como si estuvieran ocurriendo en una situación real, aunque ellos saben que habría cosas que no podrían contar», apunta. Al final de la actividad «todos los chicos coincidían en que el Ejército les había abierto las puertas y habían podido preguntar todo lo que habían querido», expresa la profesora. Pero, además, los mandos desplegados en el campo de maniobras les explicaron que para «ellos es muy importante que la sociedad conozca el trabajo que ellos hacen y la labor que tienen», relata.El ejercicio es una actividad que además «se corrige» en lo académico, explica la profesora. Y se hace a través de un «foto reportaje que tiene que tener un titular sobre la vivencia en el campo de entrenamiento» y «también se les pide hacer una crónica». «Esta pieza pueden planteársela desde dos puntos de vista: de lo que está pasando sobre el terreno o sobre cómo periodistas empotrados se ven integrados dentro de las maniobras», expresa. Alumnos de Periodismo de la UEMC y de la Academia de Caballería de Valladolid durante las maniobras UEMCEl resultado final fue que «ellos no se esperaba lo que iban a ver», resume Rosa María Arráez. «Una cosa es lo que les comentamos antes y otra cosa fue cuando llegaron allí», indica. Al aterrizar en el campo de maniobras, se les dan normas de seguridad, les ponen el casco y el chaleco, les colocan la identificación, detalles que les hicieron ya meterse en el papel, tal y como hicieron también los estudiantes de la Academia de Caballería que, desde el inicio de las maniobras se desplegaron como si de una misión real se tratara. «La comunicación por radio, el despliegue y la estructura de mando fue algo que les llamó muchísimo la atención», cuenta. Una vez superada la experiencia, la profesora también ha podido comprobar que el interés por dedicarse al periodismo de guerra no es demasiado elevado. «Lo ven con muchísimo respeto y ven que, efectivamente, corren peligro», comenta, porque son también «muy conscientes de que es muy difícil hacer bien este tipo de reporterismo». Además, ellos mismos reconocen que «hay que formarse, conocer muy bien el contexto y también mucho análisis para explicar las tensiones geopolíticas». De los nueve participantes, tan solo uno sí estaría decidido a probar esta modalidad informativa.
Bajar a la trinchera, montarse en un vehículo militar, prácticas de defensa y operaciones de contrainsurgencia. Estudiantes de cuarto curso de Periodismo de la Universidad Europea Miguel de Cervantes (UEMC) de Valladolid han participado junto a alumnos del Ejército durante este mes en una … serie de «ejercicios tácticos» simulados con el objetivo de acercarse un poco más e intentar conocer el reporterismo de guerra.
Se trata de una iniciativa que se incluye dentro de la asignatura Periodismo Especializado y en el marco de un convenio con la Academia de Caballería vallisoletana que les llevó hasta el campo de maniobras de Ejército de Renedo-Cabezón. El acuerdo entre ambas instituciones arrancó en 2016 y se detuvo con la llegada del Covid (2020). Si bien, ahora han decidido retomarlo.
La profesora que dirige la materia, Rosa María Arráez, ha explicado que el objetivo de esta formación es acercar a los alumnos a lo que se conoce como periodismo de guerra ‘empotrado‘, en inglés ‘embedded’, que es «diferente» a la figura del corresponsal bélico.
«La diferencia, en este caso, es que el periodista acude al lugar bajo la protección de una unidad militar», explica la docente, mientras que la otra figura se mueve de forma independiente sobre el terreno en el que se desarrolla el conflicto. Así, el redactor que acude junto a las tropas desplegadas en una operación, se encuentra bajo sus protocolos de seguridad y «contando la realidad del conflicto desde la actuación de las fuerzas que lo acogen», cuenta.
Los ejercicios «tácticos»
Nueve alumnos de la universidad vallisoletana participaron en esta iniciativa divididos en grupos. En un caso participaron en un ejercicio táctico «simulado» que consistía en que una parte descendía a la trinchera, mientras otros tenían posición de ataque. En cada uno de estos grupos había un portavoz de los alumnos que pertenecían a la Academia de Caballería, que también debía tomar la decisión, tal y como si estuviera sobre el terreno, de dónde colocar a quienes serían informadores.
Otros tuvieron un ejercicio de «contrainsurgencia» donde vieron una simulación de cómo se enfrentaría un ataque de un grupo terrorista y las posibles negociaciones. «También vieron cómo se rescataba a un herido, como se le traslada y los ejercicios básicos de auxilio», detalla la docente.
«Nos pareció interesante que vieran también escoltas de convoy y de autoridades», indica Arráez. Los universitarios también fueron uno más, por ejemplo, durante las comidas, tal y como si estuvieran en el terreno. Hubo quien almorzó en el campo con las bolsas de bocadillos que suelen portar los militares, mientras otros en las tiendas de campaña que suelen montarse en conflicto.
El objetivo era de que vieran una situación de conflicto, cómo se despliega el ejército en combate y «las estrategias que se toman», pero también que conocieran la citada figura del periodismo «empotrado».
La acción fue «absolutamente viva» e interesante «para las dos partes», expresa. «Los alumnos de Caballería también querían saber cómo funciona el periodismo y nos pidieron que hiciéramos preguntas, como si estuvieran ocurriendo en una situación real, aunque ellos saben que habría cosas que no podrían contar», apunta.
Al final de la actividad «todos los chicos coincidían en que el Ejército les había abierto las puertas y habían podido preguntar todo lo que habían querido», expresa la profesora. Pero, además, los mandos desplegados en el campo de maniobras les explicaron que para «ellos es muy importante que la sociedad conozca el trabajo que ellos hacen y la labor que tienen», relata.
El ejercicio es una actividad que además «se corrige» en lo académico, explica la profesora. Y se hace a través de un «foto reportaje que tiene que tener un titular sobre la vivencia en el campo de entrenamiento» y «también se les pide hacer una crónica». «Esta pieza pueden planteársela desde dos puntos de vista: de lo que está pasando sobre el terreno o sobre cómo periodistas empotrados se ven integrados dentro de las maniobras», expresa.

(UEMC)
El resultado final fue que «ellos no se esperaba lo que iban a ver», resume Rosa María Arráez. «Una cosa es lo que les comentamos antes y otra cosa fue cuando llegaron allí», indica. Al aterrizar en el campo de maniobras, se les dan normas de seguridad, les ponen el casco y el chaleco, les colocan la identificación, detalles que les hicieron ya meterse en el papel, tal y como hicieron también los estudiantes de la Academia de Caballería que, desde el inicio de las maniobras se desplegaron como si de una misión real se tratara. «La comunicación por radio, el despliegue y la estructura de mando fue algo que les llamó muchísimo la atención», cuenta.
Una vez superada la experiencia, la profesora también ha podido comprobar que el interés por dedicarse al periodismo de guerra no es demasiado elevado. «Lo ven con muchísimo respeto y ven que, efectivamente, corren peligro», comenta, porque son también «muy conscientes de que es muy difícil hacer bien este tipo de reporterismo». Además, ellos mismos reconocen que «hay que formarse, conocer muy bien el contexto y también mucho análisis para explicar las tensiones geopolíticas». De los nueve participantes, tan solo uno sí estaría decidido a probar esta modalidad informativa.
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