Pedro Sánchez ha encontrado en el conflicto de Irán una oportunidad para proyectar liderazgo a nivel europeo , exhibiendo un perfil antibelicista que está sumando adhesiones en virtud del errático desarrollo de la ofensiva de EE.UU e Israel en Oriente Próximo. El presidente del Gobierno está explotando políticamente el ‘No a la guerra’ que, por el momento, le está sirviendo para reposicionarse en el tablero y seguir engullendo el espacio electoral a su izquierda. Sin embargo, mientras ondean la bandera de la paz, en la Moncloa se preparan para la guerra. Lejos queda ya la negativa a incrementar la inversión en defensa. Lo que se predicaba como imposible -alcanzar el 2% del PIB- se consiguió en apenas unos meses en 2025 y, ahora, la previsión del Gobierno es ir todavía más allá.En el Ejecutivo no solo tienen la «intención clara de mantener la inversión» pública en gasto militar ya ejecutada, sino que aspiran a elevarla de manera «muy importante» para alcanzar el 2,1% en el presente ejercicio. En números, esto supone reeditar la histórica inyección del año pasado -10.470 millones de euros- y elevarla en otros 2.300 millones adicionales. Este esfuerzo añadido debería vehicularse a través de los Presupuestos Generales del Estado y no es casual que el Gobierno vuelva a incurrir en un nuevo retraso en su aprobación . Fuentes socialistas no esconden la escasa idoneidad -y ausencia de apoyo político entre los aliados de la izquierda- que tendría someter estas partidas a votación en el Congreso, en un momento en el que se está pregonando el ‘No a la guerra’.A falta de unas cuentas públicas que respalden económicamente esta inyección de recursos, en el Ejecutivo optarán por la ingeniería financiera habitual. Esto es, utilizando ahorros derivados del crecimiento de la economía, empleando créditos presupuestarios extraordinarios y a través de reasignaciones y modificaciones presupuestarias de partidas ya ejecutadas se seguirá elevando el gasto en defensa sin pasar por el Parlamento. La última de estas maniobras inversoras se produjo hace solo 10 días, cuando en plena ofensiva contra la guerra en Irán, el Consejo de Ministros aprobó, con total opacidad, una transferencia de crédito de 1.340 millones para inversión militar. Lo hizo ocultando su destino y finalidad, bajo la justificación de «necesidades ineludibles».Noticia relacionada general No No Sánchez relega los Presupuestos: «Lo urgente es proteger a nuestros ciudadanos» Enrique SerbetoLa falta de transparencia en la inversión en defensa además de chocar con el discurso público que sostiene el Gobierno, también genera distorsiones con sus aliados, que ven comprometidas las prioridades que deberían regir la agenda de un gobierno progresista. Desde la Moncloa se mantiene que esta movilización de recursos no comprometerá «ni un euro» de gasto social, pero lo cierto es que debe hacerse compatible, además, en el volátil contexto actual con el despliegue de los paquetes de medidas de respuesta a la guerra de Irán. En este sentido, en el Ejecutivo se aferran a la posibilidad, si fuera necesario, de pedir la activación de la cláusula de escape de las reglas fiscales a nivel europeo -el mecanismo que opera para circunstancias excepcionales- y poder hacer así compatible ambas dotaciones. Sin embargo, España está en minoría en esta posición, ya que en la última reunión del Ecofin la iniciativa no salió adelante. Sin Presupuestos para 2026, el Ejecutivo tendrá que buscar vías no solo para consolidar la inversión de 2025 -10.470 millones de euros más-, sino ampliarla en los 2.300 millones citados anteriormente. España tuvo que acelerar en el cumplimiento de sus objetivos -este 2% del PIB- en un contexto de presiones por parte de la administración de Donald Trump que exigía que a la cumbre de la OTAN de La Haya del pasado mes de junio se llegara con los compromisos al día. En este escenario se forzó uno de los primeros enfrentamientos con el presidente de EE.UU. y Sánchez buscó visibilizar su distancia -incluso física, en la foto oficial de los aliados- para comenzar a cultivar el antagonismo con el líder estadounidense, que ha llegado a su máxima expresión en el actual contexto bélico en Irán. Desde el Gobierno sostienen que con ese 2,1% son capaces de cumplir las capacidades exigidas por la Alianza Atlántica.El aumento del gasto en defensa propició el primer choque con Trump en la cumbre de la OTAN del pasado junioEl Ejecutivo de Sánchez ha dado un giro radical en el último año, alcanzando una inversión en defensa que supera los 33.000 millones de euros y que contrasta con la tendencia a la baja que se había registrado hasta entonces. En la Moncloa aseguran que se trata de una apuesta por la autonomía estratégica, para minorar su dependencia de agentes externos, y principalmente basada en la disuasión. También enfocada en un fortalecimiento dirigido a la industria nacional. Pero ni toda la soberanía militar es suficiente para evitar que esta cuestión siga generando distorsiones dentro de la propia coalición.La inversión militar se implementa a través de decisiones del Consejo de Ministros, en las que Sumar no tiene mayor margen de actuación que presentar sus «salvedades» y «objeciones» a las iniciativas que eleva el ala socialista. Además, en el contexto actual, en el que el socio minoritario está presionando para activar medidas vinculadas a la vivienda, la decisión de dirigir los recursos a cuestiones orientadas a la defensa despierta especiales resistencias. Sin embargo, tanto Sumar como Podemos, durante la pasada legislatura, no han considerado que estas decisiones a las que se oponen sean causa suficiente para forzar su salida de la Moncloa. Pedro Sánchez ha encontrado en el conflicto de Irán una oportunidad para proyectar liderazgo a nivel europeo , exhibiendo un perfil antibelicista que está sumando adhesiones en virtud del errático desarrollo de la ofensiva de EE.UU e Israel en Oriente Próximo. El presidente del Gobierno está explotando políticamente el ‘No a la guerra’ que, por el momento, le está sirviendo para reposicionarse en el tablero y seguir engullendo el espacio electoral a su izquierda. Sin embargo, mientras ondean la bandera de la paz, en la Moncloa se preparan para la guerra. Lejos queda ya la negativa a incrementar la inversión en defensa. Lo que se predicaba como imposible -alcanzar el 2% del PIB- se consiguió en apenas unos meses en 2025 y, ahora, la previsión del Gobierno es ir todavía más allá.En el Ejecutivo no solo tienen la «intención clara de mantener la inversión» pública en gasto militar ya ejecutada, sino que aspiran a elevarla de manera «muy importante» para alcanzar el 2,1% en el presente ejercicio. En números, esto supone reeditar la histórica inyección del año pasado -10.470 millones de euros- y elevarla en otros 2.300 millones adicionales. Este esfuerzo añadido debería vehicularse a través de los Presupuestos Generales del Estado y no es casual que el Gobierno vuelva a incurrir en un nuevo retraso en su aprobación . Fuentes socialistas no esconden la escasa idoneidad -y ausencia de apoyo político entre los aliados de la izquierda- que tendría someter estas partidas a votación en el Congreso, en un momento en el que se está pregonando el ‘No a la guerra’.A falta de unas cuentas públicas que respalden económicamente esta inyección de recursos, en el Ejecutivo optarán por la ingeniería financiera habitual. Esto es, utilizando ahorros derivados del crecimiento de la economía, empleando créditos presupuestarios extraordinarios y a través de reasignaciones y modificaciones presupuestarias de partidas ya ejecutadas se seguirá elevando el gasto en defensa sin pasar por el Parlamento. La última de estas maniobras inversoras se produjo hace solo 10 días, cuando en plena ofensiva contra la guerra en Irán, el Consejo de Ministros aprobó, con total opacidad, una transferencia de crédito de 1.340 millones para inversión militar. Lo hizo ocultando su destino y finalidad, bajo la justificación de «necesidades ineludibles».Noticia relacionada general No No Sánchez relega los Presupuestos: «Lo urgente es proteger a nuestros ciudadanos» Enrique SerbetoLa falta de transparencia en la inversión en defensa además de chocar con el discurso público que sostiene el Gobierno, también genera distorsiones con sus aliados, que ven comprometidas las prioridades que deberían regir la agenda de un gobierno progresista. Desde la Moncloa se mantiene que esta movilización de recursos no comprometerá «ni un euro» de gasto social, pero lo cierto es que debe hacerse compatible, además, en el volátil contexto actual con el despliegue de los paquetes de medidas de respuesta a la guerra de Irán. En este sentido, en el Ejecutivo se aferran a la posibilidad, si fuera necesario, de pedir la activación de la cláusula de escape de las reglas fiscales a nivel europeo -el mecanismo que opera para circunstancias excepcionales- y poder hacer así compatible ambas dotaciones. Sin embargo, España está en minoría en esta posición, ya que en la última reunión del Ecofin la iniciativa no salió adelante. Sin Presupuestos para 2026, el Ejecutivo tendrá que buscar vías no solo para consolidar la inversión de 2025 -10.470 millones de euros más-, sino ampliarla en los 2.300 millones citados anteriormente. España tuvo que acelerar en el cumplimiento de sus objetivos -este 2% del PIB- en un contexto de presiones por parte de la administración de Donald Trump que exigía que a la cumbre de la OTAN de La Haya del pasado mes de junio se llegara con los compromisos al día. En este escenario se forzó uno de los primeros enfrentamientos con el presidente de EE.UU. y Sánchez buscó visibilizar su distancia -incluso física, en la foto oficial de los aliados- para comenzar a cultivar el antagonismo con el líder estadounidense, que ha llegado a su máxima expresión en el actual contexto bélico en Irán. Desde el Gobierno sostienen que con ese 2,1% son capaces de cumplir las capacidades exigidas por la Alianza Atlántica.El aumento del gasto en defensa propició el primer choque con Trump en la cumbre de la OTAN del pasado junioEl Ejecutivo de Sánchez ha dado un giro radical en el último año, alcanzando una inversión en defensa que supera los 33.000 millones de euros y que contrasta con la tendencia a la baja que se había registrado hasta entonces. En la Moncloa aseguran que se trata de una apuesta por la autonomía estratégica, para minorar su dependencia de agentes externos, y principalmente basada en la disuasión. También enfocada en un fortalecimiento dirigido a la industria nacional. Pero ni toda la soberanía militar es suficiente para evitar que esta cuestión siga generando distorsiones dentro de la propia coalición.La inversión militar se implementa a través de decisiones del Consejo de Ministros, en las que Sumar no tiene mayor margen de actuación que presentar sus «salvedades» y «objeciones» a las iniciativas que eleva el ala socialista. Además, en el contexto actual, en el que el socio minoritario está presionando para activar medidas vinculadas a la vivienda, la decisión de dirigir los recursos a cuestiones orientadas a la defensa despierta especiales resistencias. Sin embargo, tanto Sumar como Podemos, durante la pasada legislatura, no han considerado que estas decisiones a las que se oponen sean causa suficiente para forzar su salida de la Moncloa.
Pedro Sánchez ha encontrado en el conflicto de Irán una oportunidad para proyectar liderazgo a nivel europeo, exhibiendo un perfil antibelicista que está sumando adhesiones en virtud del errático desarrollo de la ofensiva de EE.UU e Israel en Oriente Próximo. El presidente del … Gobierno está explotando políticamente el ‘No a la guerra’ que, por el momento, le está sirviendo para reposicionarse en el tablero y seguir engullendo el espacio electoral a su izquierda. Sin embargo, mientras ondean la bandera de la paz, en la Moncloa se preparan para la guerra. Lejos queda ya la negativa a incrementar la inversión en defensa. Lo que se predicaba como imposible -alcanzar el 2% del PIB- se consiguió en apenas unos meses en 2025 y, ahora, la previsión del Gobierno es ir todavía más allá.
En el Ejecutivo no solo tienen la «intención clara de mantener la inversión» pública en gasto militar ya ejecutada, sino que aspiran a elevarla de manera «muy importante» para alcanzar el 2,1% en el presente ejercicio. En números, esto supone reeditar la histórica inyección del año pasado -10.470 millones de euros- y elevarla en otros 2.300 millones adicionales. Este esfuerzo añadido debería vehicularse a través de los Presupuestos Generales del Estado y no es casual que el Gobierno vuelva a incurrir en un nuevo retraso en su aprobación. Fuentes socialistas no esconden la escasa idoneidad -y ausencia de apoyo político entre los aliados de la izquierda- que tendría someter estas partidas a votación en el Congreso, en un momento en el que se está pregonando el ‘No a la guerra’.
A falta de unas cuentas públicas que respalden económicamente esta inyección de recursos, en el Ejecutivo optarán por la ingeniería financiera habitual. Esto es, utilizando ahorros derivados del crecimiento de la economía, empleando créditos presupuestarios extraordinarios y a través de reasignaciones y modificaciones presupuestarias de partidas ya ejecutadas se seguirá elevando el gasto en defensa sin pasar por el Parlamento. La última de estas maniobras inversoras se produjo hace solo 10 días, cuando en plena ofensiva contra la guerra en Irán, el Consejo de Ministros aprobó, con total opacidad, una transferencia de crédito de 1.340 millones para inversión militar. Lo hizo ocultando su destino y finalidad, bajo la justificación de «necesidades ineludibles».
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La falta de transparencia en la inversión en defensa además de chocar con el discurso público que sostiene el Gobierno, también genera distorsiones con sus aliados, que ven comprometidas las prioridades que deberían regir la agenda de un gobierno progresista. Desde la Moncloa se mantiene que esta movilización de recursos no comprometerá «ni un euro» de gasto social, pero lo cierto es que debe hacerse compatible, además, en el volátil contexto actual con el despliegue de los paquetes de medidas de respuesta a la guerra de Irán. En este sentido, en el Ejecutivo se aferran a la posibilidad, si fuera necesario, de pedir la activación de la cláusula de escape de las reglas fiscales a nivel europeo -el mecanismo que opera para circunstancias excepcionales- y poder hacer así compatible ambas dotaciones. Sin embargo, España está en minoría en esta posición, ya que en la última reunión del Ecofin la iniciativa no salió adelante.
Sin Presupuestos para 2026, el Ejecutivo tendrá que buscar vías no solo para consolidar la inversión de 2025 -10.470 millones de euros más-, sino ampliarla en los 2.300 millones citados anteriormente. España tuvo que acelerar en el cumplimiento de sus objetivos -este 2% del PIB- en un contexto de presiones por parte de la administración de Donald Trump que exigía que a la cumbre de la OTAN de La Haya del pasado mes de junio se llegara con los compromisos al día. En este escenario se forzó uno de los primeros enfrentamientos con el presidente de EE.UU. y Sánchez buscó visibilizar su distancia -incluso física, en la foto oficial de los aliados- para comenzar a cultivar el antagonismo con el líder estadounidense, que ha llegado a su máxima expresión en el actual contexto bélico en Irán. Desde el Gobierno sostienen que con ese 2,1% son capaces de cumplir las capacidades exigidas por la Alianza Atlántica.
El aumento del gasto en defensa propició el primer choque con Trump en la cumbre de la OTAN del pasado junio
El Ejecutivo de Sánchez ha dado un giro radical en el último año, alcanzando una inversión en defensa que supera los 33.000 millones de euros y que contrasta con la tendencia a la baja que se había registrado hasta entonces. En la Moncloa aseguran que se trata de una apuesta por la autonomía estratégica, para minorar su dependencia de agentes externos, y principalmente basada en la disuasión. También enfocada en un fortalecimiento dirigido a la industria nacional. Pero ni toda la soberanía militar es suficiente para evitar que esta cuestión siga generando distorsiones dentro de la propia coalición.
La inversión militar se implementa a través de decisiones del Consejo de Ministros, en las que Sumar no tiene mayor margen de actuación que presentar sus «salvedades» y «objeciones» a las iniciativas que eleva el ala socialista. Además, en el contexto actual, en el que el socio minoritario está presionando para activar medidas vinculadas a la vivienda, la decisión de dirigir los recursos a cuestiones orientadas a la defensa despierta especiales resistencias. Sin embargo, tanto Sumar como Podemos, durante la pasada legislatura, no han considerado que estas decisiones a las que se oponen sean causa suficiente para forzar su salida de la Moncloa.
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