Gema nació el 12 de febrero de 2026, pero solo tiene 44 años. La vida (y la sanidad) le han regalado una segunda oportunidad. Hace poco más de un mes, cerca del día de San Valentín, fue trasplantada de corazón tras una larga espera en la que el Hospital Reina Sofía de Córdoba fue su segunda casa. Recuperada y apenas una semana después de recibir el alta médica tras una operación compleja , conversa con ABC sobre su experiencia. En la sala de rehabilitación donde tanto tiempo ha pasado en los últimos días nos atiende, Gema explica que «por suerte o por desgracia» lleva 15 años entrando y saliendo del hospital porque su enfermedad es genética, compartida con su padre y «cuando no era uno, era el otro». Tanto tiempo en el Reina Sofía ha encontrado «amistades que son casi familias, de todos los profesionales que trabajan». En un proceso tan complicado como un trasplante de corazón, «ellos empatizan contigo, se alegran de los buenos momentos y te acompañan en las peores situaciones, de oscuridad, soledad y dolor». Noticia relacionada No No Sanidad Trece trasplantes en una sola semana: el nuevo hito del Hospital Reina Sofía de Córdoba ABC CórdobaEl equipo formado por los cardiólogos Manuel Crespín, Rafael González Manzanares y Gloria Heredia, ha sido el encargado de levar a cabo este trasplante de corazón que ha cambiado la vida de Gema. Explican que «ella tenía una cardiopatía genética, y que fue evolucionando con los años hasta que precisó el implante de un desfibrilador, pero empezó a tener muchas arritmias y muchas descargas que hicieron perder fuerza a su corazón». Fue el momento en el que Gema precisó de un trasplante para poder seguir con su vida. Los cardiólogos relatan que «tuvo suerte al encontrar un donante compatible pronto y el trasplante ha tenido una evolución muy satisfactoria en poco tiempo ». Es un cambio «espectacular» que ella misma percibe. «Pasar de vivir con el miedo de la muerte inminente y la descarga del desfibrilador a tener una vida normal», aseguran los cardiólogos. Para el equipo médico, el trasplante de corazón es uno de los más complicados en cuanto al postoperatorio porque es el motor del organismo y al principio hay mucha inestabilidad hemodinámica. Cuando el corazón falla, lo hacen el resto de órganos». Lógicamente, «es un proceso complejo porque los pacientes tienen sensaciones de miedo e incertidumbre al igual que emoción por mejorar su calidad de vida». La percepción del cambio llega con las pequeñas cosas, cuando «antes se cansaban y ahora no. Suben escaleras y no se tienen que parar. Ahí saben que su vida ha cambiado drásticamente». El éxito de un trasplante viene por múltiples factores. Entre ellos la situación en la que llega el paciente a la operación, su forma física, edad, sexo, etc. Todo influye. Los médicos señalan que el trasplante es el último recurso para un paciente con patología cardiaca. «Se realiza a pacientes con los que ya hemos agotado todo tipo de tratamientos. Medicación o una intervención de cateterismo en alguna válvula. Si nada funciona, el paciente pasa a un estudio de trasplante como Gema». Gema entró a formar parte de esa lista de espera un 20 de octubre y ya contaba con la experiencia de vivir de cerca el trasplante de su padre hace tan solo cuatro años. «La espera la viví más intensamente, p ensando que puede ser la última vez », sin renunciar a «la alegría y el optimismo». Han sido una Navidad «diferente, más familiares». Una mezcla de emociones en la que por supuesto también asomaba «el miedo y la incertidumbre». En su memoria todavía queda ese primer pensamiento al despertarse de la operación y el último que tuvo antes de entrar en quirófano. «Lo último que dije antes del trasplante, con la anestesia ya puesta, era que quería conocer a mi cirujano. Luego cuando te despiertas estás desubicada, no sabes dónde estás no puedes moverte, es un poco abrumador lo que sientes en las siguientes horas, da un poco de respeto». Comer un plato de huevos con patatas. Algo tan simple del ser humano fue lo primero que hizo Gema tras salir del hospital. « Comer y que te de el sol en la piel es importantísimo . Ese primer momento en el que sales a la calle y te roza el calor en la piel, es una descripción que solo sienten las personas que han estado encerradas, ahora solo eso se valora muchísimo».Su familia ha jugado «un papel fundamental» en todo el proceso porque «ellos han sido mis cuidadores». Ahora, la frase «vivir el presente» tiene un significado más intenso para Gema. «Supongo que lo iré normalizando, pero ahora para mí todo es alegría. Los problemas los afronto con otra energía y vitalidad. Aprovecho las pequeñas cosas y las vivo más». Ahora es el momento de hacer todo lo que antes su cuerpo frenaba. «Me he comprado una bicicleta estática, y estoy montando mi pequeño gimnasio», comenta Gema con una sonrisa perenne. Siempre al ritmo de Marta Sánchez, pues su música le ha acompañado en las sesiones de rehabilitación con Mercedes, su fisioterapeuta, su confidente y después de muchos años de visitas al hospital, su amiga. La rehabilitaciónMercedes Azores, también conocida como ‘La fisio del clavel’ es fisioterapeuta que trabaja con pacientes trasplantados. Les acompaña antes, durante y después del trasplante siendo una de las primeras personas incluso que ven al despertarse y comenzar su nueva vida. Gema, su paciente, es un nombre más de los miles que se han cruzado con ella en los 25 años de trayectoria. La labor de un fisioterapeuta en la unidad de trasplantes, con Mercedes como protagonista, comienza desde que la persona está en estudio de trasplante. «Les enseño unos ejercicios respiratorios y con miembros superiores e inferiores para no perder masa muscular». Unos ejercicios que no solo curan el cuerpo, también el alma. «Yo siempre digo que hago tratamiento físico y psíquico porque a la primera persona que ven cuando son trasplantados es a mí». Gema da fe de ello con una risa cómplice.Pese a la complejidad de la operación, la recuperación suele ser rápida pues «al día siguiente ya están levantados y sentados. Y a la semana montando en la bicicleta estática. El cuerpo necesita movimiento y se atrofia si no se usa». Usa una gran técnica para saber si los pacientes al despertar se encuentran bien. Les pregunta: «¿sabes quién soy?». Y ellos responden: «la fisio del clavel». En las inmediaciones del Reina Sofía hay un pequeño jardín del donante donde los pacientes trasplantados dibujan un corazón y firman con la fecha de su nuevo cumpleaños. El banco es testigo de «la primera salida al exterior de estos pacientes, su primera bocanada de aire fresco y sus primeros rayos de sol. Aquí sonríen». Gema no podrá olvidar ese momento junto a Mercedes que además señala que «todos los pacientes lloran cuando ven el sol por primera vez». Gema remarca que «esperamos siempre con ganas a que sean las 16.30 para salir a pasear con Mercedes que incluso lo ha hecho con 14 pacientes a la vez. «Al día siguiente ya están levantados y sentados. Y a la semana en la bicicleta estática»Gema incluso en su segundo día de paseo recibió la visita de su hijo y su hermana con sorpresa a los que no veía desde la operación pues una vez trasplantados, los pacientes están en «máximo aislamiento» para evitar posibles complicaciones. Ahora su vida ha cambiado y su alimentación también pues «no puedo comer nada crudo ni embutidos», como si fuese «una persona embaraza». Gema recuerda que «por las noches en el hospital no podía dormir por la medicación y me pasaba todo el día despierta. Entonces hacía muchos ejercicios con los pies y las manos». Ahora mismo, el esternón debe estar bien consolidado para hacer ejercicio con más intensidad, pero eso llegará dentro de un mes cuando la paciente continúe visitando, aunque por suerte con menos frecuencia el Reina Sofía. La entrevista de Gema termina con un recorrido hacia el área de cardiología del que se lleva amistades y profesionales que le han ayudado a emprender una nueva vida. Entre abrazos, sonrisas y la mirada optimista de los pacientes que todavía esperan por un trasplante, Gema señala uno de los corazones de cartulina que adornan la entrada del pasillo con su nombre y la fecha: 12-02-2026. A la espera de hacer la lista más grande. Gema nació el 12 de febrero de 2026, pero solo tiene 44 años. La vida (y la sanidad) le han regalado una segunda oportunidad. Hace poco más de un mes, cerca del día de San Valentín, fue trasplantada de corazón tras una larga espera en la que el Hospital Reina Sofía de Córdoba fue su segunda casa. Recuperada y apenas una semana después de recibir el alta médica tras una operación compleja , conversa con ABC sobre su experiencia. En la sala de rehabilitación donde tanto tiempo ha pasado en los últimos días nos atiende, Gema explica que «por suerte o por desgracia» lleva 15 años entrando y saliendo del hospital porque su enfermedad es genética, compartida con su padre y «cuando no era uno, era el otro». Tanto tiempo en el Reina Sofía ha encontrado «amistades que son casi familias, de todos los profesionales que trabajan». En un proceso tan complicado como un trasplante de corazón, «ellos empatizan contigo, se alegran de los buenos momentos y te acompañan en las peores situaciones, de oscuridad, soledad y dolor». Noticia relacionada No No Sanidad Trece trasplantes en una sola semana: el nuevo hito del Hospital Reina Sofía de Córdoba ABC CórdobaEl equipo formado por los cardiólogos Manuel Crespín, Rafael González Manzanares y Gloria Heredia, ha sido el encargado de levar a cabo este trasplante de corazón que ha cambiado la vida de Gema. Explican que «ella tenía una cardiopatía genética, y que fue evolucionando con los años hasta que precisó el implante de un desfibrilador, pero empezó a tener muchas arritmias y muchas descargas que hicieron perder fuerza a su corazón». Fue el momento en el que Gema precisó de un trasplante para poder seguir con su vida. Los cardiólogos relatan que «tuvo suerte al encontrar un donante compatible pronto y el trasplante ha tenido una evolución muy satisfactoria en poco tiempo ». Es un cambio «espectacular» que ella misma percibe. «Pasar de vivir con el miedo de la muerte inminente y la descarga del desfibrilador a tener una vida normal», aseguran los cardiólogos. Para el equipo médico, el trasplante de corazón es uno de los más complicados en cuanto al postoperatorio porque es el motor del organismo y al principio hay mucha inestabilidad hemodinámica. Cuando el corazón falla, lo hacen el resto de órganos». Lógicamente, «es un proceso complejo porque los pacientes tienen sensaciones de miedo e incertidumbre al igual que emoción por mejorar su calidad de vida». La percepción del cambio llega con las pequeñas cosas, cuando «antes se cansaban y ahora no. Suben escaleras y no se tienen que parar. Ahí saben que su vida ha cambiado drásticamente». El éxito de un trasplante viene por múltiples factores. Entre ellos la situación en la que llega el paciente a la operación, su forma física, edad, sexo, etc. Todo influye. Los médicos señalan que el trasplante es el último recurso para un paciente con patología cardiaca. «Se realiza a pacientes con los que ya hemos agotado todo tipo de tratamientos. Medicación o una intervención de cateterismo en alguna válvula. Si nada funciona, el paciente pasa a un estudio de trasplante como Gema». Gema entró a formar parte de esa lista de espera un 20 de octubre y ya contaba con la experiencia de vivir de cerca el trasplante de su padre hace tan solo cuatro años. «La espera la viví más intensamente, p ensando que puede ser la última vez », sin renunciar a «la alegría y el optimismo». Han sido una Navidad «diferente, más familiares». Una mezcla de emociones en la que por supuesto también asomaba «el miedo y la incertidumbre». En su memoria todavía queda ese primer pensamiento al despertarse de la operación y el último que tuvo antes de entrar en quirófano. «Lo último que dije antes del trasplante, con la anestesia ya puesta, era que quería conocer a mi cirujano. Luego cuando te despiertas estás desubicada, no sabes dónde estás no puedes moverte, es un poco abrumador lo que sientes en las siguientes horas, da un poco de respeto». Comer un plato de huevos con patatas. Algo tan simple del ser humano fue lo primero que hizo Gema tras salir del hospital. « Comer y que te de el sol en la piel es importantísimo . Ese primer momento en el que sales a la calle y te roza el calor en la piel, es una descripción que solo sienten las personas que han estado encerradas, ahora solo eso se valora muchísimo».Su familia ha jugado «un papel fundamental» en todo el proceso porque «ellos han sido mis cuidadores». Ahora, la frase «vivir el presente» tiene un significado más intenso para Gema. «Supongo que lo iré normalizando, pero ahora para mí todo es alegría. Los problemas los afronto con otra energía y vitalidad. Aprovecho las pequeñas cosas y las vivo más». Ahora es el momento de hacer todo lo que antes su cuerpo frenaba. «Me he comprado una bicicleta estática, y estoy montando mi pequeño gimnasio», comenta Gema con una sonrisa perenne. Siempre al ritmo de Marta Sánchez, pues su música le ha acompañado en las sesiones de rehabilitación con Mercedes, su fisioterapeuta, su confidente y después de muchos años de visitas al hospital, su amiga. La rehabilitaciónMercedes Azores, también conocida como ‘La fisio del clavel’ es fisioterapeuta que trabaja con pacientes trasplantados. Les acompaña antes, durante y después del trasplante siendo una de las primeras personas incluso que ven al despertarse y comenzar su nueva vida. Gema, su paciente, es un nombre más de los miles que se han cruzado con ella en los 25 años de trayectoria. La labor de un fisioterapeuta en la unidad de trasplantes, con Mercedes como protagonista, comienza desde que la persona está en estudio de trasplante. «Les enseño unos ejercicios respiratorios y con miembros superiores e inferiores para no perder masa muscular». Unos ejercicios que no solo curan el cuerpo, también el alma. «Yo siempre digo que hago tratamiento físico y psíquico porque a la primera persona que ven cuando son trasplantados es a mí». Gema da fe de ello con una risa cómplice.Pese a la complejidad de la operación, la recuperación suele ser rápida pues «al día siguiente ya están levantados y sentados. Y a la semana montando en la bicicleta estática. El cuerpo necesita movimiento y se atrofia si no se usa». Usa una gran técnica para saber si los pacientes al despertar se encuentran bien. Les pregunta: «¿sabes quién soy?». Y ellos responden: «la fisio del clavel». En las inmediaciones del Reina Sofía hay un pequeño jardín del donante donde los pacientes trasplantados dibujan un corazón y firman con la fecha de su nuevo cumpleaños. El banco es testigo de «la primera salida al exterior de estos pacientes, su primera bocanada de aire fresco y sus primeros rayos de sol. Aquí sonríen». Gema no podrá olvidar ese momento junto a Mercedes que además señala que «todos los pacientes lloran cuando ven el sol por primera vez». Gema remarca que «esperamos siempre con ganas a que sean las 16.30 para salir a pasear con Mercedes que incluso lo ha hecho con 14 pacientes a la vez. «Al día siguiente ya están levantados y sentados. Y a la semana en la bicicleta estática»Gema incluso en su segundo día de paseo recibió la visita de su hijo y su hermana con sorpresa a los que no veía desde la operación pues una vez trasplantados, los pacientes están en «máximo aislamiento» para evitar posibles complicaciones. Ahora su vida ha cambiado y su alimentación también pues «no puedo comer nada crudo ni embutidos», como si fuese «una persona embaraza». Gema recuerda que «por las noches en el hospital no podía dormir por la medicación y me pasaba todo el día despierta. Entonces hacía muchos ejercicios con los pies y las manos». Ahora mismo, el esternón debe estar bien consolidado para hacer ejercicio con más intensidad, pero eso llegará dentro de un mes cuando la paciente continúe visitando, aunque por suerte con menos frecuencia el Reina Sofía. La entrevista de Gema termina con un recorrido hacia el área de cardiología del que se lleva amistades y profesionales que le han ayudado a emprender una nueva vida. Entre abrazos, sonrisas y la mirada optimista de los pacientes que todavía esperan por un trasplante, Gema señala uno de los corazones de cartulina que adornan la entrada del pasillo con su nombre y la fecha: 12-02-2026. A la espera de hacer la lista más grande.
Gema nació el 12 de febrero de 2026, pero solo tiene 44 años. La vida (y la sanidad) le han regalado una segunda oportunidad. Hace poco más de un mes, cerca del día de San Valentín, fue trasplantada de corazón tras una larga espera en … la que el Hospital Reina Sofía de Córdoba fue su segunda casa. Recuperada y apenas una semana después de recibir el alta médica tras una operación compleja, conversa con ABC sobre su experiencia.
En la sala de rehabilitación donde tanto tiempo ha pasado en los últimos días nos atiende, Gema explica que «por suerte o por desgracia» lleva 15 años entrando y saliendo del hospital porque su enfermedad es genética, compartida con su padre y «cuando no era uno, era el otro».
Tanto tiempo en el Reina Sofía ha encontrado «amistades que son casi familias, de todos los profesionales que trabajan». En un proceso tan complicado como un trasplante de corazón, «ellos empatizan contigo, se alegran de los buenos momentos y te acompañan en las peores situaciones, de oscuridad, soledad y dolor».
El equipo formado por los cardiólogos Manuel Crespín, Rafael González Manzanares y Gloria Heredia, ha sido el encargado de levar a cabo este trasplante de corazón que ha cambiado la vida de Gema. Explican que «ella tenía una cardiopatía genética, y que fue evolucionando con los años hasta que precisó el implante de un desfibrilador, pero empezó a tener muchas arritmias y muchas descargas que hicieron perder fuerza a su corazón».
Fue el momento en el que Gema precisó de un trasplante para poder seguir con su vida. Los cardiólogos relatan que «tuvo suerte al encontrar un donante compatible pronto y el trasplante ha tenido una evolución muy satisfactoria en poco tiempo». Es un cambio «espectacular» que ella misma percibe. «Pasar de vivir con el miedo de la muerte inminente y la descarga del desfibrilador a tener una vida normal», aseguran los cardiólogos.
Para el equipo médico, el trasplante de corazón es uno de los más complicados en cuanto al postoperatorio porque es el motor del organismo y al principio hay mucha inestabilidad hemodinámica. Cuando el corazón falla, lo hacen el resto de órganos».
Lógicamente, «es un proceso complejo porque los pacientes tienen sensaciones de miedo e incertidumbre al igual que emoción por mejorar su calidad de vida». La percepción del cambio llega con las pequeñas cosas, cuando «antes se cansaban y ahora no. Suben escaleras y no se tienen que parar. Ahí saben que su vida ha cambiado drásticamente».
El éxito de un trasplante viene por múltiples factores. Entre ellos la situación en la que llega el paciente a la operación, su forma física, edad, sexo, etc. Todo influye. Los médicos señalan que el trasplante es el último recurso para un paciente con patología cardiaca. «Se realiza a pacientes con los que ya hemos agotado todo tipo de tratamientos. Medicación o una intervención de cateterismo en alguna válvula. Si nada funciona, el paciente pasa a un estudio de trasplante como Gema».
Gema entró a formar parte de esa lista de espera un 20 de octubre y ya contaba con la experiencia de vivir de cerca el trasplante de su padre hace tan solo cuatro años. «La espera la viví más intensamente, pensando que puede ser la última vez», sin renunciar a «la alegría y el optimismo». Han sido una Navidad «diferente, más familiares». Una mezcla de emociones en la que por supuesto también asomaba «el miedo y la incertidumbre».
En su memoria todavía queda ese primer pensamiento al despertarse de la operación y el último que tuvo antes de entrar en quirófano. «Lo último que dije antes del trasplante, con la anestesia ya puesta, era que quería conocer a mi cirujano. Luego cuando te despiertas estás desubicada, no sabes dónde estás no puedes moverte, es un poco abrumador lo que sientes en las siguientes horas, da un poco de respeto».
Comer un plato de huevos con patatas. Algo tan simple del ser humano fue lo primero que hizo Gema tras salir del hospital. «Comer y que te de el sol en la piel es importantísimo. Ese primer momento en el que sales a la calle y te roza el calor en la piel, es una descripción que solo sienten las personas que han estado encerradas, ahora solo eso se valora muchísimo».
Su familia ha jugado «un papel fundamental» en todo el proceso porque «ellos han sido mis cuidadores». Ahora, la frase «vivir el presente» tiene un significado más intenso para Gema. «Supongo que lo iré normalizando, pero ahora para mí todo es alegría. Los problemas los afronto con otra energía y vitalidad. Aprovecho las pequeñas cosas y las vivo más».
Ahora es el momento de hacer todo lo que antes su cuerpo frenaba. «Me he comprado una bicicleta estática, y estoy montando mi pequeño gimnasio», comenta Gema con una sonrisa perenne. Siempre al ritmo de Marta Sánchez, pues su música le ha acompañado en las sesiones de rehabilitación con Mercedes, su fisioterapeuta, su confidente y después de muchos años de visitas al hospital, su amiga.
La rehabilitación
Mercedes Azores, también conocida como ‘La fisio del clavel’ es fisioterapeuta que trabaja con pacientes trasplantados. Les acompaña antes, durante y después del trasplante siendo una de las primeras personas incluso que ven al despertarse y comenzar su nueva vida. Gema, su paciente, es un nombre más de los miles que se han cruzado con ella en los 25 años de trayectoria.
La labor de un fisioterapeuta en la unidad de trasplantes, con Mercedes como protagonista, comienza desde que la persona está en estudio de trasplante. «Les enseño unos ejercicios respiratorios y con miembros superiores e inferiores para no perder masa muscular». Unos ejercicios que no solo curan el cuerpo, también el alma. «Yo siempre digo que hago tratamiento físico y psíquico porque a la primera persona que ven cuando son trasplantados es a mí». Gema da fe de ello con una risa cómplice.
Pese a la complejidad de la operación, la recuperación suele ser rápida pues «al día siguiente ya están levantados y sentados. Y a la semana montando en la bicicleta estática. El cuerpo necesita movimiento y se atrofia si no se usa». Usa una gran técnica para saber si los pacientes al despertar se encuentran bien. Les pregunta: «¿sabes quién soy?». Y ellos responden: «la fisio del clavel».
En las inmediaciones del Reina Sofía hay un pequeño jardín del donante donde los pacientes trasplantados dibujan un corazón y firman con la fecha de su nuevo cumpleaños. El banco es testigo de «la primera salida al exterior de estos pacientes, su primera bocanada de aire fresco y sus primeros rayos de sol. Aquí sonríen». Gema no podrá olvidar ese momento junto a Mercedes que además señala que «todos los pacientes lloran cuando ven el sol por primera vez». Gema remarca que «esperamos siempre con ganas a que sean las 16.30 para salir a pasear con Mercedes que incluso lo ha hecho con 14 pacientes a la vez.
«Al día siguiente ya están levantados y sentados. Y a la semana en la bicicleta estática»
Gema incluso en su segundo día de paseo recibió la visita de su hijo y su hermana con sorpresa a los que no veía desde la operación pues una vez trasplantados, los pacientes están en «máximo aislamiento» para evitar posibles complicaciones. Ahora su vida ha cambiado y su alimentación también pues «no puedo comer nada crudo ni embutidos», como si fuese «una persona embaraza».
Gema recuerda que «por las noches en el hospital no podía dormir por la medicación y me pasaba todo el día despierta. Entonces hacía muchos ejercicios con los pies y las manos». Ahora mismo, el esternón debe estar bien consolidado para hacer ejercicio con más intensidad, pero eso llegará dentro de un mes cuando la paciente continúe visitando, aunque por suerte con menos frecuencia el Reina Sofía.
La entrevista de Gema termina con un recorrido hacia el área de cardiología del que se lleva amistades y profesionales que le han ayudado a emprender una nueva vida. Entre abrazos, sonrisas y la mirada optimista de los pacientes que todavía esperan por un trasplante, Gema señala uno de los corazones de cartulina que adornan la entrada del pasillo con su nombre y la fecha: 12-02-2026. A la espera de hacer la lista más grande.
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