El cofrade joven se ha hecho mayor. El chico que formó parte de la cantera de las hermandades ha pregonado la Semana Santa y no se ha olvidado de los orígenes. Con un recorrido por Córdoba, a la que no ha dejado de mostrar su cariño, por sus devociones y por su propia vida ha anunciado este mediodía Eloy Moreno la Semana Santa, en un pregón pronunciado con un tono vibrante, intenso y emotivo, de los más extrovertidos que se recuerdan en los últimos años, con muchos nombres propios, sobre todo entre los capataces.Eloy Moreno ha comenzado sus palabras con una oración a San Álvaro de Córdoba. Y desde ahí no ha dado un respiro a su auditorio: «Costalero, nazareno, esclavina, mantilla, capataz… ¡Cofrades!, ya llega nuestro momento, es hora de quitarnos las ganas». Ha sido el suyo un pregón, este domingo de Pasión, de quien vive la Semana Santa y la espera. «¿Cómo somos capaces de vivir todo un año de un recuerdo? De ese momento que se queda grabado a juego, fijaíto en nuestro pensamiento. Una levantá, una esquinita, una saeta….».Noticia relacionada galeria No No Fotogalería El vibrante pregón de la Semana Santa de Eloy Moreno, en imágenes Rafael Carmona A partir de entonces ha pedido que abran las puertas de las iglesias para hacer una primera letanía de advocaciones queridas. Su amor por Córdoba y su condición de vecino del barrio de San Lorenzo han estado presentes en todo el camino, como cuando ha empezado a levantar a la ciudad. «Despierta, perezosa; despierta, vida mía, que quiero vivir contigo, agarradito de la mano el más bendito de los sueños».Los aplausos de los allí presentes no se han hecho esperar, el primero a los cinco minutos de comenzar, a las 12.47 horas, y el más largo al concluir, a las 14.25 horas. En su intervención, cercana a la hora y tres cuartos de duración no ha olvidado a las bandas, tampoco los bares en que la gente y los cofrades se reúnen. Esa Córdoba «de peineta y de mantilla negra, de estrechas calles de la Judería manchadas de cera del paso del nazareno, de bacalao de vara». Ha repasado las grandes devociones, no sólo de pasión, de la ciudad y también los ritos de la Cuaresma: «Despierta, joya andaluza, paraíso en la tierra, alma cofradiera, que ya no hay que soñar».Al llegar al momento de los saludos institucionales, Eloy Moreno ha dado la bienvenida al obispo, Jesús Fernández , que está a punto de vivir su primera Semana Santa en Córdoba, y acto seguido ha presumido de origen, de ser un fruto de aquella cantera de las hermandades que se formó en la primera década del siglo XXI. «Nací en una familia no muy cofrade, quizá más rociera, pero donde la fe siempre ha estado presente», ha recordado, antes de contar cómo aquellos jóvenes nacidos en los años 90 ahora son «adultos comprometidos con sus tradiciones». De esos años eran las reuniones en la Agrupación, las convivencias en casas de hermandad, pregones de la juventud, cruces y rosarios de la Fuensanta: «Gracias por abrir las puertas de las hermandades para que nosotros aprendiéramos lo que era ser cofrade».Llegó después uno de los momentos más emotivos del pregón de la Semana Santa, al contar el amanecer dulce el Domingo de Ramos. Lo ha hecho tal y como él lo vive, de la mano de sus hijas, Abril y Alma, todavía muy pequeñas. «Son los faros de mi vida, lo que ilumina cada día, el sol que nace en mi casa, junto a los de vuestra madre», ha dicho, para después prometerles que, aunque no se den cuenta, serán los días «más felices» de su vida. Ha relatado el ritual de la mañana: «De la mano de mis princesas vuelvo a ser ese niño que pasaba las tardes en casa, en cualquier época del año y que, con una caja de zapatos, un poco de tela, lápices y una imagen de una Virgen montaba los mejores palios». Con sus hijas ha vuelto Eloy Moreno a sus años de infancia y ha cantado a sus imágenes y ha recordado a los amigos por sus nombres: «¡Un hermano de la borriquita pregonando la Semana Santa!». De la Virgen de la Palma ha dicho que «Ella es mi calma, mi vida, mi guía, mi ejemplo».En su pregón, Eloy Moreno ha seguido el orden de la Semana Santa, día por día, y a cada una de las jornadas la ha dotado de una hilazón concreta. La del Domingo de Ramos ha sido periodística por la forma de contar como una noticia: Hay un retraso en la carrera oficial y es porque los dos ángeles de la cartela delantera del paso del Cristo de las Penas han desaparecido y se han ido volando al cielo para buscar al Rescatado, y de ahí a las demás cofradías del día. Así se ha hilado el Domingo de Ramos, con el vuelo de vuelta a Santiago y luego a las demás hermandades y los ángeles de uno y otro paso volando juntos, hasta sumar muchas parejas. De Santiago al Puente, y luego al Huerto y al final acompañando a la Esperanza, «cuando estaba llegando a su barrio y que los mismos querubines, al compás de soleares, animaban a los costaleros que se dejaban las carnes para llevar a su Madre». El Lunes Santo ha sido un pañuelo de lágrimas y ha comenzado hablando de una ciudad que a veces no se cree lo que es y a veces sorprende. «Es enigmática, es misteriosa y sobre todo es consoladora. Para mí Córdoba siempre ha sido un refugio y estoy seguro de que para María también lo es». Con las lágrimas de la Virgen ha ido recorriendo la jornada en cada una de las Dolorosas: la Merced, la Estrella, Gracia y Amparo («deja que hoy mi tierra de abrace y te acompañe tu llanto») y de ahí ha llegado a las saetas, «de gargantas bien rasgadas» para el Cristo de la Salud, y con los regresos de las hermandades, que ha demostrado conocer al dedillo las calles.Allí ha llegado además la hermandad de la Presentación al Pueblo y el ambiente del barrio de Cañero. Con el Martes Santo han desembarcado los sentidos, la Córdoba que es distinta en Semana Santa al resto del año y de la comparación entre las mañanas de Semana Santa y las tardes. Ha seguido cantando a sus cofradías, como al hablar de la Virgen de la Caridad: «Imagen mariana que baja la mirada, para que Córdoba se enamore al contemplarla». Se ha detenido en el ambiente del colegio salesiano y en marchas y en capataces, muy presentes por sus nombres como destacados personajes de la Semana Santa. «Que suenen los besos al aire de los niños de tu calle, que suene el compás de las palmas que aplauden tu caminar, que eso es la Piedad», ha proclamado.Con la juventud ha llegado para abordar el Miércoles Santo, como continuidad de la vida: «Quiere comerse el mundo, es Miércoles Santo, es moza, y eso se ve en las calles». Ha recorrido los barrios con todas las hermandades y se ha detenido en los Santos Mártires para luego recordar cómo acompañaba a la Virgen de las Lágrimas volviendo a su casa, con su madre.Una saetaPara María Santísima de la Paz y Esperanza el pregonero ha tenido un capítulo especial y también para su plaza de Capuchinos y para la risa de los niños que forman con la cofradía. «Reina y madre, Virgen pura. Los rayitos del sol ya te están dando en la cara, las seis lagrimitas rebosan. Una por los que se fueron, otra por los que nunca estuvieron y las cuatro lágrimas que quedan son de alegría, por ver de nuevo a los nazarenos. No hay Semana Santa sin ti, Madre y bella y flor capuchina, franciscana, coronada de estrellas de la mañana, reina cordobesa, marismeña rociera, Madre hermosa y piadosa, mira cómo Córdoba te reza, Paz y Esperanza». Sobrecogedor ha sido el canto de un saetero a la Paloma de Capuchinos al filo de las dos de la tarde.En memoria Las sentidas palabras a las víctimas del accidente de Adamuz y sus familiares se han llevado otro de los grandes aplausos y han puesto al público en pieCon el Jueves Santo el relato se ha adentrado en el terreno de la memoria y de los recuerdos, tan queridos, como ha dicho, para los cofrades: «Cada Semana Santa se convierte en una fábrica interna de nuevas memorias y que incluso embellecemos más de los que realmente vivimos». De ahí, ha dicho, una especie de insatisfacción al no ser capaz de llenarlo todo y de ver que se escapa muy rápido. Para eso, ha dicho, están los recuerdos, y esos protagonizan el Jueves Santo, en las Angustias , «culmen de un artista que quiso dejar en su tierra la más hermosa de sus obras». Se ha detenido en la Nazarena y en la Dolorosa que va a los pies del Señor de la Caridad, pero también en el Cristo de Gracia, «sombra y silueta de amoroes, de familias, de bendiciones».«Dios mío, convierte mi memoria en un relicario de oro para guardar en mi mente todos aquellos tesoros que me regala la tarde más hermosa del año», ha proclamado el pregonero.Más emociones en la recta final: ha rogado a la Reina de los Mártires que cuide a quienes «a aquellos cuyo último aliento se perdió aquella tarde en Adamuz», en memoria de los fallecidos en el accidente de tren. «María, Reina de los Mártires, en la Madrugá del Viernes Santo manda hasta el cielo aquellos besos que no se dieron en vida, aquellos ‘te quieros’ que no se pudieron decir ese día», y ha nombrado a muchos de ellos. «Abraza a mis compañeros Óscar y María. Dile a Nati que sus hijos, valientes, hablaron aquí en la tierra como nadie se atrevía, siendo ejemplo de fe y amor haci ti, María».«Siento alivio en mi alma pensando que allí en la gloria, como símbolo de victoria, dejando atrás el llano, todas aquellas almas hoy se encuentran en paz estando bajo tu manto».Los Siete puñales del Viernes Santo han servido para ir desgranando ese día crucial en el que «Córdoba se torna en un corazón sangrante cruzado por siete puñales en el centro de una imagen mariana». «Dolores, Córdoba… Córdoba y Dolores, devoción de devociones, corazón que late bajo el tormento de siete puñales qiue cruzan el alma», le ha dedicado a la Virgen de los Dolores.La radiante mañana del Domingo de Ramos y las sensaciones sonoras con el Resucitado han seguido colmando de pinturera alegría su alocución. «¿Cordobeses, están listos? Salgan del Gran Teatro y anuncien a voz en grito que ¡ya estamos en Semana Santa! ¡He dicho!». Una gran ovación ha abrazado al pregonero, que ha hecho ameno con sus gestos y con las distintas entonaciones que se pase en un suspiro.PrólogoDe preludio ha tenido la calurosa presentación de Rafael Carmona del Castillo, mientras ha repasado que se ha criado en sus hermandades y su trabajo como reportero en Jaén del programa ‘Andalucía Directo’. Antes la Banda de Música de María Santísima de la Esperanza, que celebra sus bodas de plata, ha comenzado interpretando bajo la dirección de Alfonso Lozano con la marcha ‘Lirio de la Trinidad’, una obra reciente de Cristóbal López Gándara y ha seguido con ‘Rocío’, y sus inconfundibles compases del flautín rociero que levantó aplausos, los sones por la hermandad tan ligada al pregonero.La tercera obra ha sido ‘Tras tu verde manto’, de Rafael Wals Dantas, por el vigésimo aniversario de su composición; y el cierre ha sido con ‘Saeta Cordobesa’, de Pedro Gámez Laserna, convertida en el himno de la Semana Santa de Córdoba.Como absoluta novedad , las autoridades religiosas y civiles se han sentado por primera vez sobre el escenario del Gran Teatro, al estilo de Sevilla, compartiendo plano con el pregonero. Junto al habitual atril desde el que ha hablado Eloy Moreno, vestido de chaqué como el resto de representantes institucionales civiles, ha lucido una palma de Domingo de Ramos en forma de cruz.Pedro Soldado, delegado diocesano para las Cofradías durante casi 23 años, ha recibido el título de Cofrade Ejemplar de 2026 , algo que también se introduce como novedad tras el pregón. Reconoció que en ese tiempo «ha aprendido a querer y a valorar a las cofradías. Ha sido con mucho sacrificio, pero he aprendido mucho». El cofrade joven se ha hecho mayor. El chico que formó parte de la cantera de las hermandades ha pregonado la Semana Santa y no se ha olvidado de los orígenes. Con un recorrido por Córdoba, a la que no ha dejado de mostrar su cariño, por sus devociones y por su propia vida ha anunciado este mediodía Eloy Moreno la Semana Santa, en un pregón pronunciado con un tono vibrante, intenso y emotivo, de los más extrovertidos que se recuerdan en los últimos años, con muchos nombres propios, sobre todo entre los capataces.Eloy Moreno ha comenzado sus palabras con una oración a San Álvaro de Córdoba. Y desde ahí no ha dado un respiro a su auditorio: «Costalero, nazareno, esclavina, mantilla, capataz… ¡Cofrades!, ya llega nuestro momento, es hora de quitarnos las ganas». Ha sido el suyo un pregón, este domingo de Pasión, de quien vive la Semana Santa y la espera. «¿Cómo somos capaces de vivir todo un año de un recuerdo? De ese momento que se queda grabado a juego, fijaíto en nuestro pensamiento. Una levantá, una esquinita, una saeta….».Noticia relacionada galeria No No Fotogalería El vibrante pregón de la Semana Santa de Eloy Moreno, en imágenes Rafael Carmona A partir de entonces ha pedido que abran las puertas de las iglesias para hacer una primera letanía de advocaciones queridas. Su amor por Córdoba y su condición de vecino del barrio de San Lorenzo han estado presentes en todo el camino, como cuando ha empezado a levantar a la ciudad. «Despierta, perezosa; despierta, vida mía, que quiero vivir contigo, agarradito de la mano el más bendito de los sueños».Los aplausos de los allí presentes no se han hecho esperar, el primero a los cinco minutos de comenzar, a las 12.47 horas, y el más largo al concluir, a las 14.25 horas. En su intervención, cercana a la hora y tres cuartos de duración no ha olvidado a las bandas, tampoco los bares en que la gente y los cofrades se reúnen. Esa Córdoba «de peineta y de mantilla negra, de estrechas calles de la Judería manchadas de cera del paso del nazareno, de bacalao de vara». Ha repasado las grandes devociones, no sólo de pasión, de la ciudad y también los ritos de la Cuaresma: «Despierta, joya andaluza, paraíso en la tierra, alma cofradiera, que ya no hay que soñar».Al llegar al momento de los saludos institucionales, Eloy Moreno ha dado la bienvenida al obispo, Jesús Fernández , que está a punto de vivir su primera Semana Santa en Córdoba, y acto seguido ha presumido de origen, de ser un fruto de aquella cantera de las hermandades que se formó en la primera década del siglo XXI. «Nací en una familia no muy cofrade, quizá más rociera, pero donde la fe siempre ha estado presente», ha recordado, antes de contar cómo aquellos jóvenes nacidos en los años 90 ahora son «adultos comprometidos con sus tradiciones». De esos años eran las reuniones en la Agrupación, las convivencias en casas de hermandad, pregones de la juventud, cruces y rosarios de la Fuensanta: «Gracias por abrir las puertas de las hermandades para que nosotros aprendiéramos lo que era ser cofrade».Llegó después uno de los momentos más emotivos del pregón de la Semana Santa, al contar el amanecer dulce el Domingo de Ramos. Lo ha hecho tal y como él lo vive, de la mano de sus hijas, Abril y Alma, todavía muy pequeñas. «Son los faros de mi vida, lo que ilumina cada día, el sol que nace en mi casa, junto a los de vuestra madre», ha dicho, para después prometerles que, aunque no se den cuenta, serán los días «más felices» de su vida. Ha relatado el ritual de la mañana: «De la mano de mis princesas vuelvo a ser ese niño que pasaba las tardes en casa, en cualquier época del año y que, con una caja de zapatos, un poco de tela, lápices y una imagen de una Virgen montaba los mejores palios». Con sus hijas ha vuelto Eloy Moreno a sus años de infancia y ha cantado a sus imágenes y ha recordado a los amigos por sus nombres: «¡Un hermano de la borriquita pregonando la Semana Santa!». De la Virgen de la Palma ha dicho que «Ella es mi calma, mi vida, mi guía, mi ejemplo».En su pregón, Eloy Moreno ha seguido el orden de la Semana Santa, día por día, y a cada una de las jornadas la ha dotado de una hilazón concreta. La del Domingo de Ramos ha sido periodística por la forma de contar como una noticia: Hay un retraso en la carrera oficial y es porque los dos ángeles de la cartela delantera del paso del Cristo de las Penas han desaparecido y se han ido volando al cielo para buscar al Rescatado, y de ahí a las demás cofradías del día. Así se ha hilado el Domingo de Ramos, con el vuelo de vuelta a Santiago y luego a las demás hermandades y los ángeles de uno y otro paso volando juntos, hasta sumar muchas parejas. De Santiago al Puente, y luego al Huerto y al final acompañando a la Esperanza, «cuando estaba llegando a su barrio y que los mismos querubines, al compás de soleares, animaban a los costaleros que se dejaban las carnes para llevar a su Madre». El Lunes Santo ha sido un pañuelo de lágrimas y ha comenzado hablando de una ciudad que a veces no se cree lo que es y a veces sorprende. «Es enigmática, es misteriosa y sobre todo es consoladora. Para mí Córdoba siempre ha sido un refugio y estoy seguro de que para María también lo es». Con las lágrimas de la Virgen ha ido recorriendo la jornada en cada una de las Dolorosas: la Merced, la Estrella, Gracia y Amparo («deja que hoy mi tierra de abrace y te acompañe tu llanto») y de ahí ha llegado a las saetas, «de gargantas bien rasgadas» para el Cristo de la Salud, y con los regresos de las hermandades, que ha demostrado conocer al dedillo las calles.Allí ha llegado además la hermandad de la Presentación al Pueblo y el ambiente del barrio de Cañero. Con el Martes Santo han desembarcado los sentidos, la Córdoba que es distinta en Semana Santa al resto del año y de la comparación entre las mañanas de Semana Santa y las tardes. Ha seguido cantando a sus cofradías, como al hablar de la Virgen de la Caridad: «Imagen mariana que baja la mirada, para que Córdoba se enamore al contemplarla». Se ha detenido en el ambiente del colegio salesiano y en marchas y en capataces, muy presentes por sus nombres como destacados personajes de la Semana Santa. «Que suenen los besos al aire de los niños de tu calle, que suene el compás de las palmas que aplauden tu caminar, que eso es la Piedad», ha proclamado.Con la juventud ha llegado para abordar el Miércoles Santo, como continuidad de la vida: «Quiere comerse el mundo, es Miércoles Santo, es moza, y eso se ve en las calles». Ha recorrido los barrios con todas las hermandades y se ha detenido en los Santos Mártires para luego recordar cómo acompañaba a la Virgen de las Lágrimas volviendo a su casa, con su madre.Una saetaPara María Santísima de la Paz y Esperanza el pregonero ha tenido un capítulo especial y también para su plaza de Capuchinos y para la risa de los niños que forman con la cofradía. «Reina y madre, Virgen pura. Los rayitos del sol ya te están dando en la cara, las seis lagrimitas rebosan. Una por los que se fueron, otra por los que nunca estuvieron y las cuatro lágrimas que quedan son de alegría, por ver de nuevo a los nazarenos. No hay Semana Santa sin ti, Madre y bella y flor capuchina, franciscana, coronada de estrellas de la mañana, reina cordobesa, marismeña rociera, Madre hermosa y piadosa, mira cómo Córdoba te reza, Paz y Esperanza». Sobrecogedor ha sido el canto de un saetero a la Paloma de Capuchinos al filo de las dos de la tarde.En memoria Las sentidas palabras a las víctimas del accidente de Adamuz y sus familiares se han llevado otro de los grandes aplausos y han puesto al público en pieCon el Jueves Santo el relato se ha adentrado en el terreno de la memoria y de los recuerdos, tan queridos, como ha dicho, para los cofrades: «Cada Semana Santa se convierte en una fábrica interna de nuevas memorias y que incluso embellecemos más de los que realmente vivimos». De ahí, ha dicho, una especie de insatisfacción al no ser capaz de llenarlo todo y de ver que se escapa muy rápido. Para eso, ha dicho, están los recuerdos, y esos protagonizan el Jueves Santo, en las Angustias , «culmen de un artista que quiso dejar en su tierra la más hermosa de sus obras». Se ha detenido en la Nazarena y en la Dolorosa que va a los pies del Señor de la Caridad, pero también en el Cristo de Gracia, «sombra y silueta de amoroes, de familias, de bendiciones».«Dios mío, convierte mi memoria en un relicario de oro para guardar en mi mente todos aquellos tesoros que me regala la tarde más hermosa del año», ha proclamado el pregonero.Más emociones en la recta final: ha rogado a la Reina de los Mártires que cuide a quienes «a aquellos cuyo último aliento se perdió aquella tarde en Adamuz», en memoria de los fallecidos en el accidente de tren. «María, Reina de los Mártires, en la Madrugá del Viernes Santo manda hasta el cielo aquellos besos que no se dieron en vida, aquellos ‘te quieros’ que no se pudieron decir ese día», y ha nombrado a muchos de ellos. «Abraza a mis compañeros Óscar y María. Dile a Nati que sus hijos, valientes, hablaron aquí en la tierra como nadie se atrevía, siendo ejemplo de fe y amor haci ti, María».«Siento alivio en mi alma pensando que allí en la gloria, como símbolo de victoria, dejando atrás el llano, todas aquellas almas hoy se encuentran en paz estando bajo tu manto».Los Siete puñales del Viernes Santo han servido para ir desgranando ese día crucial en el que «Córdoba se torna en un corazón sangrante cruzado por siete puñales en el centro de una imagen mariana». «Dolores, Córdoba… Córdoba y Dolores, devoción de devociones, corazón que late bajo el tormento de siete puñales qiue cruzan el alma», le ha dedicado a la Virgen de los Dolores.La radiante mañana del Domingo de Ramos y las sensaciones sonoras con el Resucitado han seguido colmando de pinturera alegría su alocución. «¿Cordobeses, están listos? Salgan del Gran Teatro y anuncien a voz en grito que ¡ya estamos en Semana Santa! ¡He dicho!». Una gran ovación ha abrazado al pregonero, que ha hecho ameno con sus gestos y con las distintas entonaciones que se pase en un suspiro.PrólogoDe preludio ha tenido la calurosa presentación de Rafael Carmona del Castillo, mientras ha repasado que se ha criado en sus hermandades y su trabajo como reportero en Jaén del programa ‘Andalucía Directo’. Antes la Banda de Música de María Santísima de la Esperanza, que celebra sus bodas de plata, ha comenzado interpretando bajo la dirección de Alfonso Lozano con la marcha ‘Lirio de la Trinidad’, una obra reciente de Cristóbal López Gándara y ha seguido con ‘Rocío’, y sus inconfundibles compases del flautín rociero que levantó aplausos, los sones por la hermandad tan ligada al pregonero.La tercera obra ha sido ‘Tras tu verde manto’, de Rafael Wals Dantas, por el vigésimo aniversario de su composición; y el cierre ha sido con ‘Saeta Cordobesa’, de Pedro Gámez Laserna, convertida en el himno de la Semana Santa de Córdoba.Como absoluta novedad , las autoridades religiosas y civiles se han sentado por primera vez sobre el escenario del Gran Teatro, al estilo de Sevilla, compartiendo plano con el pregonero. Junto al habitual atril desde el que ha hablado Eloy Moreno, vestido de chaqué como el resto de representantes institucionales civiles, ha lucido una palma de Domingo de Ramos en forma de cruz.Pedro Soldado, delegado diocesano para las Cofradías durante casi 23 años, ha recibido el título de Cofrade Ejemplar de 2026 , algo que también se introduce como novedad tras el pregón. Reconoció que en ese tiempo «ha aprendido a querer y a valorar a las cofradías. Ha sido con mucho sacrificio, pero he aprendido mucho».
El cofrade joven se ha hecho mayor. El chico que formó parte de la cantera de las hermandades ha pregonado la Semana Santa y no se ha olvidado de los orígenes. Con un recorrido por Córdoba, a la que no ha dejado de mostrar su … cariño, por sus devociones y por su propia vida ha anunciado este mediodía Eloy Moreno la Semana Santa, en un pregón pronunciado con un tono vibrante, intenso y emotivo, de los más extrovertidos que se recuerdan en los últimos años, con muchos nombres propios, sobre todo entre los capataces.
Eloy Moreno ha comenzado sus palabras con una oración a San Álvaro de Córdoba. Y desde ahí no ha dado un respiro a su auditorio: «Costalero, nazareno, esclavina, mantilla, capataz… ¡Cofrades!, ya llega nuestro momento, es hora de quitarnos las ganas».
Ha sido el suyo un pregón, este domingo de Pasión, de quien vive la Semana Santa y la espera. «¿Cómo somos capaces de vivir todo un año de un recuerdo? De ese momento que se queda grabado a juego, fijaíto en nuestro pensamiento. Una levantá, una esquinita, una saeta….».
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Fotogalería
Rafael Carmona
A partir de entonces ha pedido que abran las puertas de las iglesias para hacer una primera letanía de advocaciones queridas. Su amor por Córdoba y su condición de vecino del barrio de San Lorenzo han estado presentes en todo el camino, como cuando ha empezado a levantar a la ciudad. «Despierta, perezosa; despierta, vida mía, que quiero vivir contigo, agarradito de la mano el más bendito de los sueños».
Los aplausos de los allí presentes no se han hecho esperar, el primero a los cinco minutos de comenzar, a las 12.47 horas, y el más largo al concluir, a las 14.25 horas. En su intervención, cercana a la hora y tres cuartos de duración no ha olvidado a las bandas, tampoco los bares en que la gente y los cofrades se reúnen. Esa Córdoba «de peineta y de mantilla negra, de estrechas calles de la Judería manchadas de cera del paso del nazareno, de bacalao de vara». Ha repasado las grandes devociones, no sólo de pasión, de la ciudad y también los ritos de la Cuaresma: «Despierta, joya andaluza, paraíso en la tierra, alma cofradiera, que ya no hay que soñar».
Al llegar al momento de los saludos institucionales, Eloy Moreno ha dado la bienvenida al obispo, Jesús Fernández, que está a punto de vivir su primera Semana Santa en Córdoba, y acto seguido ha presumido de origen, de ser un fruto de aquella cantera de las hermandades que se formó en la primera década del siglo XXI. «Nací en una familia no muy cofrade, quizá más rociera, pero donde la fe siempre ha estado presente», ha recordado, antes de contar cómo aquellos jóvenes nacidos en los años 90 ahora son «adultos comprometidos con sus tradiciones». De esos años eran las reuniones en la Agrupación, las convivencias en casas de hermandad, pregones de la juventud, cruces y rosarios de la Fuensanta: «Gracias por abrir las puertas de las hermandades para que nosotros aprendiéramos lo que era ser cofrade».
Llegó después uno de los momentos más emotivos del pregón de la Semana Santa, al contar el amanecer dulce el Domingo de Ramos. Lo ha hecho tal y como él lo vive, de la mano de sus hijas, Abril y Alma, todavía muy pequeñas. «Son los faros de mi vida, lo que ilumina cada día, el sol que nace en mi casa, junto a los de vuestra madre», ha dicho, para después prometerles que, aunque no se den cuenta, serán los días «más felices» de su vida.
Ha relatado el ritual de la mañana: «De la mano de mis princesas vuelvo a ser ese niño que pasaba las tardes en casa, en cualquier época del año y que, con una caja de zapatos, un poco de tela, lápices y una imagen de una Virgen montaba los mejores palios». Con sus hijas ha vuelto Eloy Moreno a sus años de infancia y ha cantado a sus imágenes y ha recordado a los amigos por sus nombres: «¡Un hermano de la borriquita pregonando la Semana Santa!». De la Virgen de la Palma ha dicho que «Ella es mi calma, mi vida, mi guía, mi ejemplo».
En su pregón, Eloy Moreno ha seguido el orden de la Semana Santa, día por día, y a cada una de las jornadas la ha dotado de una hilazón concreta. La del Domingo de Ramos ha sido periodística por la forma de contar como una noticia: Hay un retraso en la carrera oficial y es porque los dos ángeles de la cartela delantera del paso del Cristo de las Penas han desaparecido y se han ido volando al cielo para buscar al Rescatado, y de ahí a las demás cofradías del día. Así se ha hilado el Domingo de Ramos, con el vuelo de vuelta a Santiago y luego a las demás hermandades y los ángeles de uno y otro paso volando juntos, hasta sumar muchas parejas. De Santiago al Puente, y luego al Huerto y al final acompañanado a la Esperanza, «cuando estaba llegando a su barrio y que los mismos querubines, al compás de soleares, animaban a los costaleros que se dejaban las carnes para llevar a su Madre».
El Lunes Santo ha sido un pañuelo de lágrimas y ha comenzado hablando de una ciudad que a veces no se cree lo que es y a veces sorprende. «Es enigmática, es misteriosa y sobre todo es consoladora. Para mí Córdoba siempre ha sido un refugio y estoy seguro de que para María también lo es». Con las lágrimas de la Virgen ha ido recorriendo la jornada en cada una de las Dolorosas: la Merced, la Estrella, Gracia y Amparo («deja que hoy mi tierra de abrace y te acompañe tu llanto») y de ahí ha llegado a las saetas, «de gargantas bien rasgadas» para el Cristo de la Salud, y con los regresos de las hermandades, que ha demostrado conocer al dedillo las calles.
Allí ha llegado además la hermandad de la Presentación al Pueblo y el ambiente del barrio de Cañero. Con el Martes Santo han desembarcado los sentidos, la Córdoba que es distinta en Semana Santa al resto del año y de la comparación entre las mañanas de Semana Santa y las tardes. Ha seguido cantando a sus cofradías, como al hablar de la Virgen de la Caridad: «Imagen mariana que baja la mirada, para que Córdoba se enamore al contemplarla». Se ha detenido en el ambiente del colegio salesiano y en marchas y en capataces, muy presentes por sus nombres como destacados personajes de la Semana Santa. «Que suenen los besos al aire de los niños de tu calle, que suene el compás de las palmas que aplauden tu caminar, que eso es la Piedad», ha proclamado.
Con la juventud ha llegado para hilar el Miércoles Santo, como continuidad de la vida: «Quiere comerse el mundo, es Miércoles Santo, es moza, y eso se ve en las calles». Ha recorrido los barrios con todas las hermandades y se ha detenido en los Santos Mártires para luego recordar cómo acompañaba a la Virgen de las Lágrimas volviendo a su casa, con su madre.
Una saeta
Para María Santísima de la Paz y Esperanza el pregonero ha tenido un capítulo especial y también para su plaza de Capuchinos y para la risa de los niños que forman con la cofradía. «Reina y madre, Virgen pura. Los rayitos del sol ya te están dando en la cara, las seis lagrimitas rebosan. Una por los que se fueron, otra por los que nunca estuvieron y las cuatro lágrimas que quedan son de alegría, por ver de nuevo a los nazarenos. No hay Semana Santa sin ti, Madre y bella y flor capuchina, franciscana, coronada de estrellas de la mañana, reina cordobesa, marismeña rociera, Madre hermosa y piadosa, mira cómo Córdoba te reza, Paz y Esperanza». Sobrecogedor ha sido el canto de un saetero a la Paloma de Capuchinos al filo de las dos de la tarde.
En memoria
Las sentidas palabras a las víctimas del accidente de Adamuz y sus familiares se han llevado otro de los grandes aplausos y han puesto al público en pie
Con el Jueves Santo el relato se ha adentrado en el terreno de la memoria y de los recuerdos, tan queridos, como ha dicho, para los cofrades: «Cada Semana Santa se convierte en una fábrica interna de nuevas memorias y que incluso embellecemos más de los que realmente vivimos». De ahí, ha dicho, una especie de insatisfacción al no ser capaz de llenarlo todo y de ver que se escapa muy rápido. Para eso, ha dicho, están los recuerdos, y esos protagonizan el Jueves Santo, en las Angustias, «culmen de un artista que quiso dejar en su tierra la más hermosa de sus obras». Se ha detenido en la Nazarena y en la Dolorosa que va a los pies del Señor de la Caridad, pero también en el Cristo de Gracia, «sombra y silueta de amoroes, de familias, de bendiciones».
«Dios mío, convierte mi memoria en un relicario de oro para guardar en mi mente todos aquellos tesoros que me regala la tarde más hermosa del año», ha proclamado el pregonero.
Más emociones en la recta final: ha rogado a la Reina de los Mártires que cuide a quienes «a aquellos cuyo último aliento se perdió aquella tarde en Adamuz», en memoria de los fallecidos en el accidente de tren. «María, Reina de los Mártires, en la Madrugá del Viernes Santo manda hasta el cielo aquellos besos que no se dieron en vida, aquellos ‘te quieros’ que no se pudieron decir ese día», y ha nombrado a muchos de ellos. «Abraza a mis compañeros Óscar y María. Dile a Nati que sus hijos, valientes, hablaron aquí en la tierra como nadie se atrevía, siendo ejemplo de fe y amor haci ti, María».
«Siento alivio en mi alma pensando que allí en la gloria, como símbolo de victoria, dejando atrás el llano, todas aquellas almas hoy se encuentran en paz estando bajo tu manto».
Los Siete puñales del Viernes Santo han servido para ir desgranando ese día crucial en el que «Córdoba se torna en un corazón sangrante cruzado por siete puñales en el centro de una imagen mariana». «Dolores, Córdoba… Córdoba y Dolores, devoción de devociones, corazón que late bajo el tormento de siete puñales qiue cruzan el alma», le ha dedicado a la Virgen de los Dolores.
La radiante mñana del Domingo de Ramos y las sensaciones sonoras con el Resucitado han seguido colmando de pinturera alegría su alocución. «¿Cordobeses, están listos? Salgan del Gran Teatro y anuncien a voz en grito que ¡ya estamos en Semana Santa! ¡He dicho!». Una gran ovación ha abrazado al pregonero, que ha hecho amenos con sus gestos y con las distintas entonaciones que se pase en un suspiro.
Prólogo
De preludio ha tenido la calurosa presentación de Rafael Carmona del Castillo, mientras ha repasado que se ha criado en sus hermandades y su trabajo como reportero en Jaén del programa ‘Andalucía Directo’. Antes la Banda de Música de María Santísima de la Esperanza, que celebra sus bodas de plata, ha comenzado bajo la dirección de Alfonso Lozano con la marcha ‘Lirio de la Trinidad’, una obra reciente de Cristóbal López Gándara y ha seguido con ‘Rocío’, y sus inconfundibles compases del flautín rociero que levantó aplausos, los sones por la hermandad tan ligada al pregonero.
La tercera obra ha sido ‘Tras tu verte manto’, de Rafael Wals Dantas, por el vigésimo aniversario de su composición; y el cierre ha sido con ‘Saeta Cordobesa’, de Pedro Gámez Laserna, convertida en el himno de la Semana Santa de Córdoba.
Como absoluta novedad, las autoridades religiosas y civiles se han sentado por primera vez sobre el escenario del Gran Teatro, al estilo de Sevilla, compartiendo plano con el pregonero. Junto al habitual atril desde el que ha hablado Eloy Moreno, vestido de chaqué como el resto de representantes institucionales civiles, ha lucido una palma de Domingo de Ramos en forma de cruz.
Pedro Soldado, delegado diocesano para las Cofradías durante casi 23 años, ha recibido el título de Cofrade Ejemplar de 2026, algo que también se introduce como novedad tras el pregón. Reconoció que en ese tiempo «ha aprendido a querer y a valorar a las cofradías. Ha sido con mucho sacrificio, pero he aprendido mucho».
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