Barcelona dijo adiós a la Volta contando los días, 96, para saludar con un hola al Tour. Poco más de tres meses quedan para la esperada salida de la ronda francesa de la capital catalana. La despedida de la centenaria Volta a Catalunya con triunfo en la última jornada de Brady Gilmore, con Andrés Iniesta en el coche de Óscar Guerrero, el director del NSN, sirvió de anticipo de lo que será dar la bienvenida a la prueba más importante del mundo ciclista. La ciudad vivió un avance de la gran fiesta que vivirá en julio. Y más porque el ciclista que se llevó el maillot franjiverde, Jonas Vingegaard, es uno de los grandes aspirantes para enfundarse el maillot amarillo, los primeros pero también el último en París.
Gilmore, del NSN, da la sorpresa en Montjuïc y gana la etapa en presencia de Andrés Iniesta
Barcelona dijo adiós a la Volta contando los días, 96, para saludar con un hola al Tour. Poco más de tres meses quedan para la esperada salida de la ronda francesa de la capital catalana. La despedida de la centenaria Volta a Catalunya con triunfo en la última jornada de Brady Gilmore, con Andrés Iniesta en el coche de Óscar Guerrero, el director del NSN, sirvió de anticipo de lo que será dar la bienvenida a la prueba más importante del mundo ciclista. La ciudad vivió un avance de la gran fiesta que vivirá en julio. Y más porque el ciclista que se llevó el maillot franjiverde, Jonas Vingegaard, es uno de los grandes aspirantes para enfundarse el maillot amarillo, los primeros pero también el último en París.
El danés, de 29 años, tomó medidas de Montjuïc cara al inicio del Tour con su éxito en la Volta. Debutaba en la carrera catalana y se la apuntó con todas las de la ley, ganando las dos etapas con final en alto, en el coll de Pal y el Santuario de Queralt. En la montaña, Vingegaard ha destrozado a sus contrincantes al tiempo que confirmaba los pronósticos iniciales. Ha ejecutado el plan trazado sin fallo.
Como antes Anquetil, Merckx, Ocaña, Indurain y Pogacar, el líder del Visma inscribe su nombre en el palmarés
Como antes Anquetil, Merckx, Ocaña, Indurain o Pogacar, todos ellos campeones del Tour, el jefe de filas del Visma inscribe su nombre en el palmarés de la Volta. Y lo hace en un año especial porque volverá en menos de cien días para el arranque del Tour. Estos días han sido un ensayo para él, porque también tendrá enfrente a los Red Bull Lipowitz y Evenepoel. Eso sí, entonces se las verá con su gran archirrival, Tadej Pogacar, en el gran duelo de los últimos cinco veranos.
Vingegaard era el gran favorito, como siempre que no compite con el esloveno. Desde que el escandinavo ganó su primer Tour en el 2022, el del UAE es el único que le ha podido derrotar en rondas por etapas, sin contar la Vuelta a España que cedió a Kuss por orden de equipo y la Vuelta a Croacia que perdió por 1s ante Mohoric, otro esloveno. Nadie más puede con su fortaleza y ritmo cuando escala los puertos.
De ahí que la Volta sea su quinta gran carrera de una semana tras la Itzulia, el Dauphiné, la Tirreno-Adriático y la París-Niza de este 2026, a las que hay que sumar dos Tours y la pasada Vuelta a España. En 40 días estará en Bulgaria intentando ganar el Giro y ser el primero tras Nibali en conquistar las tres grandes del calendario, lo que les situará como uno de los mejores de todos los tiempos en para clasificaciones generales. “Eso no tengo que decirlo yo. Quizás la gente lo piense, es un gran cumplido para mí. Que se me considere así me hace feliz de lo que hago”, anunció, después de subir con su hijo e hija al podio.
En un ciclismo cada vez un deporte más matemático, no se deja nadie al azar. El Visma es de esos equipos a los que les gusta tenerlo todo bajo control y seguro que tomaron buena nota del circuito de Montjuïc. Otra cosa es la inspiración y las piernas del momento. Por eso, los siete pasos por el Alt del Castell en el cierre de la Volta les sirvió mucho de cada al 5 de julio, cuando el pelotón del Tour subirá tres veces ese puerto. Seguro que a Vingegaard le vendrá bien tener frescas las rampas y las curvas de la ascensión (y del descenso) de cara al desenlace de la segunda etapa de la Grande Boucle.
Pendiente de todos los movimientos ya fuesen de Evenepoel, Onley, Ciccone o Lipowitz, el danés incluso se permitió el lujo de liderar el descenso a meta a falta de 19 kilómetros y en la última vuelta. Ahí se produjo el agrupamiento que permitió ganar al australiano Brady Gilmore, que por la mañana había recibido la visita de Iniesta y que dio al NSN su segunda etapa tras la de Vernon en Camprodon. El NSN, con alma barcelonesa, corría en casa mientras Vingegaard, al que le gusta el Mediterráneo, tomaba medidas.
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