Las universidades son, en algunos aspectos, uno de los espejos más nítidos de las bondades o los males de nuestro tiempo. ¿Puede el retroceso de la libertad académica ser un síntoma de la erosión de nuestros sistemas democráticos? Para la rectora de la Universidad Autónoma de Madrid, Amaya Mendikoetxea, sí, sin duda. «La universidad es un reflejo de cómo está la sociedad. Vivimos un momento de polarización, donde opera la política de la cancelación. Hoy, la sensación en los campus es de pérdida de libertad, de crispación , donde cada vez hay menos ideas distintas y más señalamientos», argumenta la rectora de una de las universidades más reputadas de nuestro país. Precisamente, esas son las conclusiones que se pueden extraer del Índice de Libertad Académica , que evalúa los sistemas universitarios de 179 países y que se calcula combinando los análisis de expertos con modelos estadísticos. Este índice se fija en cinco grandes cuestiones: la capacidad de investigar temas sin interferencias indebidas; el intercambio de ideas sin restricciones; la autonomía institucional; la integridad del campus y, por último, el derecho de los académicos a expresarse sobre temas de actualidad. La caída de Estados Unidos El índice de 2026, que se publicó hace unos días, destaca el deterioro del sistema universitario de Estados Unidos , quizá el más influyente del mundo, donde la libertad académica ha experimentado un descenso notable en los últimos años. Este retroceso se atribuye, entre otros factores, a tensiones políticas, restricciones legislativas en determinados estados y un clima creciente de confrontación ideológica. «Claro que influyen las decisiones tomadas por la segunda Administración Trump, pero hay que tener en cuenta el clima ‘woke’ que le precedía» Miguel Ángel Sancho Fundación Europea Sociedad y Educación El declive de la autonomía institucional en Estados Unidos entre 2019 y 2025 ha sido rápido y pronunciado, pasando de 3,3 en 2019 a 1,7 en 2025 . Esta caída, además, está concentrada en un período de seis años. Si se compara el caso de Estados Unidos con otros como Hungría, India y Turquía, donde la libertad y la autonomía académica llevan años en retroceso, se observa que los descensos en estos países han tenido lugar durante períodos más largos de tiempo y de forma no tan abrupta. «Claro que influyen las decisiones tomadas por la segunda Administración Trump, pero hay que tener en cuenta el clima ‘woke’ que le precedía. No hay que olvidar que venimos de años en los que se ha normalizado que determinadas líneas de investigación fueran directamente rechazadas», contextualiza Miguel Ángel Sancho, que es el presidente de la Fundación Europea Sociedad y Educación. Según los datos del estudio, España se encuentra en el grupo del 10–20% superior a nivel mundial en términos de libertad académica . Este posicionamiento implica que el país presenta niveles altos en algunos indicadores clave, sin embargo, no alcanza el nivel de excelencia de los sistemas más avanzados, concentrados principalmente en el norte de Europa.Un escalón más abajoA diferencia de otros países occidentales, España no muestra cambios estadísticamente significativos en su puntuación. No obstante, si se consulta el Índice de Libertad Académica publicado hace un par de años (2024) se ve que España se encontraba entonces entre el 10% de países que gozan de una mayor libertad universitaria (el escalón de la élite) y este año ha descendido a un segundo escalón en cuanto a libertad, localizándose entre, decíamos, el 10-20% de países más autónomos académicamente. En términos cuantitativos, la puntuación del índice se mantiene en torno a valores cercanos a 0,88 sobre 1. «España forma parte de ese pelotón de democracias que se van erosionando, lo que se traduce en menos autonomía académica», señala Mendikoetxea. Pero nuestra estabilidad contrasta con la evolución de otros países vecinos. En Europa occidental, varias democracias consolidadas han experimentado descensos más pronunciados en sus niveles de libertad académica, como es el caso de Francia, Alemania o Italia . El informe señala que estos retrocesos no siempre son abruptos, pero sí lo suficientemente consistentes como para considerarse estadísticamente significativos. En este sentido, aunque nuestro país haya pasado a un ‘segundo escalón’, no retrocede a la misma velocidad que otros sistemas universitarios de la Unión Europea. Tampoco, por supuesto, al ritmo que ha caído Estados Unidos. A escala global, el estudio pone de manifiesto una tendencia preocupante hacia la polarización en universidades de todo Occidente, antes sin mácula. Pero en este contexto decadente, hay un grupo de países que mantiene niveles altos y relativamente estables de libertad académica, como Suecia, Estonia o República Checa. En el caso de España, los datos sugieren un buen desempeño en la mayoría de loa indicadores, especialmente en lo relativo a la libertad de investigación y la autonomía universitaria. No obstante, el informe también advierte de la importancia de no caer en la complacencia . La estabilidad, aunque positiva, puede ocultar la ausencia de reformas o mejoras. En este sentido, Miguel Ángel Sancho, que también es asesor y experto en políticas educativas, asegura a este diario que «aunque externamente parezca que hay autonomía, puede haber una falta de libertad de expresión interna, pues nuestra universidad tienden a ser poco crítica consigo misma». Las universidades son, en algunos aspectos, uno de los espejos más nítidos de las bondades o los males de nuestro tiempo. ¿Puede el retroceso de la libertad académica ser un síntoma de la erosión de nuestros sistemas democráticos? Para la rectora de la Universidad Autónoma de Madrid, Amaya Mendikoetxea, sí, sin duda. «La universidad es un reflejo de cómo está la sociedad. Vivimos un momento de polarización, donde opera la política de la cancelación. Hoy, la sensación en los campus es de pérdida de libertad, de crispación , donde cada vez hay menos ideas distintas y más señalamientos», argumenta la rectora de una de las universidades más reputadas de nuestro país. Precisamente, esas son las conclusiones que se pueden extraer del Índice de Libertad Académica , que evalúa los sistemas universitarios de 179 países y que se calcula combinando los análisis de expertos con modelos estadísticos. Este índice se fija en cinco grandes cuestiones: la capacidad de investigar temas sin interferencias indebidas; el intercambio de ideas sin restricciones; la autonomía institucional; la integridad del campus y, por último, el derecho de los académicos a expresarse sobre temas de actualidad. La caída de Estados Unidos El índice de 2026, que se publicó hace unos días, destaca el deterioro del sistema universitario de Estados Unidos , quizá el más influyente del mundo, donde la libertad académica ha experimentado un descenso notable en los últimos años. Este retroceso se atribuye, entre otros factores, a tensiones políticas, restricciones legislativas en determinados estados y un clima creciente de confrontación ideológica. «Claro que influyen las decisiones tomadas por la segunda Administración Trump, pero hay que tener en cuenta el clima ‘woke’ que le precedía» Miguel Ángel Sancho Fundación Europea Sociedad y Educación El declive de la autonomía institucional en Estados Unidos entre 2019 y 2025 ha sido rápido y pronunciado, pasando de 3,3 en 2019 a 1,7 en 2025 . Esta caída, además, está concentrada en un período de seis años. Si se compara el caso de Estados Unidos con otros como Hungría, India y Turquía, donde la libertad y la autonomía académica llevan años en retroceso, se observa que los descensos en estos países han tenido lugar durante períodos más largos de tiempo y de forma no tan abrupta. «Claro que influyen las decisiones tomadas por la segunda Administración Trump, pero hay que tener en cuenta el clima ‘woke’ que le precedía. No hay que olvidar que venimos de años en los que se ha normalizado que determinadas líneas de investigación fueran directamente rechazadas», contextualiza Miguel Ángel Sancho, que es el presidente de la Fundación Europea Sociedad y Educación. Según los datos del estudio, España se encuentra en el grupo del 10–20% superior a nivel mundial en términos de libertad académica . Este posicionamiento implica que el país presenta niveles altos en algunos indicadores clave, sin embargo, no alcanza el nivel de excelencia de los sistemas más avanzados, concentrados principalmente en el norte de Europa.Un escalón más abajoA diferencia de otros países occidentales, España no muestra cambios estadísticamente significativos en su puntuación. No obstante, si se consulta el Índice de Libertad Académica publicado hace un par de años (2024) se ve que España se encontraba entonces entre el 10% de países que gozan de una mayor libertad universitaria (el escalón de la élite) y este año ha descendido a un segundo escalón en cuanto a libertad, localizándose entre, decíamos, el 10-20% de países más autónomos académicamente. En términos cuantitativos, la puntuación del índice se mantiene en torno a valores cercanos a 0,88 sobre 1. «España forma parte de ese pelotón de democracias que se van erosionando, lo que se traduce en menos autonomía académica», señala Mendikoetxea. Pero nuestra estabilidad contrasta con la evolución de otros países vecinos. En Europa occidental, varias democracias consolidadas han experimentado descensos más pronunciados en sus niveles de libertad académica, como es el caso de Francia, Alemania o Italia . El informe señala que estos retrocesos no siempre son abruptos, pero sí lo suficientemente consistentes como para considerarse estadísticamente significativos. En este sentido, aunque nuestro país haya pasado a un ‘segundo escalón’, no retrocede a la misma velocidad que otros sistemas universitarios de la Unión Europea. Tampoco, por supuesto, al ritmo que ha caído Estados Unidos. A escala global, el estudio pone de manifiesto una tendencia preocupante hacia la polarización en universidades de todo Occidente, antes sin mácula. Pero en este contexto decadente, hay un grupo de países que mantiene niveles altos y relativamente estables de libertad académica, como Suecia, Estonia o República Checa. En el caso de España, los datos sugieren un buen desempeño en la mayoría de loa indicadores, especialmente en lo relativo a la libertad de investigación y la autonomía universitaria. No obstante, el informe también advierte de la importancia de no caer en la complacencia . La estabilidad, aunque positiva, puede ocultar la ausencia de reformas o mejoras. En este sentido, Miguel Ángel Sancho, que también es asesor y experto en políticas educativas, asegura a este diario que «aunque externamente parezca que hay autonomía, puede haber una falta de libertad de expresión interna, pues nuestra universidad tienden a ser poco crítica consigo misma».
Las universidades son, en algunos aspectos, uno de los espejos más nítidos de las bondades o los males de nuestro tiempo. ¿Puede el retroceso de la libertad académica ser un síntoma de la erosión de nuestros sistemas democráticos? Para la rectora de la Universidad Autónoma … de Madrid, Amaya Mendikoetxea, sí, sin duda. «La universidad es un reflejo de cómo está la sociedad. Vivimos un momento de polarización, donde opera la política de la cancelación. Hoy, la sensación en los campus es de pérdida de libertad, de crispación, donde cada vez hay menos ideas distintas y más señalamientos», argumenta la rectora de una de las universidades más reputadas de nuestro país.
Precisamente, esas son las conclusiones que se pueden extraer del Índice de Libertad Académica, que evalúa los sistemas universitarios de 179 países y que se calcula combinando los análisis de expertos con modelos estadísticos. Este índice se fija en cinco grandes cuestiones: la capacidad de investigar temas sin interferencias indebidas; el intercambio de ideas sin restricciones; la autonomía institucional; la integridad del campus y, por último, el derecho de los académicos a expresarse sobre temas de actualidad.
La caída de Estados Unidos
El índice de 2026, que se publicó hace unos días, destaca el deterioro del sistema universitario de Estados Unidos, quizá el más influyente del mundo, donde la libertad académica ha experimentado un descenso notable en los últimos años. Este retroceso se atribuye, entre otros factores, a tensiones políticas, restricciones legislativas en determinados estados y un clima creciente de confrontación ideológica.
«Claro que influyen las decisiones tomadas por la segunda Administración Trump, pero hay que tener en cuenta el clima ‘woke’ que le precedía»
Miguel Ángel Sancho
Fundación Europea Sociedad y Educación
El declive de la autonomía institucional en Estados Unidos entre 2019 y 2025 ha sido rápido y pronunciado, pasando de 3,3 en 2019 a 1,7 en 2025. Esta caída, además, está concentrada en un período de seis años. Si se compara el caso de Estados Unidos con otros como Hungría, India y Turquía, donde la libertad y la autonomía académica llevan años en retroceso, se observa que los descensos en estos países han tenido lugar durante períodos más largos de tiempo y de forma no tan abrupta. «Claro que influyen las decisiones tomadas por la segunda Administración Trump, pero hay que tener en cuenta el clima ‘woke’ que le precedía. No hay que olvidar que venimos de años en los que se ha normalizado que determinadas líneas de investigación fueran directamente rechazadas», contextualiza Miguel Ángel Sancho, que es el presidente de la Fundación Europea Sociedad y Educación.
Según los datos del estudio, España se encuentra en el grupo del 10–20% superior a nivel mundial en términos de libertad académica. Este posicionamiento implica que el país presenta niveles altos en algunos indicadores clave, sin embargo, no alcanza el nivel de excelencia de los sistemas más avanzados, concentrados principalmente en el norte de Europa.
Un escalón más abajo
A diferencia de otros países occidentales, España no muestra cambios estadísticamente significativos en su puntuación. No obstante, si se consulta el Índice de Libertad Académica publicado hace un par de años (2024) se ve que España se encontraba entonces entre el 10% de países que gozan de una mayor libertad universitaria (el escalón de la élite) y este año ha descendido a un segundo escalón en cuanto a libertad, localizándose entre, decíamos, el 10-20% de países más autónomos académicamente. En términos cuantitativos, la puntuación del índice se mantiene en torno a valores cercanos a 0,88 sobre 1. «España forma parte de ese pelotón de democracias que se van erosionando, lo que se traduce en menos autonomía académica», señala Mendikoetxea.

Pero nuestra estabilidad contrasta con la evolución de otros países vecinos. En Europa occidental, varias democracias consolidadas han experimentado descensos más pronunciados en sus niveles de libertad académica, como es el caso de Francia, Alemania o Italia. El informe señala que estos retrocesos no siempre son abruptos, pero sí lo suficientemente consistentes como para considerarse estadísticamente significativos. En este sentido, aunque nuestro país haya pasado a un ‘segundo escalón’, no retrocede a la misma velocidad que otros sistemas universitarios de la Unión Europea. Tampoco, por supuesto, al ritmo que ha caído Estados Unidos. A escala global, el estudio pone de manifiesto una tendencia preocupante hacia la polarización en universidades de todo Occidente, antes sin mácula. Pero en este contexto decadente, hay un grupo de países que mantiene niveles altos y relativamente estables de libertad académica, como Suecia, Estonia o República Checa.
En el caso de España, los datos sugieren un buen desempeño en la mayoría de loa indicadores, especialmente en lo relativo a la libertad de investigación y la autonomía universitaria. No obstante, el informe también advierte de la importancia de no caer en la complacencia. La estabilidad, aunque positiva, puede ocultar la ausencia de reformas o mejoras. En este sentido, Miguel Ángel Sancho, que también es asesor y experto en políticas educativas, asegura a este diario que «aunque externamente parezca que hay autonomía, puede haber una falta de libertad de expresión interna, pues nuestra universidad tienden a ser poco crítica consigo misma».
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