Tras un mes de conflicto entre Israel y Estados Unidos contra la República Islámica de Irán, la llegada de un alto el fuego no inspira la confianza que cabría esperar de una tregua.
La ofensiva contra Hizbulah no forma parte de la tregua según Israel y Estados Unidos, pero el país persa presiona para condicionar la paz al alto el fuego en Beirut
Tras un mes de conflicto entre Israel y Estados Unidos contra la República Islámica de Irán, la llegada de un alto el fuego no inspira la confianza que cabría esperar de una tregua.
En esta paz de dos semanas mediada por Pakistán, horas antes de un ultimátum en el que Trump amenazaba con poner fin a una civilización, la inestabilidad en otros frentes de Oriente Medio dificulta planear un escenario en el que se pueda llegar a un acuerdo definitivo para poner punto y final a la guerra.
El ejemplo más claro en estos momentos es Líbano, donde Israel está llevando a cabo una ofensiva paralela a la iniciada en Irán y que, según agencias iraníes vinculadas a la Guardia Revolucionaria, podría bloquear cualquier intento de mediación si el alto el fuego no se extiende también a Beirut.
Irán asegura que no negociará en Pakistán si Israel continúa atacando a Líbano
Líbano entró en el conflicto a través de Hizbulah, la milicia chií financiada por el régimen iraní que domina el sur del país. Su peso va más allá del de una simple guerrilla: cuenta con un ejército propio, incluso superior al del Estado, y su influencia política le permite tener una presencia que trasciende el control del Gobierno.
Tras la muerte del líder supremo Alí Jamenei, la guerrilla lanzó ataques contra el norte de Israel, que el Gobierno de Netanyahu respondió, como ya ocurrió en Gaza, de manera cada vez más desproporcionada. En los ataques del pasado miércoles, tras el anuncio de la tregua, las Fuerzas de Defensa israelíes mataron a unas 300 personas en la ofensiva Oscuridad eterna, un número que supera el millar de libaneses desde el inicio de la ofensiva en Irán.

Para debilitar a Hizbulah, Israel está decidido a utilizar la misma estrategia que utilizó contra Hamas, incluso aunque en ocasiones sobrepase la ley internacional. Con la atención puesta en Irán, el Ejército israelí ha utilizado fósforo blanco como arma de combate, ha ocupado territorio libanés para extender su frontera hasta el río Litani —ocupando aproximadamente un 10% del país—, ha provocado el desplazamiento de más de un millón de libaneses y ha impedido que regresen a sus casas, autorizando destruir viviendas y puentes cercanos a su frontera.
Poco ha importado la respuesta de expertos en derechos humanos y oenegés advirtiendo sobre “posibles crímenes de guerra” al imponer unilateralmente nuevas fronteras de seguridad. Israel ha advertido este viernes que atacará a las ambulancias en las zonas de evacuación en el Líbano, según la OMS, así como atacó a personal sanitario y bloqueó la entrega de ayuda humanitaria en la franja de Gaza.
Sin embargo, se espera que la respuesta de Irán en apoyo a Líbano sea mucho más contundente que la que ofreció en apoyo a Hamas, teniendo en cuenta que el conflicto esta vez afecta directamente a su territorio. El Ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, exigió el fin de las hostilidades en Beirut y aseguró que EE.UU. debe elegir entre “alto el fuego o guerra continuada a través de Israel”.
Netanyahu debe decidir entre mantener la tregua o boicotearla para salvar sus apoyos
Nuevamente, la Guardia Revolucionaria advirtió a Israel sobre una “respuesta que inducirá al arrepentimiento” si continuaban los ataques contra el Líbano, para posteriormente volver a cortar el estrecho de Ormuz tras los ataques israelíes en Beirut. En este sentido, las futuras conversaciones en Pakistán parecen cada vez más alejadas después de que las agencias de Irán afirmasen que las negociaciones quedarán suspendidas “hasta que Estados Unidos cumpla sus compromisos en relación con el alto el fuego en el Líbano y el régimen israelí ponga fin a sus ataques”. Por su parte, Trump aseguró que los ataques contra Hizbulah no formaban parte de la tregua, pero presionó a Netanyahu para que reabriera la vía diplomática y se sentara a negociar con el Estado libanés, con el fin de evitar el colapso del alto el fuego.
De nuevo, como ocurrió en Gaza tras el alto el fuego impulsado por Trump —donde desde entonces han muerto 736 palestinos—, Netanyahu se encuentra entre la espada y la pared. Mientras trata de salvar su carrera política y mantener el apoyo de la Kneset, deberá elegir entre mantener la tregua y parar la guerra, o boicotearla en favor de la población israelí y de su clase política, quienes apoyan en mayoría continuar con la doctrina de seguridad israelí y eliminar las “amenazas existenciales” en la región, desde la milicia Hizbulah hasta el régimen de los ayatolás.
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