A cada anuncio de datos de la participación masiva en las urnas en Hungría, Bruselas contenía la respiración. Las elecciones legislativas no solamente iban a decidir el futuro del país. También estaba en juego la salud de la ultraderecha global, el futuro del principal altavoz de las ideas de Donald Trump en el Viejo Continente, las tormentosas relaciones de Hungría con la Unión Europea y, por ende, la credibilidad del bloque como actor global.
Con Péter Magyar, la UE se libra del emisario de Putin en el Consejo Europeo
A cada anuncio de datos de la participación masiva en las urnas en Hungría, Bruselas contenía la respiración. Las elecciones legislativas no solamente iban a decidir el futuro del país. También estaba en juego la salud de la ultraderecha global, el futuro del principal altavoz de las ideas de Donald Trump en el Viejo Continente, las tormentosas relaciones de Hungría con la Unión Europea y, por ende, la credibilidad del bloque como actor global.
El primer ministro Viktor Orbán ha sido durante 16 años la piedra en el zapato del Consejo Europeo, bloqueando decisiones de máxima trascendencia y utilizando el chantaje como arma para sus propios intereses pese a las violaciones constantes del Estado de derecho. Nadie lo podría decir abiertamente en Bruselas, pero había muchas ganas de librarse de una vez por todas del líder de Fidesz. La cita electoral en Budapest era sin duda la más importante del 2026 a nivel comunitario.
Orbán ha sido una piedra en el zapato hasta el final con el bloqueo del préstamo a Ucrania
Con los primeros resultados en la mano, y pese a que todavía queda mucha tinta por escribir, los resultados de las elecciones húngaras son una buena noticia para las instituciones europeas, que tienen la oportunidad de reiniciar sus relaciones con el socio díscolo. Sin embargo, hay cierta cautela en la capital comunitaria. El ganador de las elecciones, Péter Magyar, tampoco es el campeón del europeísmo, y todo el mundo es consciente de que el país no pasará página de la noche a la mañana. Al fin y al cabo, formó parte del partido del ultraconservador hasta que rompió con el primer ministro hace dos años. En el puño de hierro contra la inmigración, por ejemplo, se esperan pocos cambios.
La principal esperanza es que la victoria histórica de Magyar permita pasar página de la cercanía de Budapest con Moscú, que gracias a Orbán ha tenido una influencia directa –tal y como han demostrado varias escandalosas grabaciones– en las decisiones del Consejo Europeo. Orbán ha sido una piedra en el zapato hasta el final. Europa sigue esperando que se pueda aprobar el 20.º paquete de sanciones a Rusia, congelado por la negativa del primer ministro húngaro, que también ha sido el mejor aliado de Vladímir Putin en el continente. Su última acción polémica ha sido bloquear el préstamo de 90.000 millones de euros para evitar la bancarrota de Ucrania pese a que lo habían aprobado los Veintisiete por unanimidad. La gota que ha colmado el vaso fueron las diferentes investigaciones de espionaje para Moscú que han obligado a implicarse a la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen.
Ahora existe esta posibilidad de poner el contador a cero. La UE aguardaba al 12 de abril para resolver la crisis del préstamo del 90.000 millones y también la adopción del próximo paquete de sanciones a Rusia. Basta una señal de Budapest para volverse a poner manos a la obra.
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