Al igual que algunos equipos de fútbol de categorías inferiores, el PP embarra el terreno de juego. Me refiero al PP de la demarcación provincial que me acoge, sin atreverme a asegurar que esa modalidad de marrullería y juego sucio sea de aplicación general. Quizá porque los sondeos por encargo comienzan a rebajar los todavía recientes niveles de euforia, quizá porque la demanda de alguna moción de censura lejos de ser clamorosa es sencillamente inexistente, el caso es que, a falta de mejor munición, el aparato mediático de la sucursal feijooniana en demarcación luguesa se saca de la manga el naipe trucado del traslado del hijo del actual alcalde de la capital desde Burela a Lugo. Procede puntualizar que el sujeto de la oración es secretario-interventor (por oposición, conviene puntualizar) del Ayuntamiento burelés y que su eventual incorporación a la Diputación sería en condiciones de compatibilidad legal. Tal vez todo obedezca a la imposibilidad de hallar un solo atisbo de lucidez en la sucursal de un partido instalado en una política de comunicación catastrófica, incapaz de entender la diferencia entre información crítica y las peteneras de Abundio, el que asó la manteca. Cierto es que hace tiempo que la política dejó de ser una actividad impropia de personas honorables, pero eso no legitima el sustituir la habilidad regateadora por la zancadilla en el área pequeña. Con estas salidas de pata de banco, el PP parece empeñado en demostrar que la incertidumbre ante próximas citas electorales le ocasionan un estado de nerviosismo difícilmente controlable. Quizá haya llegado el momento de volver a la lectura de Robert Redeker y aceptar la vigencia de su pensamiento cuando advierte acerca de la constante preferencia de los políticos por arrojar descalificaciones antes que hacer el más leve reconocimiento al adversario. Al igual que algunos equipos de fútbol de categorías inferiores, el PP embarra el terreno de juego. Me refiero al PP de la demarcación provincial que me acoge, sin atreverme a asegurar que esa modalidad de marrullería y juego sucio sea de aplicación general. Quizá porque los sondeos por encargo comienzan a rebajar los todavía recientes niveles de euforia, quizá porque la demanda de alguna moción de censura lejos de ser clamorosa es sencillamente inexistente, el caso es que, a falta de mejor munición, el aparato mediático de la sucursal feijooniana en demarcación luguesa se saca de la manga el naipe trucado del traslado del hijo del actual alcalde de la capital desde Burela a Lugo. Procede puntualizar que el sujeto de la oración es secretario-interventor (por oposición, conviene puntualizar) del Ayuntamiento burelés y que su eventual incorporación a la Diputación sería en condiciones de compatibilidad legal. Tal vez todo obedezca a la imposibilidad de hallar un solo atisbo de lucidez en la sucursal de un partido instalado en una política de comunicación catastrófica, incapaz de entender la diferencia entre información crítica y las peteneras de Abundio, el que asó la manteca. Cierto es que hace tiempo que la política dejó de ser una actividad impropia de personas honorables, pero eso no legitima el sustituir la habilidad regateadora por la zancadilla en el área pequeña. Con estas salidas de pata de banco, el PP parece empeñado en demostrar que la incertidumbre ante próximas citas electorales le ocasionan un estado de nerviosismo difícilmente controlable. Quizá haya llegado el momento de volver a la lectura de Robert Redeker y aceptar la vigencia de su pensamiento cuando advierte acerca de la constante preferencia de los políticos por arrojar descalificaciones antes que hacer el más leve reconocimiento al adversario.

Al igual que algunos equipos de fútbol de categorías inferiores, el PP embarra el terreno de juego. Me refiero al PP de la demarcación provincial que me acoge, sin atreverme a asegurar que esa modalidad de marrullería y juego sucio sea de aplicación general.
… Quizá porque los sondeos por encargo comienzan a rebajar los todavía recientes niveles de euforia, quizá porque la demanda de alguna moción de censura lejos de ser clamorosa es sencillamente inexistente, el caso es que, a falta de mejor munición, el aparato mediático de la sucursal feijooniana en demarcación luguesa se saca de la manga el naipe trucado del traslado del hijo del actual alcalde de la capital desde Burela a Lugo. Procede puntualizar que el sujeto de la oración es secretario-interventor (por oposición, conviene puntualizar) del Ayuntamiento burelés y que su eventual incorporación a la Diputación sería en condiciones de compatibilidad legal.
Tal vez todo obedezca a la imposibilidad de hallar un solo atisbo de lucidez en la sucursal de un partido instalado en una política de comunicación catastrófica, incapaz de entender la diferencia entre información crítica y las peteneras de Abundio, el que asó la manteca. Cierto es que hace tiempo que la política dejó de ser una actividad impropia de personas honorables, pero eso no legitima el sustituir la habilidad regateadora por la zancadilla en el área pequeña.
Con estas salidas de pata de banco, el PP parece empeñado en demostrar que la incertidumbre ante próximas citas electorales le ocasionan un estado de nerviosismo difícilmente controlable. Quizá haya llegado el momento de volver a la lectura de Robert Redeker y aceptar la vigencia de su pensamiento cuando advierte acerca de la constante preferencia de los políticos por arrojar descalificaciones antes que hacer el más leve reconocimiento al adversario.
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