La restricción calórica, sin tener que llegar a desnutrirnos, ha sido extensamente estudiada como medida para aumentar nuestros años en la Tierra, aunque la mayoría de la evidencia proviene de modelos animales.Los expertos sugieren que no se trata únicamente de comer menos – hablan de reducir entre un 15 y un 25% de las calorías diarias totales – sino de mejorar la calidad de la dieta y ajustar la frecuencia de las comidas, priorizando alimentos naturales y evitando aquellos altos en azúcares y grasas saturadas.De hecho los expertos reunidos en el ‘Longevity World Forum’, celebrado recientemente en Madrid, coinciden en hablar de la aplicación del principio de Okinawa del 80% de saciedad para reducir la ingesta calórica: No hay que esperar a no poder comer más; hay que quedarse con ganas de un poco más; algo que por supuesto requiere una buena fuerza de voluntad.Y en este contexto existe una estrategia que cada vez es más popular como es el ayuno intermitente, una de las prácticas más populares entre quienes buscan cuidar su salud o perder peso. Plataformas digitales y blogs de bienestar están llenos de testimonios sobre sus supuestos beneficios: más energía, pérdida de grasa, mayor longevidad o incluso prevención de enfermedades.Por qué el ayuno intermitente no es la prioridad para perder grasaVoces expertas como la de Aitor Sánchez, divulgador científico, dietista-nutricionista y autor del blog ‘Mi Dieta Cojea’, invitan a mirar esta tendencia con espíritu crítico. El experto ha participado en el pódcast de ‘Nutrición de Fit Generation’ para desmontar algunos mitos sobre alimentación que pululan en nuestros días en las redes sociales. Con más de una década combatiendo bulos con rigor, humor y lenguaje accesible, el experto advierte que el ayuno intermitente es efectivo para perder grasa, pero su éxito radica exclusivamente en el déficit calórico generado, no en propiedades mágicas.El nutricionista define el ayuno intermitente como una técnica dietética que implica dejar de comer más tiempo del habitual, entre 14 y 16 horas, para que sea ‘intermitente’. Se ha popularizado por dos razones: el mensaje exagerado de que es casi «mágico» para adelgazar y mejorar la salud, y porque ha funcionado a personas estancadas en dietas previas al proporcionar una restricción horaria fácil de seguir, como «saltarse el desayuno y la media mañana».Esta pauta de dormir, no desayunar ni tomar nada a media mañana, genera menos ingesta calórica total, explicando la pérdida de peso. Sin embargo, «si se distribuye la misma cantidad de comida a lo largo del día sin ayuno, no hay diferencias en la pérdida de grasa o de peso».En redes, se habla de un «modo reinicio» del metabolismo vía autofagia celular, pero el experto aclara en la entrevista que esto ocurre de forma discreta, mucho menos que con el ejercicio físico. «Si tu objetivo es mantener tus células jóvenes y estimular estas vías de mantenimiento, hacer ejercicio es muchísimo más efectivo que hacer ayuno intermitente», insiste.Los efectos contraproducentes del ayuno intermitenteOtros beneficios reales incluyen mejorar la saciedad, el apetito y la resiliencia en pacientes con impulsividad alimentaria, entrenando sensaciones de hambre real. No estropea el metabolismo ni desentrena el cuerpo; al contrario, actúa como estímulo positivo al no ofrecer energía constante cada 4 horas. No es peligroso, pero «desaconsejado en perfiles con historial de restricciones extremas o ansiedad alimentaria, que podría abrir puertas a un trastorno de la conducta alimentaria».Imponer largos periodos sin comer puede reforzar la obsesión por el control del peso o el miedo a determinados alimentos, algo que a largo plazo puede afectar seriamente al bienestar emocional y físico en este tipo de personas.«La prioridad es comer saludable para controlar energía y aumentar el gasto calórico con actividad física; si quieres algún picoteo que sea saciante. Come fruta, come verdura, come legumbres, toma menos embutido, toma menos refrescos, bebe agua, que tus postres no sean lácteos azucarados…» concluye. La restricción calórica, sin tener que llegar a desnutrirnos, ha sido extensamente estudiada como medida para aumentar nuestros años en la Tierra, aunque la mayoría de la evidencia proviene de modelos animales.Los expertos sugieren que no se trata únicamente de comer menos – hablan de reducir entre un 15 y un 25% de las calorías diarias totales – sino de mejorar la calidad de la dieta y ajustar la frecuencia de las comidas, priorizando alimentos naturales y evitando aquellos altos en azúcares y grasas saturadas.De hecho los expertos reunidos en el ‘Longevity World Forum’, celebrado recientemente en Madrid, coinciden en hablar de la aplicación del principio de Okinawa del 80% de saciedad para reducir la ingesta calórica: No hay que esperar a no poder comer más; hay que quedarse con ganas de un poco más; algo que por supuesto requiere una buena fuerza de voluntad.Y en este contexto existe una estrategia que cada vez es más popular como es el ayuno intermitente, una de las prácticas más populares entre quienes buscan cuidar su salud o perder peso. Plataformas digitales y blogs de bienestar están llenos de testimonios sobre sus supuestos beneficios: más energía, pérdida de grasa, mayor longevidad o incluso prevención de enfermedades.Por qué el ayuno intermitente no es la prioridad para perder grasaVoces expertas como la de Aitor Sánchez, divulgador científico, dietista-nutricionista y autor del blog ‘Mi Dieta Cojea’, invitan a mirar esta tendencia con espíritu crítico. El experto ha participado en el pódcast de ‘Nutrición de Fit Generation’ para desmontar algunos mitos sobre alimentación que pululan en nuestros días en las redes sociales. Con más de una década combatiendo bulos con rigor, humor y lenguaje accesible, el experto advierte que el ayuno intermitente es efectivo para perder grasa, pero su éxito radica exclusivamente en el déficit calórico generado, no en propiedades mágicas.El nutricionista define el ayuno intermitente como una técnica dietética que implica dejar de comer más tiempo del habitual, entre 14 y 16 horas, para que sea ‘intermitente’. Se ha popularizado por dos razones: el mensaje exagerado de que es casi «mágico» para adelgazar y mejorar la salud, y porque ha funcionado a personas estancadas en dietas previas al proporcionar una restricción horaria fácil de seguir, como «saltarse el desayuno y la media mañana».Esta pauta de dormir, no desayunar ni tomar nada a media mañana, genera menos ingesta calórica total, explicando la pérdida de peso. Sin embargo, «si se distribuye la misma cantidad de comida a lo largo del día sin ayuno, no hay diferencias en la pérdida de grasa o de peso».En redes, se habla de un «modo reinicio» del metabolismo vía autofagia celular, pero el experto aclara en la entrevista que esto ocurre de forma discreta, mucho menos que con el ejercicio físico. «Si tu objetivo es mantener tus células jóvenes y estimular estas vías de mantenimiento, hacer ejercicio es muchísimo más efectivo que hacer ayuno intermitente», insiste.Los efectos contraproducentes del ayuno intermitenteOtros beneficios reales incluyen mejorar la saciedad, el apetito y la resiliencia en pacientes con impulsividad alimentaria, entrenando sensaciones de hambre real. No estropea el metabolismo ni desentrena el cuerpo; al contrario, actúa como estímulo positivo al no ofrecer energía constante cada 4 horas. No es peligroso, pero «desaconsejado en perfiles con historial de restricciones extremas o ansiedad alimentaria, que podría abrir puertas a un trastorno de la conducta alimentaria».Imponer largos periodos sin comer puede reforzar la obsesión por el control del peso o el miedo a determinados alimentos, algo que a largo plazo puede afectar seriamente al bienestar emocional y físico en este tipo de personas.«La prioridad es comer saludable para controlar energía y aumentar el gasto calórico con actividad física; si quieres algún picoteo que sea saciante. Come fruta, come verdura, come legumbres, toma menos embutido, toma menos refrescos, bebe agua, que tus postres no sean lácteos azucarados…» concluye.
La restricción calórica, sin tener que llegar a desnutrirnos, ha sido extensamente estudiada como medida para aumentar nuestros años en la Tierra, aunque la mayoría de la evidencia proviene de modelos animales.
Los expertos sugieren que no se trata únicamente de comer menos – hablan de … reducir entre un 15 y un 25% de las calorías diarias totales – sino de mejorar la calidad de la dieta y ajustar la frecuencia de las comidas, priorizando alimentos naturales y evitando aquellos altos en azúcares y grasas saturadas.
De hecho los expertos reunidos en el ‘Longevity World Forum’, celebrado recientemente en Madrid, coinciden en hablar de la aplicación del principio de Okinawa del 80% de saciedad para reducir la ingesta calórica: No hay que esperar a no poder comer más; hay que quedarse con ganas de un poco más; algo que por supuesto requiere una buena fuerza de voluntad.
Y en este contexto existe una estrategia que cada vez es más popular como es el ayuno intermitente, una de las prácticas más populares entre quienes buscan cuidar su salud o perder peso. Plataformas digitales y blogs de bienestar están llenos de testimonios sobre sus supuestos beneficios: más energía, pérdida de grasa, mayor longevidad o incluso prevención de enfermedades.
Por qué el ayuno intermitente no es la prioridad para perder grasa
Voces expertas como la de Aitor Sánchez, divulgador científico, dietista-nutricionista y autor del blog ‘Mi Dieta Cojea’, invitan a mirar esta tendencia con espíritu crítico. El experto ha participado en el pódcast de ‘Nutrición de Fit Generation’ para desmontar algunos mitos sobre alimentación que pululan en nuestros días en las redes sociales.
Con más de una década combatiendo bulos con rigor, humor y lenguaje accesible, el experto advierte que el ayuno intermitente es efectivo para perder grasa, pero su éxito radica exclusivamente en el déficit calórico generado, no en propiedades mágicas.
El nutricionista define el ayuno intermitente como una técnica dietética que implica dejar de comer más tiempo del habitual, entre 14 y 16 horas, para que sea ‘intermitente’. Se ha popularizado por dos razones: el mensaje exagerado de que es casi «mágico» para adelgazar y mejorar la salud, y porque ha funcionado a personas estancadas en dietas previas al proporcionar una restricción horaria fácil de seguir, como «saltarse el desayuno y la media mañana».
Esta pauta de dormir, no desayunar ni tomar nada a media mañana, genera menos ingesta calórica total, explicando la pérdida de peso. Sin embargo, «si se distribuye la misma cantidad de comida a lo largo del día sin ayuno, no hay diferencias en la pérdida de grasa o de peso».
En redes, se habla de un «modo reinicio» del metabolismo vía autofagia celular, pero el experto aclara en la entrevista que esto ocurre de forma discreta, mucho menos que con el ejercicio físico. «Si tu objetivo es mantener tus células jóvenes y estimular estas vías de mantenimiento, hacer ejercicio es muchísimo más efectivo que hacer ayuno intermitente», insiste.
Los efectos contraproducentes del ayuno intermitente
Otros beneficios reales incluyen mejorar la saciedad, el apetito y la resiliencia en pacientes con impulsividad alimentaria, entrenando sensaciones de hambre real. No estropea el metabolismo ni desentrena el cuerpo; al contrario, actúa como estímulo positivo al no ofrecer energía constante cada 4 horas. No es peligroso, pero «desaconsejado en perfiles con historial de restricciones extremas o ansiedad alimentaria, que podría abrir puertas a un trastorno de la conducta alimentaria».
Imponer largos periodos sin comer puede reforzar la obsesión por el control del peso o el miedo a determinados alimentos, algo que a largo plazo puede afectar seriamente al bienestar emocional y físico en este tipo de personas.
«La prioridad es comer saludable para controlar energía y aumentar el gasto calórico con actividad física; si quieres algún picoteo que sea saciante. Come fruta, come verdura, come legumbres, toma menos embutido, toma menos refrescos, bebe agua, que tus postres no sean lácteos azucarados…» concluye.
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