La caída de Víktor Orbán abre una grieta al trumpismo en Europa. El mandatario húngaro -16 años en el poder- se había convertido en el principal defensor de la nueva Administración estadounidense y lideraba, de alguna manera, la nueva ola internacional que comunica ambos lados del Atlántico. Otros actores políticos europeos clave como la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, también integrada en el grupo Patriotas al que pertenece Vox, han mostrado recelos ante la guerra en Irán en el último mes. Su delfín y muy probable candidato presidencial, Jordan Bardella , fue todavía más crítico ante la amenaza de EEUU a Groenlandia. El caso de Giorgia Meloni , abonada al pragmatismo político desde su llegada al poder, es particular. La italiana permaneció en el grupo europeo original de estas fuerzas, los Conservadores y Reformistas (ECR) y, sobre todo, se ha distanciado claramente de Trump con la guerra en Oriente Próximo, y recientemente para defender al Papa León XIV. Los apoyos internacionales de Vox han sido esenciales para el impulso de los últimos años. La ola exterior de todos ellos -alcanzado gobiernos o consolidándose como segunda fuerza en muchos países vecinos- ha permitido a Santiago Abascal alimentar la idea de un auge imparable a pesar de que la distancia de su partido con el PP, en España, es todavía enorme. Las elecciones en Hungría, sin embargo, han movido el tablero.Hace unas semanas Abascal viajó a Budapest para participar en un mitin de apoyo a Orbán. En su intervención aseguró: «Estas no son solo vuestras elecciones. Nos afectan a todos. Todos estamos comprometidos y estamos detrás de Orbán apoyándole hasta el final». Llegó a asegurar que de su victoria dependía que «Europa siga siendo Europa» como gran ejemplo de freno a la inmigración que Vox y sus aliados califican ya de «invasión». Es la principal bandera que también han agitado Trump y su vicepresidente, JD Vance, desplazado expresamente a Hungría la semana pasada para estar también en la campaña húngara. Ahora ese castillo de naipes se ha desmoronado y, como mínimo, apunta a que el apoyo de Trump no le ha sumado nada. Puede haberle restado mucho.Noticia relacionada general No No La Comisión Europea negocia ya en Budapest con Magyar Rosalía SánchezHasta esta misma semana Vox había evitado siempre criticar o distanciarse de Trump. No lo hizo con la embestida arancelaria que puso en guardia a toda Europa, tampoco con el apoyo a Israel, ni siquiera ante la crisis de Groenlandia -cuando todos los países europeos defendieron su soberanía- y tampoco lo ha hecho con la guerra en Irán. La chispa saltó por el ataque de Trump a Meloni, aliada y amiga personal de Abascal.Fue la portavoz en el Congreso, Pepa Millán, la que describió los últimos movimientos del líder norteamericano como «poco comprensibles». En una entrevista en el ‘Corriere della Sera’, Trump había afirmado que la relación con Meloni estaba rota y que la italiana no tenía «valor» por haber suspendido la renovación automática del acuerdo de defensa con Israel. La dirigente de Vox respondía: «Lo único que voy a decir es que Meloni es una de las políticas más valientes, diría que en todo el mundo». Llegó a añadir : «Las naciones tienen derecho a proteger su soberanía». El giro se confirmó en ese momento.Fuentes del núcleo duro de Abascal siempre han reconocido que era imposible estar de acuerdo con todos los posicionamientos de sus aliados. Comparten una agenda contra lo que llaman «la dictadura globalista», pero la defensa que hacen de la soberanía de las naciones aumenta el riesgo de choque. Los dirigentes derechistas han ido sorteando cada mina que miraba a la Casa Blanca. Con Orbán había un agujero permanente: el apoyo a Rusia y el bloqueo, incluso, a las ayudas comunitarias a Ucrania. Tras las elecciones, en el núcleo duro de Abascal reconocían que con la caída de Orbán también «desaparecía un flanco de ataque». Pero con Meloni, incluso fuera del foco público, la relación y la confianza es absoluta entre los dos dirigentes. Trasciende la actividad política y llega a la esfera personal. La defensa de Meloni implica el primer rechazo a Trump. El punto álgido del vínculo entre ambos sucedió en enero de 2025, cuando el republicano felicitó al presidente de Vox en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), el foro conservador más antiguo de EEUU, convertido hoy en una verdadera cumbre del trumpismo. «Qué gran tipo el líder del partido Vox de España, Santiago Abascal. Gran trabajo el que estás haciendo».Más allá de los gestos públicos de sintonía, la formación de Abascal ha tratado de mantener su posición de apoyo en los asuntos más sensibles de la política internacional estadounidense. Tras la operación a comienzos de año para detener al expresidente de Venezuela Nicolás Maduro, dieron su respaldo absoluto al «buen hacer» de la Administración Noticia relacionada general No No Feijóo abandera el triunfo de Magyar en Hungría aunque el PP europeo duda sobre su integración Paloma Estebanestadounidense. Ante las pretensiones sobre Groenlandia, el portavoz nacional, José Antonio Fúster, llegó a tirar balones fuera: «No pensamos sobre Groenlandia. Tenemos bastante con Pedro Sánchez y la corrupción. No es nuestra competencia», sentenció. El enfrentamiento de la primera ministra italiana y el destronamiento de Orbán exhiben ahora la soledad de Trump, a la espera de ver si se reconfiguran los apoyos. De hecho, la Administración estadounidense ya ha elogiado al futuro primer ministro húngaro, Péter Magyar, ante el nuevo escenario que se abre. Abascal sigue al frente del grupo Patriotas, donde Orbán tenía un peso fundamental. Los dirigentes de Vox encajaron la derrota de su aliado señalando el desgaste propio de 16 años al frente del Gobierno -casi los que estuvo Angela Merkel en Alemania- y sin asumir que implique el fin de ningún ciclo. La caída de Víktor Orbán abre una grieta al trumpismo en Europa. El mandatario húngaro -16 años en el poder- se había convertido en el principal defensor de la nueva Administración estadounidense y lideraba, de alguna manera, la nueva ola internacional que comunica ambos lados del Atlántico. Otros actores políticos europeos clave como la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, también integrada en el grupo Patriotas al que pertenece Vox, han mostrado recelos ante la guerra en Irán en el último mes. Su delfín y muy probable candidato presidencial, Jordan Bardella , fue todavía más crítico ante la amenaza de EEUU a Groenlandia. El caso de Giorgia Meloni , abonada al pragmatismo político desde su llegada al poder, es particular. La italiana permaneció en el grupo europeo original de estas fuerzas, los Conservadores y Reformistas (ECR) y, sobre todo, se ha distanciado claramente de Trump con la guerra en Oriente Próximo, y recientemente para defender al Papa León XIV. Los apoyos internacionales de Vox han sido esenciales para el impulso de los últimos años. La ola exterior de todos ellos -alcanzado gobiernos o consolidándose como segunda fuerza en muchos países vecinos- ha permitido a Santiago Abascal alimentar la idea de un auge imparable a pesar de que la distancia de su partido con el PP, en España, es todavía enorme. Las elecciones en Hungría, sin embargo, han movido el tablero.Hace unas semanas Abascal viajó a Budapest para participar en un mitin de apoyo a Orbán. En su intervención aseguró: «Estas no son solo vuestras elecciones. Nos afectan a todos. Todos estamos comprometidos y estamos detrás de Orbán apoyándole hasta el final». Llegó a asegurar que de su victoria dependía que «Europa siga siendo Europa» como gran ejemplo de freno a la inmigración que Vox y sus aliados califican ya de «invasión». Es la principal bandera que también han agitado Trump y su vicepresidente, JD Vance, desplazado expresamente a Hungría la semana pasada para estar también en la campaña húngara. Ahora ese castillo de naipes se ha desmoronado y, como mínimo, apunta a que el apoyo de Trump no le ha sumado nada. Puede haberle restado mucho.Noticia relacionada general No No La Comisión Europea negocia ya en Budapest con Magyar Rosalía SánchezHasta esta misma semana Vox había evitado siempre criticar o distanciarse de Trump. No lo hizo con la embestida arancelaria que puso en guardia a toda Europa, tampoco con el apoyo a Israel, ni siquiera ante la crisis de Groenlandia -cuando todos los países europeos defendieron su soberanía- y tampoco lo ha hecho con la guerra en Irán. La chispa saltó por el ataque de Trump a Meloni, aliada y amiga personal de Abascal.Fue la portavoz en el Congreso, Pepa Millán, la que describió los últimos movimientos del líder norteamericano como «poco comprensibles». En una entrevista en el ‘Corriere della Sera’, Trump había afirmado que la relación con Meloni estaba rota y que la italiana no tenía «valor» por haber suspendido la renovación automática del acuerdo de defensa con Israel. La dirigente de Vox respondía: «Lo único que voy a decir es que Meloni es una de las políticas más valientes, diría que en todo el mundo». Llegó a añadir : «Las naciones tienen derecho a proteger su soberanía». El giro se confirmó en ese momento.Fuentes del núcleo duro de Abascal siempre han reconocido que era imposible estar de acuerdo con todos los posicionamientos de sus aliados. Comparten una agenda contra lo que llaman «la dictadura globalista», pero la defensa que hacen de la soberanía de las naciones aumenta el riesgo de choque. Los dirigentes derechistas han ido sorteando cada mina que miraba a la Casa Blanca. Con Orbán había un agujero permanente: el apoyo a Rusia y el bloqueo, incluso, a las ayudas comunitarias a Ucrania. Tras las elecciones, en el núcleo duro de Abascal reconocían que con la caída de Orbán también «desaparecía un flanco de ataque». Pero con Meloni, incluso fuera del foco público, la relación y la confianza es absoluta entre los dos dirigentes. Trasciende la actividad política y llega a la esfera personal. La defensa de Meloni implica el primer rechazo a Trump. El punto álgido del vínculo entre ambos sucedió en enero de 2025, cuando el republicano felicitó al presidente de Vox en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), el foro conservador más antiguo de EEUU, convertido hoy en una verdadera cumbre del trumpismo. «Qué gran tipo el líder del partido Vox de España, Santiago Abascal. Gran trabajo el que estás haciendo».Más allá de los gestos públicos de sintonía, la formación de Abascal ha tratado de mantener su posición de apoyo en los asuntos más sensibles de la política internacional estadounidense. Tras la operación a comienzos de año para detener al expresidente de Venezuela Nicolás Maduro, dieron su respaldo absoluto al «buen hacer» de la Administración Noticia relacionada general No No Feijóo abandera el triunfo de Magyar en Hungría aunque el PP europeo duda sobre su integración Paloma Estebanestadounidense. Ante las pretensiones sobre Groenlandia, el portavoz nacional, José Antonio Fúster, llegó a tirar balones fuera: «No pensamos sobre Groenlandia. Tenemos bastante con Pedro Sánchez y la corrupción. No es nuestra competencia», sentenció. El enfrentamiento de la primera ministra italiana y el destronamiento de Orbán exhiben ahora la soledad de Trump, a la espera de ver si se reconfiguran los apoyos. De hecho, la Administración estadounidense ya ha elogiado al futuro primer ministro húngaro, Péter Magyar, ante el nuevo escenario que se abre. Abascal sigue al frente del grupo Patriotas, donde Orbán tenía un peso fundamental. Los dirigentes de Vox encajaron la derrota de su aliado señalando el desgaste propio de 16 años al frente del Gobierno -casi los que estuvo Angela Merkel en Alemania- y sin asumir que implique el fin de ningún ciclo.
La caída de Víktor Orbán abre una grieta al trumpismo en Europa. El mandatario húngaro -16 años en el poder- se había convertido en el principal defensor de la nueva Administración estadounidense y lideraba, de alguna manera, la nueva ola internacional que comunica ambos … lados del Atlántico. Otros actores políticos europeos clave como la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, también integrada en el grupo Patriotas al que pertenece Vox, han mostrado recelos ante la guerra en Irán en el último mes. Su delfín y muy probable candidato presidencial,Jordan Bardella, fue todavía más crítico ante la amenaza de EEUU a Groenlandia. El caso de Giorgia Meloni, abonada al pragmatismo político desde su llegada al poder, es particular. La italiana permaneció en el grupo europeo original de estas fuerzas, los Conservadores y Reformistas (ECR) y, sobre todo, se ha distanciado claramente de Trump con la guerra en Oriente Próximo, y recientemente para defender al Papa León XIV.
Los apoyos internacionales de Vox han sido esenciales para el impulso de los últimos años. La ola exterior de todos ellos -alcanzado gobiernos o consolidándose como segunda fuerza en muchos países vecinos- ha permitido a Santiago Abascal alimentar la idea de un auge imparable a pesar de que la distancia de su partido con el PP, en España, es todavía enorme. Las elecciones en Hungría, sin embargo, han movido el tablero.
Hace unas semanas Abascal viajó a Budapest para participar en un mitin de apoyo a Orbán. En su intervención aseguró: «Estas no son solo vuestras elecciones. Nos afectan a todos. Todos estamos comprometidos y estamos detrás de Orbán apoyándole hasta el final». Llegó a asegurar que de su victoria dependía que «Europa siga siendo Europa» como gran ejemplo de freno a la inmigración que Vox y sus aliados califican ya de «invasión». Es la principal bandera que también han agitado Trump y su vicepresidente, JD Vance, desplazado expresamente a Hungría la semana pasada para estar también en la campaña húngara. Ahora ese castillo de naipes se ha desmoronado y, como mínimo, apunta a que el apoyo de Trump no le ha sumado nada. Puede haberle restado mucho.
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Rosalía Sánchez
Hasta esta misma semana Vox había evitado siempre criticar o distanciarse de Trump. No lo hizo con la embestida arancelaria que puso en guardia a toda Europa, tampoco con el apoyo a Israel, ni siquiera ante la crisis de Groenlandia -cuando todos los países europeos defendieron su soberanía- y tampoco lo ha hecho con la guerra en Irán. La chispa saltó por el ataque de Trump a Meloni, aliada y amiga personal de Abascal.
Fue la portavoz en el Congreso, Pepa Millán, la que describió los últimos movimientos del líder norteamericano como «poco comprensibles». En una entrevista en el ‘Corriere della Sera’, Trump había afirmado que la relación con Meloni estaba rota y que la italiana no tenía «valor» por haber suspendido la renovación automática del acuerdo de defensa con Israel. La dirigente de Vox respondía: «Lo único que voy a decir es que Meloni es una de las políticas más valientes, diría que en todo el mundo». Llegó a añadir: «Las naciones tienen derecho a proteger su soberanía». El giro se confirmó en ese momento.
Fuentes del núcleo duro de Abascal siempre han reconocido que era imposible estar de acuerdo con todos los posicionamientos de sus aliados. Comparten una agenda contra lo que llaman «la dictadura globalista», pero la defensa que hacen de la soberanía de las naciones aumenta el riesgo de choque. Los dirigentes derechistas han ido sorteando cada mina que miraba a la Casa Blanca. Con Orbán había un agujero permanente: el apoyo a Rusia y el bloqueo, incluso, a las ayudas comunitarias a Ucrania. Tras las elecciones, en el núcleo duro de Abascal reconocían que con la caída de Orbán también «desaparecía un flanco de ataque». Pero con Meloni, incluso fuera del foco público, la relación y la confianza es absoluta entre los dos dirigentes. Trasciende la actividad política y llega a la esfera personal.
La defensa de Meloni implica el primer rechazo a Trump. El punto álgido del vínculo entre ambos sucedió en enero de 2025, cuando el republicano felicitó al presidente de Vox en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), el foro conservador más antiguo de EEUU, convertido hoy en una verdadera cumbre del trumpismo. «Qué gran tipo el líder del partido Vox de España, Santiago Abascal. Gran trabajo el que estás haciendo».
Más allá de los gestos públicos de sintonía, la formación de Abascal ha tratado de mantener su posición de apoyo en los asuntos más sensibles de la política internacional estadounidense. Tras la operación a comienzos de año para detener al expresidente de Venezuela Nicolás Maduro, dieron su respaldo absoluto al «buen hacer» de la Administración
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estadounidense. Ante las pretensiones sobre Groenlandia, el portavoz nacional, José Antonio Fúster, llegó a tirar balones fuera: «No pensamos sobre Groenlandia. Tenemos bastante con Pedro Sánchez y la corrupción. No es nuestra competencia», sentenció.
El enfrentamiento de la primera ministra italiana y el destronamiento de Orbán exhiben ahora la soledad de Trump, a la espera de ver si se reconfiguran los apoyos. De hecho, la Administración estadounidense ya ha elogiado al futuro primer ministro húngaro, Péter Magyar, ante el nuevo escenario que se abre. Abascal sigue al frente del grupo Patriotas, donde Orbán tenía un peso fundamental. Los dirigentes de Vox encajaron la derrota de su aliado señalando el desgaste propio de 16 años al frente del Gobierno -casi los que estuvo Angela Merkel en Alemania- y sin asumir que implique el fin de ningún ciclo.
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