La inesperada reproducción masiva de una canción del artista puertorriqueño Bad Bunny en miles de pizarras digitales interactivas de los colegios andaluces no fue obra de ningún hacker o atacante informático. La Consejería de Desarrollo Educativo y Formación Profesional de la Junta de Andalucía, en estrecha colaboración con la multinacional tecnológica Smart Technologies, ha arrojado luz sobre el insólito suceso que alteró por completo la rutina académica de cientos de colegios e institutos de la comunidad autónoma la semana pasada. Las investigaciones técnicas oficiales han descartado de manera categórica la existencia de un hackeo o de una brecha de seguridad en la red educativa pública. En realidad, todo fue fruto de una coincidencia entre una actualización de software y la acción involuntaria de un usuario local legítimamente autorizado.Inicialmente se temió que se hubiera vulnerado el acceso a las bases de datos de la administración autonómica, poniendo en riesgo expedientes, calificaciones o datos de carácter personal del alumnado y del cuerpo docente. Sin embargo, el informe forense digital elaborado por el propio proveedor del ecosistema tecnológico, Smart Technologies, ha desmontado cualquier teoría conspirativa o delictiva.Un docente o un administrador del centroSegún detalla de forma pormenorizada el análisis técnico, el detonante de la incidencia es más simple de lo que parece. El origen está en la sustitución de la tradicional y estridente sirena de cambio de clase por fragmentos musicales más amables, a menudo seleccionados por votación de los propios estudiantes para incentivar un ambiente participativo . En este contexto, un usuario debidamente autorizado —un docente o administrador de sistemas de un centro educativo concreto— se disponía a programar el hilo musical para el cambio de hora, una tarea que venía desempeñando con total normalidad y de manera regular desde el pasado mes de abril. La canción elegida por los alumnos para ese periodo era un conocido tema de Bad Bunny.El problema radicó en que, de manera paralela, la plataforma global que gestiona el software de las pantallas interactivas había recibido una actualización masiva de su sistema operativo pocas horas antes. Al ejecutar la orden para programar el audio , el sistema —debido a un desajuste imprevisto en la nueva versión— otorgó un «uso extendido» a esta función de mensajería sin que el operador humano fuera consciente de ello. De este modo, en lugar de emitir la canción en las pantallas de su propio colegio, la orden se propagó en cascada a través de la red general, enviando el archivo a todas y cada una de las pantallas digitales de los escolares.Tanto la Junta como la empresa que gestiona el sistema descartan fallos de seguridad y niegan que la privacidad se pusiera en riesgoTanto la Junta de Andalucía como Smart Technologies han emitido sendos comunicados oficiales de prensa para aclarar la incidencia. Tras la exhaustiva revisión técnica llevada a cabo por los ingenieros de software, se ha corroborado que no se produjo ningún acceso externo no autorizado. Las autoridades han remarcado que no ha existido ninguna brecha de datos ni de seguridad, que los paneles interactivos jamás fueron objeto de manipulación maliciosa externa y que la incidencia en absoluto ha afectado a la integridad, la privacidad ni la seguridad operativa de los centros escolares.La Consejería de Desarrollo Educativo ha querido hacer especial hincapié en la protección de la información confidencial, un asunto de extrema sensibilidad al tratarse de entornos de menores de edad. Ha destacado que no ha estado en riesgo la privacidad de dato alguno de los estudiantes, profesores o de las propias instituciones. Al tratarse de un error estrictamente operativo del software de distribución de contenidos de la propia marca proveedora, y no de una intrusión ilegítima en los servidores centrales de la Junta, las bases de datos académicas y los registros personales permanecieron blindados e inaccesibles en todo momento.Por su parte, la multinacional Smart Technologies ha asumido la responsabilidad por el fallo derivado de su actualización y ha lamentado las molestias en el desarrollo ordinario de la jornada lectiva. La empresa estadounidense ha transmitido un mensaje de calma a los docentes , las familias y los equipos de dirección, insistiendo en que la anomalía informática ha quedado plenamente contenida, que los niveles de seguridad siguen intactos y que los paneles interactivos pueden continuar utilizándose con total normalidad y confianza en el día a día.Actualmente, los técnicos continúan revisando minuciosamente los registros históricos y los mecanismos de control asociados a la plataforma global «para reforzar las medidas preventivas y evitar que una situación similar pueda repetirse». La inesperada reproducción masiva de una canción del artista puertorriqueño Bad Bunny en miles de pizarras digitales interactivas de los colegios andaluces no fue obra de ningún hacker o atacante informático. La Consejería de Desarrollo Educativo y Formación Profesional de la Junta de Andalucía, en estrecha colaboración con la multinacional tecnológica Smart Technologies, ha arrojado luz sobre el insólito suceso que alteró por completo la rutina académica de cientos de colegios e institutos de la comunidad autónoma la semana pasada. Las investigaciones técnicas oficiales han descartado de manera categórica la existencia de un hackeo o de una brecha de seguridad en la red educativa pública. En realidad, todo fue fruto de una coincidencia entre una actualización de software y la acción involuntaria de un usuario local legítimamente autorizado.Inicialmente se temió que se hubiera vulnerado el acceso a las bases de datos de la administración autonómica, poniendo en riesgo expedientes, calificaciones o datos de carácter personal del alumnado y del cuerpo docente. Sin embargo, el informe forense digital elaborado por el propio proveedor del ecosistema tecnológico, Smart Technologies, ha desmontado cualquier teoría conspirativa o delictiva.Un docente o un administrador del centroSegún detalla de forma pormenorizada el análisis técnico, el detonante de la incidencia es más simple de lo que parece. El origen está en la sustitución de la tradicional y estridente sirena de cambio de clase por fragmentos musicales más amables, a menudo seleccionados por votación de los propios estudiantes para incentivar un ambiente participativo . En este contexto, un usuario debidamente autorizado —un docente o administrador de sistemas de un centro educativo concreto— se disponía a programar el hilo musical para el cambio de hora, una tarea que venía desempeñando con total normalidad y de manera regular desde el pasado mes de abril. La canción elegida por los alumnos para ese periodo era un conocido tema de Bad Bunny.El problema radicó en que, de manera paralela, la plataforma global que gestiona el software de las pantallas interactivas había recibido una actualización masiva de su sistema operativo pocas horas antes. Al ejecutar la orden para programar el audio , el sistema —debido a un desajuste imprevisto en la nueva versión— otorgó un «uso extendido» a esta función de mensajería sin que el operador humano fuera consciente de ello. De este modo, en lugar de emitir la canción en las pantallas de su propio colegio, la orden se propagó en cascada a través de la red general, enviando el archivo a todas y cada una de las pantallas digitales de los escolares.Tanto la Junta como la empresa que gestiona el sistema descartan fallos de seguridad y niegan que la privacidad se pusiera en riesgoTanto la Junta de Andalucía como Smart Technologies han emitido sendos comunicados oficiales de prensa para aclarar la incidencia. Tras la exhaustiva revisión técnica llevada a cabo por los ingenieros de software, se ha corroborado que no se produjo ningún acceso externo no autorizado. Las autoridades han remarcado que no ha existido ninguna brecha de datos ni de seguridad, que los paneles interactivos jamás fueron objeto de manipulación maliciosa externa y que la incidencia en absoluto ha afectado a la integridad, la privacidad ni la seguridad operativa de los centros escolares.La Consejería de Desarrollo Educativo ha querido hacer especial hincapié en la protección de la información confidencial, un asunto de extrema sensibilidad al tratarse de entornos de menores de edad. Ha destacado que no ha estado en riesgo la privacidad de dato alguno de los estudiantes, profesores o de las propias instituciones. Al tratarse de un error estrictamente operativo del software de distribución de contenidos de la propia marca proveedora, y no de una intrusión ilegítima en los servidores centrales de la Junta, las bases de datos académicas y los registros personales permanecieron blindados e inaccesibles en todo momento.Por su parte, la multinacional Smart Technologies ha asumido la responsabilidad por el fallo derivado de su actualización y ha lamentado las molestias en el desarrollo ordinario de la jornada lectiva. La empresa estadounidense ha transmitido un mensaje de calma a los docentes , las familias y los equipos de dirección, insistiendo en que la anomalía informática ha quedado plenamente contenida, que los niveles de seguridad siguen intactos y que los paneles interactivos pueden continuar utilizándose con total normalidad y confianza en el día a día.Actualmente, los técnicos continúan revisando minuciosamente los registros históricos y los mecanismos de control asociados a la plataforma global «para reforzar las medidas preventivas y evitar que una situación similar pueda repetirse».
La difusión masiva de una canción del artista puertorriqueño Bad Bunny en miles de pizarras digitales interactivas de los colegios andaluces no fue obra de ningún hacker o atacante informático. La Consejería de Desarrollo Educativo y Formación Profesional de la Junta de Andalucía, en … estrecha colaboración con la multinacional tecnológica Smart Technologies, ha arrojado luz sobre el insólito incidente que alteró por completo la rutina académica de cientos de colegios e institutos de la comunidad autónoma la semana pasada.
Las investigaciones técnicas oficiales han descartado de manera categórica la existencia de un hackeo o de una brecha de seguridad en la red educativa pública. En realidad, todo fue fruto de una coincidencia entre una actualización de software y la acción involuntaria de un usuario local legítimamente autorizado.
Inicialmente se temió que se hubiera vulnerado el acceso a las bases de datos de la administración autonómica, poniendo en riesgo expedientes, calificaciones o datos de carácter personal del alumnado y del cuerpo docente. Sin embargo, el informe forense digital elaborado por el propio proveedor del ecosistema tecnológico, Smart Technologies, ha desmontado cualquier teoría conspirativa o delictiva.
Un docente o un administrador del centro
Según detalla de forma pormenorizada el análisis técnico, el detonante de la incidencia es más simple de lo que parece. El origen está en la sustitución de la tradicional y estridente sirena de cambio de clase por fragmentos musicales más amables, a menudo seleccionados por votación de los propios estudiantes para incentivar un ambiente participativo. En este contexto, un usuario debidamente autorizado —un docente o administrador de sistemas de un centro educativo concreto— se disponía a programar el hilo musical para el cambio de hora, una tarea que venía desempeñando con total normalidad y de manera regular desde el pasado mes de abril. La canción elegida por los alumnos para ese periodo era un conocido tema de Bad Bunny.
El problema radicó en que, de manera paralela, la plataforma global que gestiona el software de las pantallas interactivas había recibido una actualización masiva de su sistema operativo pocas horas antes. Al ejecutar la orden para programar el audio, el sistema —debido a un desajuste imprevisto en la nueva versión— otorgó un «uso extendido» a esta función de mensajería sin que el operador humano fuera consciente de ello. De este modo, en lugar de emitir la canción en las pantallas de su propio colegio, la orden se propagó en cascada a través de la red general, enviando el archivo a todas y cada una de las pantallas digitales de los escolares.
Tanto la Junta como la empresa que gestiona el sistema descartan fallos de seguridad y niegan que la privacidad se pusiera en riesgo
Tanto la Junta de Andalucía como Smart Technologies han emitido sendos comunicados oficiales de prensa para aclarar la incidencia. Tras la exhaustiva revisión técnica llevada a cabo por los ingenieros de software, se ha corroborado que no se produjo ningún acceso externo no autorizado. Las autoridades han remarcado que no ha existido ninguna brecha de datos ni de seguridad, que los paneles interactivos jamás fueron objeto de manipulación maliciosa externa y que la incidencia en absoluto ha afectado a la integridad, la privacidad ni la seguridad operativa de los centros escolares.
La Consejería de Desarrollo Educativo ha querido hacer especial hincapié en la protección de la información confidencial, un asunto de extrema sensibilidad al tratarse de entornos de menores de edad. Ha destacado que no ha estado en riesgo la privacidad de dato alguno de los estudiantes, profesores o de las propias instituciones. Al tratarse de un error estrictamente operativo del software de distribución de contenidos de la propia marca proveedora, y no de una intrusión ilegítima en los servidores centrales de la Junta, las bases de datos académicas y los registros personales permanecieron blindados e inaccesibles en todo momento.
Por su parte, la multinacional Smart Technologies ha asumido la responsabilidad por el fallo derivado de su actualización y ha lamentado las molestias en el desarrollo ordinario de la jornada lectiva. La empresa estadounidense ha transmitido un mensaje de calma a los docentes, las familias y los equipos de dirección, insistiendo en que la anomalía informática ha quedado plenamente contenida, que los niveles de seguridad siguen intactos y que los paneles interactivos pueden continuar utilizándose con total normalidad y confianza en el día a día.
Actualmente, los técnicos continúan revisando minuciosamente los registros históricos y los mecanismos de control asociados a la plataforma global «para reforzar las medidas preventivas y evitar que una situación similar pueda repetirse».
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