Gianni Infantino (Suiza, 1970) salió en los periódicos a los pocos días de nacer. Y eso que ni mucho menos sus padres eran famosos. Originarios de Calabria (Italia), emigraron al país helvético por un futuro mejor. Él trabajaba en una línea de ferrocarriles y ella tenía un kiosko de prensa. Y Gianni nació el 23 de marzo con un problema de salud que requirió una urgente transfusión de sangre. Su grupo era poco común (RH nulo), por lo que solo unas decenas de personas en el mundo podían ayudarle. El hospital consiguió la predisposición de un inglés y una yugoslava, Milica Mucalica, a quien Infantino, 46 años después, localizó para agradecerle el vital gesto. Ese capítulo extraordinario une dos de las cualidades que le han llevado a presidir la FIFA: las casualidades y su condición de cosmopolita. Las otras, la audacia y su obsesión porque crezca el negocio.
La vida del presidente de la FIFA, más cuestionado que nunca por la medida de privatizar parte del Mundial que tuvo que descartar, ha estado marcada por su carácter político, las casualidades y su afán cosmopolita
Gianni Infantino (Suiza, 1970) salió en los periódicos a los pocos días de nacer. Y eso que ni mucho menos sus padres eran famosos. Originarios de Calabria (Italia), emigraron al país helvético por un futuro mejor. Él trabajaba en una línea de ferrocarriles y ella tenía un kiosko de prensa. Y Gianni nació el 23 de marzo con un problema de salud que requirió una urgente transfusión de sangre. Su grupo era poco común (RH nulo), por lo que solo unas decenas de personas en el mundo podían ayudarle. El hospital consiguió la predisposición de un inglés y una yugoslava, Milica Mucalica, a quien Infantino, 46 años después, localizó para agradecerle el vital gesto. Ese capítulo extraordinario une dos de las cualidades que le han llevado a presidir la FIFA: las casualidades y su condición de cosmopolita. Las otras, la audacia y su obsesión porque crezca el negocio.
“No es una persona que tenga aficiones. Su dedicación siempre fue el fútbol. Fíjate que está rodeado de jugadores”, explica uno de los dirigentes que más le conoce. “Trabaja 24 horas, es un entusiasta, tiene don de gentes”, añade.
En efecto, Infantino intentó ser jugador tras una infancia con dificultades (desveló que lo marginaban por ser pelirrojo, tener pecas y no hablar bien el idioma), pero no pasó de la quinta división suiza, por lo que la rama a la que se cogió fue la gestión y la política deportiva. Licenciado en Derecho por la Universidad de Friburgo, habla italiano (es seguidor del Inter de Milán y su periódico de cabecera es La Gazzetta dello Sport), alemán, francés, inglés, portugués, español y árabe.
El español, por ejemplo, lo pulió cuando hizo de becario en la Liga de Fútbol Profesional (LFP) bajo la presidencia de Antonio Baró. Era a finales de los años noventa. Por aquel entonces, ya era el presidente del CIES, un organismo que realizaba conferencias de fútbol por todo el mundo. Conocer España la abrió las puertas de la UEFA en el año 2000. Y en el 2001 se casó con otra persona clave en su vida, la libanesa con reminiscencias rusas Leena Al Ashqar, quien era la secretaria de la federación de su país. “Es una persona muy inteligente”, añaden.
Es de estos que se mete a la gente en el bolsillo muy rápido, siempre tiene una sonrisa”
La combinación de ramificaciones en la vida de Infantino no podía ser mayor. “Es un tío muy empático. De estos que se mete en el bolsillo a la gente muy rápido. Siempre tiene una sonrisa. Es cercano y se comporta cercano. De primeras no se le nota que hace teatro, sino que le gusta la gente y las masas. Y las distancias cortas. Cae bien”, explica otro de los dirigentes que, del 2016 al 2024, ha tenido que tratar asuntos en las altas esferas deportivas.
Dentro de la UEFA, y como “jurista excelente”, Infantino fue creciendo poco a poco hasta que en el 2009 se convirtió en secretario general. Su cara ya era conocida por aparecer en los sorteos de la Champions, pero él quería más. “Cuando pasó el escándalo de la FIFA con Joseph Blatter que arrastró a Platini, él vio la oportunidad de presentarse. Y ganó con amplía mayoría”, recuerdan. “Tiene mucha inteligencia emocional”, añaden. Y lo fotografían con un ejemplo. “Muchos no habrían aguantado un Mundial con Trump. Decían que se iba a vender, pero creo que se ha salido con la suya. Veremos cómo lo maneja el Comité Olímpico Internacional en los Juegos. Contuvo a Irán, mantiene buenas relaciones con Rusia y sabe abrazar a Qatar (allí reside con su familia) y a Arabia Saudí, que organizará el Mundial del 2034”, replica. “Él tiene claro el negocio y qué camino hay que coger. Si no traspasas ninguna línea roja o no topas con ninguno de sus objetivos, él te dirá que sí con una sonrisa”, añade.
Infantino es padre del Mundial de Clubs, de la idea de ampliar el Mundial a 48 selecciones, de proponer hacerlo cada dos años y ahora de privatizar una parte de los ingresos. Este último punto, unido a su trato enjabonado con Trump, han deteriorado más su imagen y ha hecho mella en los apoyos de organismos como la UEFA. “Cuando estaba él, había demasiados gallos en el mismo gallinero”, añade el dirigente. “Hay celos, luchas por el negocio, por eso cada uno marca su territorio. La UEFA tiene su gran producto, la Champions”. Curiosamente, Europa se ha ido quedando atrás y perdiendo peso en las grandes decisiones de la FIFA.
Infantino también genera runrún por su modo de vida a todo trapo, siempre conectado, con viajes por medio mundo, como ahora a Marruecos. “El Mundial será el mejor porque se celebra en el país más bonito, Marruecos”, dijo horas después de que 50.000 ciudadanos saltaran la valla de Ceuta para huir y venir a España. “Él ha hecho más grande a la FIFA, pero dicen que también se ha hecho más grande a sí mismo. Solo hace falta ver con quien se codea, con Trump, Putin, los qataríes… Conserva las amistades”.
Como en todo líder, “hay un ego detrás”, y este se aprecia también en Infantino. “Le gusta la popularidad. Ser el centro, que lo miren, lo saluden… Y él siempre te corresponde con atención, con una sonrisa. Es muy bueno en eso”.
Ahora, Infantino ha dado marcha atrás a su propuesta de privatizar parte del Mundial de Fútbol ante el rechazo de Europa, Asia y Norteamérica. La opinión pública considera que esta jugada en la que estaba de por medio el yerno de Trump podría costarle cara para ser reelegido en el 2027. Los que le conocen entienden que “se la sap llarga (se las sabe todas)” y que su aval es que cada federación tenga más recursos. Hasta Trump lo promociona como presidente de la ONU.
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