Hay veces –en el deporte, en la vida, en el amor, en los negocios…– en los que sobre el papel uno gana, pero con el tiempo se demuestra que en realidad ha perdido. Es lo que podría pasarle al líder de ultraderecha británico Nigel Farage, que ha conservado su escaño en la Cámara de los Comunes pero no ha evitado que se reanude la investigación parlamentaria sobre su posible financiación ilegal, ni ha logrado eliminar la sensación de estancamiento, de crisis, y de que su mejor momento es ya cosa del pasado.
Se reanuda la investigación parlamentaria sobre una posible financiación ilegal
Hay veces –en el deporte, en la vida, en el amor, en los negocios…– en los que sobre el papel uno gana, pero con el tiempo se demuestra que en realidad ha perdido. Es lo que podría pasarle al líder de ultraderecha británico Nigel Farage, que ha conservado su escaño en la Cámara de los Comunes pero no ha evitado que se reanude la investigación parlamentaria sobre su posible financiación ilegal, ni ha logrado eliminar la sensación de estancamiento, de crisis, y de que su mejor momento es ya cosa del pasado.
Farage forzó una elección especial en Clacton-on-Sea (la circunscripción que representa en la Cámara de los Comunes) para presentarse como la víctima del sistema y ganar una especie de referéndum. Pero ninguno de los grandes partidos decidió seguirle el juego, con lo cual el episodio se convirtió en una batalla surrealista del líder de Reforma UK contra una granjera local llamada Amy, un neonazi y una serie de personajes a cual más estrambótico, más propios de cómics que del planeta política. Aún así, solo sacó el 63% de los votos, por un 27% (casi uno de cada tres) de su principal rival, un viajero intergaláctico con la cabeza cubierta por un cubo de basura. Una clara mayoría, pero no precisamente como para lanzar cohetes.
Consciente de ello, Farage no estuvo a las seis de la madrugada en el Centro de Recreo de Clacton para ser proclamado vencedor, alegando la advertencia de un posible atentado contra su persona (cosa que la policía de Essex niega), y las felicitaciones en el estrado se las llevó el Conde Cubo de Basura (en realidad un cómico y guionista llamado Jon Harvey), que se tuvo que quitar el artilugio que hace de cabeza de su personaje para pasar el control de su seguridad y que el metal no hiciera sonar todas las alarmas.
Las alarmas sí suenan para Farage, que ha perdido el liderazgo en los sondeos de opinión de cara a las próximas elecciones generales (el Labour de Andy Burnham está empatado al 24% de apoyo con Reforma), y la derecha se halla totalmente fragmentada, con los conservadores recuperando terreno poco a poco y la aparición de una nueva formación abiertamente racista y xenófoba, Restore UK de Rupert Lowe.
La derecha británica se halla totalmente fragmentada entre los ‘tories’, Farage y el partido racista Restore
El verano pasado Farage controló por completo la agenda política, pero este agosto ha perdido la batuta y quien domina el escenario es el nuevo primer ministro, Andy Burnham, protagonista de una gira por el país al estilo de las de Theodore Roosevelt por EE.UU, conversando cara a cara con grupos de votantes e interesándose por sus preocupaciones.
En el trasfondo está la investigación sobre los casi seis millones de euros que recibió del magnate de las criptomonedas con residencia en Tailandia Christopher Harborne un año antes de presentarse al escaño por Clacton, y que él alega que no fue para financiar su campaña sino como recompensa por el Brexit y para gastárselo en lo que quisiera. También se le exigen explicaciones sobre fondos que le proporcionó George Cottrell, que cumplió ocho meses de cárcel por fraude en los Estados Unidos, para pagar una oficina y gastos informáticos.
Para un diputado, una investigación parlamentaria es como para un policía una de asuntos internos, o para un ciudadano de a pie una auditoría de Hacienda, algo que provoca enorme estrés y raramente acaba bien. En el caso de Farage, puede verse obligado a disputar una vez más su escaño, esta vez no por decisión propia y con participación de todos los partidos, incluido un Labour crecido. Ha demostrado que en Clacton tiene una base sólida de seguidores, pero lo tendría más difícil que contra el Conde Cara Cubo de Basura.
La elección se celebraría en el contexto de la subasta de quién es más ferozmente antiinmigración en que se ha convertido la política del Reino Unido. El Labour ha endurecido los plazos para obtener el permiso de residencia, los conservadores proponen impedir que los extranjeros puedan disfrutar de pisos de protección oficial, Reforma hace extensiva esa restricción a todos los subsidios y pondría el cerrojo a las fronteras del país, pero la palma se la lleva Restore, que asume la teoría del reemplazo y pondría en marcha la expulsión de británicos no blancos (ni siquiera considera como tal al rey Carlos III) y prohibiría los alimentos kosher y halal.
El líder de Reforma UK obtuvo un 63% de votos, frente al 27% del estrambótico Conde Cara Cubo de Basura
Fuera o no consecuencia del eclipse del día anterior, el Reino Unido vivió el viernes con la elección de Clacton una de las jornadas políticas más extrañas de su historia. Que Farage conservara su escaño no ha disipado las dudas sobre si Reforma y la ultraderecha tienen la entidad y organización suficientes para gobernar, o si van a ser eclipsados por el sistema.
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