Admitámoslo: a los culés nos interesa más un partido amistoso del Barça que tres partidos de la primera jornada oficial de Liga. El vínculo sentimental se impone al racional, y aunque en el Racing-Villarreal se marquen goles sensacionales (Sergio Martínez, Pepe), a nosotros nos interesa más regresar a la cuna de las tierras suizas, aunque sea con una temperatura de 32 grados. El partido amistoso es un formato que permite entrever cosas de los actores teóricamente secundarios (Xavi Espart, Hamza Abdelkarim, Jesse Bisiwu) y de los fichajes teóricamente rutilantes (Karim Adeyemi). Pero eso –lo sabemos por experiencia– no significa nada, aunque, inevitablemente, los goles de Bisiwu activarán la maquinaria de las expectativas y la imaginación de los expertos en hacer juegos de palabras con el apellido del jugador.
Admitámoslo: a los culés nos interesa más un partido amistoso del Barça que tres partidos de la primera jornada oficial de Liga. El vínculo sentimental se impone al racional, y aunque en el Racing-Villarreal se marquen goles sensacionales (Sergio Martínez, Pepe), a nosotros nos interesa más regresar a la cuna de las tierras suizas, aunque sea con una temperatura de 32 grados. El partido amistoso es un formato que permite entrever cosas de los actores teóricamente secundarios (Xavi Espart, Hamza Abdelkarim, Jesse Bisiwu) y de los fichajes teóricamente rutilantes (Karim Adeyemi). Pero eso –lo sabemos por experiencia– no significa nada, aunque, inevitablemente, los goles de Bisiwu activarán la maquinaria de las expectativas y la imaginación de los expertos en hacer juegos de palabras con el apellido del jugador.Seguir leyendo…
Admitámoslo: a los culés nos interesa más un partido amistoso del Barça que tres partidos de la primera jornada oficial de Liga. El vínculo sentimental se impone al racional, y aunque en el Racing-Villarreal se marquen goles sensacionales (Sergio Martínez, Pepe), a nosotros nos interesa más regresar a la cuna de las tierras suizas, aunque sea con una temperatura de 32 grados. El partido amistoso es un formato que permite entrever cosas de los actores teóricamente secundarios (Xavi Espart, Hamza Abdelkarim, Jesse Bisiwu) y de los fichajes teóricamente rutilantes (Karim Adeyemi). Pero eso –lo sabemos por experiencia– no significa nada, aunque, inevitablemente, los goles de Bisiwu activarán la maquinaria de las expectativas y la imaginación de los expertos en hacer juegos de palabras con el apellido del jugador.
El partido amistoso también deja tiempo para comentar el mercado de fichajes. Un mercado que por primera vez en mucho tiempo transmite una eficacia insólita. En este ámbito, la gestión de la comunicación es importante. Hace meses que el club parece haber aprendido a controlar los mensajes y a reducir los focos de filtraciones, y, de paso, a domar nuestra capacidad de indignación, curiosidad o sorpresa. Las consignas circulan con una fluidez que tiene que ver con los hábitos de consumo impuestos por las redes sociales: como no hay tiempo para el matiz, la inmediatez se antepone a la verdad. De manera que un simple esbozo de hipotética noticia puede fragmentarse hasta el infinito sin necesidad de comprobar su veracidad ni de pasar por “gargantas profundas” o peajes inconfesa-bles. Todo acaba siendo carne de (suspiro melancólico) notificación.
La victoria de Basilea permite llegar al trofeo Joan Gamper con una sonrisa
La victoria de Basilea permite afrontar el trofeo Joan Gamper con el viento de cola. Jugar contra el Al-Ahly de El Cairo amplía el repertorio de visitantes ilustres y, al mismo tiempo, confirma la dimensión globalizada del Barça en particular y del fútbol en general. A diferencia de otros años, en los que el delirio del calendario hizo que el Gamper fuera un estorbo, el de pasado mañana se podrá disfrutar con tranquilidad.
Es verdad que el trofeo ha cambiado. Los dos partidos del siglo pasado ya no se juegan, pero quiero pensar que sigue formando parte de nuestra liturgia iniciática. Para mí lo fue. El 22 y 23 de agosto de 1971, mi tío Pau me llevó al Camp Nou. Los cuatro equipos que participaban en el Gamper eran el Chacarita Juniors, el Bayern de Munich y BP Honved de Budapest. Como éramos comunistas, queríamos que ganara el Honved, pero también celebramos que ganara el Barça (gol de Rexach). Me gustaría recordar todo eso, pero la verdad es que lo he tenido que buscar porque solo recordaba el impacto del Camp Nou y un gol de Alfonseda. Ojalá el miércoles haya niños que se incorporen a la memoria culé.

El Gamper de entonces duraba dos días y tenías tiempo para iniciarte en la puñetera identidad culé sin tener que soportar las actuales estridencias del Camp Nou. Aquella identidad también evoluciona. Precisamente ayer, en L’Esportiu, Frank Bayer escribía una reflexión que los nuevos feligreses que, el día del Gamper, se incorporarán a la parroquia deberían tener en cuenta: “No se puede querer más a este club, porque en el Barça incluso los que quieren destruirte están convencidos de que son los únicos que saben salvarte”.
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