Mariska Hargitay tiene una cicatriz diminuta en la frente que es casi indetectable. Se la hizo en 1967 cuando tenía 3 años y el coche en el que iba se estrelló contra un camión en una carretera de Louisiana. Se convirtió en historia (negra) de Hollywood. Su madre era Jayne Mansfield, icono sexual de la época y la “rubia tonta más lista” de la industria, que murió en el accidente junto al chófer y a su amante. Mariska y sus dos hermanos Mickey y Zoltán, sentados en los asientos traseros, sobrevivieron.
La actriz que lleva más años en el primetime de los Estados Unidos presentará los premios Emmy para coronar su madura sinceridad
Mariska Hargitay tiene una cicatriz diminuta en la frente que es casi indetectable. Se la hizo en 1967 cuando tenía 3 años y el coche en el que iba se estrelló contra un camión en una carretera de Louisiana. Se convirtió en historia (negra) de Hollywood. Su madre era Jayne Mansfield, icono sexual de la época y la “rubia tonta más lista” de la industria, que murió en el accidente junto al chófer y a su amante. Mariska y sus dos hermanos Mickey y Zoltán, sentados en los asientos traseros, sobrevivieron.
32 años después, el productor Dick Wolf, le dio el papel que la convertiría en estrella por derecho propio: el de Olivia Benson en Ley y orden: Unidad de víctimas especiales. Ahora, cuando tiene 62 años, la industria se ha puesto de acuerdo: toca celebrar una hija de Hollywood y de la televisión americana.

La excusa es el inesperado trabajo de Hargitay como presentadora de los Emmys, que se celebran el 14 de septiembre en el Peacock Theater de Los Ángeles. Es un papel que se suele reservar para cómicos experimentados pero Hargitay, en plena campaña de premios por My mom Jayne, el documental de HBO por el que opta al Emmy a la mejor dirección y al mejor documental, transformó la narrativa alrededor de su persona.
La clave no fue revelar delante de las cámaras un secreto que había conocido de adulta: que Mickey Hargitay, el hombre que la había criado, no era su padre biológico sino Nelson Sardelli, un showman de Las Vegas con el que su madre había tenido una relación.

Si la actriz trascendió la simple promoción fue por cómo su madura sinceridad caló entre el público, unió las distintas piezas que configuran su imagen pública y las descubrió a una nueva generación, en parte ayudada por referentes más jóvenes como la comunicadora Alex Cooper, que la invitó al podcast Call her Daddy.
Las piezas no son minucias. Es hija de una estrella del Hollywood clásico. Es la actriz que más años ha pasado en el primetime de Estados Unidos con un mismo personaje: el de Olivia Benson, que interpreta desde hace 27 años y donde pronto cumplirá los 600 episodios. Es la cara visible del activismo por la víctimas de la violencia sexual, a quienes ayuda a través de su fundación Joyful Heart: ella misma sufrió la agresión de un hombre que era su amigo.

Es referente y amiga de Taylor Swift, que la invitó a su boda, después de conocerse en el rodaje del videoclip Bad Blood. Y en 2006 ya ganó el Emmy a la mejor actriz dramática por un episodio de la séptima temporada de Ley y orden: UVE, que el canal NBC volverá a emitir en septiembre en un especial con sus mejores interpretaciones.
En la próxima ceremonia de premios, aprovechando este renacimiento y consagración públicos, podrá demostrar su vis cómica como presentadora. Y es que ella, antes de ser una estrella vinculada al drama y al trauma, solo quería ser actriz de comedia. Incluso hizo el casting para ser Elaine de Seinfeld y Monica de Friends, los personajes que recayeron en Julia Louis-Dreyfus y Courteney Cox. Las vueltas que da la vida.
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