Este, aunque parezca raro y casi imposible, es otro artículo sobre el Balón de Oro. Sí, claro, el que faltaba. Se preguntarán cómo han podido conciliar el sueño sin esta opinión. Dirán que aún falta más de un mes para el 26 de octubre, cuando se entrega “el dichoso Balón”. Pero permítanme el descaro, que estoy empezando. A ver si el algoritmo me lanza.
Este, aunque parezca raro y casi imposible, es otro artículo sobre el Balón de Oro. Sí, claro, el que faltaba. Se preguntarán cómo han podido conciliar el sueño sin esta opinión. Dirán que aún falta más de un mes para el 26 de octubre, cuando se entrega “el dichoso Balón”. Pero permítanme el descaro, que estoy empezando. A ver si el algoritmo me lanza.Seguir leyendo…
Este, aunque parezca raro y casi imposible, es otro artículo sobre el Balón de Oro. Sí, claro, el que faltaba. Se preguntarán cómo han podido conciliar el sueño sin esta opinión. Dirán que aún falta más de un mes para el 26 de octubre, cuando se entrega “el dichoso Balón”. Pero permítanme el descaro, que estoy empezando. A ver si el algoritmo me lanza.
Además, vengo a recordar algunas cosas que no se pueden pasar por alto. La primera es que el artículo 3 del reglamento del galardón establece un criterio clarísimo e indica a los miembros del jurado que el periodo de referencia es “la totalidad de la pasada temporada, desde el 3 de agosto del 2025 hasta el 19 de julio del 2026”. Por lo que lo que está pasando desde agosto ya no vale. O mejor dicho, entra para los méritos del trofeo del año que viene.
El otro problema es que para resumir y hacer balances pensamos mucho en los que están y caemos en la tentación de olvidarnos de los que no están. Sin embargo, muchas veces las ausencias pesan más que las presencias, igual que lo que uno calla suele ser más valioso que lo que se explica. Que se eche de menos a alguien cuando falta dice más de su importancia de lo que pensamos cuando él se encuentra con nosotros. Y también al revés. El ejemplo para lo primero es Raphinha. El paradigma de lo segundo es Mbappé, que se fue del PSG y los parisinos han ganado dos Champions seguidas.
El caso de Raphinha es digno de estudio porque ha cambiado las opiniones con hechos. El brasileño solo perdió dos partidos con el Barcelona en toda la temporada pasada. En Stamford Bridge contra el Chelsea no fue titular y entró en el campo cuando el marcador ya estaba 2-0 para los londinenses, que aún harían el tercero. En Montilivi también andaba renqueante, salió de inicio y cedió un penalti a Lamine Yamal que el canterano mandó al poste. Se fue con 1-1, y el Girona terminó ganando.
Con él en el césped conquistó la Supercopa, casi se remonta al Atlético en la Copa, se goleó al Newcastle 7-2 y se ganó el clásico del Camp Nou para celebrar la Liga. Sin él, el Barça cayó frente al PSG, en el Bernabéu y 4-0 en el Metropolitano. Además, Flick no pudo contar con él en toda la eliminatoria de cuartos de la Champions. Los blaugrana no la superaron.
Pero hay más. Vino el Mundial y Raphinha fue titular en los dos primeros partidos de Brasil, pero en el segundo, frente a Haití, se lesionó en el minuto 40. La canarinha se fue a casa en octavos. El delantero jugó menos de lo habitual, y eso le ha penalizado. Le ha dejado fuera de los aspirantes al Balón de Oro cuando precisamente eso es lo que le convierte en determinante. Sus vacíos son agujeros negros para sus equipos. Es imprescindible, le voten o no.
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