El arzobispo de Valladolid, Luis Argüello, ha reclamado que las comuniones sean celebraciones «sencillas» y no se conviertan en «mini-bodas», a la vez que resalta que este sacramento para la comunidad cristiana es un signo de caridad y solidaridad con los demás, informa Ical.Argüello, en la Pastoral correspondiente a la primera quincena del mes de octubre, profundiza en la Catequesis, uno de los asuntos que será objeto de discernimiento en la Asamblea Diocesana convocada bajo el lema ‘Sal y anuncia la alegría, en comunión’.El prelado vallisoletano pone de manifiesto la importancia de este sacramento y recalca que es muy Por eso es muy importante que hagamos celebraciones sencillas, de manera que la forma de celebrar la Primera Comunión no se convierta en «un antisigno: un antisigno de la cruz, un antisigno de la caridad y un antisigno de la solidaridad con los demás». No obstante, Argüello asegura que es «legítimo» hacer fiestas, pero apunta: ¡Qué bien si fuese una fiesta de la familia y de las familias de la comunidad cristiana! El principal regalo, el regalo más importante que los hijos el día de su Primera Comunión, es recibir a Jesucristo».Al mismo tiempo, el arzobispo lamenta que el regalo de «recibir a Dios» quede «sepultado bajo otros regalos, bajo una fiesta desmedida, convirtiendo la celebración de nuestras primeras comuniones en una especie de «mini-boda» que puede desvirtuar el significado profundo de lo que estamos celebrando.En este sentido, indica que cuando se incorpora a los niños a la Eucaristía del Domingo hay que preguntarse a qué estamos iniciándolos. «¿A la vida cristiana? ¿A la vida de la Iglesia? ¿A la vida del amor fraterno? ¿O, con nuestra manera de celebrar este Sacramento, quizás estamos iniciándolos solamente en la fiesta, en el consumo y en los regalos? ¿Cómo extrañarnos entonces de que, al domingo siguiente de la celebración de las primeras comuniones, muchas familias y muchos niños ya no aparezcan?», asegura.En la Pastoral, Argüello reconoce su alegría por el hecho de muchas familias quieran presentar a sus hijos a la iniciación cristiana, pero reclama «un esfuerzo entre todos: las familias, las comunidades cristianas, los catequistas y la Diócesis en su conjunto. Hemos de procurar que el significado de la iniciación cristiana y, de una manera especial, de la Primera Comunión, brille en nuestras comunidades parroquiales como un instrumento importante para la renovación de la vida cristiana». El arzobispo de Valladolid, Luis Argüello, ha reclamado que las comuniones sean celebraciones «sencillas» y no se conviertan en «mini-bodas», a la vez que resalta que este sacramento para la comunidad cristiana es un signo de caridad y solidaridad con los demás, informa Ical.Argüello, en la Pastoral correspondiente a la primera quincena del mes de octubre, profundiza en la Catequesis, uno de los asuntos que será objeto de discernimiento en la Asamblea Diocesana convocada bajo el lema ‘Sal y anuncia la alegría, en comunión’.El prelado vallisoletano pone de manifiesto la importancia de este sacramento y recalca que es muy Por eso es muy importante que hagamos celebraciones sencillas, de manera que la forma de celebrar la Primera Comunión no se convierta en «un antisigno: un antisigno de la cruz, un antisigno de la caridad y un antisigno de la solidaridad con los demás». No obstante, Argüello asegura que es «legítimo» hacer fiestas, pero apunta: ¡Qué bien si fuese una fiesta de la familia y de las familias de la comunidad cristiana! El principal regalo, el regalo más importante que los hijos el día de su Primera Comunión, es recibir a Jesucristo».Al mismo tiempo, el arzobispo lamenta que el regalo de «recibir a Dios» quede «sepultado bajo otros regalos, bajo una fiesta desmedida, convirtiendo la celebración de nuestras primeras comuniones en una especie de «mini-boda» que puede desvirtuar el significado profundo de lo que estamos celebrando.En este sentido, indica que cuando se incorpora a los niños a la Eucaristía del Domingo hay que preguntarse a qué estamos iniciándolos. «¿A la vida cristiana? ¿A la vida de la Iglesia? ¿A la vida del amor fraterno? ¿O, con nuestra manera de celebrar este Sacramento, quizás estamos iniciándolos solamente en la fiesta, en el consumo y en los regalos? ¿Cómo extrañarnos entonces de que, al domingo siguiente de la celebración de las primeras comuniones, muchas familias y muchos niños ya no aparezcan?», asegura.En la Pastoral, Argüello reconoce su alegría por el hecho de muchas familias quieran presentar a sus hijos a la iniciación cristiana, pero reclama «un esfuerzo entre todos: las familias, las comunidades cristianas, los catequistas y la Diócesis en su conjunto. Hemos de procurar que el significado de la iniciación cristiana y, de una manera especial, de la Primera Comunión, brille en nuestras comunidades parroquiales como un instrumento importante para la renovación de la vida cristiana».
El arzobispo de Valladolid, Luis Argüello, ha reclamado que las comuniones sean celebraciones «sencillas» y no se conviertan en «mini-bodas», a la vez que resalta que este sacramento para la comunidad cristiana es un signo de caridad y solidaridad con los demás, informa Ical.
Argüello, en la Pastoral correspondiente a la primera quincena del mes de octubre, profundiza en la Catequesis, uno de los asuntos que será objeto de discernimiento en la Asamblea Diocesana convocada bajo el lema ‘Sal y anuncia la alegría, en comunión’.
El prelado vallisoletano pone de manifiesto la importancia de este sacramento y recalca que es muy Por eso es muy importante que hagamos celebraciones sencillas, de manera que la forma de celebrar la Primera Comunión no se convierta en «un antisigno: un antisigno de la cruz, un antisigno de la caridad y un antisigno de la solidaridad con los demás». No obstante, Argüello asegura que es «legítimo» hacer fiestas, pero apunta: ¡Qué bien si fuese una fiesta de la familia y de las familias de la comunidad cristiana! El principal regalo, el regalo más importante que los hijos el día de su Primera Comunión, es recibir a Jesucristo».
Al mismo tiempo, el arzobispo lamenta que el regalo de «recibir a Dios» quede «sepultado bajo otros regalos, bajo una fiesta desmedida, convirtiendo la celebración de nuestras primeras comuniones en una especie de «mini-boda» que puede desvirtuar el significado profundo de lo que estamos celebrando.
En este sentido, indica que cuando se incorpora a los niños a la Eucaristía del Domingo hay que preguntarse a qué estamos iniciándolos. «¿A la vida cristiana? ¿A la vida de la Iglesia? ¿A la vida del amor fraterno? ¿O, con nuestra manera de celebrar este Sacramento, quizás estamos iniciándolos solamente en la fiesta, en el consumo y en los regalos? ¿Cómo extrañarnos entonces de que, al domingo siguiente de la celebración de las primeras comuniones, muchas familias y muchos niños ya no aparezcan?», asegura.
En la Pastoral, Argüello reconoce su alegría por el hecho de muchas familias quieran presentar a sus hijos a la iniciación cristiana, pero reclama «un esfuerzo entre todos: las familias, las comunidades cristianas, los catequistas y la Diócesis en su conjunto. Hemos de procurar que el significado de la iniciación cristiana y, de una manera especial, de la Primera Comunión, brille en nuestras comunidades parroquiales como un instrumento importante para la renovación de la vida cristiana».
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