En el sobrio Gran Salón del Palacio Presidencial de Helsinki, a orillas de un mar Báltico que ha dejado de ser una autopista comercial pacífica para convertirse en el epicentro de la nueva disuasión occidental, Don Felipe ha pronunciado este martes las palabras que definen la arquitectura doctrinal de la visita de Estado de los Reyes a Finlandia: «Españoles y finlandeses somos frontera exterior de la UE. No digo ‘fronteras’ —en plural— sino ‘frontera’. Nuestra frontera es una y la misma para todos los ciudadanos de la Unión».Ha sido el mensaje central y rotundo de un discurso articulado sobre la firmeza estratégica, pronunciado durante la cena de gala ofrecida por el presidente Alexander Stubb y su esposa, Suzanne Innes-Stubb. En un momento de máxima zozobra geopolítica en el norte de Europa, Felipe VI ha fijado la posición de España no como la de un socio periférico y distante del flanco oriental, sino como la de un aliado consciente de que la seguridad de las naciones democráticas es indivisible.El concepto de la «seguridad de 360 grados», que sitúa en el mismo plano de prioridad la vigilancia del Círculo Polar Ártico ante la presión del Kremlin y la protección del flanco sur mediterráneo —con Ceuta y Melilla como avanzadas de la divisoria europea—, quedó bendecido tanto por la Corona como por la Jefatura del Estado finlandesa. Stubb, referente del liberalismo nórdico y profundo conocedor de los equilibrios internacionales, ya había reconocido horas antes a micrófono abierto que la estabilidad del «sur de España» exige exactamente el mismo compromiso defensivo, los mismos recursos e idéntica solidaridad que la custodia del noreste europeo. Stubb empatizó con la defensa común y solidaridad entre aliados que requieren las diferentes amenazas.El presidente finlandés ha repetido la idea esta noche en el brindis previo a la cena de gala, donde ha mostrado directamente su solidaridad con España tras el asalto masivo a la frontera de Ceuta a finales de julio. Stubb ha recordado que su país ha sufrido también «la instrumentalización de la migración por parte de Rusia». «Las situaciones difieren, pero las lecciones son similares», ha reconocido sobre un asunto que, ha sostenido, afecta a «nuestra humanidad compartida» pero también «desafían nuestra seguridad nacional y europea».Con ello, ha compartido la línea argumental del Rey reconociendo que «ningún Estado miembro debería verse nunca solo enfrentando una presión que en última instancia concierne a todos los europeos». «La conclusión es clara: ya no hay más vuestros desafíos y nuestros desafíos, hay solo desafíos europeos comunes», ha proclamado sellando el nexo entre todos los flancos de la Alianza.«En seguridad y defensa debemos actuar con convicción y con una visión de 360 grados», enfatizó por su parte Felipe VI ante las delegaciones de ambos países. Para respaldar con hechos las palabras, el Rey ha enumerado el peso operativo que las Fuerzas Armadas españolas sostienen en el flanco este de la Alianza Atlántica: desde la presencia en los batallones multinacionales de Letonia, Eslovaquia y Rumanía; hasta la contribución activa a la policía aérea del Báltico (desde Estonia o Lituania, según la rotación) y del Mar Negro, la protección del flanco norte en Islandia o las maniobras conjuntas desarrolladas en las heladas latitudes del Ártico. Se trata de una huella —solidaridad al fin y al cabo— militar ineludible que avala la legitimidad de España para exigir la misma reciprocidad ante las tensiones del Norte de África.Con la finura diplomática que caracteriza sus intervenciones internacionales, Don Felipe ha trufado su alocución defensiva con evocaciones históricas y literarias. Ha rescatado la figura del escritor granadino Ángel Ganivet, cónsul de España en Helsinki a finales del siglo XIX, quien en sus celebérrimas Cartas finlandesas confesó hallar en las geografías nórdicas destellos de su tierra natal: «El bosque me recuerda la Alhambra. El mar helado me hace pensar en nuestra Vega». De aquella intuición ‘ganivetiana’ se sirve hoy la diplomacia española para proclamar que, a pesar de los miles de kilómetros de distancia, España y Finlandia se reconocen en un espejo de valores democráticos, orden multilateral y rigor institucional.Recordando el 40º aniversario de la adhesión de España a la Unión Europea y las tres décadas de membresía de Finlandia —país que desde 2023 forma parte del club de la OTAN—, el Rey ha apelado a la necesidad imperiosa de erigir una «Europa fuerte y decidida; resiliente y con capacidad de acción», capaz de no quedar a merced de decisiones ajenas ni en el tablero de la defensa convencional ni en el de la hegemonía tecnológica. El presidente finlandés ha ahondado en este mensaje de seguridad conjunta europea. «Son nuestros desafíos», ha proclamado.Todo en una mesa con un menú con acento finlandés: sopa de alcachofa, puré de hinojo, alce ligeramente salado sobre brioche, crema de boletus y aceite de bayas de enebro, filete de lucioperca asado, salsa de mantequilla ahumada, savarin de manzana con compota de manzana y helado de leche de avena y sopa de mora ártica.La primera jornada del viaje de Estado —con marcada agenda institucional y geopolítica— había comenzado horas antes bajo un sol propio del ‘veroño’ nórdico. Don Felipe y Doña Letizia fueron recibidos con honores militares por el matrimonio Stubb en el Palacio Presidencial. Tras escuchar las marchas solemnes y revistar a la guardia de honor, las delegaciones mantuvieron un encuentro bilateral de casi media hora. En la comitiva española destacó —ya sí— la incorporación del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, quien tuvo que posponer su vuelo a Helsinki debido a la celebración del Consejo de Ministros extraordinario en Madrid que aprobó el adelanto electoral.La Reina, en una escuela bilingüeMientras la diplomacia y la defensa monopolizaban la agenda del Rey, la Reina Letizia, acompañada por la primera dama Suzanne Innes-Stubb, centró sus actividades en la vertiente cultural y educativa mediante una visita a la escuela de Käpylä. Este centro público, paradigma de la expansión del idioma español en el país nórdico, alberga a 150 alumnos en su sección bilingüe y cuenta con medio millar de estudiantes que han elegido la lengua cervantina como primera opción extranjera. Don Felipe ha destacado explícitamente en su discurso nocturno este empuje cultural como uno de los cimientos invisibles que vertebran la afinidad entre ambos pueblos.El vector económico del viaje tuvo su plato fuerte a primera hora de la tarde en el emblemático Finlandia Hall, tras el almuerzo de trabajo ofrecido por el alcalde capitalino, Daniel Sazonov. Don Felipe presidió un foro empresarial de alto nivel centrado en las tres disciplinas que dictarán la soberanía industrial europea del siglo XXI: la inteligencia artificial, la computación cuántica y los semiconductores.Ante los principales directivos e investigadores del ecosistema tecnológico finés y español, el Rey reclamó acelerar la autonomía estratégica de la Unión Europea para erradicar las dependencias de terceros países. Como remarcó en el discurso de la cena de gala, la casa común europea debe ganar en productividad, conectividad e innovación para evitar que el acervo ético y político de los Veintisiete quede desarmado ante la competencia global.El punto culminante de la dimensión defensiva de este viaje de Estado se escenificará este miércoles con el desplazamiento del Rey y el presidente Stubb a Laponia, verdadera vanguardia de la OTAN frente al desafío militar de Moscú. Allí visitarán la sede del Museo del Ártico (Arktikum) antes de adentrarse en las instalaciones tácticas del Ala de Laponia de la Fuerza Aérea finlandesa —dotada con cazas F-18 e inmersa en la transición hacia los F-35 de quinta generación— y la prestigiosa Brigada terrestre Jaeger, a la cual se sumarán Tropas de Montaña española una vez tomada la decisión. Militares del Mando de Operaciones Especiales también podrán participar en maniobras si así se determina.La Brigada Jaeger es una unidad de élite finlandesa que custodia más de 350 kilómetros de frontera directa con la Rusia de Putin —de los más de 1.300 kilómetros de frontera total que separan a Finlandia del territorio ruso— y constituye la columna vertebral sobre la que la OTAN articula su Presencia Terrestre Avanzada en el Círculo Polar. Será en este entorno de extrema exigencia operativa donde se despliegue próximamente el citado contingente del Ejército de Tierra español, dando cumplimiento a los compromisos asumidos en la Cumbre de la Alianza Atlántica celebrada en Ankara el pasado mes de julio.El seminario académico de la Universidad de Laponia que cerrará la visita explorará precisamente las interconexiones estratégicas entre la seguridad del Ártico y la del Mediterráneo, cerrando un círculo geopolítico impecable. Como broche de su alocución en el palacio presidencial, Don Felipe recurrió al célebre arquitecto finés Alvar Aalto para resumir el desafío que aguarda al continente: «Tenemos que hacer casas que crezcan». Esa vivienda en continua expansión e imperiosa protección, concluyó Don Felipe con una copa en alto y un cálido «kippis!» entonado en la lengua local, no es otra que la Unión Europea. En el sobrio Gran Salón del Palacio Presidencial de Helsinki, a orillas de un mar Báltico que ha dejado de ser una autopista comercial pacífica para convertirse en el epicentro de la nueva disuasión occidental, Don Felipe ha pronunciado este martes las palabras que definen la arquitectura doctrinal de la visita de Estado de los Reyes a Finlandia: «Españoles y finlandeses somos frontera exterior de la UE. No digo ‘fronteras’ —en plural— sino ‘frontera’. Nuestra frontera es una y la misma para todos los ciudadanos de la Unión».Ha sido el mensaje central y rotundo de un discurso articulado sobre la firmeza estratégica, pronunciado durante la cena de gala ofrecida por el presidente Alexander Stubb y su esposa, Suzanne Innes-Stubb. En un momento de máxima zozobra geopolítica en el norte de Europa, Felipe VI ha fijado la posición de España no como la de un socio periférico y distante del flanco oriental, sino como la de un aliado consciente de que la seguridad de las naciones democráticas es indivisible.El concepto de la «seguridad de 360 grados», que sitúa en el mismo plano de prioridad la vigilancia del Círculo Polar Ártico ante la presión del Kremlin y la protección del flanco sur mediterráneo —con Ceuta y Melilla como avanzadas de la divisoria europea—, quedó bendecido tanto por la Corona como por la Jefatura del Estado finlandesa. Stubb, referente del liberalismo nórdico y profundo conocedor de los equilibrios internacionales, ya había reconocido horas antes a micrófono abierto que la estabilidad del «sur de España» exige exactamente el mismo compromiso defensivo, los mismos recursos e idéntica solidaridad que la custodia del noreste europeo. Stubb empatizó con la defensa común y solidaridad entre aliados que requieren las diferentes amenazas.El presidente finlandés ha repetido la idea esta noche en el brindis previo a la cena de gala, donde ha mostrado directamente su solidaridad con España tras el asalto masivo a la frontera de Ceuta a finales de julio. Stubb ha recordado que su país ha sufrido también «la instrumentalización de la migración por parte de Rusia». «Las situaciones difieren, pero las lecciones son similares», ha reconocido sobre un asunto que, ha sostenido, afecta a «nuestra humanidad compartida» pero también «desafían nuestra seguridad nacional y europea».Con ello, ha compartido la línea argumental del Rey reconociendo que «ningún Estado miembro debería verse nunca solo enfrentando una presión que en última instancia concierne a todos los europeos». «La conclusión es clara: ya no hay más vuestros desafíos y nuestros desafíos, hay solo desafíos europeos comunes», ha proclamado sellando el nexo entre todos los flancos de la Alianza.«En seguridad y defensa debemos actuar con convicción y con una visión de 360 grados», enfatizó por su parte Felipe VI ante las delegaciones de ambos países. Para respaldar con hechos las palabras, el Rey ha enumerado el peso operativo que las Fuerzas Armadas españolas sostienen en el flanco este de la Alianza Atlántica: desde la presencia en los batallones multinacionales de Letonia, Eslovaquia y Rumanía; hasta la contribución activa a la policía aérea del Báltico (desde Estonia o Lituania, según la rotación) y del Mar Negro, la protección del flanco norte en Islandia o las maniobras conjuntas desarrolladas en las heladas latitudes del Ártico. Se trata de una huella —solidaridad al fin y al cabo— militar ineludible que avala la legitimidad de España para exigir la misma reciprocidad ante las tensiones del Norte de África.Con la finura diplomática que caracteriza sus intervenciones internacionales, Don Felipe ha trufado su alocución defensiva con evocaciones históricas y literarias. Ha rescatado la figura del escritor granadino Ángel Ganivet, cónsul de España en Helsinki a finales del siglo XIX, quien en sus celebérrimas Cartas finlandesas confesó hallar en las geografías nórdicas destellos de su tierra natal: «El bosque me recuerda la Alhambra. El mar helado me hace pensar en nuestra Vega». De aquella intuición ‘ganivetiana’ se sirve hoy la diplomacia española para proclamar que, a pesar de los miles de kilómetros de distancia, España y Finlandia se reconocen en un espejo de valores democráticos, orden multilateral y rigor institucional.Recordando el 40º aniversario de la adhesión de España a la Unión Europea y las tres décadas de membresía de Finlandia —país que desde 2023 forma parte del club de la OTAN—, el Rey ha apelado a la necesidad imperiosa de erigir una «Europa fuerte y decidida; resiliente y con capacidad de acción», capaz de no quedar a merced de decisiones ajenas ni en el tablero de la defensa convencional ni en el de la hegemonía tecnológica. El presidente finlandés ha ahondado en este mensaje de seguridad conjunta europea. «Son nuestros desafíos», ha proclamado.Todo en una mesa con un menú con acento finlandés: sopa de alcachofa, puré de hinojo, alce ligeramente salado sobre brioche, crema de boletus y aceite de bayas de enebro, filete de lucioperca asado, salsa de mantequilla ahumada, savarin de manzana con compota de manzana y helado de leche de avena y sopa de mora ártica.La primera jornada del viaje de Estado —con marcada agenda institucional y geopolítica— había comenzado horas antes bajo un sol propio del ‘veroño’ nórdico. Don Felipe y Doña Letizia fueron recibidos con honores militares por el matrimonio Stubb en el Palacio Presidencial. Tras escuchar las marchas solemnes y revistar a la guardia de honor, las delegaciones mantuvieron un encuentro bilateral de casi media hora. En la comitiva española destacó —ya sí— la incorporación del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, quien tuvo que posponer su vuelo a Helsinki debido a la celebración del Consejo de Ministros extraordinario en Madrid que aprobó el adelanto electoral.La Reina, en una escuela bilingüeMientras la diplomacia y la defensa monopolizaban la agenda del Rey, la Reina Letizia, acompañada por la primera dama Suzanne Innes-Stubb, centró sus actividades en la vertiente cultural y educativa mediante una visita a la escuela de Käpylä. Este centro público, paradigma de la expansión del idioma español en el país nórdico, alberga a 150 alumnos en su sección bilingüe y cuenta con medio millar de estudiantes que han elegido la lengua cervantina como primera opción extranjera. Don Felipe ha destacado explícitamente en su discurso nocturno este empuje cultural como uno de los cimientos invisibles que vertebran la afinidad entre ambos pueblos.El vector económico del viaje tuvo su plato fuerte a primera hora de la tarde en el emblemático Finlandia Hall, tras el almuerzo de trabajo ofrecido por el alcalde capitalino, Daniel Sazonov. Don Felipe presidió un foro empresarial de alto nivel centrado en las tres disciplinas que dictarán la soberanía industrial europea del siglo XXI: la inteligencia artificial, la computación cuántica y los semiconductores.Ante los principales directivos e investigadores del ecosistema tecnológico finés y español, el Rey reclamó acelerar la autonomía estratégica de la Unión Europea para erradicar las dependencias de terceros países. Como remarcó en el discurso de la cena de gala, la casa común europea debe ganar en productividad, conectividad e innovación para evitar que el acervo ético y político de los Veintisiete quede desarmado ante la competencia global.El punto culminante de la dimensión defensiva de este viaje de Estado se escenificará este miércoles con el desplazamiento del Rey y el presidente Stubb a Laponia, verdadera vanguardia de la OTAN frente al desafío militar de Moscú. Allí visitarán la sede del Museo del Ártico (Arktikum) antes de adentrarse en las instalaciones tácticas del Ala de Laponia de la Fuerza Aérea finlandesa —dotada con cazas F-18 e inmersa en la transición hacia los F-35 de quinta generación— y la prestigiosa Brigada terrestre Jaeger, a la cual se sumarán Tropas de Montaña española una vez tomada la decisión. Militares del Mando de Operaciones Especiales también podrán participar en maniobras si así se determina.La Brigada Jaeger es una unidad de élite finlandesa que custodia más de 350 kilómetros de frontera directa con la Rusia de Putin —de los más de 1.300 kilómetros de frontera total que separan a Finlandia del territorio ruso— y constituye la columna vertebral sobre la que la OTAN articula su Presencia Terrestre Avanzada en el Círculo Polar. Será en este entorno de extrema exigencia operativa donde se despliegue próximamente el citado contingente del Ejército de Tierra español, dando cumplimiento a los compromisos asumidos en la Cumbre de la Alianza Atlántica celebrada en Ankara el pasado mes de julio.El seminario académico de la Universidad de Laponia que cerrará la visita explorará precisamente las interconexiones estratégicas entre la seguridad del Ártico y la del Mediterráneo, cerrando un círculo geopolítico impecable. Como broche de su alocución en el palacio presidencial, Don Felipe recurrió al célebre arquitecto finés Alvar Aalto para resumir el desafío que aguarda al continente: «Tenemos que hacer casas que crezcan». Esa vivienda en continua expansión e imperiosa protección, concluyó Don Felipe con una copa en alto y un cálido «kippis!» entonado en la lengua local, no es otra que la Unión Europea.
En el sobrio Gran Salón del Palacio Presidencial de Helsinki, a orillas de un mar Báltico que ha dejado de ser una autopista comercial pacífica para convertirse en el epicentro de la nueva disuasión occidental, Don Felipe ha pronunciado este martes las palabras que definen … la arquitectura doctrinal de la visita de Estado de los Reyes a Finlandia: «Españoles y finlandeses somos frontera exterior de la UE. No digo ‘fronteras’ —en plural— sino ‘frontera’. Nuestra frontera es una y la misma para todos los ciudadanos de la Unión».
Ha sido el mensaje central y rotundo de un discurso articulado sobre la firmeza estratégica, pronunciado durante la cena de gala ofrecida por el presidente Alexander Stubb y su esposa, Suzanne Innes-Stubb. En un momento de máxima zozobra geopolítica en el norte de Europa, Felipe VI ha fijado la posición de España no como la de un socio periférico y distante del flanco oriental, sino como la de un aliado consciente de que la seguridad de las naciones democráticas es indivisible.
El concepto de la «seguridad de 360 grados», que sitúa en el mismo plano de prioridad la vigilancia del Círculo Polar Ártico ante la presión del Kremlin y la protección del flanco sur mediterráneo —con Ceuta y Melilla como avanzadas de la divisoria europea—, quedó bendecido tanto por la Corona como por la Jefatura del Estado finlandesa. Stubb, referente del liberalismo nórdico y profundo conocedor de los equilibrios internacionales, ya había reconocido horas antes a micrófono abierto que la estabilidad del «sur de España» exige exactamente el mismo compromiso defensivo, los mismos recursos e idéntica solidaridad que la custodia del noreste europeo. Stubb empatizó con la defensa común y solidaridad entre aliados que requieren las diferentes amenazas.
El presidente finlandés ha repetido la idea esta noche en el brindis previo a la cena de gala, donde ha mostrado directamente su solidaridad con España tras el asalto masivo a la frontera de Ceuta a finales de julio. Stubb ha recordado que su país ha sufrido también «la instrumentalización de la migración por parte de Rusia». «Las situaciones difieren, pero las lecciones son similares», ha reconocido sobre un asunto que, ha sostenido, afecta a «nuestra humanidad compartida» pero también «desafían nuestra seguridad nacional y europea».
Con ello, ha compartido la línea argumental del Rey reconociendo que «ningún Estado miembro debería verse nunca solo enfrentando una presión que en última instancia concierne a todos los europeos». «La conclusión es clara: ya no hay más vuestros desafíos y nuestros desafíos, hay solo desafíos europeos comunes», ha proclamado sellando el nexo entre todos los flancos de la Alianza.
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Esteban Villarejo
«En seguridad y defensa debemos actuar con convicción y con una visión de 360 grados», enfatizó por su parte Felipe VI ante las delegaciones de ambos países. Para respaldar con hechos las palabras, el Rey ha enumerado el peso operativo que las Fuerzas Armadas españolas sostienen en el flanco este de la Alianza Atlántica: desde la presencia en los batallones multinacionales de Letonia, Eslovaquia y Rumanía; hasta la contribución activa a la policía aérea del Báltico (desde Estonia o Lituania, según la rotación) y del Mar Negro, la protección del flanco norte en Islandia o las maniobras conjuntas desarrolladas en las heladas latitudes del Ártico. Se trata de una huella —solidaridad al fin y al cabo— militar ineludible que avala la legitimidad de España para exigir la misma reciprocidad ante las tensiones del Norte de África.
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Con la finura diplomática que caracteriza sus intervenciones internacionales, Don Felipe ha trufado su alocución defensiva con evocaciones históricas y literarias. Ha rescatado la figura del escritor granadino Ángel Ganivet, cónsul de España en Helsinki a finales del siglo XIX, quien en sus celebérrimas Cartas finlandesas confesó hallar en las geografías nórdicas destellos de su tierra natal: «El bosque me recuerda la Alhambra. El mar helado me hace pensar en nuestra Vega». De aquella intuición ‘ganivetiana’ se sirve hoy la diplomacia española para proclamar que, a pesar de los miles de kilómetros de distancia, España y Finlandia se reconocen en un espejo de valores democráticos, orden multilateral y rigor institucional.
Recordando el 40º aniversario de la adhesión de España a la Unión Europea y las tres décadas de membresía de Finlandia —país que desde 2023 forma parte del club de la OTAN—, el Rey ha apelado a la necesidad imperiosa de erigir una «Europa fuerte y decidida; resiliente y con capacidad de acción», capaz de no quedar a merced de decisiones ajenas ni en el tablero de la defensa convencional ni en el de la hegemonía tecnológica. El presidente finlandés ha ahondado en este mensaje de seguridad conjunta europea. «Son nuestros desafíos», ha proclamado.
Todo en una mesa con un menú con acento finlandés: sopa de alcachofa, puré de hinojo, alce ligeramente salado sobre brioche, crema de boletus y aceite de bayas de enebro, filete de lucioperca asado, salsa de mantequilla ahumada, savarin de manzana con compota de manzana y helado de leche de avena y sopa de mora ártica.
La primera jornada del viaje de Estado —con marcada agenda institucional y geopolítica— había comenzado horas antes bajo un sol propio del ‘veroño’ nórdico. Don Felipe y Doña Letizia fueron recibidos con honores militares por el matrimonio Stubb en el Palacio Presidencial. Tras escuchar las marchas solemnes y revistar a la guardia de honor, las delegaciones mantuvieron un encuentro bilateral de casi media hora. En la comitiva española destacó —ya sí— la incorporación del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, quien tuvo que posponer su vuelo a Helsinki debido a la celebración del Consejo de Ministros extraordinario en Madrid que aprobó el adelanto electoral.
La Reina, en una escuela bilingüe
Mientras la diplomacia y la defensa monopolizaban la agenda del Rey, la Reina Letizia, acompañada por la primera dama Suzanne Innes-Stubb, centró sus actividades en la vertiente cultural y educativa mediante una visita a la escuela de Käpylä. Este centro público, paradigma de la expansión del idioma español en el país nórdico, alberga a 150 alumnos en su sección bilingüe y cuenta con medio millar de estudiantes que han elegido la lengua cervantina como primera opción extranjera. Don Felipe ha destacado explícitamente en su discurso nocturno este empuje cultural como uno de los cimientos invisibles que vertebran la afinidad entre ambos pueblos.
El vector económico del viaje tuvo su plato fuerte a primera hora de la tarde en el emblemático Finlandia Hall, tras el almuerzo de trabajo ofrecido por el alcalde capitalino, Daniel Sazonov. Don Felipe presidió un foro empresarial de alto nivel centrado en las tres disciplinas que dictarán la soberanía industrial europea del siglo XXI: la inteligencia artificial, la computación cuántica y los semiconductores.
Ante los principales directivos e investigadores del ecosistema tecnológico finés y español, el Rey reclamó acelerar la autonomía estratégica de la Unión Europea para erradicar las dependencias de terceros países. Como remarcó en el discurso de la cena de gala, la casa común europea debe ganar en productividad, conectividad e innovación para evitar que el acervo ético y político de los Veintisiete quede desarmado ante la competencia global.
El punto culminante de la dimensión defensiva de este viaje de Estado se escenificará este miércoles con el desplazamiento del Rey y el presidente Stubb a Laponia, verdadera vanguardia de la OTAN frente al desafío militar de Moscú. Allí visitarán la sede del Museo del Ártico (Arktikum) antes de adentrarse en las instalaciones tácticas del Ala de Laponia de la Fuerza Aérea finlandesa —dotada con cazas F-18 e inmersa en la transición hacia los F-35 de quinta generación— y la prestigiosa Brigada terrestre Jaeger, a la cual se sumarán Tropas de Montaña española una vez tomada la decisión. Militares del Mando de Operaciones Especiales también podrán participar en maniobras si así se determina.
La Brigada Jaeger es una unidad de élite finlandesa que custodia más de 350 kilómetros de frontera directa con la Rusia de Putin —de los más de 1.300 kilómetros de frontera total que separan a Finlandia del territorio ruso— y constituye la columna vertebral sobre la que la OTAN articula su Presencia Terrestre Avanzada en el Círculo Polar. Será en este entorno de extrema exigencia operativa donde se despliegue próximamente el citado contingente del Ejército de Tierra español, dando cumplimiento a los compromisos asumidos en la Cumbre de la Alianza Atlántica celebrada en Ankara el pasado mes de julio.
El seminario académico de la Universidad de Laponia que cerrará la visita explorará precisamente las interconexiones estratégicas entre la seguridad del Ártico y la del Mediterráneo, cerrando un círculo geopolítico impecable. Como broche de su alocución en el palacio presidencial, Don Felipe recurrió al célebre arquitecto finés Alvar Aalto para resumir el desafío que aguarda al continente: «Tenemos que hacer casas que crezcan». Esa vivienda en continua expansión e imperiosa protección, concluyó Don Felipe con una copa en alto y un cálido «kippis!» entonado en la lengua local, no es otra que la Unión Europea.
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