Toledo ha sido para Francisco Javier Marcos mucho más que el escenario donde este jueves ha recibido el premio 2026 de la Academia de Ciencias Sociales y Humanidades. Ha sido también, según ha explicado el jefe de la Unidad Militar de Emergencias (UME), una de las tierras que han contribuido a forjar su manera de entender la vida, el deber y el servicio. « Uno no elige la tierra en la que nace, la recibe y, con el paso del tiempo, descubre que la tierra recibida te da forma mediante su paisaje, su historia, su gente, su cultura, sus costumbres, su manera de hablar y hasta con sus silencios», ha afirmado durante su intervención en el Aula Magna del Campus de la Fábrica de Armas de la Universidad de Castilla-La Mancha.Desde esa mirada hacia sus raíces, el teniente general Marcos ha reivindicado el legado recibido y la responsabilidad de conservarlo. «Toledo me enseñó también que España es una comunidad con memoria, esfuerzo y esperanza», ha señalado, antes de recordar a las generaciones que le precedieron y que «amaron, combatieron, crearon, construyeron, sufrieron, esperaron y nos entregaron una herencia». Un legado que, como ha señalado, lleva aparejada una obligación, la de « custodiarlo con fidelidad y con generosidad ».El jefe de la UME ha aceptado el reconocimiento de la Academia «con total humildad» y no como «la culminación de un camino del que desconozco su longitud», sino como una oportunidad para «reconocer de dónde vengo, preguntarme quién soy y renovar el compromiso con aquello a lo que he dedicado tanto tiempo en mi vida: el servicio ».Y precisamente el servicio ha sido el hilo conductor de un discurso en el que Marcos ha articulado su reflexión alrededor de tres verbos: ser, saber y hacer. «Cuando nos preguntan qué hacemos, qué hemos conseguido o qué puesto ocupamos, quizá el error esté en que antes de preguntarnos qué hacemos deberíamos preguntarnos quiénes somos», ha sostenido.Para él, «ser» expresa «nuestros valores, nuestro carácter y las convicciones que sostienen nuestras decisiones»; «saber» representa «la preparación, el conocimiento y la experiencia» necesarios para afrontar la realidad; y «hacer» consiste en convertir aquello que somos y sabemos «en obras al servicio de los demás».Los tres conceptos, ha advertido, están relacionados. «Hacer sin saber conduce a la improvisación, saber sin hacer puede convertir el conocimiento en una herencia y ser, si nunca se traduce en actos, corre el riesgo de quedarse en una simple declaración de buenas intenciones», ha explicado.Compromiso y servicio públicoEn esa concepción del servicio ha situado también el origen de su vocación militar. Marcos ha explicado que de Castilla-La Mancha recibió valores como «el sentido del deber, la lealtad, la responsabilidad, la fe, la disciplina, la voluntad de ser y, especialmente, la disposición a hacerse cargo de quien atraviesa una situación de sufrimiento, peligro o necesidad».«Esto es para mí ser», ha afirmado antes de explicar que su vocación militar no nació «del deseo de mandar, sino de la voluntad de servir y de la convicción de que existen responsabilidades que merecen ser asumidas, aunque comporten riesgo, renuncia o sacrificio».También ha defendido una determinada forma de ejercer la autoridad. «La autoridad solo conserva su dignidad cuando se ejerce como servicio», ha afirmado. Mandar, ha explicado, no consiste únicamente en «dar órdenes», sino también en «responder por quienes las cumplen, en exigir, pero también en cuidar; en señalar una dirección y ponerse en camino; en acompañar en el esfuerzo a cientos o miles de soldados».Mandar, ha explicado, no consiste únicamente en «dar órdenes», sino también en «responder por quienes las cumplen, en exigir, pero también en cuidar»El segundo verbo, saber, le ha servido para reivindicar la importancia de la preparación. «El verdadero conocimiento no es soberbio, hace humilde», ha asegurado, porque «cuanto más sabemos más conscientes somos de todo aquello que ignoramos y de la necesidad que tenemos de escuchar».Desde su experiencia al frente de la UME, Marcos ha insistido en que una emergencia no comienza cuando los militares llegan al lugar de los hechos. Según ha explicado, ninguna de las 170 operaciones que ha mandado durante sus tres años al frente de la Unidad comenzó con el despliegue de sus efectivos.«Empezaron mucho antes: en la instrucción, en el estudio de procedimientos, en la revisión de lo que se pudo hacer mejor o de por qué salió bien lo que salió correctamente y en la preparación para situaciones que nunca lleguen a producirse», ha señalado.Una idea que ha resumido con contundencia, para apuntar que quien falla en la preparación «se está preparando para fallar».El tercer verbo ha conectado directamente con su actual responsabilidad al frente de la UME. «Soy militar y un militar es, por naturaleza, un hombre de acción», ha afirmado, aunque ha precisado que «la acción militar no es activismo, no es militarismo ni movimiento irreflexivo».Sus tres años al frente de la Unidad le han permitido, según ha relatado, conocer «España entera», desde «los pueblos» y «las villas aisladas» hasta «la gente que trabaja de sol a sol», y hacerlo en situaciones especialmente difíciles.El jefe de la UME ha apuntado tras recibir el reconocimiento de la Academia vinculada a la UCLM que quien falla en la preparación «se está preparando para fallar»Es precisamente en esas emergencias donde, según Marcos, ha comprendido el verdadero significado de «hacer». «Cuando un incendio amenaza una población, el agua irrumpe de forma violenta en las viviendas, la tierra tiembla, una gran nevada afecta a miles de personas o una catástrofe altera de pronto la vida de una comunidad, la sociedad no espera únicamente que hablemos de solidaridad. Espera que lleguemos lo antes posible y, sobre todo, espera que sepamos hacer», ha explicado.Y ahí ha establecido una equivalencia que resume buena parte de su discurso. «Hacer, verbo que bien pudiera sustituirse por servir», ha dicho.Para el jefe de la UME, esa responsabilidad consiste en transformar «la voluntad de hacer, de servir» en «una capacidad efectiva para salvar». «Servir para salvar, salvar vidas, defender pueblos y proteger la naturaleza». Una tarea que ha relacionado también con «el amor a la patria» .Al acto han asistido el consejero de Hacienda, Administraciones Públicas y Transformación Digital, Juan Alfonso Ruiz Molina; el alcalde de Toledo, Carlos Velázquez; la vicepresidenta primera de las Cortes de Castilla-La Mancha, Josefina Navarrete; el rector de la Universidad de Castilla-La Mancha, Julián Garde; y el presidente de la Academia de Ciencias Sociales y Humanidades, Luis Arroyo, que han acompañado a Marcos en la entrega de un reconocimiento que destaca una trayectoria marcada por su dedicación y servicio. Toledo ha sido para Francisco Javier Marcos mucho más que el escenario donde este jueves ha recibido el premio 2026 de la Academia de Ciencias Sociales y Humanidades. Ha sido también, según ha explicado el jefe de la Unidad Militar de Emergencias (UME), una de las tierras que han contribuido a forjar su manera de entender la vida, el deber y el servicio. « Uno no elige la tierra en la que nace, la recibe y, con el paso del tiempo, descubre que la tierra recibida te da forma mediante su paisaje, su historia, su gente, su cultura, sus costumbres, su manera de hablar y hasta con sus silencios», ha afirmado durante su intervención en el Aula Magna del Campus de la Fábrica de Armas de la Universidad de Castilla-La Mancha.Desde esa mirada hacia sus raíces, el teniente general Marcos ha reivindicado el legado recibido y la responsabilidad de conservarlo. «Toledo me enseñó también que España es una comunidad con memoria, esfuerzo y esperanza», ha señalado, antes de recordar a las generaciones que le precedieron y que «amaron, combatieron, crearon, construyeron, sufrieron, esperaron y nos entregaron una herencia». Un legado que, como ha señalado, lleva aparejada una obligación, la de « custodiarlo con fidelidad y con generosidad ».El jefe de la UME ha aceptado el reconocimiento de la Academia «con total humildad» y no como «la culminación de un camino del que desconozco su longitud», sino como una oportunidad para «reconocer de dónde vengo, preguntarme quién soy y renovar el compromiso con aquello a lo que he dedicado tanto tiempo en mi vida: el servicio ».Y precisamente el servicio ha sido el hilo conductor de un discurso en el que Marcos ha articulado su reflexión alrededor de tres verbos: ser, saber y hacer. «Cuando nos preguntan qué hacemos, qué hemos conseguido o qué puesto ocupamos, quizá el error esté en que antes de preguntarnos qué hacemos deberíamos preguntarnos quiénes somos», ha sostenido.Para él, «ser» expresa «nuestros valores, nuestro carácter y las convicciones que sostienen nuestras decisiones»; «saber» representa «la preparación, el conocimiento y la experiencia» necesarios para afrontar la realidad; y «hacer» consiste en convertir aquello que somos y sabemos «en obras al servicio de los demás».Los tres conceptos, ha advertido, están relacionados. «Hacer sin saber conduce a la improvisación, saber sin hacer puede convertir el conocimiento en una herencia y ser, si nunca se traduce en actos, corre el riesgo de quedarse en una simple declaración de buenas intenciones», ha explicado.Compromiso y servicio públicoEn esa concepción del servicio ha situado también el origen de su vocación militar. Marcos ha explicado que de Castilla-La Mancha recibió valores como «el sentido del deber, la lealtad, la responsabilidad, la fe, la disciplina, la voluntad de ser y, especialmente, la disposición a hacerse cargo de quien atraviesa una situación de sufrimiento, peligro o necesidad».«Esto es para mí ser», ha afirmado antes de explicar que su vocación militar no nació «del deseo de mandar, sino de la voluntad de servir y de la convicción de que existen responsabilidades que merecen ser asumidas, aunque comporten riesgo, renuncia o sacrificio».También ha defendido una determinada forma de ejercer la autoridad. «La autoridad solo conserva su dignidad cuando se ejerce como servicio», ha afirmado. Mandar, ha explicado, no consiste únicamente en «dar órdenes», sino también en «responder por quienes las cumplen, en exigir, pero también en cuidar; en señalar una dirección y ponerse en camino; en acompañar en el esfuerzo a cientos o miles de soldados».Mandar, ha explicado, no consiste únicamente en «dar órdenes», sino también en «responder por quienes las cumplen, en exigir, pero también en cuidar»El segundo verbo, saber, le ha servido para reivindicar la importancia de la preparación. «El verdadero conocimiento no es soberbio, hace humilde», ha asegurado, porque «cuanto más sabemos más conscientes somos de todo aquello que ignoramos y de la necesidad que tenemos de escuchar».Desde su experiencia al frente de la UME, Marcos ha insistido en que una emergencia no comienza cuando los militares llegan al lugar de los hechos. Según ha explicado, ninguna de las 170 operaciones que ha mandado durante sus tres años al frente de la Unidad comenzó con el despliegue de sus efectivos.«Empezaron mucho antes: en la instrucción, en el estudio de procedimientos, en la revisión de lo que se pudo hacer mejor o de por qué salió bien lo que salió correctamente y en la preparación para situaciones que nunca lleguen a producirse», ha señalado.Una idea que ha resumido con contundencia, para apuntar que quien falla en la preparación «se está preparando para fallar».El tercer verbo ha conectado directamente con su actual responsabilidad al frente de la UME. «Soy militar y un militar es, por naturaleza, un hombre de acción», ha afirmado, aunque ha precisado que «la acción militar no es activismo, no es militarismo ni movimiento irreflexivo».Sus tres años al frente de la Unidad le han permitido, según ha relatado, conocer «España entera», desde «los pueblos» y «las villas aisladas» hasta «la gente que trabaja de sol a sol», y hacerlo en situaciones especialmente difíciles.El jefe de la UME ha apuntado tras recibir el reconocimiento de la Academia vinculada a la UCLM que quien falla en la preparación «se está preparando para fallar»Es precisamente en esas emergencias donde, según Marcos, ha comprendido el verdadero significado de «hacer». «Cuando un incendio amenaza una población, el agua irrumpe de forma violenta en las viviendas, la tierra tiembla, una gran nevada afecta a miles de personas o una catástrofe altera de pronto la vida de una comunidad, la sociedad no espera únicamente que hablemos de solidaridad. Espera que lleguemos lo antes posible y, sobre todo, espera que sepamos hacer», ha explicado.Y ahí ha establecido una equivalencia que resume buena parte de su discurso. «Hacer, verbo que bien pudiera sustituirse por servir», ha dicho.Para el jefe de la UME, esa responsabilidad consiste en transformar «la voluntad de hacer, de servir» en «una capacidad efectiva para salvar». «Servir para salvar, salvar vidas, defender pueblos y proteger la naturaleza». Una tarea que ha relacionado también con «el amor a la patria» .Al acto han asistido el consejero de Hacienda, Administraciones Públicas y Transformación Digital, Juan Alfonso Ruiz Molina; el alcalde de Toledo, Carlos Velázquez; la vicepresidenta primera de las Cortes de Castilla-La Mancha, Josefina Navarrete; el rector de la Universidad de Castilla-La Mancha, Julián Garde; y el presidente de la Academia de Ciencias Sociales y Humanidades, Luis Arroyo, que han acompañado a Marcos en la entrega de un reconocimiento que destaca una trayectoria marcada por su dedicación y servicio.
Toledo ha sido para Francisco Javier Marcos mucho más que el escenario donde este jueves ha recibido el premio 2026 de la Academia de Ciencias Sociales y Humanidades. Ha sido también, según ha explicado el jefe de la Unidad Militar de Emergencias (UME), una de … las tierras que han contribuido a forjar su manera de entender la vida, el deber y el servicio. «Uno no elige la tierra en la que nace, la recibe y, con el paso del tiempo, descubre que la tierra recibida te da forma mediante su paisaje, su historia, su gente, su cultura, sus costumbres, su manera de hablar y hasta con sus silencios», ha afirmado durante su intervención en el Aula Magna del Campus de la Fábrica de Armas de la Universidad de Castilla-La Mancha.
Desde esa mirada hacia sus raíces, el teniente general Marcos ha reivindicado el legado recibido y la responsabilidad de conservarlo. «Toledo me enseñó también que España es una comunidad con memoria, esfuerzo y esperanza», ha señalado, antes de recordar a las generaciones que le precedieron y que «amaron, combatieron, crearon, construyeron, sufrieron, esperaron y nos entregaron una herencia». Un legado que, como ha señalado, lleva aparejada una obligación, la de «custodiarlo con fidelidad y con generosidad».
El jefe de la UME ha aceptado el reconocimiento de la Academia «con total humildad» y no como «la culminación de un camino del que desconozco su longitud», sino como una oportunidad para «reconocer de dónde vengo, preguntarme quién soy y renovar el compromiso con aquello a lo que he dedicado tanto tiempo en mi vida: el servicio».
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Y precisamente el servicio ha sido el hilo conductor de un discurso en el que Marcos ha articulado su reflexión alrededor de tres verbos: ser, saber y hacer. «Cuando nos preguntan qué hacemos, qué hemos conseguido o qué puesto ocupamos, quizá el error esté en que antes de preguntarnos qué hacemos deberíamos preguntarnos quiénes somos», ha sostenido.
Para él, «ser» expresa «nuestros valores, nuestro carácter y las convicciones que sostienen nuestras decisiones»; «saber» representa «la preparación, el conocimiento y la experiencia» necesarios para afrontar la realidad; y «hacer» consiste en convertir aquello que somos y sabemos «en obras al servicio de los demás».
Los tres conceptos, ha advertido, están relacionados. «Hacer sin saber conduce a la improvisación, saber sin hacer puede convertir el conocimiento en una herencia y ser, si nunca se traduce en actos, corre el riesgo de quedarse en una simple declaración de buenas intenciones», ha explicado.
Compromiso y servicio público
En esa concepción del servicio ha situado también el origen de su vocación militar. Marcos ha explicado que de Castilla-La Mancha recibió valores como «el sentido del deber, la lealtad, la responsabilidad, la fe, la disciplina, la voluntad de ser y, especialmente, la disposición a hacerse cargo de quien atraviesa una situación de sufrimiento, peligro o necesidad».
«Esto es para mí ser», ha afirmado antes de explicar que su vocación militar no nació «del deseo de mandar, sino de la voluntad de servir y de la convicción de que existen responsabilidades que merecen ser asumidas, aunque comporten riesgo, renuncia o sacrificio».
También ha defendido una determinada forma de ejercer la autoridad. «La autoridad solo conserva su dignidad cuando se ejerce como servicio», ha afirmado. Mandar, ha explicado, no consiste únicamente en «dar órdenes», sino también en «responder por quienes las cumplen, en exigir, pero también en cuidar; en señalar una dirección y ponerse en camino; en acompañar en el esfuerzo a cientos o miles de soldados».
Mandar, ha explicado, no consiste únicamente en «dar órdenes», sino también en «responder por quienes las cumplen, en exigir, pero también en cuidar»
El segundo verbo, saber, le ha servido para reivindicar la importancia de la preparación. «El verdadero conocimiento no es soberbio, hace humilde», ha asegurado, porque «cuanto más sabemos más conscientes somos de todo aquello que ignoramos y de la necesidad que tenemos de escuchar».
Desde su experiencia al frente de la UME, Marcos ha insistido en que una emergencia no comienza cuando los militares llegan al lugar de los hechos. Según ha explicado, ninguna de las 170 operaciones que ha mandado durante sus tres años al frente de la Unidad comenzó con el despliegue de sus efectivos.
«Empezaron mucho antes: en la instrucción, en el estudio de procedimientos, en la revisión de lo que se pudo hacer mejor o de por qué salió bien lo que salió correctamente y en la preparación para situaciones que nunca lleguen a producirse», ha señalado.
Una idea que ha resumido con contundencia, para apuntar que quien falla en la preparación «se está preparando para fallar».
El tercer verbo ha conectado directamente con su actual responsabilidad al frente de la UME. «Soy militar y un militar es, por naturaleza, un hombre de acción», ha afirmado, aunque ha precisado que «la acción militar no es activismo, no es militarismo ni movimiento irreflexivo».
Sus tres años al frente de la Unidad le han permitido, según ha relatado, conocer «España entera», desde «los pueblos» y «las villas aisladas» hasta «la gente que trabaja de sol a sol», y hacerlo en situaciones especialmente difíciles.
El jefe de la UME ha apuntado tras recibir el reconocimiento de la Academia vinculada a la UCLM que quien falla en la preparación «se está preparando para fallar»
Es precisamente en esas emergencias donde, según Marcos, ha comprendido el verdadero significado de «hacer». «Cuando un incendio amenaza una población, el agua irrumpe de forma violenta en las viviendas, la tierra tiembla, una gran nevada afecta a miles de personas o una catástrofe altera de pronto la vida de una comunidad, la sociedad no espera únicamente que hablemos de solidaridad. Espera que lleguemos lo antes posible y, sobre todo, espera que sepamos hacer», ha explicado.
Y ahí ha establecido una equivalencia que resume buena parte de su discurso. «Hacer, verbo que bien pudiera sustituirse por servir», ha dicho.
Para el jefe de la UME, esa responsabilidad consiste en transformar «la voluntad de hacer, de servir» en «una capacidad efectiva para salvar». «Servir para salvar, salvar vidas, defender pueblos y proteger la naturaleza». Una tarea que ha relacionado también con «el amor a la patria».

Al acto han asistido el consejero de Hacienda, Administraciones Públicas y Transformación Digital, Juan Alfonso Ruiz Molina; el alcalde de Toledo, Carlos Velázquez; la vicepresidenta primera de las Cortes de Castilla-La Mancha, Josefina Navarrete; el rector de la Universidad de Castilla-La Mancha, Julián Garde; y el presidente de la Academia de Ciencias Sociales y Humanidades, Luis Arroyo, que han acompañado a Marcos en la entrega de un reconocimiento que destaca una trayectoria marcada por su dedicación y servicio.
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