El proceso es muy común: los buenos tenistas van creciendo en las categorías inferiores.
En su estreno en un Grand Slam, el emergente talento madrileño se zampa a Kovacevic de un tirón: 6-1, 6-0 y 6-4 en 1h34m; segunda parada, James Duckworth
El proceso es muy común: los buenos tenistas van creciendo en las categorías inferiores.
Se fajan en torneos sub 16, o sub 18. Se curten en challengers, en futures, ITFs, también en los ATP 250s. Cuando ya llevan unos cuantos años abriéndose paso en escenarios exigentes, aunque menores, los más brillantes -afortunados ellos- atisban hitos mayores, ya un ATP 500, al fin un Masters 1.000.
Y si la cosa va a más, y alcanzan al fin un Grand Slam, ya la cosa se pone muy seria.
A muchos de ellos, en especial a los más jóvenes, les imponen los grandes teatros. Les intimida el acto de empuñar la raqueta ante el público gurmet, ante el glamur y la tradición, ante la energía con la que los grandes nombres del circuito se asoman a Roland Garros, Wimbledon, Flushing Meadows o Melbourne Park.
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Como dos mosqueteros, Rafa Jódar (20), larguirucho y distante, y su padre, de nombre Rafa Jódar también, comparecen a solas este lunes en la pista 12 de Roland Garros. La pista es menor, absorbe a unos 490 espectadores, pero se halla a un paso de la imponente Suzanne Lenglen, y cualquier novato que se precie temblaría, o se encogería, al saberse en tan distinguido lugar.
Hace un año, Jódar apenas era la 686.ª raqueta del mundo, estudiaba en la Universidad de Virginia y, de reojo, contemplaba las maravillas del hoy ausente Alcaraz mientras añoraba el adiós de Rafael Nadal.
Hoy ya es el 29.º y subiendo.
Rafa Jódar padre se aúpa a la grada, se mezcla entre la parroquia mientras su hijo, estrella emergente, campeón en Marrakech hace un mes y medio, semifinalista en el Trofeo Godó, cuartofinalista en los Masters 1.000 de Madrid y Roma, uno de los nombres más seguidos del circuito, se traga a Aleksandar Kovacevic, jornalero del tenis de 27 años (hoy 67.º del mundo), se lo zampa de un bocado (6-1, 6-0 y 6-4 en 1h34m) y le cuenta al mundo que él es un tenista diferente, superlativo: no le asustan los grandes escenarios, vayámonos acostumbrando a su presencia en todos los frentes y por mucho tiempo.
Por ahora, le espera James Duckworth, su segunda parada en París.
En su 13.ª presencia en Roland Garros (fue cuatofinalista en el 2016 y el 2017), el estajanovista Roberto Bautista (38 años) ha avanzado otro paso en su desfile de despedida, pues se retira a final de año. Ha perdido ante Brandon Nakashima en 2h08m por 6-2, 7-5 y 6-2. Top 10 en el 2019 (fue noveno), ganador de doce títulos en una carrera extraordinaria, muy crecida en su etapa de madurez (en aquel mismo 2019 se plantaba en las semifinales de Wimbledon; en esa edición fue el cuarto hombre en la era del Big Three), Bautista había visto cómo se le torcía el rumbo en los últimos dos años: en el 2023, un accidente cuando montaba a caballo (tiene ocho en su propiedad) le provocó la rotura de tibia y peroné, hundiéndole en el ránking. Hoy es el 117.º del ATP.
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