Nunca pensé que opinaría de la forma que opinaré en este momento. Mis opiniones, a estas alturas de la vida, como mis suposiciones, van más allá de lo elemental y, el pasado fin de semana, por motivos obvios que no difieren en nada con la edad, me mantuve en pie a duras penas, el sueño me devoraba, y la razón empezó a darme golpecitos en la sien para decirme; no escribas, descansa. Pero desatendí la opción. Existían razones incuestionables para hacerlo, y no hablo de escribir sobre la acción política generada, pocas veces manifiesto pareceres livianos, más bien me limito a esposarme a la vida si la ocasión lo requiere. Desafortunadamente, convertir el lenguaje en la degradación de la fertilidad, hacer mella en la busca de precisión de los matices literarios, y la insistencia de tocar la belleza y la honestidad pensé, a muchos les sirve para caer en un lenguaje propagandístico que lleva al ciudadano a un discurso prefabricado para evitar el pensamiento. Y me interesó. También, por supuesto, porque asistíamos a otro acontecimiento, y yo, como con cualquier especialidad, esta vez sin la participación de España en Eurovisión, iba con España, pena la mía que, una vez más, no pudo ser. Soñé que nuestro representante participó con orgullo, al menos eso quedó en el sueño, y no es poco según se fueron desarrollando las cosas. En la final, con el carisma español de un representante arrollador a quien no pude poner cara, nuestro finalista dignificó en todo momento su actuación, pero se nos volvió a dar la espalda. A fin de cuentas, mala suerte la nuestra. Aunque ya digo que fue un sueño fugaz. Luego, cuando fui a la cama y dejé de soñar con los ojos abiertos, me sentí desprotegido. Conste que estas noches de mediados de mayo apaciguan todos mis desvelos y, aunque logre dormir bien, lleve días descansando del tirón y me satisfaga haber encontrado la empatía en la condición humana, respirar, lo que se dice respirar, respiro, pero ignoro todo lo que debiera saber , así que me despierto sobresaltado muchas veces, pierdo los estribos por amor propio, tozudez o arrogancia, y no me falta un ápice de curiosidad para involucrarme en algo que nos concierne de manera directa a casi todos. La melodía que se le está poniendo a los derechos humanos de esta última generación, como la dulce existencia de quienes apoyan tal atrocidad, empieza a removerme porque la amargura llega a ser profunda . De modo global, digamos que a modo de circunferencia, con el péndulo partido en dos mitades, el problema de la muerte poco importa en muchos estamentos. Al parecer, el valor de la pérdida, hablo de vidas humanas, en contra de la reafirmación del descanso eterno, destila una mezcla inconfundible entre un sistema atroz que llamamos democracia y otro, permítanme la expresión, manejado por una oligarquía que, como si fuera la secuencia de una adaptación cinematográfica, mata con tal de recrear aquel pasado del que hablaban nuestros abuelos y del que hoy en día se han apropiado una serie de personajes sumidos en una ignorancia difícil de calificar. ¿Dónde estaba en 2025 Europa mientras Israel mataba a miles de inocentes en la franja de Gaza? Thomas Mann escribió «la tolerancia es un crimen cuando lo que se tolera es la maldad» y, eso mismo, la maldad de una organización agrupada en torno a la estrella de David impresa en su bandera, es lo que se les permitió, ser malvados entonces y ahora en 2026, matando a ritmo de canción, mientras muchos de sus contrarios hicieron oídos sordos por miedo a las represalias. De nada sirve sobreimpresionar un mensaje a favor de los derechos humanos y la paz.«Thomas Mann escribió ‘la tolerancia es un crimen cuando lo que se tolera es la maldad’» Fernando NovalbosAsí todo, sobran las palabras cuando lo que importa es salvar la sed y el hambre de miles de niños para mostrar el poder dilatado de la palabra humanidad de la que alardean muchos defensores y en contadas ocasiones la representan, sobre todo si de lo que se trata es de defender la libertad , no solo de expresión, sino de tener una vida digna en un territorio que a base de tiros quieren arrebatarte. Con que el televoto manda, aunque los perjudicados imploren por el regreso de los países que abandonaron y han desequilibrado la balanza en contra de los intereses, sobre todo económicos, y esto, a los israelitas, mucho me temo que si les importa, sobre todo sí a ritmo de canción no se les baila el agua que tratan de imponer a unos participantes que cada vez son menos. Espero no haber caído en el lenguaje propagandístico que lleva al ciudadano a un discurso prefabricado para evitar que piense. La felicidad no solo consiste en tener autonomía absoluta sin contar con la capacidad del competidor y este, si debiera ser motivo para alcanzar un pensamiento común. Nunca pensé que opinaría de la forma que opinaré en este momento. Mis opiniones, a estas alturas de la vida, como mis suposiciones, van más allá de lo elemental y, el pasado fin de semana, por motivos obvios que no difieren en nada con la edad, me mantuve en pie a duras penas, el sueño me devoraba, y la razón empezó a darme golpecitos en la sien para decirme; no escribas, descansa. Pero desatendí la opción. Existían razones incuestionables para hacerlo, y no hablo de escribir sobre la acción política generada, pocas veces manifiesto pareceres livianos, más bien me limito a esposarme a la vida si la ocasión lo requiere. Desafortunadamente, convertir el lenguaje en la degradación de la fertilidad, hacer mella en la busca de precisión de los matices literarios, y la insistencia de tocar la belleza y la honestidad pensé, a muchos les sirve para caer en un lenguaje propagandístico que lleva al ciudadano a un discurso prefabricado para evitar el pensamiento. Y me interesó. También, por supuesto, porque asistíamos a otro acontecimiento, y yo, como con cualquier especialidad, esta vez sin la participación de España en Eurovisión, iba con España, pena la mía que, una vez más, no pudo ser. Soñé que nuestro representante participó con orgullo, al menos eso quedó en el sueño, y no es poco según se fueron desarrollando las cosas. En la final, con el carisma español de un representante arrollador a quien no pude poner cara, nuestro finalista dignificó en todo momento su actuación, pero se nos volvió a dar la espalda. A fin de cuentas, mala suerte la nuestra. Aunque ya digo que fue un sueño fugaz. Luego, cuando fui a la cama y dejé de soñar con los ojos abiertos, me sentí desprotegido. Conste que estas noches de mediados de mayo apaciguan todos mis desvelos y, aunque logre dormir bien, lleve días descansando del tirón y me satisfaga haber encontrado la empatía en la condición humana, respirar, lo que se dice respirar, respiro, pero ignoro todo lo que debiera saber , así que me despierto sobresaltado muchas veces, pierdo los estribos por amor propio, tozudez o arrogancia, y no me falta un ápice de curiosidad para involucrarme en algo que nos concierne de manera directa a casi todos. La melodía que se le está poniendo a los derechos humanos de esta última generación, como la dulce existencia de quienes apoyan tal atrocidad, empieza a removerme porque la amargura llega a ser profunda . De modo global, digamos que a modo de circunferencia, con el péndulo partido en dos mitades, el problema de la muerte poco importa en muchos estamentos. Al parecer, el valor de la pérdida, hablo de vidas humanas, en contra de la reafirmación del descanso eterno, destila una mezcla inconfundible entre un sistema atroz que llamamos democracia y otro, permítanme la expresión, manejado por una oligarquía que, como si fuera la secuencia de una adaptación cinematográfica, mata con tal de recrear aquel pasado del que hablaban nuestros abuelos y del que hoy en día se han apropiado una serie de personajes sumidos en una ignorancia difícil de calificar. ¿Dónde estaba en 2025 Europa mientras Israel mataba a miles de inocentes en la franja de Gaza? Thomas Mann escribió «la tolerancia es un crimen cuando lo que se tolera es la maldad» y, eso mismo, la maldad de una organización agrupada en torno a la estrella de David impresa en su bandera, es lo que se les permitió, ser malvados entonces y ahora en 2026, matando a ritmo de canción, mientras muchos de sus contrarios hicieron oídos sordos por miedo a las represalias. De nada sirve sobreimpresionar un mensaje a favor de los derechos humanos y la paz.«Thomas Mann escribió ‘la tolerancia es un crimen cuando lo que se tolera es la maldad’» Fernando NovalbosAsí todo, sobran las palabras cuando lo que importa es salvar la sed y el hambre de miles de niños para mostrar el poder dilatado de la palabra humanidad de la que alardean muchos defensores y en contadas ocasiones la representan, sobre todo si de lo que se trata es de defender la libertad , no solo de expresión, sino de tener una vida digna en un territorio que a base de tiros quieren arrebatarte. Con que el televoto manda, aunque los perjudicados imploren por el regreso de los países que abandonaron y han desequilibrado la balanza en contra de los intereses, sobre todo económicos, y esto, a los israelitas, mucho me temo que si les importa, sobre todo sí a ritmo de canción no se les baila el agua que tratan de imponer a unos participantes que cada vez son menos. Espero no haber caído en el lenguaje propagandístico que lleva al ciudadano a un discurso prefabricado para evitar que piense. La felicidad no solo consiste en tener autonomía absoluta sin contar con la capacidad del competidor y este, si debiera ser motivo para alcanzar un pensamiento común.
Nunca pensé que opinaría de la forma que opinaré en este momento. Mis opiniones, a estas alturas de la vida, como mis suposiciones, van más allá de lo elemental y, el pasado fin de semana, por motivos obvios que no difieren en nada con la … edad, me mantuve en pie a duras penas, el sueño me devoraba, y la razón empezó a darme golpecitos en la sien para decirme; no escribas, descansa.
Pero desatendí la opción.
Existían razones incuestionables para hacerlo, y no hablo de escribir sobre la acción política generada, pocas veces manifiesto pareceres livianos, más bien me limito a esposarme a la vida si la ocasión lo requiere. Desafortunadamente, convertir el lenguaje en la degradación de la fertilidad, hacer mella en la busca de precisión de los matices literarios, y la insistencia de tocar la belleza y la honestidad pensé, a muchos les sirve para caer en un lenguaje propagandístico que lleva al ciudadano a un discurso prefabricado para evitar el pensamiento.
Y me interesó.
También, por supuesto, porque asistíamos a otro acontecimiento, y yo, como con cualquier especialidad, esta vez sin la participación de España en Eurovisión, iba con España, pena la mía que, una vez más, no pudo ser. Soñé que nuestro representante participó con orgullo, al menos eso quedó en el sueño, y no es poco según se fueron desarrollando las cosas. En la final, con el carisma español de un representante arrollador a quien no pude poner cara, nuestro finalista dignificó en todo momento su actuación, pero se nos volvió a dar la espalda.
A fin de cuentas, mala suerte la nuestra.
Aunque ya digo que fue un sueño fugaz.
Luego, cuando fui a la cama y dejé de soñar con los ojos abiertos, me sentí desprotegido. Conste que estas noches de mediados de mayo apaciguan todos mis desvelos y, aunque logre dormir bien, lleve días descansando del tirón y me satisfaga haber encontrado la empatía en la condición humana, respirar, lo que se dice respirar, respiro, pero ignoro todo lo que debiera saber, así que me despierto sobresaltado muchas veces, pierdo los estribos por amor propio, tozudez o arrogancia, y no me falta un ápice de curiosidad para involucrarme en algo que nos concierne de manera directa a casi todos.
La melodía que se le está poniendo a los derechos humanos de esta última generación, como la dulce existencia de quienes apoyan tal atrocidad, empieza a removerme porque la amargura llega a ser profunda. De modo global, digamos que a modo de circunferencia, con el péndulo partido en dos mitades, el problema de la muerte poco importa en muchos estamentos. Al parecer, el valor de la pérdida, hablo de vidas humanas, en contra de la reafirmación del descanso eterno, destila una mezcla inconfundible entre un sistema atroz que llamamos democracia y otro, permítanme la expresión, manejado por una oligarquía que, como si fuera la secuencia de una adaptación cinematográfica, mata con tal de recrear aquel pasado del que hablaban nuestros abuelos y del que hoy en día se han apropiado una serie de personajes sumidos en una ignorancia difícil de calificar.
¿Dónde estaba en 2025 Europa mientras Israel mataba a miles de inocentes en la franja de Gaza?
Thomas Mann escribió «la tolerancia es un crimen cuando lo que se tolera es la maldad» y, eso mismo, la maldad de una organización agrupada en torno a la estrella de David impresa en su bandera, es lo que se les permitió, ser malvados entonces y ahora en 2026, matando a ritmo de canción, mientras muchos de sus contrarios hicieron oídos sordos por miedo a las represalias.
De nada sirve sobreimpresionar un mensaje a favor de los derechos humanos y la paz.
«Thomas Mann escribió ‘la tolerancia es un crimen cuando lo que se tolera es la maldad’»
Fernando Novalbos
Así todo, sobran las palabras cuando lo que importa es salvar la sed y el hambre de miles de niños para mostrar el poder dilatado de la palabra humanidad de la que alardean muchos defensores y en contadas ocasiones la representan, sobre todo si de lo que se trata es de defender la libertad, no solo de expresión, sino de tener una vida digna en un territorio que a base de tiros quieren arrebatarte.
Con que el televoto manda, aunque los perjudicados imploren por el regreso de los países que abandonaron y han desequilibrado la balanza en contra de los intereses, sobre todo económicos, y esto, a los israelitas, mucho me temo que si les importa, sobre todo sí a ritmo de canción no se les baila el agua que tratan de imponer a unos participantes que cada vez son menos.
Espero no haber caído en el lenguaje propagandístico que lleva al ciudadano a un discurso prefabricado para evitar que piense.
La felicidad no solo consiste en tener autonomía absoluta sin contar con la capacidad del competidor y este, si debiera ser motivo para alcanzar un pensamiento común.
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