El cineasta presenta en el BCN Film Festival la película del director filipino Lav Díaz Magallanes, de la que es productor, a la vez que ultima Out of This World, una historia situada en pleno corazón de la guerra de Ucrania que él mismo define como comedia, rara, pero comedia al fin Leer El cineasta presenta en el BCN Film Festival la película del director filipino Lav Díaz Magallanes, de la que es productor, a la vez que ultima Out of This World, una historia situada en pleno corazón de la guerra de Ucrania que él mismo define como comedia, rara, pero comedia al fin Leer
Albert Serra presume de estar fuera del mundo. No es pose (bueno, un poco sí lo es), sino más bien un modo de entender su oficio y hasta la misma vida. Tras asombrar al mundo con su particular relectura de la tauromaquia en Tardes de soledad, el cineasta impenitente vuelve y lo hace por partida doble. O triple incluso. Primero regresa como productor de la película del filipino Lav Díaz protagonizada por Gael García Bernal Magallanes presentada en el BCN Film Fest. No es la primera vez que apadrina y protege a otros colegas. Por sus manos y por las de su compañía Andergraun Films han pasado ya cineastas como los franceses Alain Guiraudie y Bruno Dumont o el serbio Dane Komljen o el asustriaco Ulrich Seidl. Además, regresará también en breve (o no tanto) con Out of This World, la película protagonizada por Riley Keough que le tiene ahora mismo en el proceloso trabajo de montaje. Cuando parecía que esta historia localizada en el corazón de la guerra de Ucrania iba a ser uno de los trofeos del próximo festival de Cannes, no pudo ser. «Esto no se arreglaba corriendo. Simplemente falta mucho trabajo todavía. Ya en enero vimos claro que no llegábamos», puntualiza por aquello de espantar rumores.
- ¿Le duele haberse quedado fuera de un Cannes histórico con tanta representación española [Almodóvar, Sorogoyen y Los Javis]?
- No, no, lo importante es la película. Nada más. Y ella necesita un tiempo que hay que concedérselo. Lo demás no tiene importancia. Tiene que ser una película perfecta y tan hipnótica al menos como Pacifiction.
- ¿Qué es exactamente lo que se trae entre manos?
- Bueno, no es una película bélica. Es una película en el contexto de la guerra. Me atrevo a decir que se parece bastante a una farsa y que será divertida y única. Creo también que aportará optimismo a la gente para vivir la vida. Esto último es importante. Ya el título da una pista: Out of This World. Es sobre gente que está fuera de este mundo.
- ¿Se atreve con un diagnóstico de lo que sucede ahora en Europa puesto que se ha empapado del tema?
- Es muy caótico todo y no soy en absoluto un experto. Pero sí es cierto que sucede lo que ya anticipé en Pacifiction y es que esta entente que se ha creado entre todos los ricos del mundo para empobrecer más a los pobres no podía aguantar mucho más. Creo que la película era un poco profética y los hechos no hacen más que confirmarlo. Ves por un lado que Alemania dice que si eres varón no puedes salir del país sin avisar; por otro, hay países que quieren instaurar de nuevo la mili obligatoria; todo el mundo habla ahora de rearme… Esta claro que el mundo antiguo tal y como lo conocíamos se ha venido abajo.
«La entente que se ha creado entre todos los ricos del mundo para empobrecer más a los pobres no podía aguantar mucho más»
- Cumplida la profecía, volvamos a Magallanes. ¿Cómo afronta su papel de productor?
- Como me gustaría que me trataran a mí. Es decir, doy el dinero y me aseguro de ni molestar ni interferir en nada. Me piden ayuda, la doy. No me la piden, pues feliz. Lo que me gusta es dar libertad para luego exigir responsabilidad. Y siempre con una máxima: lo prioritario es el proyecto artístico. Nada más.
- Pero solo produce a figuras consagradas o ya conocidas…
- Por la sencilla razón de que no me viene gente joven con ambición artística. Nunca se me ha acercado un joven que me venda una idea con una obsesión artística como prioridad absoluta y número uno, que es lo único que exijo. Les interesa lo íntimo, o el argumento, o el tema… pero no lo artístico. Me da la impresión de que las nuevas generaciones de cineastas no están interesadas en el arte, solo buscan éxito o dinero. Y esas dos cosas, que no digo que estén mal, son, si llegan, una consecuencia, nunca pueden ser lo prioritario.
- ¿Y a qué cree que es debido?
- A las redes sociales. Las redes sociales han destruido la paciencia de la gente, la capacidad de resistir y, lo más importante, el deseo de estar, precisamente, fuera del mundo.
- Va a ser que con esto también es profético…
- En efecto. Mantengo que hay que estar fuera del mundo para crear. ¿Quién quiere estar en este mundo de guerras, de locos y de salvajes? Yo no tengo nada que ver con esta gente. Reivindico que las cosas se han dado la vuelta y ahora los normales son los que están fuera del mundo. Y todos estos de las redes sociales se han convertido en gente de márketing. Lo único que les interesa es cómo venderse. Lo que hacen carece de importancia para ellos. Hace poco le escuché decir a Karl Lagerfeld en la última entrevista que concedió antes de morir que, cuando empezó, la gente de márketing hacían una labor muy específica y no estaban a la altura de los creadores. Él estaba en el mundo de la moda y esa otra gente hacia algo, digamos, menos interesante. Ahora el márketing lo ocupa todo. La gente de márketing son los que mandan. Él decía: «No me lo explico. Debe ser algún tipo de enfermedad mental o algo». Y tiene razón. Es exactamente así.
«Lagerfeld decía que esta obsesión por el márketing tenía que ser una especie de enfermedad mental. Y tiene razón»
- ¿Pero usted no hace ascos al éxito?
- Pero no lo he buscado. Ha venido a mí. Es algo que me ha venido a posteriori. Antes de cineasta, yo estudié literatura y tenía veleidades de escritor. Mi modelo era el de los escritores malditos que repudian todo eso y que acabaron en la miseria. Aunque la verdad, a mí me gustaría ser como Séneca, vivir como un millonario y morir como un filósofo.
- ¿Qué reflexión le motiva que haya tres película españolas en el Festival de Cannes? Thierry Frémaux, el director del certamen, hablaba que creía detectar «cierto movimiento» en el cine español…
- Lo fundamental de este cambio han sido las coproducciones, abrirse al mundo. Antes a los cineastas españoles les importaba más ganar un Goya que estar en Cannes. Con todo el respeto, no sé como calificar esa actitud…
- Ahora que ya está en otras cosas, ¿qué conclusiones saca de la aventura de Tardes de soledad?
- La primera y principal es que en el cine se puede hacer todo. Eso de que me decía de «Cuidado, que esto nunca se ha hecho» o «Cuidado, que te van a criticar». ¿Quién me va a criticar? Un artista viene al mundo a romper tabúes con cero autocensura y sin dejarse manipular. Yo no cambié ni un solo plano de la película, únicamente guiado por la coherencia estética. Eso por un lado. Y por otro, queda demostrado que la gente quiere ver películas buenas y serias; quiere experiencias sinceras, complejas y adultas. El cine no es una red social. El cine no son opiniones de la gente desde su casa. No, el público va al cine a vivir algo de verdad. Cuando opinas en una red social sobre algo no estás viviendo nada, no experimentas nada, todo lo que haces es mentira. Y de eso se está empezando a dar cuenta todo el mundo. Hace poco hablaba con un amigo escritor y me decía que notaba que había perdido influencia, que ya no le leían como antes, que perdía lectores. Y, como le conozco bien, se lo dije claro: «La razón es que no estás diciendo la verdad». Y es así. Le notaba preocupado por el tema, por las polémicas… No, di la verdad y se acabó.
- Con amigos así….
- Precisamente. La verdad es arriesgada y la verdad te hace quedar mal. Pues adelante. Y eso es otra cosa de las redes sociales. Todo el mundo dice lo que cree que los demás quieren oír. Y eso no puede ser. Eso no es arte. Eso es, otra vez, márketing.
Cultura // elmundo
