Levantarse de la cama es una acción diaria prácticamente automatizada. La dinámica suele ser apagar el despertador, sentarse en la cama, estirarse un poco, ponerse el pie y comenzar el día. Sin embargo, hay algo en este proceso que pasamos por alto y que puede poner nuestra vida en peligro.El médico de familia Alberto Sanagustín advierte que muchos infartos ocurren entre las 6.00 y las 10.00 horas porque, al despertar, nuestro cuerpo activa un mecanismo biológico que, en determinadas personas, puede convertirse en una auténtica trampa.Primero, el sanitario desmonta el mito de que la ducha fría es el detonante del infarto. Si bien reconoce que, «si tus arterias ya están castigadas, el impacto te puede perjudicar», matiza que centrarse solo en esto es un error.Noticia relacionada general No No José Abellán, cardiólogo: «Las palpitaciones pueden aparecer en algunas enfermedades» Marina Ortiz«Hay un problema grave, que si solo evitas la ducha fría, estás ignorando al verdadero culpable, al que actúa cada mañana en silencio sin que tú te des cuenta», advierte.Un despertar peligroso«Justo cuando te despiertas, tu cuerpo suelta un bloqueador que se llama PAI‑1», explica. Lo describe como «un capataz que manda a los barrenderos a casa justo cuando el tráfico de sangre es más peligroso», en referencia al sistema natural que disuelve pequeños coágulos antes de que causen un desastre. Ese equipo de limpieza, esencial para evitar obstrucciones, queda temporalmente desactivado justo en el momento más delicado del día.A esto se suma el brusco despertar fisiológico. Nada más abrir los ojos, el cerebro libera un chorro de cortisol y adrenalina. «Tus arterias se vuelven más rígidas, se cierran y tu corazón recibe una orden de golpe», señala.El efecto combinado puede ser crítico, especialmente en personas con factores de riesgo: «Si eres hipertenso o tus arterias ya tienen placas de colesterol, este empujón es el que puede agrietar la tubería». Además, añade otro factor poco conocido: «A esa hora, tu sangre es como el almíbar».Para el experto, todo encaja en lo que define como «la tormenta perfecta»: «Tus arterias están rígidas, la sangre más espesa y encima el servicio de limpieza está en huelga». Si se forma un coágulo en ese momento, «no hay nada ni nadie para despejar el atasco». Si en este instante se forma un coágulo, el riesgo de infarto se dispara.Además, introduce otros factores de riesgo como la apnea del sueño: «Tu cuerpo pasa la noche apagando pequeños incendios… y por la mañana el motor no arranca en frío, arranca ya recalentado». También alerta sobre los mareos al levantarse: «A tu cerebro le falta riego y te manda un aviso en forma de mareo».El gesto que puede ayudar a prevenir un sustoFrente a este escenario, el especialista propone un gesto simple pero efectivo: «Un vaso de agua a temperatura ambiente justo antes de salir de la cama». Según explica, este hábito ayuda a activar la circulación: «Le da una orden inmediata a tu cuerpo de que apriete las tuberías, sube la tensión justo para que no te falle el equilibrio». «Es un seguro de vida de coste cero», sentencia.También recomienda levantarse de la cama con tranquilidad y mover progresivamente el cuerpo para que se vaya activando poco a poco. «Deja un vaso de agua en tu mesilla y mañana, cuando abras los ojos, no saltes de la cama como si hubiera un incendio», detalla.Sentarse, beber, mover los tobillos y esperar medio minuto permite que el cuerpo «tenga una transición para que no haya accidentes». Levantarse de la cama es una acción diaria prácticamente automatizada. La dinámica suele ser apagar el despertador, sentarse en la cama, estirarse un poco, ponerse el pie y comenzar el día. Sin embargo, hay algo en este proceso que pasamos por alto y que puede poner nuestra vida en peligro.El médico de familia Alberto Sanagustín advierte que muchos infartos ocurren entre las 6.00 y las 10.00 horas porque, al despertar, nuestro cuerpo activa un mecanismo biológico que, en determinadas personas, puede convertirse en una auténtica trampa.Primero, el sanitario desmonta el mito de que la ducha fría es el detonante del infarto. Si bien reconoce que, «si tus arterias ya están castigadas, el impacto te puede perjudicar», matiza que centrarse solo en esto es un error.Noticia relacionada general No No José Abellán, cardiólogo: «Las palpitaciones pueden aparecer en algunas enfermedades» Marina Ortiz«Hay un problema grave, que si solo evitas la ducha fría, estás ignorando al verdadero culpable, al que actúa cada mañana en silencio sin que tú te des cuenta», advierte.Un despertar peligroso«Justo cuando te despiertas, tu cuerpo suelta un bloqueador que se llama PAI‑1», explica. Lo describe como «un capataz que manda a los barrenderos a casa justo cuando el tráfico de sangre es más peligroso», en referencia al sistema natural que disuelve pequeños coágulos antes de que causen un desastre. Ese equipo de limpieza, esencial para evitar obstrucciones, queda temporalmente desactivado justo en el momento más delicado del día.A esto se suma el brusco despertar fisiológico. Nada más abrir los ojos, el cerebro libera un chorro de cortisol y adrenalina. «Tus arterias se vuelven más rígidas, se cierran y tu corazón recibe una orden de golpe», señala.El efecto combinado puede ser crítico, especialmente en personas con factores de riesgo: «Si eres hipertenso o tus arterias ya tienen placas de colesterol, este empujón es el que puede agrietar la tubería». Además, añade otro factor poco conocido: «A esa hora, tu sangre es como el almíbar».Para el experto, todo encaja en lo que define como «la tormenta perfecta»: «Tus arterias están rígidas, la sangre más espesa y encima el servicio de limpieza está en huelga». Si se forma un coágulo en ese momento, «no hay nada ni nadie para despejar el atasco». Si en este instante se forma un coágulo, el riesgo de infarto se dispara.Además, introduce otros factores de riesgo como la apnea del sueño: «Tu cuerpo pasa la noche apagando pequeños incendios… y por la mañana el motor no arranca en frío, arranca ya recalentado». También alerta sobre los mareos al levantarse: «A tu cerebro le falta riego y te manda un aviso en forma de mareo».El gesto que puede ayudar a prevenir un sustoFrente a este escenario, el especialista propone un gesto simple pero efectivo: «Un vaso de agua a temperatura ambiente justo antes de salir de la cama». Según explica, este hábito ayuda a activar la circulación: «Le da una orden inmediata a tu cuerpo de que apriete las tuberías, sube la tensión justo para que no te falle el equilibrio». «Es un seguro de vida de coste cero», sentencia.También recomienda levantarse de la cama con tranquilidad y mover progresivamente el cuerpo para que se vaya activando poco a poco. «Deja un vaso de agua en tu mesilla y mañana, cuando abras los ojos, no saltes de la cama como si hubiera un incendio», detalla.Sentarse, beber, mover los tobillos y esperar medio minuto permite que el cuerpo «tenga una transición para que no haya accidentes».
Levantarse de la cama es una acción diaria prácticamente automatizada. La dinámica suele ser apagar el despertador, sentarse en la cama, estirarse un poco, ponerse el pie y comenzar el día. Sin embargo, hay algo en este proceso que pasamos por alto y que puede … poner nuestra vida en peligro.
El médico de familia Alberto Sanagustín advierte que muchos infartos ocurren entre las 6.00 y las 10.00 horas porque, al despertar, nuestro cuerpo activa un mecanismo biológico que, en determinadas personas, puede convertirse en una auténtica trampa.
Primero, el sanitario desmonta el mito de que la ducha fría es el detonante del infarto. Si bien reconoce que, «si tus arterias ya están castigadas, el impacto te puede perjudicar», matiza que centrarse solo en esto es un error.
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«Hay un problema grave, que si solo evitas la ducha fría, estás ignorando al verdadero culpable, al que actúa cada mañana en silencio sin que tú te des cuenta», advierte.
Un despertar peligroso
«Justo cuando te despiertas, tu cuerpo suelta un bloqueador que se llama PAI‑1», explica. Lo describe como «un capataz que manda a los barrenderos a casa justo cuando el tráfico de sangre es más peligroso», en referencia al sistema natural que disuelve pequeños coágulos antes de que causen un desastre.
Ese equipo de limpieza, esencial para evitar obstrucciones, queda temporalmente desactivado justo en el momento más delicado del día.
A esto se suma el brusco despertar fisiológico. Nada más abrir los ojos, el cerebro libera un chorro de cortisol y adrenalina. «Tus arterias se vuelven más rígidas, se cierran y tu corazón recibe una orden de golpe», señala.
El efecto combinado puede ser crítico, especialmente en personas con factores de riesgo: «Si eres hipertenso o tus arterias ya tienen placas de colesterol, este empujón es el que puede agrietar la tubería». Además, añade otro factor poco conocido: «A esa hora, tu sangre es como el almíbar».
Para el experto, todo encaja en lo que define como «la tormenta perfecta»: «Tus arterias están rígidas, la sangre más espesa y encima el servicio de limpieza está en huelga». Si se forma un coágulo en ese momento, «no hay nada ni nadie para despejar el atasco». Si en este instante se forma un coágulo, el riesgo de infarto se dispara.
Además, introduce otros factores de riesgo como la apnea del sueño: «Tu cuerpo pasa la noche apagando pequeños incendios… y por la mañana el motor no arranca en frío, arranca ya recalentado». También alerta sobre los mareos al levantarse: «A tu cerebro le falta riego y te manda un aviso en forma de mareo».
El gesto que puede ayudar a prevenir un susto
Frente a este escenario, el especialista propone un gesto simple pero efectivo: «Un vaso de agua a temperatura ambiente justo antes de salir de la cama». Según explica, este hábito ayuda a activar la circulación: «Le da una orden inmediata a tu cuerpo de que apriete las tuberías, sube la tensión justo para que no te falle el equilibrio». «Es un seguro de vida de coste cero», sentencia.
También recomienda levantarse de la cama con tranquilidad y mover progresivamente el cuerpo para que se vaya activando poco a poco. «Deja un vaso de agua en tu mesilla y mañana, cuando abras los ojos, no saltes de la cama como si hubiera un incendio», detalla.
Sentarse, beber, mover los tobillos y esperar medio minuto permite que el cuerpo «tenga una transición para que no haya accidentes».
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