Se cumple este año el 75 aniversario de la llegada a la Alcaldía de Córdoba de Antonio Cruz Conde (1951-1962). Transformó la ciudad, explotó sus posibilidades y la puso en el escaparate nacional e internacional. De él se ha dicho que fue el alcalde urbanista que proyectó Córdoba hacia el futuro y el presidente de la Diputación (1962-1967) que creyó y trabajó para hacer justicia donde antes se hacía caridad. Respecto a la gestión municipal, brindó una excelente e imperecedera receta: amar a Córdoba, tener claro el modelo de ciudad y pelear ante todas las administraciones e instituciones para conseguirlo, como escribió en sus memorias que tuve el honor de publicar. Historiadores como Luis Palacios, Francisco Román, María del Carmen Martínez y el periodista Francisco Solano Márquez, han calificado esta época como ‘La década prodigiosa ‘. El aspecto actual del Alcázar y de la Torre de la Calahorra se lo debemos a su mandato; en el primero, además, los mosaicos que lo adornan proceden de las excavaciones que ordenó en la plaza de la Corredera para devolverla a su aspecto original; del grifo que abrimos hoy sale con seguridad agua, merced a que Cruz Conde resolvió definitivamente el abastecimiento a la capital con el recrecimiento de la presa del Guadalmellato ; gracias a él Córdoba tuvo aeropuerto, el primer puente desde los romanos y nos dotó de los primeros hoteles modernos (el Parador y el Palace); creó las callejas de las Flores y de la Hoguera y las avenidas de Vallellano, Corregidor y Carlos III; con él nacieron el Museo Taurino y el Concurso Nacional de Arte Flamenco e impulsó al Festival de Patios. En la provincia acabó con el ‘desierto del barro’ de los caminos de la Campiña y las escenas deprimentes de aquel Hospital de Agudos desaparecieron de la vida de los cordobeses gracias a la construcción del Hospital General Provincial. Imagínense Córdoba sin todo esto, algunos ejemplos de la obra imborrable de Antonio Cruz Conde . Pues eso, que de bien nacidos en ser agradecidos. Se cumple este año el 75 aniversario de la llegada a la Alcaldía de Córdoba de Antonio Cruz Conde (1951-1962). Transformó la ciudad, explotó sus posibilidades y la puso en el escaparate nacional e internacional. De él se ha dicho que fue el alcalde urbanista que proyectó Córdoba hacia el futuro y el presidente de la Diputación (1962-1967) que creyó y trabajó para hacer justicia donde antes se hacía caridad. Respecto a la gestión municipal, brindó una excelente e imperecedera receta: amar a Córdoba, tener claro el modelo de ciudad y pelear ante todas las administraciones e instituciones para conseguirlo, como escribió en sus memorias que tuve el honor de publicar. Historiadores como Luis Palacios, Francisco Román, María del Carmen Martínez y el periodista Francisco Solano Márquez, han calificado esta época como ‘La década prodigiosa ‘. El aspecto actual del Alcázar y de la Torre de la Calahorra se lo debemos a su mandato; en el primero, además, los mosaicos que lo adornan proceden de las excavaciones que ordenó en la plaza de la Corredera para devolverla a su aspecto original; del grifo que abrimos hoy sale con seguridad agua, merced a que Cruz Conde resolvió definitivamente el abastecimiento a la capital con el recrecimiento de la presa del Guadalmellato ; gracias a él Córdoba tuvo aeropuerto, el primer puente desde los romanos y nos dotó de los primeros hoteles modernos (el Parador y el Palace); creó las callejas de las Flores y de la Hoguera y las avenidas de Vallellano, Corregidor y Carlos III; con él nacieron el Museo Taurino y el Concurso Nacional de Arte Flamenco e impulsó al Festival de Patios. En la provincia acabó con el ‘desierto del barro’ de los caminos de la Campiña y las escenas deprimentes de aquel Hospital de Agudos desaparecieron de la vida de los cordobeses gracias a la construcción del Hospital General Provincial. Imagínense Córdoba sin todo esto, algunos ejemplos de la obra imborrable de Antonio Cruz Conde . Pues eso, que de bien nacidos en ser agradecidos.
Se cumple este año el 75 aniversario de la llegada a la Alcaldía de Córdoba de Antonio Cruz Conde (1951-1962). Transformó la ciudad, explotó sus posibilidades y la puso en el escaparate nacional e internacional. De él se ha dicho que fue el … alcalde urbanista que proyectó Córdoba hacia el futuro y el presidente de la Diputación (1962-1967) que creyó y trabajó para hacer justicia donde antes se hacía caridad.
Respecto a la gestión municipal, brindó una excelente e imperecedera receta: amar a Córdoba, tener claro el modelo de ciudad y pelear ante todas las administraciones e instituciones para conseguirlo, como escribió en sus memorias que tuve el honor de publicar. Historiadores como Luis Palacios, Francisco Román, María del Carmen Martínez y el periodista Francisco Solano Márquez, han calificado esta época como ‘La década prodigiosa‘.
El aspecto actual del Alcázar y de la Torre de la Calahorra se lo debemos a su mandato; en el primero, además, los mosaicos que lo adornan proceden de las excavaciones que ordenó en la plaza de la Corredera para devolverla a su aspecto original; del grifo que abrimos hoy sale con seguridad agua, merced a que Cruz Conde resolvió definitivamente el abastecimiento a la capital con el recrecimiento de la presa del Guadalmellato; gracias a él Córdoba tuvo aeropuerto, el primer puente desde los romanos y nos dotó de los primeros hoteles modernos (el Parador y el Palace); creó las callejas de las Flores y de la Hoguera y las avenidas de Vallellano, Corregidor y Carlos III; con él nacieron el Museo Taurino y el Concurso Nacional de Arte Flamenco e impulsó al Festival de Patios.
En la provincia acabó con el ‘desierto del barro’ de los caminos de la Campiña y las escenas deprimentes de aquel Hospital de Agudos desaparecieron de la vida de los cordobeses gracias a la construcción del Hospital General Provincial. Imagínense Córdoba sin todo esto, algunos ejemplos de la obra imborrable de Antonio Cruz Conde. Pues eso, que de bien nacidos en ser agradecidos.
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