Todo comenzó con una partida de golf fraguada en la Conferencia de Seguridad de Múnich del 2025, la misma en la que el vicepresidente de EE.UU., J.D. Vance, dio comienzo a una nueva era de fractura transatlántica, en los inicios del segundo mandato de Donald Trump en la Casa Blanca.
Alexander Stubb, uno de los candidatos para representar a Europa en unas eventuales negociaciones de paz con Rusia
Todo comenzó con una partida de golf fraguada en la Conferencia de Seguridad de Múnich del 2025, la misma en la que el vicepresidente de EE.UU., J.D. Vance, dio comienzo a una nueva era de fractura transatlántica, en los inicios del segundo mandato de Donald Trump en la Casa Blanca.
Quien la sugirió fue el recientemente fallecido senador Lindsey Graham, que era uno de los aliados de Ucrania entre los republicanos. En una charla con el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, al enterarse de que había estudiado con una beca de golf en Carolina del Sur, Graham le dijo que solía jugar con Trump y se ofreció a organizar una partida.
El golf le acercó a Trump pero el Kremlin duda de si “se limita a repetir la postura general europea”
La partida se jugó poco después, en Mar-a-Lago, el complejo del magnate en Florida. No fue una visita oficial, sino una mañana en el Trump International Golf Club de West Palm Beach, junto a Graham, el golfista Gary Player y el excongresista Trey Gowdy. Esas horas, en las que además de golf hablaron de Ucrania y de las relaciones con Europa, le fueron valiosas a Stubb para convertirse en uno de los pocos líderes de la UE en tejer una buena relación –y acceso directo– con el magnate.
Finlandia no es un país imparcial en el conflicto con Moscú. Comparte más de 1.300 kilómetros de frontera con Rusia, una política de neutralidad forzada durante la Guerra Fría y unas tensiones crecientes desde la invasión de Ucrania en el 2022, que se agrandaron con su ingreso en la OTAN. Pero pese a esto, la cercanía de Stubb al presidente Trump y su pragmatismo le han convertido en uno de los últimos candidatos en los debates informales sobre quién representaría a Europa en unas eventuales negociaciones de paz para Ucrania, que vuelven a coger impulso después de que el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, propusiera a Moscú una cumbre trilateral junto a Putin y el ucraniano Volodímir Zelenski.
“Sería prudente recurrir a Stubb, ya que es una de las pocas personas del ámbito europeo que mantiene una buena relación con Trump. Además, es la elección lógica, ya que Finlandia es un país que comparte una frontera muy extensa con Rusia, y las repercusiones para ellos son importantes”, analiza un diplomático europeo. “Será muy difícil influir en las negociaciones, que serán principalmente entre EE.UU. y Rusia, y, desde este punto de vista, hay que encontrar a una persona con un mínimo de credibilidad ante Trump”, señala Raffaele Marchetti, profesor de Relaciones Internacionales de la universidad Luiss de Roma. “No obstante, hasta ahora no ha tenido una postura que pueda ser bienvenida a la mesa de los rusos”, puntualiza.
Stubb estuvo el martes en la reunión organizada en Oslo entre el presidente ucraniano y Witkoff que precedió al viaje del enviado de Trump a San Petersburgo, y más tarde declaró que se habían producido “avances reales”. Curiosamente, Finlandia, pese a su discreto tamaño dentro del bloque comunitario, ha tenido representación en muchos de los encuentros de formato reducido para hablar del futuro de Ucrania. Estuvo en la fotografía de la Casa Blanca de agosto del 2025 para arropar a Zelenski tras la reunión de Putin y Trump en Alaska, junto al secretario general de la OTAN, la presidenta de la Comisión Europea y los líderes de Francia, Reino Unido, Italia y Alemania.
Cautela en Bruselas: la versión oficial es que la representación debería ser del Consejo y la Comisión
En el Kremlin prefieren al excanciller Gerhard Schroeder –lobbista de empresas estatales rusas– pero el portavoz Dimitri Peskov no cerró del todo la puerta a Stubb esta semana. “Veremos hasta qué punto el señor Stubb puede aportar algo constructivo. Si es capaz de hacerlo, eso podría considerarse de forma positiva. Si no es así, si se limita a repetir la postura general europea, es poco probable que se trate de una aportación constructiva”, avisó el funcionario.
Desde Bruselas se interpretan estos avances con cierta cautela. Nadie olvida que detrás de los renovados esfuerzos negociadores de Trump se encuentra su pacto para liberar diésel. El interés por Ucrania es bienvenido después de meses con Washington concentrado en su guerra de Irán, pero todavía es pronto, remarcan varias voces, para hablar de un nuevo negociador.
Sin embargo, la versión oficial no favorece a Stubb: la representación europea en los próximos encuentros debería ser doble, de la Comisión y el Consejo, dijo este viernes la portavoz comunitaria Arianna Podestà. En los últimos encuentros a nivel técnico estuvieron los jefes de gabinete de Ursula von der Leyen y António Costa. Hace unos meses, el portugués reabrió, de forma muy discreta, un canal de comunicación con el Kremlin. En la última cumbre de la semana pasada, los líderes comunitarios volvieron a debatir de la idea de designar a un enviado especial europeo, pero de momento, todo está en el aire.
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