En busca de hacer realidad el dicho de ‘A la tercera va la vencida’. Así se presenta Alfonso Fernández Mañueco (Salamanca, 1965), por tercera vez candidato del Partido Popular a la Presidencia de la Junta de Castilla y León. Un sillón que ocupa desde 2019, tras la primera ocasión en la que fue cabeza de cartel cogiendo el testigo, tras dieciocho años, de Juan Vicente Herrera, pero siempre merced a pactos. Así que en este tercer intento la meta es lograr una mayoría que le permita desembarazarse de los acuerdos con otras formaciones que hasta ahora no han cuajado en un mandato completo en pareja. Eso sí, en todos los casos Mañueco ha continuado como jefe del Ejecutivo autonómico en una Comunidad que estrenó allá por diciembre de 2021 la ruptura de un pacto y el adelanto de la llamada a las urnas.Esta vez, de nuevo iba a ser la primera autonomía en abrir los colegios electorales. Pero, no. Extremadura y Aragón se han adelantado en el calendario y en el fondo van marcando el camino que le espera a Mañueco.El pequeño de una familia numerosa, ha visto morir ya a varios hermanos. Político, marido y padre. O más bien en orden inverso. Madridista confeso, pasión que comparte con sus hijas. Salamanca también es su pasión y charro su núcleo duro. Más que taurino, ‘devoto’ de su paisano El Viti. Hijo de alcalde, él también había sido antes concejal y joven presidente de la Diputación de Salamanca, provincia a la que ‘volvía’ en 2011 para ser elegido alcalde. Algo más de siete años estuvo al frente del consistorio charro, que dejó para regresar a la escena autonómica. Y fue el primero en el PP de Castilla y León que tenía que superar un proceso de primarias para tomar el relevo al dilatado mandato de Herrera. Su vinculación con el partido fraguada a lo largo de los años como jefe de máquinas se impuso con claridad y casi el 70 por ciento de los votos de los militantes al otro rival, Antonio Silván, por más que el leonés contase en este proceso con el respaldo expreso y casi en pleno del Gobierno autonómico.Licenciado en Derecho, ya en su etapa universitaria se involucró en el movimiento asociativo y con la mayoría de edad recién cumplida también también estrenó el carné de Nuevas Generaciones, organización con la que siempre ha estado muy vinculado y a la que ha mimado tanto como secretario general del PP de Castilla y León como desde que tomó las riendas de la formación en abril de 2017. Con fama de aguantar en las negociaciones y no levantarse del sillón hasta que no saca adelante su propuesta, el primer acuerdo de Gobierno le vino brindado desde Madrid. Eran tiempos de Pablo Casado al frente de las filas del PP y un entendimiento con el Ciudadanos de Albert Rivera permitió a Mañueco y sus 29 escaños ser presidente de la Junta en la primera ocasión en más de treinta años en la que el PSOE lograba ganar, aunque no gobernar, en una Comunidad que siempre se le ha resistido. Como vicepresidente de ese primera gobierno en coalición, Francisco Igea, con el que nunca termino de cuajar la relación y la confianza.Y eso que superaron juntos la primera moción de censura de la historia de Castilla y León, que en un ejercicio de precipitación se apresuró a presentar el PSOE sin haber amarrado los suficientes díscolos de Ciudadanos partido que, eso sí, quedó roto y abocado en la siguiente cita electoral a pasar de trece a un parlamentario.La mayoría absoluta con la que se llegó a pensar y soñar en el seno popular al convocar esas elecciones de 2022 naufragó con el recuento de papeletas, pero no impidió a Mañueco seguir como presidente de la Junta de Castilla y León. Esta vez, de la mano de Vox tras duras y largas jornadas de negociaciones. Pero el matrimonio también se rompió tras apenas dos años de convivencia, esta vez por decisión unilateral de los de Santiago Abascal.Otro tanto Mañueco ha estado al frente de un gobierno monocolor con el que sueña. Ha estado sin mayoría absoluta, pero siempre convencido -o al menos así lo ha reiterado- de la «eficacia» de su ejecutivo y la política autonómica. Ésa por la que ya había pasado con anterioridad como consejero en tiempos de Herrera, los de las mayorías absolutas e incluso aplastantes, y compatibilizando el cargo con el de número dos del partido. En busca de hacer realidad el dicho de ‘A la tercera va la vencida’. Así se presenta Alfonso Fernández Mañueco (Salamanca, 1965), por tercera vez candidato del Partido Popular a la Presidencia de la Junta de Castilla y León. Un sillón que ocupa desde 2019, tras la primera ocasión en la que fue cabeza de cartel cogiendo el testigo, tras dieciocho años, de Juan Vicente Herrera, pero siempre merced a pactos. Así que en este tercer intento la meta es lograr una mayoría que le permita desembarazarse de los acuerdos con otras formaciones que hasta ahora no han cuajado en un mandato completo en pareja. Eso sí, en todos los casos Mañueco ha continuado como jefe del Ejecutivo autonómico en una Comunidad que estrenó allá por diciembre de 2021 la ruptura de un pacto y el adelanto de la llamada a las urnas.Esta vez, de nuevo iba a ser la primera autonomía en abrir los colegios electorales. Pero, no. Extremadura y Aragón se han adelantado en el calendario y en el fondo van marcando el camino que le espera a Mañueco.El pequeño de una familia numerosa, ha visto morir ya a varios hermanos. Político, marido y padre. O más bien en orden inverso. Madridista confeso, pasión que comparte con sus hijas. Salamanca también es su pasión y charro su núcleo duro. Más que taurino, ‘devoto’ de su paisano El Viti. Hijo de alcalde, él también había sido antes concejal y joven presidente de la Diputación de Salamanca, provincia a la que ‘volvía’ en 2011 para ser elegido alcalde. Algo más de siete años estuvo al frente del consistorio charro, que dejó para regresar a la escena autonómica. Y fue el primero en el PP de Castilla y León que tenía que superar un proceso de primarias para tomar el relevo al dilatado mandato de Herrera. Su vinculación con el partido fraguada a lo largo de los años como jefe de máquinas se impuso con claridad y casi el 70 por ciento de los votos de los militantes al otro rival, Antonio Silván, por más que el leonés contase en este proceso con el respaldo expreso y casi en pleno del Gobierno autonómico.Licenciado en Derecho, ya en su etapa universitaria se involucró en el movimiento asociativo y con la mayoría de edad recién cumplida también también estrenó el carné de Nuevas Generaciones, organización con la que siempre ha estado muy vinculado y a la que ha mimado tanto como secretario general del PP de Castilla y León como desde que tomó las riendas de la formación en abril de 2017. Con fama de aguantar en las negociaciones y no levantarse del sillón hasta que no saca adelante su propuesta, el primer acuerdo de Gobierno le vino brindado desde Madrid. Eran tiempos de Pablo Casado al frente de las filas del PP y un entendimiento con el Ciudadanos de Albert Rivera permitió a Mañueco y sus 29 escaños ser presidente de la Junta en la primera ocasión en más de treinta años en la que el PSOE lograba ganar, aunque no gobernar, en una Comunidad que siempre se le ha resistido. Como vicepresidente de ese primera gobierno en coalición, Francisco Igea, con el que nunca termino de cuajar la relación y la confianza.Y eso que superaron juntos la primera moción de censura de la historia de Castilla y León, que en un ejercicio de precipitación se apresuró a presentar el PSOE sin haber amarrado los suficientes díscolos de Ciudadanos partido que, eso sí, quedó roto y abocado en la siguiente cita electoral a pasar de trece a un parlamentario.La mayoría absoluta con la que se llegó a pensar y soñar en el seno popular al convocar esas elecciones de 2022 naufragó con el recuento de papeletas, pero no impidió a Mañueco seguir como presidente de la Junta de Castilla y León. Esta vez, de la mano de Vox tras duras y largas jornadas de negociaciones. Pero el matrimonio también se rompió tras apenas dos años de convivencia, esta vez por decisión unilateral de los de Santiago Abascal.Otro tanto Mañueco ha estado al frente de un gobierno monocolor con el que sueña. Ha estado sin mayoría absoluta, pero siempre convencido -o al menos así lo ha reiterado- de la «eficacia» de su ejecutivo y la política autonómica. Ésa por la que ya había pasado con anterioridad como consejero en tiempos de Herrera, los de las mayorías absolutas e incluso aplastantes, y compatibilizando el cargo con el de número dos del partido.
En busca de hacer realidad el dicho de ‘A la tercera va la vencida’. Así se presenta Alfonso Fernández Mañueco (Salamanca, 1965), por tercera vez candidato del Partido Popular a la Presidencia de la Junta de Castilla y León. Un sillón que ocupa desde 2019, … tras la primera ocasión en la que fue cabeza de cartel cogiendo el testigo, tras dieciocho años, de Juan Vicente Herrera, pero siempre merced a pactos. Así que en este tercer intento la meta es lograr una mayoría que le permita desembarazarse de los acuerdos con otras formaciones que hasta ahora no han cuajado en un mandato completo en pareja. Eso sí, en todos los casos Mañueco ha continuado como jefe del Ejecutivo autonómico en una Comunidad que estrenó allá por diciembre de 2021 la ruptura de un pacto y el adelanto de la llamada a las urnas.
Esta vez, de nuevo iba a ser la primera autonomía en abrir los colegios electorales. Pero, no. Extremadura y Aragón se han adelantado en el calendario y en el fondo van marcando el camino que le espera a Mañueco.
El pequeño de una familia numerosa, ha visto morir ya a varios hermanos. Político, marido y padre. O más bien en orden inverso. Madridista confeso, pasión que comparte con sus hijas. Salamanca también es su pasión y charro su núcleo duro. Más que taurino, ‘devoto’ de su paisano El Viti.
Hijo de alcalde, él también había sido antes concejal y joven presidente de la Diputación de Salamanca, provincia a la que ‘volvía’ en 2011 para ser elegido alcalde. Algo más de siete años estuvo al frente del consistorio charro, que dejó para regresar a la escena autonómica. Y fue el primero en el PP de Castilla y León que tenía que superar un proceso de primarias para tomar el relevo al dilatado mandato de Herrera. Su vinculación con el partido fraguada a lo largo de los años como jefe de máquinas se impuso con claridad y casi el 70 por ciento de los votos de los militantes al otro rival, Antonio Silván, por más que el leonés contase en este proceso con el respaldo expreso y casi en pleno del Gobierno autonómico.
Licenciado en Derecho, ya en su etapa universitaria se involucró en el movimiento asociativo y con la mayoría de edad recién cumplida también también estrenó el carné de Nuevas Generaciones, organización con la que siempre ha estado muy vinculado y a la que ha mimado tanto como secretario general del PP de Castilla y León como desde que tomó las riendas de la formación en abril de 2017.
Con fama de aguantar en las negociaciones y no levantarse del sillón hasta que no saca adelante su propuesta, el primer acuerdo de Gobierno le vino brindado desde Madrid. Eran tiempos de Pablo Casado al frente de las filas del PP y un entendimiento con el Ciudadanos de Albert Rivera permitió a Mañueco y sus 29 escaños ser presidente de la Junta en la primera ocasión en más de treinta años en la que el PSOE lograba ganar, aunque no gobernar, en una Comunidad que siempre se le ha resistido. Como vicepresidente de ese primera gobierno en coalición, Francisco Igea, con el que nunca termino de cuajar la relación y la confianza.
Y eso que superaron juntos la primera moción de censura de la historia de Castilla y León, que en un ejercicio de precipitación se apresuró a presentar el PSOE sin haber amarrado los suficientes díscolos de Ciudadanos partido que, eso sí, quedó roto y abocado en la siguiente cita electoral a pasar de trece a un parlamentario.
La mayoría absoluta con la que se llegó a pensar y soñar en el seno popular al convocar esas elecciones de 2022 naufragó con el recuento de papeletas, pero no impidió a Mañueco seguir como presidente de la Junta de Castilla y León. Esta vez, de la mano de Vox tras duras y largas jornadas de negociaciones. Pero el matrimonio también se rompió tras apenas dos años de convivencia, esta vez por decisión unilateral de los de Santiago Abascal.
Otro tanto Mañueco ha estado al frente de un gobierno monocolor con el que sueña. Ha estado sin mayoría absoluta, pero siempre convencido -o al menos así lo ha reiterado- de la «eficacia» de su ejecutivo y la política autonómica. Ésa por la que ya había pasado con anterioridad como consejero en tiempos de Herrera, los de las mayorías absolutas e incluso aplastantes, y compatibilizando el cargo con el de número dos del partido.
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