El 24 de marzo de 1976, hace medio siglo, una junta militar derrocó al gobierno constitucional en Argentina. Lo más significativo de aquel régimen que duró hasta 1984, fue la represión que desató sobre la izquierda juvenil y la desaparición de miles de personas, la mayoría de ellos jóvenes. Los desaparecidos murieron lanzados desde aviones sobre el Río de la Plata, después de haber sido torturados en centros de la Armada y, finalmente, drogados con pentotal antes de su último viaje.
El 24 de marzo de 1976, hace medio siglo, una junta militar derrocó al gobierno constitucional en Argentina. Lo más significativo de aquel régimen que duró hasta 1984, fue la represión que desató sobre la izquierda juvenil y la desaparición de miles de personas, la mayoría de ellos jóvenes. Los desaparecidos murieron lanzados desde aviones sobre el Río de la Plata, después de haber sido torturados en centros de la Armada y, finalmente, drogados con pentotal antes de su último viaje.Seguir leyendo…

El 24 de marzo de 1976, hace medio siglo, una junta militar derrocó al gobierno constitucional en Argentina. Lo más significativo de aquel régimen que duró hasta 1984, fue la represión que desató sobre la izquierda juvenil y la desaparición de miles de personas, la mayoría de ellos jóvenes. Los desaparecidos murieron lanzados desde aviones sobre el Río de la Plata, después de haber sido torturados en centros de la Armada y, finalmente, drogados con pentotal antes de su último viaje.
El historiador Carlo Greppi, que acaba de publicar “ Hija mía ” (Editorial Crítica), sobre la vida de una de esas desaparecidas, Franca Jarach, dice que un cuerpo tarda 68 segundos en caer desde los 4.000 metros de altura a los que volaban los aviones de la muerte. Caían a tal velocidad que, al impactar en el agua, los huesos se rompían y eso ha hecho difícil la identificación de los restos localizados por los forenses.
Medio siglo después está en marcha una revisión de los crímenes de la dictadura
La cifra de desaparecidos que utilizan las organizaciones de derechos humanos es de 30.000. Pero la escasa colaboración del ejército para localizar los cuerpos solo ha permitido acreditar 8.000, y otras fuentes hablan de 25.000. Aun así, desconcierta la desaparición en una sociedad moderna de tanta gente de una misma franja de edad (entre 18 y 35 años). El vacío que dejan.
A medida que avanza la década, van apareciendo libros sobre la generación que entró en política en los años 70, en la última fase de la Guerra Fría, y que abrazó la violencia para luchar contra regímenes autoritarios. De aquella generación han surgido novelas clásicas que se devoran, como “ Revolución ”, de Hugo Gonçalves (Libros del Asteroide), que narra la historia de una familia en los meses agitados de la Revolución de los Claveles de 1974 en Portugal. O aparecen historias como “ El verano de los inocentes ” (Anagrama) de Roger Mateos, sobre el último ejecutado por el franquismo, Humberto Baena, que ilustra la precariedad material y vital del FRAP, grupo activo en la transición española a la democracia.

Sin embargo, ninguna de esas sagas tiene la fuerza de la historia de la “juventud montonera”, la facción radical y de izquierdas del peronismo. De ninguna otra generación se ha escrito tanto, de sus torturas (en algunos casos, de su vida junto a sus torturadores), de su exilio y supervivencia.
La historia argentina sobresale porque en ningún país de tradición democrática la reacción a la aparición de esos contestatarios fue tan feroz, con un complejo y eficaz sistema de represión, gestión de la tortura (la Escuela Mecánica de la Armada, hoy museo) e incluso la adopción de bebés nacidos en cautividad. También por la historia de las familias, que tardaron muchos años en ver esos crímenes reconocidos, con especial mención a las Madres de Plaza de Mayo, claves para romper el silencio.
Hoy, medio siglo después, el gobierno que dirige Javier Milei está promoviendo una revisión profunda de la historia de aquellos acontecimientos. Se relativiza la dictadura, se intenta rehabilitar como héroes a los torturadores condenados por crímenes y se asegura que aquello fue una guerra en la que se cometieron atrocidades por las dos partes.
La sociedad argentina tardó décadas en superar aquel trauma. Para ello, fue básico el consenso. Hoy la ultraderecha se empeña en romperlo y que la de los desaparecidos siga siendo una historia inacabada.
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