Sin venir a cuento, un tenista fortachón, de extremidades cortas y espíritu embravecido, se abre paso en las verdes praderas de Wimbledon y el público londinense lo celebra:
El británico, 114.º del mundo, destripa a Flavio Cobolli por 6-4, 7-6(4) y 6-0 y se jugará el pase a la final ante Zverev
Sin venir a cuento, un tenista fortachón, de extremidades cortas y espíritu embravecido, se abre paso en las verdes praderas de Wimbledon y el público londinense lo celebra:
–¡Pues qué bien!
El protagonista de esta historia, este Arthur Fery (23) de quien nadie había oído hablar hasta hace diez días, había nacido en Sevres, a las afueras de París, pero se crió y creció como tenista en Londres, y cuando tuvo que escoger entre ambas nacionalidades, la francesa o la inglesa, se decantó por esta última y aquí está ahora, revolviendo el mundo del tenis. Este jueves destripaba a Flavio Cobolli en tres sets (6-4, 7-6(4) y 6-0) y se jugará el pase a la final ante Sasha Zverev, menudo honor de compromiso: Zverev es el último campeón de Roland Garros y este jueves también destripaba al rival, Taylor Fritz, por un doble 6-4 y 6-2.
(…)
En el Centre Court londinense el calor es una chicharra y el público encorsetado echa mano de esos pequeños ventiladores en miniatura que proliferan por doquier y quince mil gargantas corean el nombre del héroe inesperado, vocean por Fery, y Flavio Cobolli lleva la cabeza gacha, es un alma en pena.
A Cobolli le apoya su equipo, su gente en el box, con Stefano a la cabeza, y poco más.
Stefano Cobolli es su padre y entrenador y le pide al muchacho que se centre pero nada, que este es el mundo al revés y el italiano, uno de los tenistas del año, finalista en Roland Garros hace solo tres semanas, no sabe qué hacer, cómo tomarse a este Fery que es un desconocido y un galimatías: luce el sol en Londres pero al italiano se le viene encima la tormenta perfecta.
Al inicio del torneo, Fery jugaba a solas, en la pista 18; este miércoles le acompañaban quince mil gargantas
Una wild card le había entregado Wimbledon a Fery, aunque entonces nadie daba una libra por él, y con razón. Antes de irrumpir en Londres y romperlo todo, pocos habían oído su nombre. Era el 114.º del mundo. Le habíamos visto en sus cinco partidos en el Open de Australia, en febrero (tres del cuadro pequeño y dos del grande, hasta perder ante Etcheverry). Y ya.
Habitual de challengers, torneos de la segunda división tenística, Fery ha sido un estajanovista del tenis.
Pero ahora.
¡Así se disfruta de un regalo!
Bendecido por la wild card, ha echado a volar.
Jugando en pistas menores, en la 16 o la 18, Arthur Fery ha ido tumbando a Dhzumhur, Virtanen y Bergs, y a la tercera todos empezaron a hablar de él y Roger Federer se animó a asomarse al box de su jardín, el Centre Court, para ver cómo Fery tumbaba también a Dimitrov, y ayer en el palco ya estaba la reina Camila del Reino Unido.
Ojipláticos, los Cobolli padre e hijo asistían al castigo.
Se veían solos en Londres, manipulados por un británico desconocido que jugaba al ataque y según el ranking online ya es el 36.º: Fery soltaba derechazos magníficos y se mostraba sólido en su revés a dos manos, y cuando Cobolli trataba de arrinconarle, salía con una genialidad desde el fondo de la pista, una maravilla y aire fresco para este circuito en el que, más allá del ausente Alcaraz, del estupendo Sinner y del apasionado Djokovic, el resto es más de lo mismo.
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