“Venga, que hoy jugáis en el camp 9 ”. Hace no tantos años esta era una broma habitual para las jugadoras del equipo entonces dirigido por Xavi Llorens, que jugaban sus partidos como locales en los campos 8 y 9 de la ciudad deportiva, con una pequeña grada detrás de una de las porterías para las 40 o 50 personas –la mayoría familiares y amigos– que iban a verlas. Pisar algún día el Camp Nou ni siquiera era un sueño para aquellas futbolistas.
El Barça femenino jugará por octava vez en el estadio culé, dejando atrás los años de la ciudad ceportiva
“Venga, que hoy jugáis en el camp 9 ”. Hace no tantos años esta era una broma habitual para las jugadoras del equipo entonces dirigido por Xavi Llorens, que jugaban sus partidos como locales en los campos 8 y 9 de la ciudad deportiva, con una pequeña grada detrás de una de las porterías para las 40 o 50 personas –la mayoría familiares y amigos– que iban a verlas. Pisar algún día el Camp Nou ni siquiera era un sueño para aquellas futbolistas.
Aquel juego de palabras hoy no lo entenderían las nuevas generaciones como Serrajordi o Aïcha, que viven una realidad muy diferente. Esta tarde entrarán por primera vez al estadio blaugrana y verán sus camisetas colgando en su propio vestuario, distinto al masculino.
El Barça siempre ha liderado el crecimiento del fútbol femenino en España. Fue el primero en profesionalizar la sección en el 2015. Una década después, todos los clubs lo son, la Liga también, y las futbolistas tienen un convenio colectivo que garantiza sus derechos. Siguiendo con esta apuesta, el Spotify Camp Nou será el primer estadio en contar con un vestuario exclusivo para su equipo femenino, toda una declaración de intenciones. No lo podrán estrenar esta tarde porque aún no han acabado las obras, y deberán utilizar, igual que el equipo de Hansi Flick, uno de los vestuarios visitantes. Pero cuando los trabajos de remodelación acaben, tendrán un espacio propio, de las mismas características que el primer equipo masculino. “Demuestra la apuesta del club hacia el femenino”, decía Cata Coll en la previa: “Siempre creen en ello y cada año lo demuestran más. Estoy muy contenta de estar en el mejor club del mundo y donde apuestan por nosotras”. “Es señal de que vamos a jugar más partidos allí, de que nos tienen en cuenta”, valoraba la veterana Irene Paredes. “El club piensa en nosotras, significa que también va a ser nuestra casa”, añadía Caroline Graham Hansen.
Cata Coll: “El club cree en nosotras y cada año lo muestra más. Estoy contenta de estar en el mejor club del mundo”
Para todas ellas será un día inolvidable. Una fiesta para la que se han vendido casi todas las localidades, unas 62.000. “Ahora es cosa nuestra hacerlo bien sobre el césped y seguir dando razones para abrir el Spotify Camp Nou”, reivindicaba la central vasca. De los ocho clasificados para cuartos de final, solo el Real Madrid ha jugado su eliminatoria en una ciudad deportiva. Hace ya bastante tiempo que en Europa nadie se plantea no abrir las puertas de sus estadios principales al femenino. Estos cuartos de final se juegan en grandes iconos del fútbol europeo, como el Emirates, el Stamford Bridge u Old Trafford. Una realidad que contrasta con los poco más de 4.000 espectadores que presenciaron el partido de ida en el modesto Alfredo di Stéfano. No es casualidad, sino una muestra más de la falta de proyecto de un Real Madrid que nació con la vocación de ser una alternativa al Barça, pero al que la realidad ha relegado a un papel secundario. 24 clásicos hasta la fecha con tan solo un triunfo blanco y agravado por las malas sensaciones de los últimos dos. El triplete de clásicos acaba esta noche en el Camp Nou con el Barça dispuesto a sellar su pase a semifinales (2-6 en la ida) y celebrar su regreso a casa por todo lo alto.
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