La presentación de la nueva colección Outdoor 2026 de Kave Home se llevará a cabo en la tarde del jueves, 19 de marzo, en un entorno concebido como experiencia dinámica y no como escaparate. El encuentro propone un cruce entre diseño, territorio y creación contemporánea que trasciende la lógica expositiva para situarse en el ámbito de lo habitable. En este contexto, se acogen las obras de Paco Romero y Areté d’Empordà, que funcionan como un eje que desplaza la mirada del público a su encuentro, y el mero objeto al vínculo. Bajo el lema «Estar fuera. Una manera muy nuestra de estar», la colección plantea el exterior como una extensión natural del interior , recogiendo una tradición mediterránea donde la vida sucede en tránsito constante entre ambos espacios. Pero es precisamente en esa apertura donde la obra de Areté introduce una pregunta más profunda: ¿qué implica realmente estar? Arte como disfraz de la vidaEn una conversación con la artista, recientemente expuesta en la feria CAN Art de Madrid, surgen caminos, imágenes y debates en torno al arte (disfraz de la vida) que continuarán transformándose en su paso al compartirlos con ustedes hoy. Hay algo paradójico en intentar fijar el movimiento. Y, sin embargo, toda forma artística ha sido siempre una tentativa más o menos consciente de capturar aquello que, por naturaleza, se escapa . Areté d’Empordà parte precisamente de esta tensión: ¿cómo sostener lo efímero sin traicionarlo? ¿cómo dar cuerpo a lo que solo existe en tránsito? La trayectoria de Areté como ceramista brota de la danza, formando ésta la columna principal de su lenguaje, ya que como ella misma subraya, la danza no se petrifica; es la técnica aplicada a aquello que no permanece. En todas sus piezas, y especialmente en la colección expuesta desde este jueves en Barcelona, Derviche, la plasticidad continúa más allá del proceso de secado. Pese a la rigidez, el movimiento se condensa en un gesto inagotable en lo visible que más bien se percibe en la fuga, como el círculo que se abre en espiral.Si trazáramos una línea que uniera tiempo y forma, probablemente atravesaríamos dos estaciones intermedias: el ritmo y la danza. Es a lo largo de ese recorrido donde transcurre la obra de esta artista. Cada pieza parece conformar un instante suspendido en el presente que se dilata sin límites. Frente al desarraigo de una sociedad violentamente descompuesta, la artista equilibra su creación y la detiene para volverla materia enraizada. De esta manera el aparente estatismo cobra vida en el tiempo.Reconciliación entre arte y artesaníaSu trabajo consiste fundamentalmente en un proceso consciente y amplio en el que además, propone una reconciliación entre el arte y la artesanía. Areté propone disolver el ego en el oficio, asumir que la verdad de la obra no reside en la autoría , sino en la relación que establece con el material. No entiende la técnica como un recurso instrumental, sino como una forma de conocimiento más allá de la ejecución y, acompasado por la intuición (que define como un «abandono controlado») permite a la obra emerger del claro silencioso. En este sentido, su práctica es umbral.La decisión del material no es exclusivamente estética; el barro es interlocutor en vez de soporte . No es baladí que este elemento sea protagonista en muchos mitos fundacionales donde adquiere entidad. Desde Mesopotamia, donde las leyendas sumerias relatan la creación de la humanidad a partir de barro mezclado con sangre divina; Prometeo moldeando a los primeros hombres con agua y tierra; Dios insuflando vida a Adán en el Génesis con el polvo de la tierra; o los primeros hombres de barro del Popol Vuh, el texto sagrado maya-quiché. En suma, la artesanía ha estado siempre vinculada con nuestro origen como sociedad y, de alguna forma, nos explica. Todos estos relatos entrelazan la materia física y lo espiritual; el cielo da vida a la tierra.Moldear la tierra como pulsión vitalEs por esto que cuando se le pregunta a la artista catalana por el oficio de la cerámica, ella responde que «modelar la tierra es una pulsión vital». El barro como semilla y materia prima se encuentra en el suelo, en lo telúrico, en aquello que podemos sostener y moldear con nuestras propias manos. De esta manera, la obra de Areté d’Empordà narra el paso de lo inanimado a lo animado ; del objeto inerte a la expresión coral.La mutabilidad del barro siempre depende de infinitas variables incontrolables como la temperatura, la humedad, e incluso la tensión, fuerza o respiración. Éstas son condiciones tanto ajenas como propias al creador, y eso despliega un diálogo eterno entre la obra y el autor, siendo cada pieza en un proceso abierto a éste (al igual que el artista). No obstante, esta misma idea se extrapola a la relación entre las obras y su espectador, desde el instante en el que éste se detiene y convive con ellas para interpretarlas. Según Areté, el límite de una obra no se agota ni en forma, ni en la intención de quien las crea . Por ello, sus piezas son, ante todo, superficies especulares que devuelven la mirada. La noción de reflejo, así, adquiere una segunda dimensión. Al situarnos frente a ellas (como ante un espejo) no observamos pasivamente la obra; la completamos en la misma medida en la que ésta nos atraviesa y transforma a nosotros. Espacio de reciprocidadEn su origen etimológico, «reflexionar» alude a volver sobre algo. De la misma manera, estas obras interpelan al espectador a mirarse a sí mismo , inaugurando un espacio de reciprocidad donde ambos objeto y observador se constituyen mutuamente. La conversación nunca llega a cerrarse, sino que permanece abierta en espiral; una forma en tensión que avanza en direcciones opuestas al mismo tiempo. Como toda interacción entre dos presencias, cada una deja de ser cuerpo para convertirse en acontecimiento.Resulta crucial la condición de la presencia en el proyecto de Areté; cada pieza integra un tiempo que no se ha detenido del todo. Incluso en su quietud, hay en ellas una movilidad latente, como sucede en la pintura cuando el punto de vista transforma lo que vemos sin que la imagen cambie. Esta dimensión se intensifica en el contexto de la exposición. Kave Home propone escenarios donde la vida acontece; mesas como puntos de encuentro; sillas que nos sacan a vivir la calle; espacios, en definitiva, que impulsan hacia nuestra esencia colectiva. De la misma manera, la obra de Areté invita a habitarnos desde dentro y hacia fuera a la misma vez . Así, el exterior deja de ser solo un lugar de uso para convertirse en un espacio de conciencia donde encontrar tiempo, ser y comunidad. La presentación de la nueva colección Outdoor 2026 de Kave Home se llevará a cabo en la tarde del jueves, 19 de marzo, en un entorno concebido como experiencia dinámica y no como escaparate. El encuentro propone un cruce entre diseño, territorio y creación contemporánea que trasciende la lógica expositiva para situarse en el ámbito de lo habitable. En este contexto, se acogen las obras de Paco Romero y Areté d’Empordà, que funcionan como un eje que desplaza la mirada del público a su encuentro, y el mero objeto al vínculo. Bajo el lema «Estar fuera. Una manera muy nuestra de estar», la colección plantea el exterior como una extensión natural del interior , recogiendo una tradición mediterránea donde la vida sucede en tránsito constante entre ambos espacios. Pero es precisamente en esa apertura donde la obra de Areté introduce una pregunta más profunda: ¿qué implica realmente estar? Arte como disfraz de la vidaEn una conversación con la artista, recientemente expuesta en la feria CAN Art de Madrid, surgen caminos, imágenes y debates en torno al arte (disfraz de la vida) que continuarán transformándose en su paso al compartirlos con ustedes hoy. Hay algo paradójico en intentar fijar el movimiento. Y, sin embargo, toda forma artística ha sido siempre una tentativa más o menos consciente de capturar aquello que, por naturaleza, se escapa . Areté d’Empordà parte precisamente de esta tensión: ¿cómo sostener lo efímero sin traicionarlo? ¿cómo dar cuerpo a lo que solo existe en tránsito? La trayectoria de Areté como ceramista brota de la danza, formando ésta la columna principal de su lenguaje, ya que como ella misma subraya, la danza no se petrifica; es la técnica aplicada a aquello que no permanece. En todas sus piezas, y especialmente en la colección expuesta desde este jueves en Barcelona, Derviche, la plasticidad continúa más allá del proceso de secado. Pese a la rigidez, el movimiento se condensa en un gesto inagotable en lo visible que más bien se percibe en la fuga, como el círculo que se abre en espiral.Si trazáramos una línea que uniera tiempo y forma, probablemente atravesaríamos dos estaciones intermedias: el ritmo y la danza. Es a lo largo de ese recorrido donde transcurre la obra de esta artista. Cada pieza parece conformar un instante suspendido en el presente que se dilata sin límites. Frente al desarraigo de una sociedad violentamente descompuesta, la artista equilibra su creación y la detiene para volverla materia enraizada. De esta manera el aparente estatismo cobra vida en el tiempo.Reconciliación entre arte y artesaníaSu trabajo consiste fundamentalmente en un proceso consciente y amplio en el que además, propone una reconciliación entre el arte y la artesanía. Areté propone disolver el ego en el oficio, asumir que la verdad de la obra no reside en la autoría , sino en la relación que establece con el material. No entiende la técnica como un recurso instrumental, sino como una forma de conocimiento más allá de la ejecución y, acompasado por la intuición (que define como un «abandono controlado») permite a la obra emerger del claro silencioso. En este sentido, su práctica es umbral.La decisión del material no es exclusivamente estética; el barro es interlocutor en vez de soporte . No es baladí que este elemento sea protagonista en muchos mitos fundacionales donde adquiere entidad. Desde Mesopotamia, donde las leyendas sumerias relatan la creación de la humanidad a partir de barro mezclado con sangre divina; Prometeo moldeando a los primeros hombres con agua y tierra; Dios insuflando vida a Adán en el Génesis con el polvo de la tierra; o los primeros hombres de barro del Popol Vuh, el texto sagrado maya-quiché. En suma, la artesanía ha estado siempre vinculada con nuestro origen como sociedad y, de alguna forma, nos explica. Todos estos relatos entrelazan la materia física y lo espiritual; el cielo da vida a la tierra.Moldear la tierra como pulsión vitalEs por esto que cuando se le pregunta a la artista catalana por el oficio de la cerámica, ella responde que «modelar la tierra es una pulsión vital». El barro como semilla y materia prima se encuentra en el suelo, en lo telúrico, en aquello que podemos sostener y moldear con nuestras propias manos. De esta manera, la obra de Areté d’Empordà narra el paso de lo inanimado a lo animado ; del objeto inerte a la expresión coral.La mutabilidad del barro siempre depende de infinitas variables incontrolables como la temperatura, la humedad, e incluso la tensión, fuerza o respiración. Éstas son condiciones tanto ajenas como propias al creador, y eso despliega un diálogo eterno entre la obra y el autor, siendo cada pieza en un proceso abierto a éste (al igual que el artista). No obstante, esta misma idea se extrapola a la relación entre las obras y su espectador, desde el instante en el que éste se detiene y convive con ellas para interpretarlas. Según Areté, el límite de una obra no se agota ni en forma, ni en la intención de quien las crea . Por ello, sus piezas son, ante todo, superficies especulares que devuelven la mirada. La noción de reflejo, así, adquiere una segunda dimensión. Al situarnos frente a ellas (como ante un espejo) no observamos pasivamente la obra; la completamos en la misma medida en la que ésta nos atraviesa y transforma a nosotros. Espacio de reciprocidadEn su origen etimológico, «reflexionar» alude a volver sobre algo. De la misma manera, estas obras interpelan al espectador a mirarse a sí mismo , inaugurando un espacio de reciprocidad donde ambos objeto y observador se constituyen mutuamente. La conversación nunca llega a cerrarse, sino que permanece abierta en espiral; una forma en tensión que avanza en direcciones opuestas al mismo tiempo. Como toda interacción entre dos presencias, cada una deja de ser cuerpo para convertirse en acontecimiento.Resulta crucial la condición de la presencia en el proyecto de Areté; cada pieza integra un tiempo que no se ha detenido del todo. Incluso en su quietud, hay en ellas una movilidad latente, como sucede en la pintura cuando el punto de vista transforma lo que vemos sin que la imagen cambie. Esta dimensión se intensifica en el contexto de la exposición. Kave Home propone escenarios donde la vida acontece; mesas como puntos de encuentro; sillas que nos sacan a vivir la calle; espacios, en definitiva, que impulsan hacia nuestra esencia colectiva. De la misma manera, la obra de Areté invita a habitarnos desde dentro y hacia fuera a la misma vez . Así, el exterior deja de ser solo un lugar de uso para convertirse en un espacio de conciencia donde encontrar tiempo, ser y comunidad.
La presentación de la nueva colección Outdoor 2026 de Kave Home se llevará a cabo en la tarde del jueves, 19 de marzo, en un entorno concebido como experiencia dinámica y no como escaparate. El encuentro propone un cruce entre diseño, territorio y creación contemporánea … que trasciende la lógica expositiva para situarse en el ámbito de lo habitable.
En este contexto, se acogen las obras de Paco Romero y Areté d’Empordà, que funcionan como un eje que desplaza la mirada del público a su encuentro, y el mero objeto al vínculo. Bajo el lema «Estar fuera. Una manera muy nuestra de estar», la colección plantea el exterior como una extensión natural del interior, recogiendo una tradición mediterránea donde la vida sucede en tránsito constante entre ambos espacios. Pero es precisamente en esa apertura donde la obra de Areté introduce una pregunta más profunda: ¿qué implica realmente estar?
Arte como disfraz de la vida
En una conversación con la artista, recientemente expuesta en la feria CAN Art de Madrid, surgen caminos, imágenes y debates en torno al arte (disfraz de la vida) que continuarán transformándose en su paso al compartirlos con ustedes hoy. Hay algo paradójico en intentar fijar el movimiento. Y, sin embargo, toda forma artística ha sido siempre una tentativa más o menos consciente de capturar aquello que, por naturaleza, se escapa. Areté d’Empordà parte precisamente de esta tensión: ¿cómo sostener lo efímero sin traicionarlo? ¿cómo dar cuerpo a lo que solo existe en tránsito?
La trayectoria de Areté como ceramista brota de la danza, formando ésta la columna principal de su lenguaje, ya que como ella misma subraya, la danza no se petrifica; es la técnica aplicada a aquello que no permanece. En todas sus piezas, y especialmente en la colección expuesta desde este jueves en Barcelona, Derviche, la plasticidad continúa más allá del proceso de secado. Pese a la rigidez, el movimiento se condensa en un gesto inagotable en lo visible que más bien se percibe en la fuga, como el círculo que se abre en espiral.
Si trazáramos una línea que uniera tiempo y forma, probablemente atravesaríamos dos estaciones intermedias: el ritmo y la danza. Es a lo largo de ese recorrido donde transcurre la obra de esta artista. Cada pieza parece conformar un instante suspendido en el presente que se dilata sin límites. Frente al desarraigo de una sociedad violentamente descompuesta, la artista equilibra su creación y la detiene para volverla materia enraizada. De esta manera el aparente estatismo cobra vida en el tiempo.
Reconciliación entre arte y artesanía
Su trabajo consiste fundamentalmente en un proceso consciente y amplio en el que además, propone una reconciliación entre el arte y la artesanía. Areté propone disolver el ego en el oficio, asumir que la verdad de la obra no reside en la autoría, sino en la relación que establece con el material. No entiende la técnica como un recurso instrumental, sino como una forma de conocimiento más allá de la ejecución y, acompasado por la intuición (que define como un «abandono controlado») permite a la obra emerger del claro silencioso. En este sentido, su práctica es umbral.
La decisión del material no es exclusivamente estética; el barro es interlocutor en vez de soporte. No es baladí que este elemento sea protagonista en muchos mitos fundacionales donde adquiere entidad. Desde Mesopotamia, donde las leyendas sumerias relatan la creación de la humanidad a partir de barro mezclado con sangre divina; Prometeo moldeando a los primeros hombres con agua y tierra; Dios insuflando vida a Adán en el Génesis con el polvo de la tierra; o los primeros hombres de barro del Popol Vuh, el texto sagrado maya-quiché. En suma, la artesanía ha estado siempre vinculada con nuestro origen como sociedad y, de alguna forma, nos explica. Todos estos relatos entrelazan la materia física y lo espiritual; el cielo da vida a la tierra.
Moldear la tierra como pulsión vital
Es por esto que cuando se le pregunta a la artista catalana por el oficio de la cerámica, ella responde que «modelar la tierra es una pulsión vital». El barro como semilla y materia prima se encuentra en el suelo, en lo telúrico, en aquello que podemos sostener y moldear con nuestras propias manos. De esta manera, la obra de Areté d’Empordà narra el paso de lo inanimado a lo animado; del objeto inerte a la expresión coral.
La mutabilidad del barro siempre depende de infinitas variables incontrolables como la temperatura, la humedad, e incluso la tensión, fuerza o respiración. Éstas son condiciones tanto ajenas como propias al creador, y eso despliega un diálogo eterno entre la obra y el autor, siendo cada pieza en un proceso abierto a éste (al igual que el artista).
No obstante, esta misma idea se extrapola a la relación entre las obras y su espectador, desde el instante en el que éste se detiene y convive con ellas para interpretarlas. Según Areté, el límite de una obra no se agota ni en forma, ni en la intención de quien las crea. Por ello, sus piezas son, ante todo, superficies especulares que devuelven la mirada. La noción de reflejo, así, adquiere una segunda dimensión. Al situarnos frente a ellas (como ante un espejo) no observamos pasivamente la obra; la completamos en la misma medida en la que ésta nos atraviesa y transforma a nosotros.
Espacio de reciprocidad
En su origen etimológico, «reflexionar» alude a volver sobre algo. De la misma manera, estas obras interpelan al espectador a mirarse a sí mismo, inaugurando un espacio de reciprocidad donde ambos objeto y observador se constituyen mutuamente. La conversación nunca llega a cerrarse, sino que permanece abierta en espiral; una forma en tensión que avanza en direcciones opuestas al mismo tiempo. Como toda interacción entre dos presencias, cada una deja de ser cuerpo para convertirse en acontecimiento.
Resulta crucial la condición de la presencia en el proyecto de Areté; cada pieza integra un tiempo que no se ha detenido del todo. Incluso en su quietud, hay en ellas una movilidad latente, como sucede en la pintura cuando el punto de vista transforma lo que vemos sin que la imagen cambie. Esta dimensión se intensifica en el contexto de la exposición. Kave Home propone escenarios donde la vida acontece; mesas como puntos de encuentro; sillas que nos sacan a vivir la calle; espacios, en definitiva, que impulsan hacia nuestra esencia colectiva. De la misma manera, la obra de Areté invita a habitarnos desde dentro y hacia fuera a la misma vez. Así, el exterior deja de ser solo un lugar de uso para convertirse en un espacio de conciencia donde encontrar tiempo, ser y comunidad.
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