Son las 11:00 a.m. este 25 de julio, en Beirut. Un autobús se va en dirección de Dimane, la residencia de verano de los patriarcas maronitas, situada a la entrada del Valle Sagrado o Qadisha. A bordo viajan las Hermanas Maronitas de la Sagrada Familia, una congregación fundada en 1895 por el patriarca Hoayek, quien sera beatificado dentro de unas horas. Les acompañan miembros del personal de sus instituciones, así como familiares y amigos. El ambiente es cálido, la alegría genuina y la emoción palpable. Sor Lucie trabaja en Jezzine (sur del Líbano) atendiendo a huérfanos y jóvenes en situación de vulnerabilidad social. Señala: «El patriarca Hoayek nació en 1843 y falleció en 1931. Ejerció como patriarca de la Iglesia maronita durante 72 años». Para honrarlo, miles de peregrinos están acudiendo al norte del Líbano a pesar del calor sofocante y del largo viaje. Los testimonios son unánimes y hacen eco a las palabras de la monja: «Elías Hoayek es un signo de esperanza para el Líbano, para la paz y para la unidad de todo el pueblo libanés». Todos destacan su patriotismo, su humildad y su visión política clarividente. « Sigue siendo una figura radiante y más significativa de la historia del Líbano», añade sor Lucie. Las Hermanas Maronitas de la Sagrada Familia son sus «herederas», sus hijas espirituales. Sor Alexandrine resume: «Las Hermanas de la Sagrada Familia son almas de oración que aman a los pobres y viven verdaderamente la pobreza». ¿El mejor ejemplo? Durante la Gran Hambruna (1915-1918), el patriarca Hoayek abrió conventos y monasterios para dar refugio a huérfanos y hambrientos. Incluso vendió bienes de la Iglesia para alimentar a la población. Nadie ha olvidado este episodio en este Oriente donde algunos miembros del clero son criticados por su apego a la riqueza material. Este gesto contribuyó a forjar la popularidad de monseñor Hoayek. Sin embargo, su papel de «Padre del Gran Líbano» es lo que hoy está en la mente y en los labios de todos. Dunia confiesa: «Esperamos un milagro que salve a nuestro país herido. Que Dios nos escuche y bendiga al Líbano. Esta beatificación trae esperanza a toda la nación». Sor Carole, la responsable del grupo, vela por todos y les distribuye agua y provisiones. Admite con emoción: «Llevamos mucho tiempo esperando esta beatificación, pues nuestros padres hablaban de la santidad del patriarca Hoayek hace ya mucho tiempo. Le pedimos que sane al Líbano e interceda para que pueda resurgir ahora. Hemos soportado tanto; este país lleva 40 años en guerra».Sr. Rima con novicias. El ejército delimita y asegura la ruta, ya que asistirán el presidente de la República, el primer ministro y diversas autoridades. El grupo llega finalmente al patriarcado de Dimane. Ya está una multitud. La Madre Marie-Antoinette Saadé, Superiora General de la congregación, trabaja intensamente, pero con serenidad. Comenta: «Consideramos que el hecho de que esta beatificación tenga lugar ahora es un signo profético para este Líbano que sufre, cuyas identidad e integridad territorial son amenazadas. Damos gracias: el Cielo no nos abandona. Nos sitúa sobre los pasos del patriarca Hoayek quien nos dice: ‘Tened fe; no os rindáis. No os vayáis. Quedaos, construid y cumplid vuestra misión donde el Señor os ha plantado. Mantened la mirada elevada hacia el Cielo’. Él mismo nunca bajó la vista; sus ojos estaban siempre fijos en el Cielo». La religiosa explica su carisma: « Nuestro fundador quería construir una sociedad sana, sabiendo que su célula fundamental es la familia. En aquella época, las chicas no recibían educación. El obispo Hoayek quería que las educáramos porque, al hacerlo, ‘estamos formando a la madre: el corazón y el pilar de la familia’». Lo que tiene como consecuencia formar a la sociedad entera. Y añade: « Somos maronitas, pero estamos enviadas a todos y llamadas a una universalidad profunda y urgente, dadas las profundas fracturas sociales y políticas. Debemos elevarnos por encima de ellas. Por ejemplo, nuestra escuela en Trípoli cuenta con un alumnado exclusivamente suní. En la Bekaa, el 90 % de nuestros alumnos son chiíes. En todas nuestras instituciones, acogemos a estudiantes de cualquier procedencia».La Madre Marie-Antoinette Saade dando una reliquia del nuevo beato al Presidente de la Republica, Joseph Aoun. Como patriarca de la Iglesia maronita, monseñor Hoayek viajó a la Conferencia de Versalles (Francia) en 1919 para negociar la creación del Gran Líbano en nombre de todo el pueblo libanés. Pudo contar con el apoyo de los jesuitas. El padre Salim Daccache, s.j., exrector de la Universidad San José de Beirut (USJ), relata: «Tras su elección como patriarca, monseñor Hoayek colaboró con el padre Cattin, entonces Superior de la misión jesuita en Siria y el Líbano. Juntos supervisaron la construcción del santuario de Nuestra Señora del Líbano en Harissa en 1904. La idea de un Líbano independiente y autónomo iba cobrando fuerza; deseaban que la Virgen fuera su protectora». Esta colaboración con los jesuitas resultó invaluable a la hora de defender la creación del Estado del Gran Líbano tras el colapso del Imperio otomano. El padre Daccache explica: «Las regiones de la Becá y del norte no fueron anexadas artificialmente al Monte Líbano como lo demostraron los estudios de los padres Mouterde y Lammens. El Líbano posee una unidad geográfica que abarca sus dos cadenas montañosas, el Monte Líbano y el Antilíbano, además de Akkar, el sur y la Becá». La creación de este Gran Líbano es actualmente cuestionado por algunos que se imaginan que un Líbano más pequeño y poblado exclusivamente por cristianos estaría libre de dificultades. En aquella época se logró defender con éxito gracias a la obra académica de los jesuitas que daba la prueba de que el Gran Libano no era más que volver a las fronteras históricas aniquiladas por los Otomanos. La Compañía de Jesús también brindó apoyo logístico al patriarca y facilitó contactos con figuras influyentes.El patriarca actual, el cardenal Bechara Boutros Raï «Los jesuitas no crearon el Gran Líbano, afirma el padre Daccache, pero apoyaron al patriarca en este proyecto, al que algunos se oponían. En 1919-1920 estallaron enfrentamientos entre estudiantes que abogaban por un Gran Líbano libre y autónomo y partidarios del Bilad al-Sham (un Líbano integrado en la Gran Siria)». El jesuita concluye: «Para mí, el patriarca Hoayek es el más grande de los patriarcas. Luchó por una causa. En 1930 escribió una carta apostólica, Sobre el amor a la patria, dirigida a todo el pueblo libanés. Este texto merecería ser estudiado como fundamento teológico y político de este Líbano». La hermosa ceremonia llega a su fin. Sor Rima no oculta su emoción: «La beatificación de nuestro fundador es un gran regalo para nosotras como congregación y para la Iglesia maronita. Pero es también un regalo para todo el Líbano y para el mundo entero, porque el patriarca Hoayek trabajó incansablemente por este país». Son las 11:00 a.m. este 25 de julio, en Beirut. Un autobús se va en dirección de Dimane, la residencia de verano de los patriarcas maronitas, situada a la entrada del Valle Sagrado o Qadisha. A bordo viajan las Hermanas Maronitas de la Sagrada Familia, una congregación fundada en 1895 por el patriarca Hoayek, quien sera beatificado dentro de unas horas. Les acompañan miembros del personal de sus instituciones, así como familiares y amigos. El ambiente es cálido, la alegría genuina y la emoción palpable. Sor Lucie trabaja en Jezzine (sur del Líbano) atendiendo a huérfanos y jóvenes en situación de vulnerabilidad social. Señala: «El patriarca Hoayek nació en 1843 y falleció en 1931. Ejerció como patriarca de la Iglesia maronita durante 72 años». Para honrarlo, miles de peregrinos están acudiendo al norte del Líbano a pesar del calor sofocante y del largo viaje. Los testimonios son unánimes y hacen eco a las palabras de la monja: «Elías Hoayek es un signo de esperanza para el Líbano, para la paz y para la unidad de todo el pueblo libanés». Todos destacan su patriotismo, su humildad y su visión política clarividente. « Sigue siendo una figura radiante y más significativa de la historia del Líbano», añade sor Lucie. Las Hermanas Maronitas de la Sagrada Familia son sus «herederas», sus hijas espirituales. Sor Alexandrine resume: «Las Hermanas de la Sagrada Familia son almas de oración que aman a los pobres y viven verdaderamente la pobreza». ¿El mejor ejemplo? Durante la Gran Hambruna (1915-1918), el patriarca Hoayek abrió conventos y monasterios para dar refugio a huérfanos y hambrientos. Incluso vendió bienes de la Iglesia para alimentar a la población. Nadie ha olvidado este episodio en este Oriente donde algunos miembros del clero son criticados por su apego a la riqueza material. Este gesto contribuyó a forjar la popularidad de monseñor Hoayek. Sin embargo, su papel de «Padre del Gran Líbano» es lo que hoy está en la mente y en los labios de todos. Dunia confiesa: «Esperamos un milagro que salve a nuestro país herido. Que Dios nos escuche y bendiga al Líbano. Esta beatificación trae esperanza a toda la nación». Sor Carole, la responsable del grupo, vela por todos y les distribuye agua y provisiones. Admite con emoción: «Llevamos mucho tiempo esperando esta beatificación, pues nuestros padres hablaban de la santidad del patriarca Hoayek hace ya mucho tiempo. Le pedimos que sane al Líbano e interceda para que pueda resurgir ahora. Hemos soportado tanto; este país lleva 40 años en guerra».Sr. Rima con novicias. El ejército delimita y asegura la ruta, ya que asistirán el presidente de la República, el primer ministro y diversas autoridades. El grupo llega finalmente al patriarcado de Dimane. Ya está una multitud. La Madre Marie-Antoinette Saadé, Superiora General de la congregación, trabaja intensamente, pero con serenidad. Comenta: «Consideramos que el hecho de que esta beatificación tenga lugar ahora es un signo profético para este Líbano que sufre, cuyas identidad e integridad territorial son amenazadas. Damos gracias: el Cielo no nos abandona. Nos sitúa sobre los pasos del patriarca Hoayek quien nos dice: ‘Tened fe; no os rindáis. No os vayáis. Quedaos, construid y cumplid vuestra misión donde el Señor os ha plantado. Mantened la mirada elevada hacia el Cielo’. Él mismo nunca bajó la vista; sus ojos estaban siempre fijos en el Cielo». La religiosa explica su carisma: « Nuestro fundador quería construir una sociedad sana, sabiendo que su célula fundamental es la familia. En aquella época, las chicas no recibían educación. El obispo Hoayek quería que las educáramos porque, al hacerlo, ‘estamos formando a la madre: el corazón y el pilar de la familia’». Lo que tiene como consecuencia formar a la sociedad entera. Y añade: « Somos maronitas, pero estamos enviadas a todos y llamadas a una universalidad profunda y urgente, dadas las profundas fracturas sociales y políticas. Debemos elevarnos por encima de ellas. Por ejemplo, nuestra escuela en Trípoli cuenta con un alumnado exclusivamente suní. En la Bekaa, el 90 % de nuestros alumnos son chiíes. En todas nuestras instituciones, acogemos a estudiantes de cualquier procedencia».La Madre Marie-Antoinette Saade dando una reliquia del nuevo beato al Presidente de la Republica, Joseph Aoun. Como patriarca de la Iglesia maronita, monseñor Hoayek viajó a la Conferencia de Versalles (Francia) en 1919 para negociar la creación del Gran Líbano en nombre de todo el pueblo libanés. Pudo contar con el apoyo de los jesuitas. El padre Salim Daccache, s.j., exrector de la Universidad San José de Beirut (USJ), relata: «Tras su elección como patriarca, monseñor Hoayek colaboró con el padre Cattin, entonces Superior de la misión jesuita en Siria y el Líbano. Juntos supervisaron la construcción del santuario de Nuestra Señora del Líbano en Harissa en 1904. La idea de un Líbano independiente y autónomo iba cobrando fuerza; deseaban que la Virgen fuera su protectora». Esta colaboración con los jesuitas resultó invaluable a la hora de defender la creación del Estado del Gran Líbano tras el colapso del Imperio otomano. El padre Daccache explica: «Las regiones de la Becá y del norte no fueron anexadas artificialmente al Monte Líbano como lo demostraron los estudios de los padres Mouterde y Lammens. El Líbano posee una unidad geográfica que abarca sus dos cadenas montañosas, el Monte Líbano y el Antilíbano, además de Akkar, el sur y la Becá». La creación de este Gran Líbano es actualmente cuestionado por algunos que se imaginan que un Líbano más pequeño y poblado exclusivamente por cristianos estaría libre de dificultades. En aquella época se logró defender con éxito gracias a la obra académica de los jesuitas que daba la prueba de que el Gran Libano no era más que volver a las fronteras históricas aniquiladas por los Otomanos. La Compañía de Jesús también brindó apoyo logístico al patriarca y facilitó contactos con figuras influyentes.El patriarca actual, el cardenal Bechara Boutros Raï «Los jesuitas no crearon el Gran Líbano, afirma el padre Daccache, pero apoyaron al patriarca en este proyecto, al que algunos se oponían. En 1919-1920 estallaron enfrentamientos entre estudiantes que abogaban por un Gran Líbano libre y autónomo y partidarios del Bilad al-Sham (un Líbano integrado en la Gran Siria)». El jesuita concluye: «Para mí, el patriarca Hoayek es el más grande de los patriarcas. Luchó por una causa. En 1930 escribió una carta apostólica, Sobre el amor a la patria, dirigida a todo el pueblo libanés. Este texto merecería ser estudiado como fundamento teológico y político de este Líbano». La hermosa ceremonia llega a su fin. Sor Rima no oculta su emoción: «La beatificación de nuestro fundador es un gran regalo para nosotras como congregación y para la Iglesia maronita. Pero es también un regalo para todo el Líbano y para el mundo entero, porque el patriarca Hoayek trabajó incansablemente por este país».
Son las 11:00 a.m. este 25 de julio, en Beirut. Un autobús se va en dirección de Dimane, la residencia de verano de los patriarcas maronitas, situada a la entrada del Valle Sagrado o Qadisha. A bordo viajan las Hermanas Maronitas de … la Sagrada Familia, una congregación fundada en 1895 por el patriarca Hoayek, quien será beatificado dentro de unas horas. Les acompañan miembros del personal de sus instituciones, así como familiares y amigos. El ambiente es cálido, la alegría genuina y la emoción palpable.
Sor Lucie trabaja en Jezzine (sur del Líbano) atendiendo a huérfanos y jóvenes en situación de vulnerabilidad social. Señala: «El patriarca Hoayek nació en 1843 y falleció en 1931. Ejerció como patriarca de la Iglesia maronita durante 72 años».
Para honrarlo, miles de peregrinos están acudiendo al norte del Líbano a pesar del calor sofocante y del largo viaje. Los testimonios son unánimes y hacen eco a las palabras de la monja: «Elías Hoayek es un signo de esperanza para el Líbano, para la paz y para la unidad de todo el pueblo libanés». Todos destacan su patriotismo, su humildad y su visión política clarividente. « Sigue siendo una figura radiante y más significativa de la historia del Líbano», añade sor Lucie.
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Los desaparecidos de la Rama Palestina en Siria
Alejandro Matrán
Las Hermanas Maronitas de la Sagrada Familia son sus «herederas», sus hijas espirituales. Sor Alexandrine resume: «Las Hermanas de la Sagrada Familia son almas de oración que aman a los pobres y viven verdaderamente la pobreza».
¿El mejor ejemplo? Durante la Gran Hambruna (1915-1918), el patriarca Hoayek abrió conventos y monasterios para dar refugio a huérfanos y hambrientos. Incluso vendió bienes de la Iglesia para alimentar a la población. Nadie ha olvidado este episodio en este Oriente donde algunos miembros del clero son criticados por su apego a la riqueza material.
Este gesto contribuyó a forjar la popularidad de monseñor Hoayek. Sin embargo, su papel de «Padre del Gran Líbano» es lo que hoy está en la mente y en los labios de todos. Dunia confiesa: «Esperamos un milagro que salve a nuestro país herido. Que Dios nos escuche y bendiga al Líbano. Esta beatificación trae esperanza a toda la nación».
Sor Carole, la responsable del grupo, vela por todos y les distribuye agua y provisiones. Admite con emoción: «Llevamos mucho tiempo esperando esta beatificación, pues nuestros padres hablaban de la santidad del patriarca Hoayek hace ya mucho tiempo. Le pedimos que sane al Líbano e interceda para que pueda resurgir ahora. Hemos soportado tanto; este país lleva 40 años en guerra».

El ejército delimita y asegura la ruta, ya que asistirán el presidente de la República, el primer ministro y diversas autoridades. El grupo llega finalmente al patriarcado de Dimane. Ya está una multitud.
La Madre Marie-Antoinette Saadé, Superiora General de la congregación, trabaja intensamente, pero con serenidad. Comenta: «Consideramos que el hecho de que esta beatificación tenga lugar ahora es un signo profético para este Líbano que sufre, cuyas identidad e integridad territorial son amenazadas. Damos gracias: el Cielo no nos abandona. Nos sitúa sobre los pasos del patriarca Hoayek quien nos dice: ‘Tened fe; no os rindáis. No os vayáis. Quedaos, construid y cumplid vuestra misión donde el Señor os ha plantado. Mantened la mirada elevada hacia el Cielo’. Él mismo nunca bajó la vista; sus ojos estaban siempre fijos en el Cielo».
La religiosa explica su carisma: « Nuestro fundador quería construir una sociedad sana, sabiendo que su célula fundamental es la familia. En aquella época, las chicas no recibían educación. El obispo Hoayek quería que las educáramos porque, al hacerlo, ‘estamos formando a la madre: el corazón y el pilar de la familia’». Lo que tiene como consecuencia formar a la sociedad entera. Y añade: « Somos maronitas, pero estamos enviadas a todos y llamadas a una universalidad profunda y urgente, dadas las profundas fracturas sociales y políticas. Debemos elevarnos por encima de ellas. Por ejemplo, nuestra escuela en Trípoli cuenta con un alumnado exclusivamente suní. En la Bekaa, el 90 % de nuestros alumnos son chiíes. En todas nuestras instituciones, acogemos a estudiantes de cualquier procedencia».

Como patriarca de la Iglesia maronita, monseñor Hoayek viajó a la Conferencia de Versalles (Francia) en 1919 para negociar la creación del Gran Líbano en nombre de todo el pueblo libanés. Pudo contar con el apoyo de los jesuitas. El padre Salim Daccache, s.j., exrector de la Universidad San José de Beirut (USJ), relata: «Tras su elección como patriarca, monseñor Hoayek colaboró con el padre Cattin, entonces Superior de la misión jesuita en Siria y el Líbano. Juntos supervisaron la construcción del santuario de Nuestra Señora del Líbano en Harissa en 1904. La idea de un Líbano independiente y autónomo iba cobrando fuerza; deseaban que la Virgen fuera su protectora».
Esta colaboración con los jesuitas resultó invaluable a la hora de defender la creación del Estado del Gran Líbano tras el colapso del Imperio otomano. El padre Daccache explica: «Las regiones de la Becá y del norte no fueron anexadas artificialmente al Monte Líbano como lo demostraron los estudios de los padres Mouterde y Lammens. El Líbano posee una unidad geográfica que abarca sus dos cadenas montañosas, el Monte Líbano y el Antilíbano, además de Akkar, el sur y la Becá».
La creación de este Gran Líbano es actualmente cuestionado por algunos que se imaginan que un Líbano más pequeño y poblado exclusivamente por cristianos estaría libre de dificultades. En aquella época se logró defender con éxito gracias a la obra académica de los jesuitas que daba la prueba de que el Gran Libano no era más que volver a las fronteras históricas aniquiladas por los Otomanos. La Compañía de Jesús también brindó apoyo logístico al patriarca y facilitó contactos con figuras influyentes.

«Los jesuitas no crearon el Gran Líbano, afirma el padre Daccache, pero apoyaron al patriarca en este proyecto, al que algunos se oponían. En 1919-1920 estallaron enfrentamientos entre estudiantes que abogaban por un Gran Líbano libre y autónomo y partidarios del Bilad al-Sham (un Líbano integrado en la Gran Siria)».
El jesuita concluye: «Para mí, el patriarca Hoayek es el más grande de los patriarcas. Luchó por una causa. En 1930 escribió una carta apostólica, Sobre el amor a la patria, dirigida a todo el pueblo libanés. Este texto merecería ser estudiado como fundamento teológico y político de este Líbano».
La hermosa ceremonia llega a su fin. Sor Rima no oculta su emoción: «La beatificación de nuestro fundador es un gran regalo para nosotras como congregación y para la Iglesia maronita. Pero es también un regalo para todo el Líbano y para el mundo entero, porque el patriarca Hoayek trabajó incansablemente por este país».
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