Lo que el año pasado surgió casi de forma espontánea mientras los hermanos del Cristo del Amor llevaba demasiado tiempo parados en la plaza de San Vicente esperando la llegada del Cristo de los Ángeles a su sede canónica de Las Gaitanas puede acabar convirtiéndose en una nueva tradición de la Semana Santa toledana . Aquella fila improvisada de fieles para besar los pies de la imagen ha vuelto a repetirse este Martes Santo, lo que apunta a su formalización.La original forma en la que es portado a hombros facilita el beseamanos Y es que el del Amor es el único de cuantos procesionan por Toledo que no desfila completamente erguido sobre las andas, sino inclinado hacia delante, permitiendo a toledanos y visitantes contemplar muy de cerca esta talla de un Cristo ya muerto, obra del imaginero sevillano Manuel Martín Nieto.Aunque la imagen puede venerarse durante todo el año en la parroquia de San Juan de la Cruz, en el barrio toledano de Buenavista , la procesión volvió a salir puntualmente a las diez de noche del Martes Santo desde la iglesia del convento de Santa Isabel de los Reyes. A escasos metros le esperaba el coro de estudiantes del Seminario Mayor de Toledo, que interpretó ‘Judas Mercator Pessimus’, obra de Tomás Luis de la Victoria.Noticia relacionada general No No La Santa Caridad, sobriedad y hondura espiritual en las calles de Toledo Valle SánchezEl del Amor es un Cristo muy conventual. Primero, porque inicia su periplo por el Casco histórico desde un convento de clausura como el de Santa Isabel y, después, porque a lo largo de su recorrido realiza paradas en seis conventos y ante el Palacio Arzobispal. También visita la Capilla de la Adoración Perpetua, donde este Martes Santo se encontró con una imagen de la Inmaculada.Cuatro tambores y dos bombosAcompañados únicamente por el sonido de cuatro tambores y dos bombos, los cofrades y penitentes de esta joven Hermandad van desgranando el Sermón de las Siete Palabras mientras salvan algunos de los puntos más complicados del recorrido, como los 15 escalones de la plaza de Padilla. Allí, los cargadores bajan uno a uno cada peldaño de forma pausada y ceremoniosa, siguiendo el ritmo que marca el capataz al golpear con su vara el empedrado.Noticia relacionada galeria No No SEMANA SANTA Amor Infinito F. FrancoTras dejar atrás Santo Domingo el Antiguo y Santa Leocadia, el Cristo del Amor se adentra en la zona de los cobertizos, que siempre deja imágenes inesperadas , como la saeta que este Martes Santo le dedicó un hombre al paso de una de las imágenes más recientes de la Semana Santa toledana.Todos los hermanos portan un farolillo.Poco después llega uno de los momentos más delicados de toda la procesión: el paso por el cobertizo que arranca en la plaza de Santo Domingo el Real. La estrechez del lugar obliga a los cargadores a bajar la imagen de las andas y portarla directamente a hombros, al tresbolillo y con cierta inclinación, para evitar que el travesaño de la cruz golpee contra las paredes.Fue precisamente en ese punto donde también se produjo la anécdota de la noche. Un operario del servicio de limpieza se dio cuenta de que la tapa de una boca de riego no encajaba bien y se movía dentro de su marco, lo que podía convertirse en un peligro para los cargadores del Cristo del Amor. Con varias piedras que encontró en el cobertizo consiguió fijarla para evitar cualquier tropiezo. El público, que siguió la escena con expectación, terminó dedicándole un sonoro aplauso . «Soy un máquina», señaló entre risas.Tras sortear todos los obstáculos, el Cristo del Amor se encaminó hacia su encuentro con el de los Ángeles. Ambas cofradías, en presencia de los concejales del PP, Rubén Lozano y José Manuel Velasco y la presidenta de la Cámara de Comercio y Hermana Mayor del Cautivo intercambiaron ramos de flores antes de separarse de nuevo y de que el Señor de Buenavista emprendiera el camino de regreso hacia Santa Isabel tras cerca de tres horas de cortejo procesional. Y es que el Amor lo puede todo. Lo que el año pasado surgió casi de forma espontánea mientras los hermanos del Cristo del Amor llevaba demasiado tiempo parados en la plaza de San Vicente esperando la llegada del Cristo de los Ángeles a su sede canónica de Las Gaitanas puede acabar convirtiéndose en una nueva tradición de la Semana Santa toledana . Aquella fila improvisada de fieles para besar los pies de la imagen ha vuelto a repetirse este Martes Santo, lo que apunta a su formalización.La original forma en la que es portado a hombros facilita el beseamanos Y es que el del Amor es el único de cuantos procesionan por Toledo que no desfila completamente erguido sobre las andas, sino inclinado hacia delante, permitiendo a toledanos y visitantes contemplar muy de cerca esta talla de un Cristo ya muerto, obra del imaginero sevillano Manuel Martín Nieto.Aunque la imagen puede venerarse durante todo el año en la parroquia de San Juan de la Cruz, en el barrio toledano de Buenavista , la procesión volvió a salir puntualmente a las diez de noche del Martes Santo desde la iglesia del convento de Santa Isabel de los Reyes. A escasos metros le esperaba el coro de estudiantes del Seminario Mayor de Toledo, que interpretó ‘Judas Mercator Pessimus’, obra de Tomás Luis de la Victoria.Noticia relacionada general No No La Santa Caridad, sobriedad y hondura espiritual en las calles de Toledo Valle SánchezEl del Amor es un Cristo muy conventual. Primero, porque inicia su periplo por el Casco histórico desde un convento de clausura como el de Santa Isabel y, después, porque a lo largo de su recorrido realiza paradas en seis conventos y ante el Palacio Arzobispal. También visita la Capilla de la Adoración Perpetua, donde este Martes Santo se encontró con una imagen de la Inmaculada.Cuatro tambores y dos bombosAcompañados únicamente por el sonido de cuatro tambores y dos bombos, los cofrades y penitentes de esta joven Hermandad van desgranando el Sermón de las Siete Palabras mientras salvan algunos de los puntos más complicados del recorrido, como los 15 escalones de la plaza de Padilla. Allí, los cargadores bajan uno a uno cada peldaño de forma pausada y ceremoniosa, siguiendo el ritmo que marca el capataz al golpear con su vara el empedrado.Noticia relacionada galeria No No SEMANA SANTA Amor Infinito F. FrancoTras dejar atrás Santo Domingo el Antiguo y Santa Leocadia, el Cristo del Amor se adentra en la zona de los cobertizos, que siempre deja imágenes inesperadas , como la saeta que este Martes Santo le dedicó un hombre al paso de una de las imágenes más recientes de la Semana Santa toledana.Todos los hermanos portan un farolillo.Poco después llega uno de los momentos más delicados de toda la procesión: el paso por el cobertizo que arranca en la plaza de Santo Domingo el Real. La estrechez del lugar obliga a los cargadores a bajar la imagen de las andas y portarla directamente a hombros, al tresbolillo y con cierta inclinación, para evitar que el travesaño de la cruz golpee contra las paredes.Fue precisamente en ese punto donde también se produjo la anécdota de la noche. Un operario del servicio de limpieza se dio cuenta de que la tapa de una boca de riego no encajaba bien y se movía dentro de su marco, lo que podía convertirse en un peligro para los cargadores del Cristo del Amor. Con varias piedras que encontró en el cobertizo consiguió fijarla para evitar cualquier tropiezo. El público, que siguió la escena con expectación, terminó dedicándole un sonoro aplauso . «Soy un máquina», señaló entre risas.Tras sortear todos los obstáculos, el Cristo del Amor se encaminó hacia su encuentro con el de los Ángeles. Ambas cofradías, en presencia de los concejales del PP, Rubén Lozano y José Manuel Velasco y la presidenta de la Cámara de Comercio y Hermana Mayor del Cautivo intercambiaron ramos de flores antes de separarse de nuevo y de que el Señor de Buenavista emprendiera el camino de regreso hacia Santa Isabel tras cerca de tres horas de cortejo procesional. Y es que el Amor lo puede todo.
Lo que el año pasado surgió casi de forma espontánea mientras los hermanos del Cristo del Amor llevaba demasiado tiempo parados en la plaza de San Vicente esperando la llegada del Cristo de los Ángeles a su sede canónica de Las Gaitanas puede acabar convirtiéndose … en una nueva tradición de la Semana Santa toledana. Aquella fila improvisada de fieles para besar los pies de la imagen ha vuelto a repetirse este Martes Santo, lo que apunta a su formalización.
La original forma en la que es portado a hombros facilita el beseamanos Y es que el del Amor es el único de cuantos procesionan por Toledo que no desfila completamente erguido sobre las andas, sino inclinado hacia delante, permitiendo a toledanos y visitantes contemplar muy de cerca esta talla de un Cristo ya muerto, obra del imaginero sevillano Manuel Martín Nieto.
Aunque la imagen puede venerarse durante todo el año en la parroquia de San Juan de la Cruz, en el barrio toledano de Buenavista, la procesión volvió a salir puntualmente a las diez de noche del Martes Santo desde la iglesia del convento de Santa Isabel de los Reyes. A escasos metros le esperaba el coro de estudiantes del Seminario Mayor de Toledo, que interpretó ‘Judas Mercator Pessimus’, obra de Tomás Luis de la Victoria.
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El del Amor es un Cristo muy conventual. Primero, porque inicia su periplo por el Casco histórico desde un convento de clausura como el de Santa Isabel y, después, porque a lo largo de su recorrido realiza paradas en seis conventos y ante el Palacio Arzobispal. También visita la Capilla de la Adoración Perpetua, donde este Martes Santo se encontró con una imagen de la Inmaculada.
Cuatro tambores y dos bombos
Acompañados únicamente por el sonido de cuatro tambores y dos bombos, los cofrades y penitentes de esta joven Hermandad van desgranando el Sermón de las Siete Palabras mientras salvan algunos de los puntos más complicados del recorrido, como los 15 escalones de la plaza de Padilla. Allí, los cargadores bajan uno a uno cada peldaño de forma pausada y ceremoniosa, siguiendo el ritmo que marca el capataz al golpear con su vara el empedrado.
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Tras dejar atrás Santo Domingo el Antiguo y Santa Leocadia, el Cristo del Amor se adentra en la zona de los cobertizos, que siempre deja imágenes inesperadas, como la saeta que este Martes Santo le dedicó un hombre al paso de una de las imágenes más recientes de la Semana Santa toledana.

Poco después llega uno de los momentos más delicados de toda la procesión: el paso por el cobertizo que arranca en la plaza de Santo Domingo el Real. La estrechez del lugar obliga a los cargadores a bajar la imagen de las andas y portarla directamente a hombros, al tresbolillo y con cierta inclinación, para evitar que el travesaño de la cruz golpee contra las paredes.
Fue precisamente en ese punto donde también se produjo la anécdota de la noche. Un operario del servicio de limpieza se dio cuenta de que la tapa de una boca de riego no encajaba bien y se movía dentro de su marco, lo que podía convertirse en un peligro para los cargadores del Cristo del Amor. Con varias piedras que encontró en el cobertizo consiguió fijarla para evitar cualquier tropiezo. El público, que siguió la escena con expectación, terminó dedicándole un sonoro aplauso. «Soy un máquina», señaló entre risas.
Tras sortear todos los obstáculos, el Cristo del Amor se encaminó hacia su encuentro con el de los Ángeles. Ambas cofradías, en presencia de los concejales del PP, Rubén Lozano y José Manuel Velasco y la presidenta de la Cámara de Comercio y Hermana Mayor del Cautivo intercambiaron ramos de flores antes de separarse de nuevo y de que el Señor de Buenavista emprendiera el camino de regreso hacia Santa Isabel tras cerca de tres horas de cortejo procesional. Y es que el Amor lo puede todo.
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