Nurul Amin Shah Alam tenía 56 años cuando fue hallado muerto por las calles del centro de Buffalo, en Nueva York. Shah Alam era un refugiado rohinyá con asilo en Estados Unidos y casi totalmente ciego. Había sido liberado de una cárcel del condado, donde había pasado gran parte del último año esperando un juicio que terminó en un acuerdo de culpabilidad por un delito menor.
Nurul Amin Shah Alam, de 56 años, fue liberado lejos de su domicilio por los agentes tras determinar que no podía ser deportado
Nurul Amin Shah Alam tenía 56 años cuando fue hallado muerto por las calles del centro de Buffalo, en Nueva York. Shah Alam era un refugiado rohinyá con asilo en Estados Unidos y casi totalmente ciego. Había sido liberado de una cárcel del condado, donde había pasado gran parte del último año esperando un juicio que terminó en un acuerdo de culpabilidad por un delito menor.
Tras rechazarse una orden de retención migratoria emitida por el ICE para tomar su custodia, debido a su condición de refugiado que le impedía ser deportado, los agentes fronterizos encargados de su liberación lo abandonaron en una cafetería a pesar de su invalidez y sus problemas con el idioma. Su cadáver apareció cinco días después, ya que no supo orientarse para volver a su domicilio.
Ahora, la Oficina del Médico Forense del condado ha verificado que la muerte del refugiado fue causada por complicaciones derivadas de una úlcera duodenal perforada, precipitada por hipotermia y deshidratación, por lo que la muerte ha sido calificada como un homicidio. Esto significa que fue resultado de las acciones —u omisiones— de otra persona, pero no implica necesariamente que se haya cometido un delito.
El forense confirma que Shah Alam murió por una úlcera, precipitada por hipotermia y deshidratación
“Esto no debería haber ocurrido”, declaró el ejecutivo del condado de Erie, Mark Poloncarz, demócrata, en una rueda de prensa el miércoles. Preguntado sobre si la Patrulla Fronteriza era responsable de la muerte, evitó pronunciarse y señaló que cualquier determinación correspondería a las agencias de seguridad.
La fiscal general del Estado, Letitia James, y el fiscal del condado de Erie, Mike Keane, ambos demócratas, señalaron el miércoles que sus oficinas han estado revisando el caso. Keane indicó en un comunicado que su oficina había solicitado el informe completo de la autopsia de Shah Alam, pero que “sería inapropiado” hacer más comentarios.
La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE. UU. reiteró el miércoles su declaración previa de que Shah Alam “no mostraba signos de angustia, problemas de movilidad ni discapacidades que requirieran asistencia especial” cuando los agentes lo abandonaron. “Esta muerte no tuvo NADA que ver” con la Patrulla Fronteriza, afirmó su agencia matriz, el Departamento de Seguridad Nacional, en una publicación en redes sociales del 27 de febrero, criticando la cobertura mediática del caso como un intento de “demonizar a nuestras fuerzas del orden”.
Sin embargo, la comisionada de Salud del condado de Erie, Gale Burstein, afirmó que Shah Alam desarrolló lo que comúnmente se conoce como una úlcera por estrés, lo que perforó la pared intestinal, generando lo que suele ser una emergencia médica muy dolorosa que requiere tratamiento urgente. Tras el conocimiento de su muerte, uno de sus hijos, Mohamad Faisal, aseguró que no se les comunicó el paradero de su padre una vez liberado. Por ello, la Coalición de Inmigración de Nueva York pide una investigación penal sobre la conducta de los agentes de la Patrulla Fronteriza, y justicia para Shah Alam.
La víctima había abandonado Myanmar hace muchos años rumbo a Malasia, donde trabajó en la construcción. Llegó a Estados Unidos como refugiado junto a su esposa y dos de sus hijos en diciembre del 2024. Pasó aproximadamente un año en la cárcel del condado por cargos de agresión grave y otros delitos, tras un enfrentamiento en el 2025 con la policía, quienes alegan que mordió a dos agentes.
Sin embargo, según la versión de su hijo, le arrestaron por no atender a las indicaciones de soltar el palo de cortina que portaba a modo de bastón, luego de desorientarse y entrar en una propiedad privada.
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