Banderas con la cruz de Sant Jordi, enseñas de Aliança Catalana y esteladas. Muchas esteladas. Entre todas ellas, incluso alguna ‘senyera’ con el Sagrado Corazón de Jesús. Entre 300 y 400 personas acudieron este jueves al acto de Aliança Catalana en el Fossar de les Moreres, completamente blindado por los Mossos d’Esquadra, que han acabado cargando contra quienes se manifestaban en contra. No se llegó al enfrentamiento físico directo ante el acoso de la izquierda radical únicamente por el masivo dispositivo de la policía catalana.La magnitud de la concentración de Alianza, en realidad, habría sido algo mayor si todos los simpatizantes hubieran conseguido llegar. Desde antes de las cinco de la tarde, los Mossos habían cerrado por completo no sólo los accesos a la plaza de Santa Maria del Mar y al Fossar, sino a buena parte del perímetro comprendido entre Pla de Palau y el paseo del Born. Miles de manifestantes movilizados por colectivos de extrema izquierda, organizaciones de la izquierda radical y grupos autodenominados antifascistas habían acudido a la llamada y han colapsado las calles de los alrededores. Con los dos bloques cada vez más cerca, la Policía tuvo que impermeabilizar el espacio y encapsular a los seguidores de Alianza para evitar males mayores.Las dos facciones no llegaron a chocar, si bien al menos tres jóvenes de la extrema izquierda se camuflaron entre los seguidores de AC y lanzaron pintura contra ellos mientras hablaba Sílvia Orriols. Los Mossos practicaron tres detenciones e investigan a otros siete por presuntos delitos de desórdenes públicos. El incidente encrespó todavía más los ánimos entre los miles de manifestantes que aguardaban tras el cordón, en otro de los momentos de tensión que se están sucediendo durante la tarde. Cada pocos minutos, y con el paseo del Born lleno de manifestantes, la masa ha tratado de superar el cordón, obligando a los Mossos a sacar las porras y contener a los radicalesEl de esta tarde ha sido un nuevo episodio del que empieza a convertirse ya en el tradicional pulso de la víspera de la Diada entre las dos alas más radicalizadas del independentismo. De un lado, una Aliança Catalana cada vez más crecida y dispuesta a disputar a los partidos tradicionales también los símbolos del movimiento. Del otro, la izquierda independentista y el entramado «antifascista», movilizados precisamente para impedir que los de Sílvia Orriols hagan suyo uno de los espacios que durante décadas consideraron patrimonio político propio.En medio de todos ellos está el Fossar de les Moreres, algo así como la zona cero del independentismo catalán. El pequeño recinto pegado a Santa Maria del Mar ocupa el antiguo cementerio donde fueron enterrados defensores de Barcelona muertos durante el asedio borbónico de 1714. Con los años se ha convertido en el santuario del separatismo, escenario protagonista de cada 10 de septiembre y termómetro, también, de sus sucesivas disputas internas. Desde el atril, ubicado en el centro del Fossar de les Moreres, bajo el pebetero que hizo instalar un concejal de ERC , el alcaldable de Aliança por Barcelona, Jordi Aragonès, ha reivindicado la Cataluña milenaria y cargó contra quienes, al otro lado del cordón policial, quieren «una Cataluña mezclada». Sílvia Orriols, líder indiscutible del fenómeno que arrancó en Ripoll, ha reclamado por su parte una Cataluña «catalana, europea y occidental». La líder de AC ha abandonado el Fossar sobre las 19.20 horas.El despliegue policial, en el que participan agentes de la Brigada Móvil (Brimo), trata de impedir que ambos bloques entren en contacto. Alrededor de las 15.50 horas, un centenar de manifestantes contrarios al partido de Sílvia Orriols ya se concentraba en uno de los accesos al Fossar, donde coreaban consignas contra Aliança y contra los propios Mossos. Una línea policial les impedía avanzar hacia el interior del espacio. Dentro de la plaza se encontraban, a su vez, cerca de un centenar de simpatizantes de la formación, que ha movilizado autocares desde distintos puntos de Cataluña para un acto de ofrenda floral previsto para las 17.30 horas. Ha sido poco antes de esa hora cuando, rodeada de un importante cordón de vigilancia, ha entrado la líder del partido en la plaza, recibida al grito de «presidenta» por sus fieles. Tras el cordón policial, en un contingente de contrarios muchos más numeroso, los insultos se han recrudecido, mientras empujados por la masa, apretaban para intentar desbordar el control policial.La izquierda radical, manifestándose contra AC. EPLa tensión había ido creciendo durante las últimas semanas. Arran, Endavant, Alerta Solidària, la Coordinadora Obrera Sindical y el Sindicato de Estudiantes de los Países Catalanes habían convocado para las cinco de la tarde una movilización bajo el lema «Unitat antifeixista per una terra de tothom». Su propósito declarado era «impedir» que Aliança Catalana pudiera ocupar el Fossar.Los mensajes difundidos por ambos espacios —«No passaran», «Recuperem el Fossar» o «No us deixarem passar»— habían elevado la preocupación ante la posibilidad de incidentes. El Fossar, una plaza de reducidas dimensiones situada junto a la basílica de Santa Maria del Mar, resulta especialmente difícil de dividir en dos sectores que permitan celebrar actos simultáneos con garantías. Orriols, por su parte, ha denunciado las pretensiones violentas de la izquierda, asegurando que ellos no lo son, y que si los atacan los radicales, los «amorrarían contra el suelo hasta que los Mossos los identifiquen».Los precedentes no invitan a la tranquilidad. En 2024, alrededor de un centenar de activistas contrarios a Aliança irrumpieron con bengalas y botes de pintura durante la ofrenda encabezada por Orriols. La intervención de los antidisturbios evitó que el choque fuera a más. El pasado año, la policía ya cerró los accesos y bloqueó a varias decenas de militantes de Arran mientras Aliança celebraba su acto ante varios cientos de simpatizantes.La batalla por el Fossar resume la fragmentación con la que el independentismo afronta la Diada. El lugar donde fueron enterrados los defensores de Barcelona muertos durante el sitio de 1714 ha sido tradicionalmente el hábitat del secesionismo más intransigente. En este mismo lugar, durante años, dirigentes de ERC y Junts han sido recibidos con gritos de «traidores» y «botiflers» cuando sus estrategias no satisfacían a la militancia más radical. Ahora el enemigo a batir ya no procede solamente de los partidos que administraron el fracaso del ‘procés’, sino del propio interior del independentismo. La irrupción de Aliança Catalana y su avance en las encuestas ha enconado el choque.La tensión de la víspera precede a una Diada en la que la manifestación de la ANC volverá a medir la menguante capacidad de movilización separatista. La marcha se celebrará mañana de forma descentralizada en Barcelona, Girona y Amposta. Junqueras regresará después de cinco años de ausencia, mientras Junts prepara un amplio desembarco de dirigentes ante el temor de que el auge de Aliança termine por sobrepasarlo. Banderas con la cruz de Sant Jordi, enseñas de Aliança Catalana y esteladas. Muchas esteladas. Entre todas ellas, incluso alguna ‘senyera’ con el Sagrado Corazón de Jesús. Entre 300 y 400 personas acudieron este jueves al acto de Aliança Catalana en el Fossar de les Moreres, completamente blindado por los Mossos d’Esquadra, que han acabado cargando contra quienes se manifestaban en contra. No se llegó al enfrentamiento físico directo ante el acoso de la izquierda radical únicamente por el masivo dispositivo de la policía catalana.La magnitud de la concentración de Alianza, en realidad, habría sido algo mayor si todos los simpatizantes hubieran conseguido llegar. Desde antes de las cinco de la tarde, los Mossos habían cerrado por completo no sólo los accesos a la plaza de Santa Maria del Mar y al Fossar, sino a buena parte del perímetro comprendido entre Pla de Palau y el paseo del Born. Miles de manifestantes movilizados por colectivos de extrema izquierda, organizaciones de la izquierda radical y grupos autodenominados antifascistas habían acudido a la llamada y han colapsado las calles de los alrededores. Con los dos bloques cada vez más cerca, la Policía tuvo que impermeabilizar el espacio y encapsular a los seguidores de Alianza para evitar males mayores.Las dos facciones no llegaron a chocar, si bien al menos tres jóvenes de la extrema izquierda se camuflaron entre los seguidores de AC y lanzaron pintura contra ellos mientras hablaba Sílvia Orriols. Los Mossos practicaron tres detenciones e investigan a otros siete por presuntos delitos de desórdenes públicos. El incidente encrespó todavía más los ánimos entre los miles de manifestantes que aguardaban tras el cordón, en otro de los momentos de tensión que se están sucediendo durante la tarde. Cada pocos minutos, y con el paseo del Born lleno de manifestantes, la masa ha tratado de superar el cordón, obligando a los Mossos a sacar las porras y contener a los radicalesEl de esta tarde ha sido un nuevo episodio del que empieza a convertirse ya en el tradicional pulso de la víspera de la Diada entre las dos alas más radicalizadas del independentismo. De un lado, una Aliança Catalana cada vez más crecida y dispuesta a disputar a los partidos tradicionales también los símbolos del movimiento. Del otro, la izquierda independentista y el entramado «antifascista», movilizados precisamente para impedir que los de Sílvia Orriols hagan suyo uno de los espacios que durante décadas consideraron patrimonio político propio.En medio de todos ellos está el Fossar de les Moreres, algo así como la zona cero del independentismo catalán. El pequeño recinto pegado a Santa Maria del Mar ocupa el antiguo cementerio donde fueron enterrados defensores de Barcelona muertos durante el asedio borbónico de 1714. Con los años se ha convertido en el santuario del separatismo, escenario protagonista de cada 10 de septiembre y termómetro, también, de sus sucesivas disputas internas. Desde el atril, ubicado en el centro del Fossar de les Moreres, bajo el pebetero que hizo instalar un concejal de ERC , el alcaldable de Aliança por Barcelona, Jordi Aragonès, ha reivindicado la Cataluña milenaria y cargó contra quienes, al otro lado del cordón policial, quieren «una Cataluña mezclada». Sílvia Orriols, líder indiscutible del fenómeno que arrancó en Ripoll, ha reclamado por su parte una Cataluña «catalana, europea y occidental». La líder de AC ha abandonado el Fossar sobre las 19.20 horas.El despliegue policial, en el que participan agentes de la Brigada Móvil (Brimo), trata de impedir que ambos bloques entren en contacto. Alrededor de las 15.50 horas, un centenar de manifestantes contrarios al partido de Sílvia Orriols ya se concentraba en uno de los accesos al Fossar, donde coreaban consignas contra Aliança y contra los propios Mossos. Una línea policial les impedía avanzar hacia el interior del espacio. Dentro de la plaza se encontraban, a su vez, cerca de un centenar de simpatizantes de la formación, que ha movilizado autocares desde distintos puntos de Cataluña para un acto de ofrenda floral previsto para las 17.30 horas. Ha sido poco antes de esa hora cuando, rodeada de un importante cordón de vigilancia, ha entrado la líder del partido en la plaza, recibida al grito de «presidenta» por sus fieles. Tras el cordón policial, en un contingente de contrarios muchos más numeroso, los insultos se han recrudecido, mientras empujados por la masa, apretaban para intentar desbordar el control policial.La izquierda radical, manifestándose contra AC. EPLa tensión había ido creciendo durante las últimas semanas. Arran, Endavant, Alerta Solidària, la Coordinadora Obrera Sindical y el Sindicato de Estudiantes de los Países Catalanes habían convocado para las cinco de la tarde una movilización bajo el lema «Unitat antifeixista per una terra de tothom». Su propósito declarado era «impedir» que Aliança Catalana pudiera ocupar el Fossar.Los mensajes difundidos por ambos espacios —«No passaran», «Recuperem el Fossar» o «No us deixarem passar»— habían elevado la preocupación ante la posibilidad de incidentes. El Fossar, una plaza de reducidas dimensiones situada junto a la basílica de Santa Maria del Mar, resulta especialmente difícil de dividir en dos sectores que permitan celebrar actos simultáneos con garantías. Orriols, por su parte, ha denunciado las pretensiones violentas de la izquierda, asegurando que ellos no lo son, y que si los atacan los radicales, los «amorrarían contra el suelo hasta que los Mossos los identifiquen».Los precedentes no invitan a la tranquilidad. En 2024, alrededor de un centenar de activistas contrarios a Aliança irrumpieron con bengalas y botes de pintura durante la ofrenda encabezada por Orriols. La intervención de los antidisturbios evitó que el choque fuera a más. El pasado año, la policía ya cerró los accesos y bloqueó a varias decenas de militantes de Arran mientras Aliança celebraba su acto ante varios cientos de simpatizantes.La batalla por el Fossar resume la fragmentación con la que el independentismo afronta la Diada. El lugar donde fueron enterrados los defensores de Barcelona muertos durante el sitio de 1714 ha sido tradicionalmente el hábitat del secesionismo más intransigente. En este mismo lugar, durante años, dirigentes de ERC y Junts han sido recibidos con gritos de «traidores» y «botiflers» cuando sus estrategias no satisfacían a la militancia más radical. Ahora el enemigo a batir ya no procede solamente de los partidos que administraron el fracaso del ‘procés’, sino del propio interior del independentismo. La irrupción de Aliança Catalana y su avance en las encuestas ha enconado el choque.La tensión de la víspera precede a una Diada en la que la manifestación de la ANC volverá a medir la menguante capacidad de movilización separatista. La marcha se celebrará mañana de forma descentralizada en Barcelona, Girona y Amposta. Junqueras regresará después de cinco años de ausencia, mientras Junts prepara un amplio desembarco de dirigentes ante el temor de que el auge de Aliança termine por sobrepasarlo.
Banderas con la cruz de Sant Jordi, enseñas de Aliança Catalana y esteladas. Muchas esteladas. Entre todas ellas, incluso alguna ‘senyera’ con el Sagrado Corazón de Jesús. Entre 300 y 400 personas acudieron este jueves al acto de Aliança Catalana en el Fossar de les … Moreres, completamente blindado por los Mossos d’Esquadra, que han acabado cargando contra quienes se manifestaban en contra. No se llegó al enfrentamiento físico directo ante el acoso de la izquierda radical únicamente por el masivo dispositivo de la policía catalana.
La magnitud de la concentración de Alianza, en realidad, habría sido algo mayor si todos los simpatizantes hubieran conseguido llegar. Desde antes de las cinco de la tarde, los Mossos habían cerrado por completo no sólo los accesos a la plaza de Santa Maria del Mar y al Fossar, sino a buena parte del perímetro comprendido entre Pla de Palau y el paseo del Born. Miles de manifestantes movilizados por colectivos de extrema izquierda, organizaciones de la izquierda radical y grupos autodenominados antifascistas habían acudido a la llamada y han colapsado las calles de los alrededores. Con los dos bloques cada vez más cerca, la Policía tuvo que impermeabilizar el espacio y encapsular a los seguidores de Alianza para evitar males mayores.
Las dos facciones no llegaron a chocar, si bien al menos tres jóvenes de la extrema izquierda se camuflaron entre los seguidores de AC y lanzaron pintura contra ellos mientras hablaba Sílvia Orriols. Los Mossos practicaron varias detenciones. El incidente encrespó todavía más los ánimos entre los miles de manifestantes que aguardaban tras el cordón, en otro de los momentos de tensión que se están sucediendo durante la tarde. Cada pocos minutos, y con el paseo del Born lleno de manifestantes, la masa ha tratado de superar el cordón, obligando a los Mossos a sacar las porras y contener a los radicales

El de esta tarde ha sido un nuevo episodio del que empieza a convertirse ya en el tradicional pulso de la víspera de la Diada entre las dos alas más radicalizadas del independentismo. De un lado, una Aliança Catalana cada vez más crecida y dispuesta a disputar a los partidos tradicionales también los símbolos del movimiento. Del otro, la izquierda independentista y el entramado «antifascista», movilizados precisamente para impedir que los de Sílvia Orriols hagan suyo uno de los espacios que durante décadas consideraron patrimonio político propio.
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En medio de todos ellos está el Fossar de les Moreres, algo así como la zona cero del independentismo catalán. El pequeño recinto pegado a Santa Maria del Mar ocupa el antiguo cementerio donde fueron enterrados defensores de Barcelona muertos durante el asedio borbónico de 1714. Con los años se ha convertido en el santuario del separatismo, escenario protagonista de cada 10 de septiembre y termómetro, también, de sus sucesivas disputas internas.
Desde el atril, ubicado en el centro del Fossar de les Moreres, bajo el pebetero que hizo instalar un concejal de ERC , el alcaldable de Aliança por Barcelona, Jordi Aragonès, ha reivindicado la Cataluña milenaria y cargó contra quienes, al otro lado del cordón policial, quieren «una Cataluña mezclada». Sílvia Orriols, líder indiscutible del fenómeno que arrancó en Ripoll, ha reclamado por su parte una Cataluña «catalana, europea y occidental». La líder de AC ha abandonado el Fossar sobre las 19.20 horas.
El despliegue policial, en el que participan agentes de la Brigada Móvil (Brimo), trata de impedir que ambos bloques entren en contacto. Alrededor de las 15.50 horas, un centenar de manifestantes contrarios al partido de Sílvia Orriols ya se concentraba en uno de los accesos al Fossar, donde coreaban consignas contra Aliança y contra los propios Mossos. Una línea policial les impedía avanzar hacia el interior del espacio. Dentro de la plaza se encontraban, a su vez, cerca de un centenar de simpatizantes de la formación, que ha movilizado autocares desde distintos puntos de Cataluña para un acto de ofrenda floral previsto para las 17.30 horas.
Ha sido poco antes de esa hora cuando, rodeada de un importante cordón de vigilancia, ha entrado la líder del partido en la plaza, recibida al grito de «presidenta» por sus fieles. Tras el cordón policial, en un contingente de contrarios muchos más numeroso, los insultos se han recrudecido, mientras empujados por la masa, apretaban para intentar desbordar el control policial.

(EP)
La tensión había ido creciendo durante las últimas semanas. Arran, Endavant, Alerta Solidària, la Coordinadora Obrera Sindical y el Sindicato de Estudiantes de los Países Catalanes habían convocado para las cinco de la tarde una movilización bajo el lema «Unitat antifeixista per una terra de tothom». Su propósito declarado era «impedir» que Aliança Catalana pudiera ocupar el Fossar.
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Los mensajes difundidos por ambos espacios —«No passaran», «Recuperem el Fossar» o «No us deixarem passar»— habían elevado la preocupación ante la posibilidad de incidentes. El Fossar, una plaza de reducidas dimensiones situada junto a la basílica de Santa Maria del Mar, resulta especialmente difícil de dividir en dos sectores que permitan celebrar actos simultáneos con garantías. Orriols, por su parte, ha denunciado las pretensiones violentas de la izquierda, asegurando que ellos no lo son, y que si los atacan los radicales, los «amorrarían contra el suelo hasta que los Mossos los identifiquen».
Los precedentes no invitan a la tranquilidad. En 2024, alrededor de un centenar de activistas contrarios a Aliança irrumpieron con bengalas y botes de pintura durante la ofrenda encabezada por Orriols. La intervención de los antidisturbios evitó que el choque fuera a más. El pasado año, la policía ya cerró los accesos y bloqueó a varias decenas de militantes de Arran mientras Aliança celebraba su acto ante varios cientos de simpatizantes.
La batalla por el Fossar resume la fragmentación con la que el independentismo afronta la Diada. El lugar donde fueron enterrados los defensores de Barcelona muertos durante el sitio de 1714 ha sido tradicionalmente el hábitat del secesionismo más intransigente. En este mismo lugar, durante años, dirigentes de ERC y Junts han sido recibidos con gritos de «traidores» y «botiflers» cuando sus estrategias no satisfacían a la militancia más radical. Ahora el enemigo a batir ya no procede solamente de los partidos que administraron el fracaso del ‘procés’, sino del propio interior del independentismo. La irrupción de Aliança Catalana y su avance en las encuestas ha enconado el choque.
La tensión de la víspera precede a una Diada en la que la manifestación de la ANC volverá a medir la menguante capacidad de movilización separatista. La marcha se celebrará mañana de forma descentralizada en Barcelona, Girona y Amposta. Junqueras regresará después de cinco años de ausencia, mientras Junts prepara un amplio desembarco de dirigentes ante el temor de que el auge de Aliança termine por sobrepasarlo.
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