China celebra esta semana su mayor cita política anual, que en realidad son dos, una consultiva y la otra legislativa: las Dos Sesiones. Cinco mil representantes reunidos durante una semana en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín, para modular su asalto a los cielos, en un momento de máxima tensión mundial. Ayer miércoles se inauguró la abigarrada Conferencia Consultiva y hoy jueves abre sesión la Asamblea Popular Nacional, el legislativo chino, que durante sies días trazará las directrices del próximo plan quinquenal (2026-2030).
La gran cita política anual en Pekín fijará las directrices del nuevo plan quinquenal en un mundo convulso
China celebra esta semana su mayor cita política anual, que en realidad son dos, una consultiva y la otra legislativa: las Dos Sesiones. Cinco mil representantes reunidos durante una semana en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín, para modular su asalto a los cielos, en un momento de máxima tensión mundial. Ayer miércoles se inauguró la abigarrada Conferencia Consultiva y hoy jueves abre sesión la Asamblea Popular Nacional, el legislativo chino, que durante sies días trazará las directrices del próximo plan quinquenal (2026-2030).
A nivel nacional, los retos son parecidos a los del año pasado. Léase baja natalidad, desempleo juvenil, retraimiento del consumo o endeudamiento de las constructoras. El balance anual del primer ministro, Li Qiang, se espera que certifique una ligera desaceleración, apostando por un crecimiento anual del 4,5%-5%, frente al 5% de los últimos dos años. Algo que no preocupa excesivamente al presidente Xi Jinping, que apuesta por lo que llama un crecimiento de calidad y soberano.
A nivel internacional, en cambio, la situación se ha complicado todavía más de lo que estaba, con Donald Trump en su segundo año. De ahí que la rueda de prensa del ministro de Exteriores, Wang Yi, vaya a ser particularmente seguida. Este ha conminado esta semana a Israel y EE.UU. a respetar la soberanía de Irán y a todas las partes a detener los bombardeos. Su portavoz, Mao Ning, al ser preguntada sobre las amenazas de Trump a España, rechazó “el uso del comercio como arma”.

No es de extrañar que dos de los propósitos de enmienda en Pekín sean “mejorar la comunicación con EE.UU” y “la cooperación con Europa”. El trasfondo es preocupante para China. Tres de sus más estrechos aliados, Irán, Venezuela y Cuba, se encuentran en unas situación límite. En los dos primeros casos, el poder ha sido decapitado de forma prácticamente literal, con el asesinato de Ali Jamenei y el secuestro de Nicolás Maduro. Cuba espera turno, casi a oscuras.
Sin embargo, se espera que China mantenga un aumento del presupuesto de Defensa en torno al 7,2% de rigor en los últimos años.
A pesar de que el Trump de 2026 ya no es el que soñaba en 2025 con el nobel de la Paz. Hace un año su pulso era arancelario, con retazos geopolíticos. La hongkonesa Hutchison acababa de ser invitada a salir del canal de Panamá y a vender al fondo Blackrock decenas de sus puertos en todo el mundo. Mientras que TikTok apuraba una prórroga mientras se decidía sobre su prohibición. Finalmente, Pekín no ha podido impedir que el techo de participación de la china ByteDance en su retoño quede limitado al 20% en EE.UU. “por motivos de seguridad”.
Eso sí, el gobierno chino ha esgrimido el mismo argumento para vetar la venta al por mayor de los puertos de Hutchison, aunque no haya podido evitar su expulsión de Panamá. Así que el pulso continúa, como no podía ser de otro modo, entre las dos grandes potencias
El mundo unipolar se acabó -como lleva años diciendo el propio secretario general de la ONU, António Guterres- pero ni EE.UU. ha hecho el luto, ni el mundo multipolar termina de adoptar forma estable. El pulso continúa, pero se desplaza allí donde EE.UU. todavía conserva una cierta ventaja. En su hemisferio o en la fuerza militar, con el departamento de Defensa reconvertido en departamento de la Guerra y su secretario, este mismo miércoles, reivindicando el primer hundimiento de un navío enemigo a manos de un submarino estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial.
Aires, efectivamente, del mundo de antes, que llevan a la China comunista a postularse como abanderada de la Carta de las Naciones Unidas y, a la postre, del libre comercio.
La Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino arrancó este miércoles con dos mil delegados llegados de todos los rincones, como procura poner de manifiesto la profusión de trajes regionales y minorías étnicas. Una reunión masiva y abigarrada en la que podría pasar desapercibido un alienígena o un demócrata. Se trata, de hecho, del día estelar para los ocho -y solo ocho- partidos democráticos reconocidos por la República Popular.
El Partido Comunista de China, aun siendo ateo, también tiene a bien reconocer oficialmente a cinco religiones. Sus representantes también ocupaban este miércoles un asiento en el inmenso hemiciclo del Gran Palacio del Pueblo, junto a maestros de pueblo, rectores de universidad, deportistas célebres, cantantes famosas, científicos, escritores y agricultores.
Este es el aquelarre anual en que el Partido Comunista de China ausculta a la sociedad, dentro y fuera de sus filas (aunque se acerca ya a los cien millones de militantes), con decenas de miles de sugerencias supuestamente circulando de abajo a arriba. Pero el poder legislativo recae en la Asamblea Popular Nacional, que concluirá sus sesiones el mismo día 11.
Esta prevé, entre otras cosas, elaborar un plan de estímulo de Hong Kong, tras unas elecciones locales con muy baja participación. Su bolsa bajaba este miércoles un 2%, el doble que la de Shenzhen o Shanghai, por su mayor internacionalización. Con el estrecho de Ormuz bloqueado, la bolsa de Seúl se desplomaba un 12% y las de Tokio y Taipéi alrededor de un 4%.

La nota melancólica para el PCCh es el fallecimiento, este mismo miércoles, de su militante más veterano, Song Ping, a los 109 años. Fue secretario de Zhou Enlai -el eterno primer ministro de Mao- y apoyó el ascenso de Hu Jintao, predecesor de Xi Jingpin. La lucha contra la corrupción de este último empezó siendo una reacción ante los excesos de la era Hu, pero el problema es sistémico, puesto que las últimas purgas en la cúpula del ejército y la administración afectan a cargos promocionados por el propio Xi. El partido escucha, pero la separación de poderes se aplaza indefinidamente.
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