Un spin-off es aquella obra que deriva de otra. Se pueden reciclar personajes de producciones previas o simplemente crear nuevos personajes y colocarlos dentro de un universo de ficción ya existente. Pero, aparte de mantener cierta coherencia con este universo de ficción, no hay reglas sobre cómo deben enfocarse: no tienen que contar una historia similar, ni buscar exactamente el mismo público. Quizá, por este motivo, el espectador se puede confundir con Marshals, el spin-off de Yellowstone.
Del culebrón de prestigio pasamos a una serie de casos protagonizada por Luke Grimes, que retoma el personaje de Kayce dutton
Un spin-off es aquella obra que deriva de otra. Se pueden reciclar personajes de producciones previas o simplemente crear nuevos personajes y colocarlos dentro de un universo de ficción ya existente. Pero, aparte de mantener cierta coherencia con este universo de ficción, no hay reglas sobre cómo deben enfocarse: no tienen que contar una historia similar, ni buscar exactamente el mismo público. Quizá, por este motivo, el espectador se puede confundir con Marshals, el spin-off de Yellowstone.
Se centra en Kayce Dutton (Luke Grimes), el miembro de la familia del rancho de Montana con una brújula moral más intacta. En teoría, Yellowstone le había dado un final feliz: había visto reducidas sus tierras a una extensión anecdótica, compensando así la avaricia de sus antecesores, y allí podía vivir con su esposa Monica (Kelsey Asbille) y su hijo Tate (Brecken Merill). Pero, claro, eso solo era posible si nadie vinculado a Paramount quería encontrar la forma de mantener en antena a Kayce mientras, en paralelo, desarrollaban un spin-off de Beth (Kelly Reilly) y Rip (Cole Hauser) todavía pendiente de estreno.

En el episodio estrenado este lunes en SkyShowtime, Kayce vive una rutina marcada por el duelo. El terreno es exigente y le impide desconectar. Su mujer murió víctima del cáncer. La relación con su hijo adolescente no se define por su fantástica comunicación. En vez de estar en un paraíso, está en una especie de purgatorio. Suerte que un día aparece Pete Calvin (Logan Marshall-Green), un antiguo compañero del ejército, y le pide que se incorpore a su brigada especial de los marshals, el cuerpo de seguridad federal. Allí, entre casos y tiroteos, encuentra su razón de vivir.
Esta vez Taylor Sheridan no lleva las riendas del proyecto. Paramount contrató a Spencer Hudnut, que venía de ser el showrunner de SWAT. El objetivo es simple: utilizar un personaje existente para vender una nueva serie de policías, manteniendo intactos algunos principios de Yellowstone. Por ejemplo, los paisajes son una preciosidad. Tiene que haber caballos, que esto es un neowestern clásico. Los interiores huelen a humedad y a cerveza. La historia de los Dutton está presente, con Kayce teniendo aliados y enemigos solamente por su apellido. Pero, en líneas generales, estamos ante un procedimental con un caso semanal para atraer el público de cualquier otra serie de casos en emisión.
Hudnut, de hecho, no es especialmente sofisticado ni arriesgado al presentar el punto de partida. No quiere adentrarse demasiado en el drama personal de Kayce por miedo a perder a los espectadores que lleguen sin conocer Yellowstone: tiene suficiente con un par de conversaciones (una de ellas delante de la lápida) que permiten a Marshals funcionar como una serie independiente. La introducción de los secundarios es tan rutinaria como los diálogos que permiten que se desarrolle la primera investigación, un intento de asesinato a Thomas Rainwater (Gil Birmingham). Arielle Kebbel, de momento, tiene el personaje más prometedor porque Arielle Kebbel siempre consigue que te acuerdes de sus personajes.
Esta naturaleza procedimental y pensada para la televisión en abierto en Estados Unidos conlleva algunos desajustes creativos. La dirección no está siempre a la misma altura, con las imágenes alrededor del rancho permitiendo que la ficción respire pero después rodando algunas de las escenas de acción desde la inercia, que toca terminar de rodar el episodio para poder grabar el siguiente. Sin embargo, teniendo en cuenta cuáles son los objetivos de Marshals, el intento posiblemente funciona.
Es una serie de casos enmarcada en el universo de Yellowstone, con un aroma conservador que le permite atraer sectores del público de Estados Unidos que huyen ante ciertas apuestas de Hollywood, y satisfará a quienes buscan de forma compulsiva a policías repartiendo justicia en televisión. Quienes no sean de este último (y amplísimo) nicho, posiblemente ni se plantearán ver el segundo episodio.
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