Cuando acabó la primera temporada de Clanes ni Clara Lago ni Tamar Novas pensaron que el éxito de la serie iba a ser de tal calibre que habría una segunda temporada. Sienten «responsabilidad», pero también confiesan el regalo que es «entender a personajes que están muy alejados de nuestra moral» Leer Cuando acabó la primera temporada de Clanes ni Clara Lago ni Tamar Novas pensaron que el éxito de la serie iba a ser de tal calibre que habría una segunda temporada. Sienten «responsabilidad», pero también confiesan el regalo que es «entender a personajes que están muy alejados de nuestra moral» Leer
«Siento responsabilidad porque tampoco me ha pasado muchas veces esto de que una serie de repente tenga tanto impacto y se haga una segunda temporada», confiesa Tamar Novas. La serie de la que habla es Clanes. Hace más de un año y medio, Netflix estrenaba una serie de narcos, que no era exactamente de narcos, sino de muchas historias de amor -de todos los amores que existen-, que en cuestión de semanas se convirtió en una de las ficciones de mayor éxito de la plataforma en España y al otro lado del charco -hoy aún sigue entre las 10 más vistas en muchos países-. Cuando terminó el rodaje de aquella primera temporada, sus protagonistas, Clara Lago y Tamar Novas, no se imaginaban que Clanes iba a llegar tan alto como para hacer una segunda. Pues este viernes, lo que nunca llegaron a pensar se hace realidad con el estreno de la segunda temporada.
Han pasado tres años y han cambiado muchas cosas. A pesar de sus intentos por dejar el pasado atrás, Ana (Clara Lago) y Daniel (Tamar Novas) vuelven a verse atrapados en el mundo del narcotráfico, esta vez en bandos opuestos. Daniel acepta salir a faenar una última vez para ayudar a su padre, el patriarca de los Padín. Ana, por su parte, debe regresar a Cambados para colaborar con el clan rival. Y acepta, aunque es consciente de que eso podría significar el final de los Padín y, probablemente, también el final de su relación con Daniel.
«En Ana han cambiado por completo las motivaciones», afirma la actriz sin querer desvelar mucho todo lo que ha cambiado su vida desde que tuvo que huir de Cambados. «Si en la primera temporada lo que movía a Ana era la curiosidad de buscar respuestas tras descubrir que su padre era un narcotraficante, ahora sus prioridades han cambiado y es más proactiva. Tiene que salir de una situación de persecución permanente y proteger lo que más quiere (…) Ante situaciones desesperadas, medidas desesperadas. Decide volver para terminar con esto y poder ser libre», explica la actriz.
Lo que comienza siendo una conversación a tres bandas sobre la serie, cambia de registro gracias a Tamar Novas. Ante la misma pregunta a su compañera sobre cuál es la evolución de su personaje en esta segunda temporada, el actor traslada a la entrevistadora y a su propia compañera a una reflexión que se aleja de esa primera apariencia de que Clanes es una serie más de narcotráfico, aunque allá narcotráfico porque «todo lo que ocurre allí es que somos el puerto de entrada de todo el mundo y hay intereses, porque donde hay poder es donde hay dinero».
A lo que se refiere el actor gallego es que el narcotráfico es «un poco el escenario», pero «el sentido de la serie, lo que engancha, lo que la hace diferente son las motivaciones de los personajes, pues muchas veces son otras y tienen más que ver con la necesidad de proteger a la familia, con el amor imposible entre Ana y Daniel, con la lealtad de un hijo a su padre».
-¿El amor?
-Sí, Es que estoy convencido que el tema de Clanes es el amor. Si pones el amor en un entorno en el que todo se puede destruir y también hablas de lo fuerte que puede llegar a ser el amor… Es que eso lo hemos aprendido del más grande, de Shakespeare.
-¿De Shakespeare?
-Salvando las distancias de la diferencia de estilo, está Hamlet, está Romeo y Julieta, están las grandes narrativas de los arquetipos amoroso y en esta serie hay dos mundos completamente contrapuestos que se entremezclan y de lo que al final hablan es de la potencia y el peligro que puede tener el amor.
A partir de aquí, la entrevista dejará de ser una entrevista al uso. Será otra cosa.
Porque la historia de Ana y Daniel es la historia de la contradicción, del dilema constante, de la división entre «el mundo en el que naciste y que no pudiste elegir y el que encuentras en la persona de la que te enamoras y que no puedes controlar porque uno no elige de quién se enamora». En definitiva, resume Tamar Novas, «es el conflicto entre quién eres y lo que quieres»: «Cualquiera se puede identificar con eso, con querer salir de un sistema en el que está atrapado y tomar decisiones que son vitales».
Una dicotomía que ha llevado a un viaje interno y externo que para los dos actores, que es «lo mejor de nuestra profesión». «Cuando empiezas a entender cómo funciona el mundo, tienes dilemas, que son muy jugosos de contar», añade Clara Lago sobre su personaje, pero también sobre los dilemas por los que todos los seres humanos pasan a lo largo de su vida.
Y dentro de ese dilema también está el que la serie genera en el espectador tanto a través del personaje de Daniel como el de Clara. Si en la primera temporada, Daniel empieza siendo el prototipo de narco, criminal, delincuente y malvado, termina la temporada generando un dilema en el público sobre cómo es posible que se pueda entender lo que él como narco hace; en la segunda temporada ese dilema se multiplica aún más porque Daniel está atrapado en el amor a su padre (por muy malo que sea), el amor por Ana y las ansias de salir de ese mundo de delincuencia.
«Para entender cómo funciona el mundo hay que saber cómo son los seres humanos, los que están detrás de ese mundo, ver sus motivaciones y así poder empatizar. Otra cosa es jutisficarlo. Yo nunca justificaría las actividades de Daniel, pero sí que entiendo que nace en ese terreno y puedo entender que alguien que nace en ese entorno está muy condicionado, pero a la vez puede tener un gran corazón«, asegura el actor.
En el caso de Clara Lago, la evolución de su personaje se puede resumir es «el fin justifica los medios», entendiendo medios como «mis motivaciones».
Ante esta dicotomía constante entre el bien y el mal, el amor o el peligro de amar, la dificultad de Clara Lago y Tamar Novas en Clanes estaba en también el mayor beneficio de esta serie: trabajar los personajes. Es Lago la que tiene muy claro cómo entra en la construcción de personajes tan complicados moralmente, y es que para ella, al igual que para su compañero, «no se trata de justificar como personas, como Clara o como Tamar, pero sí que como actores a mí es de las cosas que me parecen más bonitas de esta profesión, porque tú no puedes juzgar a tu personaje; eso es lo primero que uno tiene que aprender en esta profesión«.
Ni Clara Lago ni Tamar Novas juzgan desde su «moral» y desde su «ética» el personaje al que interprentan, sino que «intentamos entender por qué llega hasta ahí, por qué toma las decisiones que toma, por qué hace lo que hace». Ninguno justifica «una actividad criminal, ni el narcotráfico ni el asesinato», pero «sí hacer el ejercicio como actriz de entenderlo». Para Lago es una especie de músculo que se entrena «para empatizar con acciones que tú no compartes». Algo que para la actriz «hace falta en el mundo en general». «Nosotros como actores nos tenermos que acercar lo más posible a las motivaciones de nuestros personajes», dice la actriz.
Obviamente, las vidas de Clara Lago y Tamar Novas nada tienen que ver con las de sus personajes en Clanes y, por ello, para el actor se abre otro dilema, «contribuir con lo que cuentas a una narrativa que es positiva o no para el mundo». Y aquí entra el entretenimiento, porque Clanes «tiene un punto de absoluto entretenimiento y que gracias a él como espectador y como actor puedes entender las decisiones en las que te ha pasado algo que destaparía la caja de Pandora».
Es algo tan sencillo y a la vez tan complicado como la imaginación. Si Ana y Daniel permiten a Clara y a Tamar a convertirse en lo que nunca podrían ser, «el Tamar más vengativo, el Tamar más eternamente enamorado», también les lleva a imaginar y a que el espectador imagine y viva una historia, la observe «desde un lugar seguro». Es un debate «que también tiene que que ver con el tipo de sociedad en la que estás; y a mí me da la sensación de que esta ficción es un salvavidas para el espectador que te sostiene para entender a los personajes, pero que en todo momento entiendes que es una ficción». Porque para Tamar Novas, «la ficción tiene eso, que te reafirma también los límites de convivencia, de lo que es legal y de lo que no lo es». «En ese sentido, hace todo lo contrario a blanquear una actividad ilícita», añade Lago.
Arrancaba esta entrevista con un Tamar Novas consciente de la responsabilidad que supone el estrenar una segunda temporada de una serie de tanto éxito. Les preguntas si escuchan las críticas y los halagos, si hacen mucho caso de lo que se dijo y de lo que se diga ahora. De nuevo, ambos actores no se esconden en el papel de actor políticamente correcto. La actriz reconoce que de las cosas buenas se entera por los grupos de WhatsApp; y de lo malo «solo me dejó guiar por las críticas constructivas de mis allegados, que sé que si me hacen alguna crítica va a ser con el ánimo de construir», porque «un comentario mal tirado… Todos somos humanos y hay un corazoncito que se resiente«.
Y eso que, según confiesa Lago, hace tiempo que ha aprendido a verse. Antes lo pasaba fatal y «era mi peor enemiga»; «hoy por hoy ya me sé ver y sé hacerme una crítica constructiva a mí misma». Tamar Novas también se ve, pero él sí ve lo que los espectadores puedan decir. Ahora bien, antes de, la primera crítica, la más dura se la hace él a sí mismo, y así cuando lleguen «las críticas más duras, ver lo que te puede hacer mejorar, pero no ver lo destructivo».
Televisión // elmundo
