Hace una semana, mientras ardían las Gavarres, una mujer tomó la palabra. Frente al fuego que destruía su bosque y su modo de vida, dijo lo que estaba mal en el mundo. El incendio era, según ella, la furia de una tierra maltratada y abandonada por el ser humano, por el hombre que ha olvidado lo esencial, a convivir con las plantas y los animales. Es verdad que al hombre le cuesta cada vez más convivir, pero no solo con la naturaleza, sino también con otros hombres.
Hace una semana, mientras ardían las Gavarres, una mujer tomó la palabra. Frente al fuego que destruía su bosque y su modo de vida, dijo lo que estaba mal en el mundo. El incendio era, según ella, la furia de una tierra maltratada y abandonada por el ser humano, por el hombre que ha olvidado lo esencial, a convivir con las plantas y los animales. Es verdad que al hombre le cuesta cada vez más convivir, pero no solo con la naturaleza, sino también con otros hombres.Seguir leyendo…
Un incendio forestal es un campo de batalla más. El fuego es la consecuencia del combate ideológico que fractura a las democracias liberales. Las personas más peligrosas y autocráticas del mundo son hombres mayores y casi todos, pirómanos.
Hace una semana, mientras ardían las Gavarres, una mujer tomó la palabra. Frente al fuego que destruía su bosque y su modo de vida, dijo lo que estaba mal en el mundo. El incendio era, según ella, la furia de una tierra maltratada y abandonada por el ser humano, por el hombre que ha olvidado lo esencial, a convivir con las plantas y los animales. Es verdad que al hombre le cuesta cada vez más convivir, pero no solo con la naturaleza, sino también con otros hombres.
El individualismo y el supremacismo tal vez sean las características más determinantes del hombre contemporáneo, sobre todo en las sociedades más opulentas. Sin duda son las que impulsan tanto las guerras como el progreso que quema los bosques.
La mujer de las Gavarres, asustada y desesperada, no culpaba a nadie de su desgracia pero, al mismo tiempo, responsabilizaba a todos los que viven sin asumir las consecuencia de la vida que llevan, de los productos que consumen y de los partidos que apoyan.
Un incendio forestal es, hoy en día, un campo de batalla más. Los bomberos y los militares luchan contra el fuego y el viento, mientras que los políticos que niegan la crisis climática se enfrentan a los que intentan amortiguarla. El fuego es la consecuencia del combate ideológico que fractura a las democracias liberales.

El año pasado, en Europa ardió un millón de hectáreas, un récord. Este millón de hectáreas calcinadas casi duplica la media de la superficie quemada entre el 2006 y el 2024.
Los incendios ya no son un mal propio del sur, sino que avanzan hacia el norte, hacia el centro del continente.
El agua del Mediterráneo vuelve a estar más caliente que nunca. Cada verano supera al anterior. Entre la península y Baleares la temperatura del mar en superficie es de 27,07 grados.
Los mares y océanos almacenan más del 90% del calor que los humanos creamos con las emisiones de CO2. El calor se acumula allí a una velocidad astronómica. El profesor John Abraham asegura “que cada segundo de cada minuto, de cada hora, de cada día del año, el mar guarda la energía calórica de doce bombas de Hiroshima”. Doce detonaciones por segundo.
El secretario de Energía de Estados Unidos es un negacionista del cambio climático, no solo porque quiere favorecer a la industria del gas y del petróleo, sino porque el ecologismo ha sido tradicionalmente una preocupación de la izquierda. La administración Trump ha recortado los fondos del servicio de meteorología. No hay dinero para globos atmosféricos, sondas marinas y satélites de observación climática.
Los incendios forestales no son solo una consecuencia del retroceso moral que supone la eclosión del populismo. También son una consecuencia de la gerontocracia que gobierna el mundo. Las personas más peligrosas y autocráticas son hombres mayores y casi todos, pirómanos.
Trump está a punto de cumplir 80 años. Putin y Xi tienen 73; Netanyahu, 76; Erdogan, 72.
El ayatolá Alí Jamenei tenía 86 cuando el pasado 28 de febrero una bomba le cayó encima. Los restos de su cuerpo se han preservado en frío, entre los dos y los cuatro grados, dentro de una nevera que también controlaba la humedad para que la carne no se descompusiera. El funeral itinerante de esta semana por los lugares más emblemáticos del chiísmo se ha realizado con ataúd refrigerado. La temperatura de ayer en Mashhad, última etapa del peregrinaje mortuorio, alcanzó los 38 grados. El día antes, en Kerbala, habían estado a 40. El cuerpo del imán se mantenía por debajo de los cuatro grados gracias a la caja nevera. Parece una metáfora de la gobernanza global: Los populistas viven al margen de los incendios que provocan, del fuego y el calor que, por su culpa, acaba con la vida de los más vulnerables.
El ataúd nevera de Jamenei explica cómo los populistas no se queman en los incendios que provocan
La mujer de las Gavarres cree que otro mundo no solo es necesario, sino que también es posible. Son las mujeres, más que los hombres, las que mantienen la calma y, al mismo tiempo, la confianza en que las cosas pueden ir mejor.
Los hombres de la política son más grotescos, sobre todo desde que Berlusconi demostró que se puede gobernar un país como si fuera un club de fútbol. A su partido lo llamó Forza Italia. Trump es su aprendiz.
Las mujeres más poderosas de Europa plantan cara a Trump y no siempre se aprecia
Las mujeres más poderosas de Europa son otra cosa. No solo son más decentes, sino también más fuertes. Aunque no siempre lo parece, plantan cara a Trump, resisten sus presiones e ignoran sus provocaciones. No sé si podrían evitar los incendios de este verano, pero, sin duda, rebajan la temperatura, sobre todo la ideológica, la que prende fuegos en el corazón de nuestras democracias.
En esta selección europea y femenina de la gobernabilidad tranquila y eficaz figuran Ursula von der Leyen, Christine Lagarde, Mette Frederiksen, Georgia Meloni, Kristalina Georgieva y Henna Virkkunen, la vicepresidenta de la Comisión encargada de la soberanía tecnológica. Es maratoniana. Ha completado varias Ironman y un doble maratón de 84 kilómetros. Mantiene a raya a los tecnólogos americanos que reniegan de las regulaciones europeas sobre la IA.
El hombre, por mucho que domine, sabe que la mujer es la vida. La mitología está llena de diosas y madres universales. Las Gavarres las conocen desde hace siglos.
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