La segunda temporada de la serie de Cosmo, que culmina el próximo 27 de julio, ha vuelto a combinar misterio, humor y metaficción de la mano de Gwyneth Keyworth y Timothy Spall Leer La segunda temporada de la serie de Cosmo, que culmina el próximo 27 de julio, ha vuelto a combinar misterio, humor y metaficción de la mano de Gwyneth Keyworth y Timothy Spall Leer
El misterio sigue siendo uno de los grandes refugios de la ficción televisiva. Pero cuando a los asesinatos se les añade humor, personajes excéntricos y una atmósfera reconfortante, el resultado suele ser un éxito. Es la fórmula del cozy crime, un subgénero en pleno auge al que pertenece Death Valley, cuya segunda temporada emite Cosmo y que despedirá su temporada el próximo 27 de julio. En ella, una joven policía y un actor retirado convertido en detective improvisado forman una de las parejas más peculiares de la televisión mientras resuelven crímenes en distintos rincones de Gales.
«La serie en sí es un homenaje a las series de misterio», explica a EL MUNDO su protagonista, Gwyneth Keyworth. «Paul Doolan, el creador, es un gran fan del género. ¿Has visto alguna vez Se ha escrito un crimen? Yo la adoraba. Cuando faltaba al colegio por cualquier motivo la veía durante horas. Las series de crímenes son populares en todo el mundo porque a todos nos fascina intentar descubrir por qué la gente hace determinadas cosas. Lo que me encanta de Death Valley es que toma todos esos ingredientes y les da un giro completamente diferente, además de ser muy divertida».
Precisamente ahí reside la principal diferencia con la mayoría de ficciones policiacas actuales. Lejos de recrearse en la violencia, Death Valley apuesta por un tono mucho más ligero.
«No queremos que sea demasiado sangrienta. Es algo que tenemos muy presente porque queremos que la disfrute todo el mundo»
«No queremos que sea demasiado sangrienta. Es algo que tenemos muy presente porque queremos que la disfrute todo el mundo», asegura la actriz. «Yo la he visto con mi ahijado, que tiene cinco años. Me encanta cuando intenta adivinar quién es el culpable y dice: ‘Espera, ¿ese hombre ha sido?’. Lo maravilloso de los guiones de Paul es que las motivaciones de los asesinos tienen verdad, pero siempre consigue introducir un giro inesperado o un toque de humor que evita que la historia resulte demasiado triste».
Otro de los grandes aciertos de la serie es su juego constante con la metaficción. En el universo de Death Valley, todo el mundo consume true crime y uno de los protagonistas fue durante años la estrella de una veterana serie policíaca que marcó a toda una generación.
«Al público le gusta Death Valley porque es una serie confortable, un lugar al que volver cada semana»
«El hecho de que John sea un actor famoso por interpretar a un detective y que Janie creciera viendo esa serie funciona como un espejo», explica Keyworth. «Al público le gusta Death Valley porque es una serie confortable, un lugar al que volver cada semana. Eso mismo era para Janie la serie de John: un refugio en un momento complicado de su vida. Además, también es divertido jugar con esa idea de que nunca deberías conocer a tus héroes. Janie conoce al suyo… y descubre que es un hombre bastante irritante».
Para la actriz, el equilibrio entre crimen y comedia es precisamente lo que hace funcionar la ficción.
«La serie no funcionaría si fuera solo una comedia o solo un drama criminal. La mezcla de ambos elementos es lo que la hace especial», sostiene. «Como actriz creo que, igual que ocurre en la vida, el humor siempre aparece incluso en los momentos más difíciles. El drama y la comedia conviven constantemente. Es la forma natural en la que nos relacionamos con nuestros amigos y familiares. La comedia nace de los personajes y de la verdad de las situaciones, no de intentar ser gracioso porque sí. Eso forma parte de la cultura galesa. Siempre he pensado que las mejores historias son al mismo tiempo trágicas y divertidas«.
La serie también se aleja de las localizaciones habituales de la ficción británica para convertir Gales en un personaje más.
«Es un lugar precioso. Todo es increíblemente verde y tenemos una costa espectacular. Hay un episodio de esta segunda temporada que transcurre en un pueblo costero muy parecido al que yo crecí y verlo me emocionó muchísimo».
Pero no solo retrata el paisaje, sino también el carácter de sus habitantes.
«¡Las madres galesas están obsesionadas con la muerte!», bromea entre risas. «Cada vez que hablo con la mía por teléfono, lo primero que hace es contarme que se ha muerto la abuela del primo del dentista. Les encanta».
Una inclinación que, según explica, conecta con otra de las señas de identidad del país: «En Gales existe un tipo de cotilleo muy particular. Siempre es ‘¿Te has enterado de esto?’. Pero no es un chismorreo cruel ni malintencionado. Es una especie de sensacionalismo simpático. Y también está nuestro sentido del humor. Se nos da muy bien no tomarnos demasiado en serio y reírnos de nosotros mismos. Todo eso está muy presente en Death Valley«.
Antes de convertirse en uno de los rostros habituales de la televisión británica, Gwyneth Keyworth dio sus primeros pasos en una de las mayores producciones de la historia reciente de la pequeña pantalla: Juego de tronos.
«Fue mi primer trabajo nada más salir de la escuela de interpretación. Recuerdo que recibí la audición y pensé que era un papel fantástico para empezar porque compartía escena con Peter Dinklage», recuerda. «Era solo una escena, pero muy importante para su personaje. Fui la primera prostituta con la que Tyrion no se acuesta. Peter fue increíblemente amable conmigo. Aprendí muchísimo observándole. Además, el día que rodamos era mi cumpleaños y consiguió que todo el equipo me cantara el ‘Cumpleaños feliz'».
Con ese equilibrio entre humor, misterio y personajes entrañables, Death Valley se ha consolidado como una de las propuestas más originales del panorama televisivo británico.
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