El 5 de abril de 1985, Viernes Santo , era un día muy esperado entre los cofrades: había una enorme expectativa porque la hermandad del Santo Sepulcro, dado que el Pisuerga pasa por Valladolid –el alfilerado argumento era el Año Santo Mariano promulgado por el bimilenario del nacimiento de la Virgen María–, consiguió convencer al Cabildo Catedral de que la autorizara a realizar estación de penitencia dentro de la Catedral como parte de su recorrido procesional. Por aquellos años, en efecto, comenzaba a cundir la idea de devolver la carrera oficial a la Catedral, pero no a su entorno, como se había hecho entre 1960 y 1962, sino al interior del templo para hacer, en sentido propio, ‘estación de penitencia’. En su edición de ese año, la revista ‘Alto Guadalquivir’ trató el tema y reprodujo el célebre decreto de Trevilla de 1820. No salieron las cosas como los hermanos del Sepulcro habían soñado. Un día antes, el Jueves Santo, un fortísimo chaparrón sorprendió a la hermandad de Jesús Caído en Las Tendillas. Era la primera cofradía de la jornada y ninguna de las demás llegó a pedir la venia. El Viernes Santo se repitió la situación; la cofradía del Santo Sepulcro llegó a sacar su cruz de guía, pero puso en práctica con pulcritud y diligencia la ‘estrategia del calcetín’ antes de alcanzar la mitad de la calle Santa Victoria para volver a la Compañía.Noticia relacionada general No No La Cuaresma en ABC El Señor de la Sangre, sufrimiento y luz en el Vía Crucis de las Cofradías en la Catedral Julia García Higueras No pudo ser en 1985. Un mes después de Semana Santa, el 8 de mayo, las imágenes titulares de la hermandad de la Misericordia salían de San Pedro en una furgoneta para ser acogidas en un domicilio particular. Las cofradías de Santiago –las Penas y la Soledad–, que a la sazón también estaban en la hoy basílica, ya habían hecho lo propio con sus imágenes. Las tres tuvieron que buscar por su cuenta un sitio donde poner al culto a sus titulares: la Misericordia en una casa particular y, ya en octubre, en Santa Marta; las Penas en el Socorro y más tarde en Puerta Nueva, y la Soledad en Santa Cruz. Ninguna de las tres halló acomodo en ninguna parroquia, por la sencilla razón de que –sin que nadie moviera un dedo desde la calle Torrijos– ningún párroco diocesano quiso aceptarlas: alguno, incluso, despachó el asunto con cajas destempladas y palabras que denotaban, como mínimo, mala educación. La Virgen de las Lágrimas sale de la Catedral en 1986 Archivo Hermandad de la MisericordiaVeinte años después de la clausura del Vaticano II, la deriva posconciliar estaba en pleno auge y las cofradías, en el mejor de los casos, eran consideradas por los párrocos, con muy pocas excepciones, como algo ajeno e incompatible con lo que llamaban «una fe adulta».La situación era muy difícil. Al acercarse la Semana Santa de 1986, estas tres cofradías hubieron de buscar un templo de donde salir. Las Penas lo haría del cocherón del palacete del Realejo, la Soledad de Santa Isabel y la Misericordia… La Misericordia, después de llamar en vano a otras puertas, acudió al Cabildo Catedral, que sólo a finales de enero comunicó su aceptación. Lo dicho, ni una sola parroquia. La Semana Santa de 1986 tendría, pues, dos cofradías en la Catedral: una el Miércoles Santo, como lugar de comienzo y regreso de su procesión, y otra, el Santo Sepulcro, dos días después como parte de su recorrido. Sin proponérselo, pues, la Misericordia se convirtió en la primera cofradía con nazarenos dentro de la Catedral después de muchísimo tiempo.La autorización para pasar por la Catedral no era indefinida, sino que debía renovarse cada año No eran fáciles las cosas para las hermandades que se vieron en esa situación. Por lo pronto, la concesión del permiso no era indefinida, y las cofradías tendrían que repetir cada año la petición : la espada de Damocles seguiría colgando de forma permanente.El Santo Sepulcro hizo estación de penitencia en 1986 y abrió un camino que continuarán muchas de las demás hasta que, treinta años después, se aprobó el cambio de la carrera oficial que pasaba por el interior, pero muchas cosas han cambiado. Al año siguiente, el cartel de la Semana Santa de Córdoba mostraba a la cofradía en el interior del primer templo. Por otra parte, las cofradías debían afrontar los gastos que generaban su estancia o su tránsito por el primer templo: ya en 1986, las dos hermandades abonaron al cincuenta por ciento la instalación y retirada de la rampa en la Puerta del Perdón: la situación seguiría hasta 1997, último año en que la Misericordia salió de la Catedral, pero entonces ya eran varias las hermandades que hacían estación en el primer templo y se hacía un prorrateo entre todas ellas para cubrir el gasto.Contratación Había que pagar, además, el servicio de seguridad privada que requería la apertura de la Catedral y el Patio de los Naranjos los días y horas requeridos para el paso de estas cofradías (incluidos la ‘mudá’ de los pasos y los ensayos de costaleros, cuando los había). También de forma anual, dicho servicio había de ser contratado por dichas hermandades con una empresa del ramo designada por el propio Cabildo, a quien se debía remitir copia del contrato. No fue hasta tiempos del obispo Asenjo , en 2008, cuando el Cabildo asumió los costes que suponía la presencia de cofradías en la Catedral. El camino hacia la ‘tierra prometida’ se iba allanando y el Cabildo daba cada vez más facilidades. Pero eso es muy reciente. Quienes vivieron en primera persona la situación de hace cuarenta años la recuerdan como un tiempo oscuro, como un mal sueño lleno de sobresaltos. Para los más jóvenes son las ‘batallitas’ del abuelo, que siempre exagera sus hazañas. Al mismo abuelo, por cierto, le parece inverosímil que todo aquello fuera verdad. Pero lo fue. El 5 de abril de 1985, Viernes Santo , era un día muy esperado entre los cofrades: había una enorme expectativa porque la hermandad del Santo Sepulcro, dado que el Pisuerga pasa por Valladolid –el alfilerado argumento era el Año Santo Mariano promulgado por el bimilenario del nacimiento de la Virgen María–, consiguió convencer al Cabildo Catedral de que la autorizara a realizar estación de penitencia dentro de la Catedral como parte de su recorrido procesional. Por aquellos años, en efecto, comenzaba a cundir la idea de devolver la carrera oficial a la Catedral, pero no a su entorno, como se había hecho entre 1960 y 1962, sino al interior del templo para hacer, en sentido propio, ‘estación de penitencia’. En su edición de ese año, la revista ‘Alto Guadalquivir’ trató el tema y reprodujo el célebre decreto de Trevilla de 1820. No salieron las cosas como los hermanos del Sepulcro habían soñado. Un día antes, el Jueves Santo, un fortísimo chaparrón sorprendió a la hermandad de Jesús Caído en Las Tendillas. Era la primera cofradía de la jornada y ninguna de las demás llegó a pedir la venia. El Viernes Santo se repitió la situación; la cofradía del Santo Sepulcro llegó a sacar su cruz de guía, pero puso en práctica con pulcritud y diligencia la ‘estrategia del calcetín’ antes de alcanzar la mitad de la calle Santa Victoria para volver a la Compañía.Noticia relacionada general No No La Cuaresma en ABC El Señor de la Sangre, sufrimiento y luz en el Vía Crucis de las Cofradías en la Catedral Julia García Higueras No pudo ser en 1985. Un mes después de Semana Santa, el 8 de mayo, las imágenes titulares de la hermandad de la Misericordia salían de San Pedro en una furgoneta para ser acogidas en un domicilio particular. Las cofradías de Santiago –las Penas y la Soledad–, que a la sazón también estaban en la hoy basílica, ya habían hecho lo propio con sus imágenes. Las tres tuvieron que buscar por su cuenta un sitio donde poner al culto a sus titulares: la Misericordia en una casa particular y, ya en octubre, en Santa Marta; las Penas en el Socorro y más tarde en Puerta Nueva, y la Soledad en Santa Cruz. Ninguna de las tres halló acomodo en ninguna parroquia, por la sencilla razón de que –sin que nadie moviera un dedo desde la calle Torrijos– ningún párroco diocesano quiso aceptarlas: alguno, incluso, despachó el asunto con cajas destempladas y palabras que denotaban, como mínimo, mala educación. La Virgen de las Lágrimas sale de la Catedral en 1986 Archivo Hermandad de la MisericordiaVeinte años después de la clausura del Vaticano II, la deriva posconciliar estaba en pleno auge y las cofradías, en el mejor de los casos, eran consideradas por los párrocos, con muy pocas excepciones, como algo ajeno e incompatible con lo que llamaban «una fe adulta».La situación era muy difícil. Al acercarse la Semana Santa de 1986, estas tres cofradías hubieron de buscar un templo de donde salir. Las Penas lo haría del cocherón del palacete del Realejo, la Soledad de Santa Isabel y la Misericordia… La Misericordia, después de llamar en vano a otras puertas, acudió al Cabildo Catedral, que sólo a finales de enero comunicó su aceptación. Lo dicho, ni una sola parroquia. La Semana Santa de 1986 tendría, pues, dos cofradías en la Catedral: una el Miércoles Santo, como lugar de comienzo y regreso de su procesión, y otra, el Santo Sepulcro, dos días después como parte de su recorrido. Sin proponérselo, pues, la Misericordia se convirtió en la primera cofradía con nazarenos dentro de la Catedral después de muchísimo tiempo.La autorización para pasar por la Catedral no era indefinida, sino que debía renovarse cada año No eran fáciles las cosas para las hermandades que se vieron en esa situación. Por lo pronto, la concesión del permiso no era indefinida, y las cofradías tendrían que repetir cada año la petición : la espada de Damocles seguiría colgando de forma permanente.El Santo Sepulcro hizo estación de penitencia en 1986 y abrió un camino que continuarán muchas de las demás hasta que, treinta años después, se aprobó el cambio de la carrera oficial que pasaba por el interior, pero muchas cosas han cambiado. Al año siguiente, el cartel de la Semana Santa de Córdoba mostraba a la cofradía en el interior del primer templo. Por otra parte, las cofradías debían afrontar los gastos que generaban su estancia o su tránsito por el primer templo: ya en 1986, las dos hermandades abonaron al cincuenta por ciento la instalación y retirada de la rampa en la Puerta del Perdón: la situación seguiría hasta 1997, último año en que la Misericordia salió de la Catedral, pero entonces ya eran varias las hermandades que hacían estación en el primer templo y se hacía un prorrateo entre todas ellas para cubrir el gasto.Contratación Había que pagar, además, el servicio de seguridad privada que requería la apertura de la Catedral y el Patio de los Naranjos los días y horas requeridos para el paso de estas cofradías (incluidos la ‘mudá’ de los pasos y los ensayos de costaleros, cuando los había). También de forma anual, dicho servicio había de ser contratado por dichas hermandades con una empresa del ramo designada por el propio Cabildo, a quien se debía remitir copia del contrato. No fue hasta tiempos del obispo Asenjo , en 2008, cuando el Cabildo asumió los costes que suponía la presencia de cofradías en la Catedral. El camino hacia la ‘tierra prometida’ se iba allanando y el Cabildo daba cada vez más facilidades. Pero eso es muy reciente. Quienes vivieron en primera persona la situación de hace cuarenta años la recuerdan como un tiempo oscuro, como un mal sueño lleno de sobresaltos. Para los más jóvenes son las ‘batallitas’ del abuelo, que siempre exagera sus hazañas. Al mismo abuelo, por cierto, le parece inverosímil que todo aquello fuera verdad. Pero lo fue.
El 5 de abril de 1985, Viernes Santo, era un día muy esperado entre los cofrades: había una enorme expectativa porque la hermandad del Santo Sepulcro, dado que el Pisuerga pasa por Valladolid –el alfilerado argumento era el Año Santo Mariano promulgado por el … bimilenario del nacimiento de la Virgen María–, consiguió convencer al Cabildo Catedral de que la autorizara a realizar estación de penitencia dentro de la Catedral como parte de su recorrido procesional.
Por aquellos años, en efecto, comenzaba a cundir la idea de devolver la carrera oficial a la Catedral, pero no a su entorno, como se había hecho entre 1960 y 1962, sino al interior del templo para hacer, en sentido propio, ‘estación de penitencia’. En su edición de ese año, la revista ‘Alto Guadalquivir’ trató el tema y reprodujo el célebre decreto de Trevilla de 1820.
No salieron las cosas como los hermanos del Sepulcro habían soñado. Un día antes, el Jueves Santo, un fortísimo chaparrón sorprendió a la hermandad de Jesús Caído en Las Tendillas. Era la primera cofradía de la jornada y ninguna de las demás llegó a pedir la venia. El Viernes Santo se repitió la situación; la cofradía del Santo Sepulcro llegó a sacar su cruz de guía, pero puso en práctica con pulcritud y diligencia la ‘estrategia del calcetín’ antes de alcanzar la mitad de la calle Santa Victoria para volver a la Compañía.
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La Cuaresma en ABC
Julia García Higueras
No pudo ser en 1985. Un mes después de Semana Santa, el 8 de mayo, las imágenes titulares de la hermandad de la Misericordia salían de San Pedro en una furgoneta para ser acogidas en un domicilio particular. Las cofradías de Santiago –las Penas y la Soledad–, que a la sazón también estaban en la hoy basílica, ya habían hecho lo propio con sus imágenes.
Las tres tuvieron que buscar por su cuenta un sitio donde poner al culto a sus titulares: la Misericordia en una casa particular y, ya en octubre, en Santa Marta; las Penas en el Socorro y más tarde en Puerta Nueva, y la Soledad en Santa Cruz.
Ninguna de las tres halló acomodo en ninguna parroquia, por la sencilla razón de que –sin que nadie moviera un dedo desde la calle Torrijos– ningún párroco diocesano quiso aceptarlas: alguno, incluso, despachó el asunto con cajas destempladas y palabras que denotaban, como mínimo, mala educación.

(Archivo Hermandad de la Misericordia)
Veinte años después de la clausura del Vaticano II, la deriva posconciliar estaba en pleno auge y las cofradías, en el mejor de los casos, eran consideradas por los párrocos, con muy pocas excepciones, como algo ajeno e incompatible con lo que llamaban «una fe adulta».
La situación era muy difícil. Al acercarse la Semana Santa de 1986, estas tres cofradías hubieron de buscar un templo de donde salir. Las Penas lo haría del cocherón del palacete del Realejo, la Soledad de Santa Isabel y la Misericordia… La Misericordia, después de llamar en vano a otras puertas, acudió al Cabildo Catedral, que sólo a finales de enero comunicó su aceptación. Lo dicho, ni una sola parroquia.
La Semana Santa de 1986 tendría, pues, dos cofradías en la Catedral: una el Miércoles Santo, como lugar de comienzo y regreso de su procesión, y otra, el Santo Sepulcro, dos días después como parte de su recorrido. Sin proponérselo, pues, la Misericordia se convirtió en la primera cofradía con nazarenos dentro de la Catedral después de muchísimo tiempo.
La autorización para pasar por la Catedral no era indefinida, sino que debía renovarse cada año
No eran fáciles las cosas para las hermandades que se vieron en esa situación. Por lo pronto, la concesión del permiso no era indefinida, y las cofradías tendrían que repetir cada año la petición: la espada de Damocles seguiría colgando de forma permanente.
El Santo Sepulcro hizo estación de penitencia en 1986 y abrió un camino que continuarán muchas de las demás hasta que, treinta años después, se aprobó el cambio de la carrera oficial que pasaba por el interior, pero muchas cosas han cambiado. Al año siguiente, el cartel de la Semana Santa de Córdoba mostraba a la cofradía en el interior del primer templo.
Por otra parte, las cofradías debían afrontar los gastos que generaban su estancia o su tránsito por el primer templo: ya en 1986, las dos hermandades abonaron al cincuenta por ciento la instalación y retirada de la rampa en la Puerta del Perdón: la situación seguiría hasta 1997, último año en que la Misericordia salió de la Catedral, pero entonces ya eran varias las hermandades que hacían estación en el primer templo y se hacía un prorrateo entre todas ellas para cubrir el gasto.
Contratación
Había que pagar, además, el servicio de seguridad privada que requería la apertura de la Catedral y el Patio de los Naranjos los días y horas requeridos para el paso de estas cofradías (incluidos la ‘mudá’ de los pasos y los ensayos de costaleros, cuando los había).
También de forma anual, dicho servicio había de ser contratado por dichas hermandades con una empresa del ramo designada por el propio Cabildo, a quien se debía remitir copia del contrato.
No fue hasta tiempos del obispo Asenjo, en 2008, cuando el Cabildo asumió los costes que suponía la presencia de cofradías en la Catedral. El camino hacia la ‘tierra prometida’ se iba allanando y el Cabildo daba cada vez más facilidades.
Pero eso es muy reciente. Quienes vivieron en primera persona la situación de hace cuarenta años la recuerdan como un tiempo oscuro, como un mal sueño lleno de sobresaltos. Para los más jóvenes son las ‘batallitas’ del abuelo, que siempre exagera sus hazañas. Al mismo abuelo, por cierto, le parece inverosímil que todo aquello fuera verdad. Pero lo fue.
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