Corría el minuto seis del Real Madrid-Sevilla del último domingo, convertido por la Grada Fans en una protesta contra Javier Tebas, presidente de LaLiga, y Marc Cucurella recuperó un balón en campo rival. En décimas de segundo aunó sus virtudes: velocidad, intensidad, agresividad y determinación. No fue una acción residual. El Bernabéu fue un clamor y ovacionó al de Alella, que ha caído de pie en su nueva casa, justo cuando comenzó el cántico habitual del minuto siete: “Illa, illa, illa, Juanito maravilla”. No hay una secuencia que se amolde más a lo que representa el campeón del mundo ahora en Chamartín.
Mourinho quedó enamorado del juego del de Alella en un Chelsea-Benfica en el que fue elegido MVP
Corría el minuto seis del Real Madrid-Sevilla del último domingo, convertido por la Grada Fans en una protesta contra Javier Tebas, presidente de LaLiga, y Marc Cucurella recuperó un balón en campo rival. En décimas de segundo aunó sus virtudes: velocidad, intensidad, agresividad y determinación. No fue una acción residual. El Bernabéu fue un clamor y ovacionó al de Alella, que ha caído de pie en su nueva casa, justo cuando comenzó el cántico habitual del minuto siete: “Illa, illa, illa, Juanito maravilla”. No hay una secuencia que se amolde más a lo que representa el campeón del mundo ahora en Chamartín.
De hecho, desde su entorno destacan eso mismo, que ese carácter que siempre tuvo el lateral, de pelear cada balón como si fuera el último, de darlo todo, gusta en el Bernabéu. Y más en una época en la que a la gran estrella (Mbappé) no se le discuten sus goles, sino la sangre de Cucurella.
Un espíritu Juanito que le venía de serie y que se moldeó en la Dani Jarque (seis años) y en una segunda etapa en la Masia (otros seis).
Cucurella era un lateral izquierdo con un potencial enorme, titularísimo en la cadena de formación azulgrana, pero llegó el verano del 2018. Había descendido el filial y se le intentó buscar acomodo en el primer equipo. Ernesto Valverde no lo acababa de ver claro y la dirección deportiva lo cedió al Eibar. El verano siguiente sucedió lo mismo y se marchó a Getafe, mientras el Barça se hacía con Júnior Firpo por 18 millones (más 12 en variables). Jugó 41 partidos en dos años. Cucurella fue malvendido al club madrileño por diez, y un año después este hizo la mayor venta de su historia hasta el momento: 18 millones al Brighton.
De Brighton a Londres, donde se convirtió en uno de los mejores laterales de la Premier y se afianzó en la selección española. Este verano ya tenía claro que quería cambiar de aires.
Consideró el catalán que entraba en los mejores años de su carrera (28) y que su etapa en el Chelsea había tocado a su fin cuando Maresca dejó de ser el entrenador. Con él, unos meses antes, ganaron al PSG en el primer Mundial de clubs de la FIFA.
Asentado en Cobham, donde se ubica la ciudad deportiva del Chelsea a dos horas de Londres, Cucurella disfrutaba de una vida tranquila junto a su mujer, Claudia, y sus tres hijos. Mateo, el mayor, fue diagnosticado a los tres años de trastorno del espectro autista (TEA), un asunto en el que el futbolista se ha volcado a hablar abiertamente y a ayudar a su tratamiento con su imagen. Cucurella escogió el lugar de residencia cerca de una escuela de autismo. Tras seis años en Inglaterra, quería volver a España y se plantearon tres opciones.
El Atlético lo intentó seducir (al final llegó Grimaldo). Para ir al Barça debían suceder muchas cosas (la marcha de Balde, entre otras). Y el Madrid vino con todo. Especialmente cuando aterrizó José Mourinho.
Cucurella ha hecho buenas migas con Espí, con el que residió en Valdebebas antes de encontrar casa
El técnico portugués quedó enamorado del juego del de Alella en el Chelsea-Benfica de la Champions en el que Cucurella fue escogido MVP. Se oficializó el acuerdo el mismo día que España debutó en el Mundial ante Cabo Verde, aunque la llamada de Mourinho sería posterior a la final para no interferir.
Curiosamente, el técnico portugués y Cucurella estrecharon lazos los primeros meses de agosto. Antes de trasladar a la familia a Madrid, una ciudad que conoce perfectamente por su pasado en el Getafe, el internacional residió en Valdebebas junto al entrenador y a Carlos Espí, con quien ha hecho buenas migas. Los tres cenaban juntos a diario. Ahora ya ha encontrado residencia y una nueva escuela para los pequeños.
En el césped todo le fue más fácil. Mourinho, que no quiere dejar colgado a nadie, apuesta por Cucurella como lateral titular pero está contando con Álvaro Carreras con tal de descargar de minutos al catalán en una temporada larga. Para la afición es de los fichajes más celebrados. Lo tiene todo si le acompañan los títulos para que el “Cucu, Cucu, Cucurella” se repita en las noches europeas del Bernabéu.
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