Los agoreros izquierdistas que definen a las extremas derechas, ahora de moda, como nuevos fascismos han quedado en evidencia. Estados Unidos y sus ciudadanos han votado en libertad y han corregido ahora, con su voto, el rumbo que marcaron hace dos años, cuando Trump se convirtió en el segundo presidente con más votos populares de la historia del país.La extrema derecha de Trump, Abascal, Le Pen, la alemana AfD o el chileno Kast no representa el fascismo de los años treinta. Tampoco Lula ni Sánchez representan el modelo comunista de la Europa del Este.La democracia liberal y representativa es el sistema político que nos permite corregir lo que votamos. Eso es la alternancia, y sin posibilidad de alternancia no hay democracia ni libertad. Los sistemas que impiden o bloquean la alternancia no son democracias. Recuerden aquella democracia del PRI en México, que mostró durante años su desprecio por las libertades y terminó en la matanza de Tlatelolco. Y alguna izquierda aplaudiendo.Es un deber de las sociedades y de los Estados democráticos respetar el equilibrio y los contrapesos entre los distintos poderes institucionales. Ocupar las instituciones y los organismos públicos con enchufados, despreciando la meritocracia y la igualdad de oportunidades, es un cáncer evitable.La democracia la hacemos todos, todos los días. Es una tarea inacabada, permanente, como andar en bicicleta. Si dejas de pedalear, es decir, si no la defendemos todos los días, se cae.La democracia no necesita mesías a los que seguir. Necesitamos personas decentes que respeten las leyes y gestionen los intereses generales. Por eso, entre unos Estados Unidos presididos por Trump y una China y una Rusia gobernadas por Xi Jinping y Putin, yo estaré siempre, como he hecho desde los 15 años, del lado de la libertad.Los presidentes, como los alcaldes, pasamos; las ciudades y los Estados permanecen. Por eso defendemos la democracia todos los días, frente a quienes solo quieren conservar su poder. No dejemos que otros decidan por nosotros. Después, no nos quejemos. Los agoreros izquierdistas que definen a las extremas derechas, ahora de moda, como nuevos fascismos han quedado en evidencia. Estados Unidos y sus ciudadanos han votado en libertad y han corregido ahora, con su voto, el rumbo que marcaron hace dos años, cuando Trump se convirtió en el segundo presidente con más votos populares de la historia del país.La extrema derecha de Trump, Abascal, Le Pen, la alemana AfD o el chileno Kast no representa el fascismo de los años treinta. Tampoco Lula ni Sánchez representan el modelo comunista de la Europa del Este.La democracia liberal y representativa es el sistema político que nos permite corregir lo que votamos. Eso es la alternancia, y sin posibilidad de alternancia no hay democracia ni libertad. Los sistemas que impiden o bloquean la alternancia no son democracias. Recuerden aquella democracia del PRI en México, que mostró durante años su desprecio por las libertades y terminó en la matanza de Tlatelolco. Y alguna izquierda aplaudiendo.Es un deber de las sociedades y de los Estados democráticos respetar el equilibrio y los contrapesos entre los distintos poderes institucionales. Ocupar las instituciones y los organismos públicos con enchufados, despreciando la meritocracia y la igualdad de oportunidades, es un cáncer evitable.La democracia la hacemos todos, todos los días. Es una tarea inacabada, permanente, como andar en bicicleta. Si dejas de pedalear, es decir, si no la defendemos todos los días, se cae.La democracia no necesita mesías a los que seguir. Necesitamos personas decentes que respeten las leyes y gestionen los intereses generales. Por eso, entre unos Estados Unidos presididos por Trump y una China y una Rusia gobernadas por Xi Jinping y Putin, yo estaré siempre, como he hecho desde los 15 años, del lado de la libertad.Los presidentes, como los alcaldes, pasamos; las ciudades y los Estados permanecen. Por eso defendemos la democracia todos los días, frente a quienes solo quieren conservar su poder. No dejemos que otros decidan por nosotros. Después, no nos quejemos.
Los agoreros izquierdistas que definen a las extremas derechas, ahora de moda, como nuevos fascismos han quedado en evidencia. Estados Unidos y sus ciudadanos han votado en libertad y han corregido ahora, con su voto, el rumbo que marcaron hace dos años, cuando Trump se … convirtió en el segundo presidente con más votos populares de la historia del país.
La extrema derecha de Trump, Abascal, Le Pen, la alemana AfD o el chileno Kast no representa el fascismo de los años treinta. Tampoco Lula ni Sánchez representan el modelo comunista de la Europa del Este.
La democracia liberal y representativa es el sistema político que nos permite corregir lo que votamos. Eso es la alternancia, y sin posibilidad de alternancia no hay democracia ni libertad. Los sistemas que impiden o bloquean la alternancia no son democracias. Recuerden aquella democracia del PRI en México, que mostró durante años su desprecio por las libertades y terminó en la matanza de Tlatelolco. Y alguna izquierda aplaudiendo.
Es un deber de las sociedades y de los Estados democráticos respetar el equilibrio y los contrapesos entre los distintos poderes institucionales. Ocupar las instituciones y los organismos públicos con enchufados, despreciando la meritocracia y la igualdad de oportunidades, es un cáncer evitable.
La democracia la hacemos todos, todos los días. Es una tarea inacabada, permanente, como andar en bicicleta. Si dejas de pedalear, es decir, si no la defendemos todos los días, se cae.
La democracia no necesita mesías a los que seguir. Necesitamos personas decentes que respeten las leyes y gestionen los intereses generales. Por eso, entre unos Estados Unidos presididos por Trump y una China y una Rusia gobernadas por Xi Jinping y Putin, yo estaré siempre, como he hecho desde los 15 años, del lado de la libertad.
Los presidentes, como los alcaldes, pasamos; las ciudades y los Estados permanecen. Por eso defendemos la democracia todos los días, frente a quienes solo quieren conservar su poder. No dejemos que otros decidan por nosotros. Después, no nos quejemos.
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