La piscina y la playa son dos de los grandes refugios para combatir las altas temperaturas en verano. Niños y adultos se lanzan al agua durante los meses más calurosos para refrescarse, jugar o practicar deporte sin sufrir en exceso por el calor.No obstante, aunque estos lugares están asociados a la diversión o la relajación, también esconden un riesgo que, a pesar de causar cientos de muertes cada año, sigue pasando desapercibido.En 2025, la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo (RFESS) registró en su Informe Nacional de Ahogamientos (INA) « 472 muertes por ahogamiento no intencional en los espacios acuáticos españoles».En otros casos, estos episodios se quedan en un susto, pero el médico David Callejo advierte de que incluso los casos menos graves pueden requerir vigilancia incluso después de que la persona salga del agua y recupere la normalidad.Para explicar esta teoría, el divulgador sanitario cuenta en un vídeo publicado en sus redes sociales el caso de un niño de parecía estar perfectamente tras sufrir un ahogamiento leve , pero que horas después comenzó a empeorar y acabó ingresado en el hospital .El peligro invisible: un daño pulmonar tardíoEl caso ocurrió durante un cumpleaños celebrado en una piscina. En un despiste, el pequeño sufrió un episodio de ahogamiento, aunque la rápida actuación del socorrista evitó que perdiera el conocimiento.Aparentemente, todo estaba bien. El niño «estuvo jugando toda la tarde con normalidad », sin mostrar síntomas que hicieran pensar que pudiera haber algún problema. Sin embargo, la situación cambió varias horas después: «Fue ya por la noche cuando el niño empeoró y fue su madre quien le salvó la vida».La mujer, relata Callejo, observó que su hijo «tosía mucho y tenía dificultad para respirar». En ese momento, alguien le recomendó que dejara dormir al pequeño porque quizá simplemente había cogido frío en la piscina.Pero la madre decidió no hacer caso y acudir con él al hospital. «E hizo bien», asegura el médico. «En el hospital hicimos una radiografía al niño y tenía daño pulmonar y se tuvo que quedar ingresado. Por suerte, el peque ya está bien y de alta», detalla.La recuperación del niño, se debe por tanto a la sospecha de la madre de que el incidente en la piscina podría haber sido más serio de lo que parecía. Y es algo que, según el médico suele ocurrir: «Cuando alguien tiene un ahogamiento, aunque sea muy leve, puede entrar agua en sus pulmones. Este agua nunca debería estar en tus pulmones y puede provocar una inflamación que dé síntomas horas después».Por ello, después de un episodio de este tipo, el experto recomienda prestar atención a tres señales. Las tres señales de alarma después de un ahogamientoTos, pitidos o ruidos al respirar. Que la persona afectada comience a «respirar muy rápido o con dificultad». En el caso de los niños, precisa, «es típico ver cómo se marcan las costillas. Aparición de fiebre.«Si aparece cualquiera de estos tres síntomas en las primeras 24 horas, hay que ir a urgencias», insiste el médico. Reconocer estas señales y actuar a tiempo, como hizo la madre de este niño, puede marcar la diferencia entre un susto y una emergencia real. La piscina y la playa son dos de los grandes refugios para combatir las altas temperaturas en verano. Niños y adultos se lanzan al agua durante los meses más calurosos para refrescarse, jugar o practicar deporte sin sufrir en exceso por el calor.No obstante, aunque estos lugares están asociados a la diversión o la relajación, también esconden un riesgo que, a pesar de causar cientos de muertes cada año, sigue pasando desapercibido.En 2025, la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo (RFESS) registró en su Informe Nacional de Ahogamientos (INA) « 472 muertes por ahogamiento no intencional en los espacios acuáticos españoles».En otros casos, estos episodios se quedan en un susto, pero el médico David Callejo advierte de que incluso los casos menos graves pueden requerir vigilancia incluso después de que la persona salga del agua y recupere la normalidad.Para explicar esta teoría, el divulgador sanitario cuenta en un vídeo publicado en sus redes sociales el caso de un niño de parecía estar perfectamente tras sufrir un ahogamiento leve , pero que horas después comenzó a empeorar y acabó ingresado en el hospital .El peligro invisible: un daño pulmonar tardíoEl caso ocurrió durante un cumpleaños celebrado en una piscina. En un despiste, el pequeño sufrió un episodio de ahogamiento, aunque la rápida actuación del socorrista evitó que perdiera el conocimiento.Aparentemente, todo estaba bien. El niño «estuvo jugando toda la tarde con normalidad », sin mostrar síntomas que hicieran pensar que pudiera haber algún problema. Sin embargo, la situación cambió varias horas después: «Fue ya por la noche cuando el niño empeoró y fue su madre quien le salvó la vida».La mujer, relata Callejo, observó que su hijo «tosía mucho y tenía dificultad para respirar». En ese momento, alguien le recomendó que dejara dormir al pequeño porque quizá simplemente había cogido frío en la piscina.Pero la madre decidió no hacer caso y acudir con él al hospital. «E hizo bien», asegura el médico. «En el hospital hicimos una radiografía al niño y tenía daño pulmonar y se tuvo que quedar ingresado. Por suerte, el peque ya está bien y de alta», detalla.La recuperación del niño, se debe por tanto a la sospecha de la madre de que el incidente en la piscina podría haber sido más serio de lo que parecía. Y es algo que, según el médico suele ocurrir: «Cuando alguien tiene un ahogamiento, aunque sea muy leve, puede entrar agua en sus pulmones. Este agua nunca debería estar en tus pulmones y puede provocar una inflamación que dé síntomas horas después».Por ello, después de un episodio de este tipo, el experto recomienda prestar atención a tres señales. Las tres señales de alarma después de un ahogamientoTos, pitidos o ruidos al respirar. Que la persona afectada comience a «respirar muy rápido o con dificultad». En el caso de los niños, precisa, «es típico ver cómo se marcan las costillas. Aparición de fiebre.«Si aparece cualquiera de estos tres síntomas en las primeras 24 horas, hay que ir a urgencias», insiste el médico. Reconocer estas señales y actuar a tiempo, como hizo la madre de este niño, puede marcar la diferencia entre un susto y una emergencia real.
La piscina y la playa son dos de los grandes refugios para combatir las altas temperaturas en verano. Niños y adultos se lanzan al agua durante los meses más calurosos para refrescarse, jugar o practicar deporte sin sufrir en exceso por el calor.
No obstante, aunque estos lugares están asociados a la diversión o la relajación, también esconden un riesgo que, a pesar de causar cientos de muertes cada año, sigue pasando desapercibido.
En 2025, la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo (RFESS) registró en su Informe Nacional de Ahogamientos (INA) «472 muertes por ahogamiento no intencional en los espacios acuáticos españoles».
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En otros casos, estos episodios se quedan en un susto, pero el médico David Callejo advierte de que incluso los casos menos graves pueden requerir vigilancia incluso después de que la persona salga del agua y recupere la normalidad.
Para explicar esta teoría, el divulgador sanitario cuenta en un vídeo publicado en sus redes sociales el caso de un niño de parecía estar perfectamente tras sufrir un ahogamiento leve, pero que horas después comenzó a empeorar y acabó ingresado en el hospital.
El peligro invisible: un daño pulmonar tardío
El caso ocurrió durante un cumpleaños celebrado en una piscina. En un despiste, el pequeño sufrió un episodio de ahogamiento, aunque la rápida actuación del socorrista evitó que perdiera el conocimiento.
Aparentemente, todo estaba bien. El niño «estuvo jugando toda la tarde con normalidad», sin mostrar síntomas que hicieran pensar que pudiera haber algún problema. Sin embargo, la situación cambió varias horas después: «Fue ya por la noche cuando el niño empeoró y fue su madre quien le salvó la vida».
La mujer, relata Callejo, observó que su hijo «tosía mucho y tenía dificultad para respirar». En ese momento, alguien le recomendó que dejara dormir al pequeño porque quizá simplemente había cogido frío en la piscina.
Pero la madre decidió no hacer caso y acudir con él al hospital. «E hizo bien», asegura el médico. «En el hospital hicimos una radiografía al niño y tenía daño pulmonar y se tuvo que quedar ingresado. Por suerte, el peque ya está bien y de alta», detalla.
La recuperación del niño, se debe por tanto a la sospecha de la madre de que el incidente en la piscina podría haber sido más serio de lo que parecía. Y es algo que, según el médico suele ocurrir: «Cuando alguien tiene un ahogamiento, aunque sea muy leve, puede entrar agua en sus pulmones. Este agua nunca debería estar en tus pulmones y puede provocar una inflamación que dé síntomas horas después».
Por ello, después de un episodio de este tipo, el experto recomienda prestar atención a tres señales.
Las tres señales de alarma después de un ahogamiento
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Tos, pitidos o ruidos al respirar.
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Que la persona afectada comience a «respirar muy rápido o con dificultad». En el caso de los niños, precisa, «es típico ver cómo se marcan las costillas.
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Aparición de fiebre.
«Si aparece cualquiera de estos tres síntomas en las primeras 24 horas, hay que ir a urgencias», insiste el médico. Reconocer estas señales y actuar a tiempo, como hizo la madre de este niño, puede marcar la diferencia entre un susto y una emergencia real.
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