«El mejor lugar y el mejor sitio». Fathi y Eman, llegados de Baréin. Lo tenían claro. La loma en lo alto de una tierra en Paredes de Nava, en la provincia de Palencia, era el punto exacto para ver en su plenitud el eclipse total de sol. Provistos de varios telescopios, cámaras de foto y vídeo para verlo y conservarlo, «emocionados» ya con la experiencia antes incluso de vivirla. Y tras la mordida de la Luna al astro rey, el éxtasis en este lugar de la España rural lleno de vecinos, visitantes y muchos llegados de fuera, incluso de miles de kilómetros para vivir una «experiencia única». En silencio y ni un pestañeo… el aplauso. El de la despedida de un fenómeno «espectacular» que merecía la pena para los cientos de personas congregadas desde horas antes en un punto elegido por su especial localización, visibilidad y duración en la franja de de totalidad. Ya había sido señalado en el mapa desde hacía tiempo por caza eclipses de todo el mundo que tenían claro que era un punto ideal. Aficionados e incluso «apasionados» que no dudaban en hacer siete horas de avión hasta el aeropuerto de Madrid y desde ahí, en coche a unos campos castellanos que iluminaban el rostro de Eman sólo con su vistas. «Es el mejor lugar», sostenían. Por eso habían elegido un pueblo de apenas 2.000 habitantes que desde primera hora se iba llenando con motivo de un evento que desde la Asociación Astro Paredes llevaban preparado un año, de la mano de la Organización Astronómica Salmantina, que también se habían fijado en los habituales cielos despejados y un horizonte sin obstáculos a la vista para vivir un momento que ya antes de presenciar les tenía «realmente exultantes». Talleres, música, paella…Con una pasión que transmitían en las múltiples actividades organizadas en torno al eclipse, ya desde el día anterior para saber exactamente la posición del Sol en el momento de ser tapado por la Luna e ir sembrando la semilla de la afición astronómica. Talleres, música, canciones especiales para el evento, una paella en común y unos telescopios con los que ver el Sol, que es «como cien tierras puestas en línea» y viaja a 800.000 kilómetros por hora, explicaban.Sobre estas líneas, el globo sonda lanzado. Debajo. expertos esperando el momento T. SIEIRA«Compartir esta experiencia puede ser algo muy bonito», confiaban ya Laura y Gustavo, llegados desde la localidad toledana de Segurilla. «Amantes» de mirar las estrellas, de lo que se trataba es de «disfrutar, absorber con los cinco sentidos». Y, añadían, «potenciar la vida rural». «Es muy importante», resaltaban de un evento que ponía el foco en los pueblos.Vista del eclipse total desde San Asensio, en la Rioja AFPUna familia con ocho miembros, de 5 a 71 añosEsos cielos despejados, sin nubes eran los que atraían también a toda una familia de ocho miembros desde Pamplona, de 5 a 71 años, emocionados de poder ver el Sol por el telescopio y comprobar que «no tiene eso rayos que dibujamos».«Mucha emoción», lo que reinaba ya desde horas antes. Como la de Antonio y Josep Lluís, dos «viajeros en autocaravana» llegados con sus mujeres y que no dudaban de darse «un palizón» para llegar con tiempo y coger sitio. De Chile, Corea del Sur, Croacia, Francia, Estados Unidos, Brasil, Puerto Rico, Reino Unidos, Francia, Italia , un autobús lleno de profesores de Física de Dinamarca… muchos aficionados con un punto en común, en realidad, dos: la pasión por la astronomía y los eclipses y Paredes de Nava, en plena llanura castellana, preparada para acoger a miles de personas, con un empeño especial de los aficionados de Astro Paredes, como Alberto que hasta en unos de los libros de divulgación científica editados iba coleccionando firmas de quienes ha puesto a su pueblo en el mapa gracias al eclipse. Una «afición» casi convertida en adicción para Alejandro Arroyo: «Es ver como la naturaleza tiene sus propias leyes, por más que las civilizaciones la intenten domar»Lo sabe bien, Alejandro Arroyo, llegado tras casi un día encadenando aviones, trenes y coches desde Chile para sumar su eclipse número 24 en un historial que arrancó hace 38 años y le ha hecho recorrer ya casi tanta distancia como hay entre la Tierra y la Luna, marca, y conocer «sitios como este núcleo palentino que de otro modo ni localizaría. «Afición», dice de lo que es casi una adicción para ver cómo «la naturaleza tiene sus propias leyes» por más que las civilizaciones la traten «domar». Ya hace dos años que él llegó por aquí buscando el emplazamiento ideal de un eclipse que sabría que ocurría. «He ganado conocer sitios», destaca de una actividad cada vez con más aficionados de la que resulta la economía que inyecta los lugares desde los que se puede ver. Un lugar escogido «hace un año»«Emocionado», junto a un grupo de medio centenar de compatriotas rumanos llegaba también Catalin, otro caza eclipses que elegía Paredes de Nava para vivir «un momento único», destacaban en el grupo. La misma cara de «emoción» de Janymo, llegado desde Nueva Jersey el lunes y tras mirar «varios emplazamientos decidió que por el tiempo, el paisaje» está su lugar para disfrutar de su tercer eclipse. El primero para Teariki, llegado desde Polinesia y para Richard y Gronie, dos británicos desde el lunes asentados en Palencia, a las 10.00 horas ya cogiendo posiciones en lo alto de la loma con la vista hacia el oeste en el horizonte, en el punto que el día anterior habían comprobado que lo veían perfectamente. «Hace un año» que ya habían elegido el lugar, encantados con la organización. «Es un sitio impresionante», señala Edgar, cazador de estrellas doble, mientras que Nuno y Lluís, dos jóvenes portugueses llegados de madrugada tenían su particular campamento instalado a las ocho de la mañana «sorprendidos» del lugar incluso antes de la llegada del eclipse. Como Fathe, que procedente de Baréin estaba convencido de que era «el mejor lugar». Lo confirman también David y Susana, una pareja de Hawái que estaba junto con otros amigos y que ya hacía dos años habían escogido Palencia como «el mejor jugar». Desde este paraje partía un globo sonda fabricado por la aficionados de Astro Paredes y la Organización Astronómica Salmantina, con los hermanos Javier y Jesús a los mandos para captar a 30.000 metros de altitud, con permiso a tres espacios aéreos, el comportamiento, temperatura… con motivo de un fenómeno «nunca visto» que lo que ya ha supuesto es todo un «acontecimiento» para unir a múltiples lenguas y países en un punto en un punto en común de la España rural como mirador privilegiado. «El mejor lugar y el mejor sitio». Fathi y Eman, llegados de Baréin. Lo tenían claro. La loma en lo alto de una tierra en Paredes de Nava, en la provincia de Palencia, era el punto exacto para ver en su plenitud el eclipse total de sol. Provistos de varios telescopios, cámaras de foto y vídeo para verlo y conservarlo, «emocionados» ya con la experiencia antes incluso de vivirla. Y tras la mordida de la Luna al astro rey, el éxtasis en este lugar de la España rural lleno de vecinos, visitantes y muchos llegados de fuera, incluso de miles de kilómetros para vivir una «experiencia única». En silencio y ni un pestañeo… el aplauso. El de la despedida de un fenómeno «espectacular» que merecía la pena para los cientos de personas congregadas desde horas antes en un punto elegido por su especial localización, visibilidad y duración en la franja de de totalidad. Ya había sido señalado en el mapa desde hacía tiempo por caza eclipses de todo el mundo que tenían claro que era un punto ideal. Aficionados e incluso «apasionados» que no dudaban en hacer siete horas de avión hasta el aeropuerto de Madrid y desde ahí, en coche a unos campos castellanos que iluminaban el rostro de Eman sólo con su vistas. «Es el mejor lugar», sostenían. Por eso habían elegido un pueblo de apenas 2.000 habitantes que desde primera hora se iba llenando con motivo de un evento que desde la Asociación Astro Paredes llevaban preparado un año, de la mano de la Organización Astronómica Salmantina, que también se habían fijado en los habituales cielos despejados y un horizonte sin obstáculos a la vista para vivir un momento que ya antes de presenciar les tenía «realmente exultantes». Talleres, música, paella…Con una pasión que transmitían en las múltiples actividades organizadas en torno al eclipse, ya desde el día anterior para saber exactamente la posición del Sol en el momento de ser tapado por la Luna e ir sembrando la semilla de la afición astronómica. Talleres, música, canciones especiales para el evento, una paella en común y unos telescopios con los que ver el Sol, que es «como cien tierras puestas en línea» y viaja a 800.000 kilómetros por hora, explicaban.Sobre estas líneas, el globo sonda lanzado. Debajo. expertos esperando el momento T. SIEIRA«Compartir esta experiencia puede ser algo muy bonito», confiaban ya Laura y Gustavo, llegados desde la localidad toledana de Segurilla. «Amantes» de mirar las estrellas, de lo que se trataba es de «disfrutar, absorber con los cinco sentidos». Y, añadían, «potenciar la vida rural». «Es muy importante», resaltaban de un evento que ponía el foco en los pueblos.Vista del eclipse total desde San Asensio, en la Rioja AFPUna familia con ocho miembros, de 5 a 71 añosEsos cielos despejados, sin nubes eran los que atraían también a toda una familia de ocho miembros desde Pamplona, de 5 a 71 años, emocionados de poder ver el Sol por el telescopio y comprobar que «no tiene eso rayos que dibujamos».«Mucha emoción», lo que reinaba ya desde horas antes. Como la de Antonio y Josep Lluís, dos «viajeros en autocaravana» llegados con sus mujeres y que no dudaban de darse «un palizón» para llegar con tiempo y coger sitio. De Chile, Corea del Sur, Croacia, Francia, Estados Unidos, Brasil, Puerto Rico, Reino Unidos, Francia, Italia , un autobús lleno de profesores de Física de Dinamarca… muchos aficionados con un punto en común, en realidad, dos: la pasión por la astronomía y los eclipses y Paredes de Nava, en plena llanura castellana, preparada para acoger a miles de personas, con un empeño especial de los aficionados de Astro Paredes, como Alberto que hasta en unos de los libros de divulgación científica editados iba coleccionando firmas de quienes ha puesto a su pueblo en el mapa gracias al eclipse. Una «afición» casi convertida en adicción para Alejandro Arroyo: «Es ver como la naturaleza tiene sus propias leyes, por más que las civilizaciones la intenten domar»Lo sabe bien, Alejandro Arroyo, llegado tras casi un día encadenando aviones, trenes y coches desde Chile para sumar su eclipse número 24 en un historial que arrancó hace 38 años y le ha hecho recorrer ya casi tanta distancia como hay entre la Tierra y la Luna, marca, y conocer «sitios como este núcleo palentino que de otro modo ni localizaría. «Afición», dice de lo que es casi una adicción para ver cómo «la naturaleza tiene sus propias leyes» por más que las civilizaciones la traten «domar». Ya hace dos años que él llegó por aquí buscando el emplazamiento ideal de un eclipse que sabría que ocurría. «He ganado conocer sitios», destaca de una actividad cada vez con más aficionados de la que resulta la economía que inyecta los lugares desde los que se puede ver. Un lugar escogido «hace un año»«Emocionado», junto a un grupo de medio centenar de compatriotas rumanos llegaba también Catalin, otro caza eclipses que elegía Paredes de Nava para vivir «un momento único», destacaban en el grupo. La misma cara de «emoción» de Janymo, llegado desde Nueva Jersey el lunes y tras mirar «varios emplazamientos decidió que por el tiempo, el paisaje» está su lugar para disfrutar de su tercer eclipse. El primero para Teariki, llegado desde Polinesia y para Richard y Gronie, dos británicos desde el lunes asentados en Palencia, a las 10.00 horas ya cogiendo posiciones en lo alto de la loma con la vista hacia el oeste en el horizonte, en el punto que el día anterior habían comprobado que lo veían perfectamente. «Hace un año» que ya habían elegido el lugar, encantados con la organización. «Es un sitio impresionante», señala Edgar, cazador de estrellas doble, mientras que Nuno y Lluís, dos jóvenes portugueses llegados de madrugada tenían su particular campamento instalado a las ocho de la mañana «sorprendidos» del lugar incluso antes de la llegada del eclipse. Como Fathe, que procedente de Baréin estaba convencido de que era «el mejor lugar». Lo confirman también David y Susana, una pareja de Hawái que estaba junto con otros amigos y que ya hacía dos años habían escogido Palencia como «el mejor jugar». Desde este paraje partía un globo sonda fabricado por la aficionados de Astro Paredes y la Organización Astronómica Salmantina, con los hermanos Javier y Jesús a los mandos para captar a 30.000 metros de altitud, con permiso a tres espacios aéreos, el comportamiento, temperatura… con motivo de un fenómeno «nunca visto» que lo que ya ha supuesto es todo un «acontecimiento» para unir a múltiples lenguas y países en un punto en un punto en común de la España rural como mirador privilegiado.
«El mejor lugar y el mejor sitio». Fathi y Eman, llegados de Baréin. Lo tenían claro. La loma en lo alto de una tierra en Paredes de Nava, en la provincia de Palencia, era el punto exacto para ver en su plenitud el eclipse … total de sol. Provistos de varios telescopios, cámaras de foto y vídeo para verlo y conservarlo, «emocionados» ya con la experiencia antes incluso de vivirla. Y tras la mordida de la Luna al Astro Rey, el éxtasis en este lugar de la España rural lleno de vecinos, visitantes y muchos llegados de fuera, incluso de miles de kilómetros para vivir una «experiencia única». En silencio y ni un pestañeo… el aplauso. El de la despedida de un fenómeno «espectacular» que merecía la pena para los cientos de personas congregadas desde horas antes en un punto elegido por su especial localización, visibilidad y duración de en la franja de de totalidad.
Ya había sido señalado en el mapa desde hacía tiempo por caza eclipses de todo el mundo que tenían claro que era un punto ideal. Aficionados e incluso «apasionados» que no dudaban en hacer siete horas de avión hasta el aeropuerto de Madrid y desde ahí, en coche unos campos castellanos que iluminaban el rostro de Eman sólo con su vistas. «Es el mejor lugar», sostenían. Por eso habían elegido un pueblo de apenas 2.000 habitantes que desde primera hora se iba llenando con motivo de un evento que desde la Asociación Astro Paredes llevaban preparado un año, de la mano de la Organización Astronómica Salmantina, que también se habían fijado en los habituales cielos despejados y un horizonte sin obstáculos a la vista para vivir un momento que ya antes de presenciar les tenía «realmente exultantes».
Talleres, música, paella…
Con una pasión que transmitían en las múltiples actividades organizadas en torno al eclipse, ya desde el día anterior para saber exactamente la posición del Sol en el momento de ser tapado por la Luna e ir sembrando la semilla de la afición astronómica. Talleres, música, canciones especiales para el evento, una paella en común y unos telescopios con los que ver el sol, que es «como cien tierras puestas en línea» y viaja a 800.000 kilómetros por hora, explicaban.
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Mónica S. Blanco
(T. SIEIRA)
«Compartir esta experiencia puede ser algo muy bonito», confiaban ya Laura y Gustavo, llegados desde la localidad toledana de Segurilla. «Amantes» de mirar las estrellas, de lo que se trataba es de «disfrutar, absorber con los cinco sentidos». Y, añadían, «potenciar la vida rural». «Es muy importante», resaltaban de un evento que ponía el foco en los pueblos.
Una familia con ocho miembros, de 5 a 71 años
Esos cielos despejados, sin nubes eran los que atraían también a toda una familia de ocho miembros desde Pamplona, de 5 a 71 años, emocionados de poder ver el sol por el telescopio y comprobar que «no tiene eso rayos que dibujamos».
«Mucha emoción», lo que reinaba ya desde horas antes. Como la de Antonio y Josep Lluís, dos «viajeros en autocaravana» llegados con sus mujeres y que no dudaban de darse «un palizón» para llegar con tiempo y coger sitio.
De Chile, Coorea, Croacia, Francia, Estados Unidos, Brasil, Puerto Rico, Reino Unidos, Francia, Italia, un autobús lleno de profesores de Física de Dinamarca… los muchos aficionados con un punto en común, en realidad, dos: la pasión por la astronomía y los eclipses y Paredes de Nava, en plena en plena llanura castellana, preparada para acoger a miles de personas, con un empeño especial de los aficionados de Astro Paredes, como Alberto que hasta en unos de los libros de divulgación científica editados iba coleccionando firmas de quienes ha puesto a su pueblo en el mapa gracias al eclipse.
Una «afición» casi convertida en adicción para Alejandro Arroyo: «Es ver como la naturaleza tiene sus propias leyes, por más que las civilizaciones la intenten domar»
Lo sabe bien, Alejandro Arroyo, llegado tras casi un día encadenando aviones, trenes y coches desde Chile para sumar su eclipse ‘número 24’ en un historial que arrancó hace 38 años y le ha hecho recorrer ya casi tanta distancia como hay entre la Tierra y la Luna, marca, y conocer «sitios como este núcleo palentino que de otro modo ni localizaría.
«Afición», dice de lo que es casi una adicción para ver cómo «la naturaleza tiene sus propias leyes» por más que las civilizaciones la traten «domar». Ya hace dos años que él llegó por aquí buscando el emplazamiento ideal de un eclipse que sabría que ocurría. «He ganado conocer sitios», destaca de una actividad cada vez con más aficionados de la que resulta la economía que inyecta los lugares desde los que se puede ver.
Un lugar escogido «hace un año»
«Emocionado», junto a un grupo de medio centenar de compatriotas rumanos llegaba también Catalin, otro caza eclipses que elegía Paredes de Nava para vivir «un momento único», destacaban en el grupo. La misma cara de «emoción» de Janymo, llegado desde New Jersey el lunes y tras mirar «varios emplazamientos decidió que por el el tiempo, el paisaje» está su lugar para disfrutar de su tercer eclipse. El primero para Teariki, llegado desde Polinesia y para Richard y Gronie, dos británicos desde el lunes asentados en Palencia, a las 10.00 ya cogiendo posiciones en lo alto de la loma con la vista hacia el oeste en el horizonte, en el punto que el día anterior habían comprobado que lo veían perfectamente. «Hace un año» que ya habían elegido el lugar, encantados con la organización. «Es un sitio impresionante«, señala Edgar, cazador de estrellas doble, mientras que Nuno y Lluís, dos jóvenes portugueses llegados de madrugada tenían su particular campamento instalado a las ocho de la mañana «sorprendidos» del lugar incluso antes de la llegada del eclipse.
Como Fathe, que procedente de Baréin estaba convencido de que era «el mejor lugar». Lo confirman también David y Susana, una pareja de Hawái que estaba junto con otros amigos y que ya hacía dos años habían escogido Palencia como «el mejor jugar». Desde este paraje partía un globo sonda fabricado por la aficionados de Astro Paredes y la Organización Astronómica Salmantina, con los hermanos Javier y Jesús a los mandos para captar a 30.000 metros de altitud, con permiso a tres espacios aéreos, el comportamiento, temperatura… con motivo de un fenómeno «nunca visto» que lo que ya ha supuesto es todo un «acontecimiento» para unir a múltiples lenguas y países en un punto en un punto en común de la España rural como mirador privilegiado.
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