La caza de la proxeneta que luego se convertiría en una de las fugitivas más buscadas de Europa comenzó en Barcelona. Leuidis Isaac Corro Camacho ‘la Diabla’, una mujer transexual de origen venezolano que «captaba a compatriotas para prostituirlas aquí y luego las ‘vendía’ a un club de Caspe (Zaragoza)», recuerda ahora el inspector Roberto Molina, jefe del Grupo 1 de la sección de Trata de Seres Humanos de la Policía Nacional en Cataluña. Contaban ya con dos víctimas, cuando, tras la paliza a una joven rumana de 18 años, embarazada, la Guardia Civil también empezó a seguir la pista de ese club, Los Almendros y, en consecuencia, también de la Diabla. Pese al avance de las pesquisas, que se tradujo en su detención, el instructor de la causa no decretó su ingreso en prisión, y se esfumó junto a su entonces pareja, un policía alemán, hasta que en diciembre de 2021 consiguieron arrestarla de nuevo en Hamburgo. La Diabla se aprovechaba de la precariedad económica de las mujeres para captarlas. Las obligaba a someterse a cirugía estética -liposucciones y aumentos de pecho- previo traslado a pisos de la capital catalana, Madrid o Alemania, para explotarlas sexualmente, bajo el pretexto de saldar la deuda contraída: de 10.000 a 12.000 euros. Cuando ya no le daban ‘rendimiento’, las ‘vendía’ al citado club y seguía cobrando un porcentaje por su ‘actividad’. Finalmente, hace unos meses, fue condenada a seis años de prisión -lejos de los 57 que reclamaba la Fiscalía- por un sólo delito de trata de seres humanos en concurso medial con otro de prostitución coactiva. Noticia relacionada showvideo No No Dentro de OnlyFans: «No aconsejaría a nadie dedicarse a esto» Patricia DonohoeSegún los últimos datos del Ministerio del Interior, casi 7.700 personas fueron identificadas en España ejerciendo la prostitución durante 2024. El perfil más habitual es el de una mujer de entre 33 y 37 años, de nacionalidad colombiana, del propio territorio nacional o de Rumanía. Información recabada tras las 1.700 inspecciones que llevaron a cabo las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en clubes y en locales clandestinos por las que constataron que, al menos, 376 eran víctimas de explotación sexual y otras 256, de trata. En dichos casos, ocho de cada diez eran de origen latinoamericano, y su media de edad estaba entre los 23 y los 27 años. Es sólo una aproximación a esta lacra, ya que muchas quedan fueran del radar de los investigadores, lo que en argot policial se denomina cifra oculta. Las formas de captación varían. «Desde falsas ofertas de empleo en LinkedIn o InfoJobs a aquellas en las que media un engaño parcial», explica a ABC la teniente Sonia Hurtado, de la sección de Trata de Seres Humanos de la Unidad Central Operativa (UCO), que precisa que «pueden haber sido captadas [abiertamente] para ejercer la prostitución y ser igualmente víctimas» por su extrema vulnerabilidad y las condiciones a las que las someten. De amenazas o palizas, a exigirles parte de la recaudación.«Setenta euros, media hora, 100, una hora»«Setenta euros, media hora, 100, una hora», es lo que traslada una mujer al sujeto que ha acudido a un entresuelo de Barcelona, cercano a la estación de Sants, donde se ofrecen servicios sexuales. El negocio que opera en el piso, desde hace casi una década, lo administra una sociedad limitada (S.L.) con domicilio fiscal en una planta baja del mismo barrio, cuyo objeto social es la «prestación de masajes no terapéuticos». Una de las penúltimas intervenciones policiales, hace unas semanas, se produjo después de que una de las mujeres pidiese auxilio a través de la terraza del patio interior, al grito de «¡Me va a matar, que alguien llame a la Policía!». Antes de la llegada de los agentes -varias patrullas de la Guardia Urbana, que entraron a la carrera, escudos en ristre-, al prostíbulo se había desplazado ya uno de los porteros de un club cercano. Este, a pie de calle.Tras su fuga, la Policía Nacional detuvo a ‘La Diabla’ en Hamburgo, en diciembre de 2021. Sobre estas líneas, operaciones policiales contra la explotación sexual. Europol// Policía Nacional // EFEFue con la pandemia cuando gran parte de la prostitución se trasladó de la calle o clubes a inmuebles, es decir, a la clandestinidad. «Algo que complica su detección», constata el inspector Molina. La teniente Hurtado, explica, además, que en los últimos tiempos han detectado que operan también en apartamentos turísticos, que los explotadores alquilan a través de plataformas ‘online’ como Airbnb o Booking. «Ya no hay un punto concreto que la Policía pueda controlar». Además, los perfiles se crean con imágenes de las propias mujeres, la que dificulta aún más su rastreo.«Blanquear el proxenetismo»Tampoco es tarea sencilla perseguir a sus explotadores, sobre todo, en el ámbito de la cibertrata, indica la teniente de la UCO. La captación puede llegar a través de ‘app’ de citas como Tinder o de la plataforma OnlyFans, que «puede suponer el paso previo a entrar en el mundo de la trata y la prostitución», advierte el inspector Molina, bien mediante «engaño total o parcial», tras contactar los proxenetas con alguna de las usuarias, con la intención de trasladarlas luego hasta España. También puede materializarse la explotación en la propia red, sin necesidad de que las víctimas salgan de sus casas. De hecho, el Instituto Armado ha detectado ya el caso de una menor que subía contenido sexual tras ser convencida por su captor de que «tenía un cuerpo precioso y debía venderlo». Un caso que la UCO desveló durante el III Congreso Internacional sobre la Trata de Seres Humanos, este pasado septiembre, para explicar que, en un principio, la víctima ni siquiera se identificaba como tal. En 2024, un estudio de la Federación Mujeres Jóvenes ya advirtió que OnlyFans era un espacio que «blanqueaba el proxenetismo». Consultados al respecto, desde la plataforma indican a este diario que no han tenido conocimiento de esta «actividad» y defienden su política de «tolerancia cero» ante ilegalidades, con «medidas rigurosas para proteger» a sus usuarios, moderando todo el contenido, incluidos «los mensajes directos». Lo cierto es que los investigadores monitorean la actividad de aquellos que actúan como ‘agentes’ de creadores de contenido con la intención de comercializar con la producción, venta y distribución de material sexual. Clandestinidad La explotación sexual ha pasado de la calle o clubes a pisos y alojamientos turísticos a través de Booking y AirbnbLuego entra en juego el limbo legal ; aún más complejo en el ámbito de la explotación digital -al que se suma la necesidad de cooperación internacional-. El Código Penal español no castiga la prostitución -legalizada, por ejemplo, en Alemania-, aunque sí el proxenetismo y la explotación sexual. Perseguir estos delitos es especialmente complejo porque necesitan de «una víctima que quiera contar su historia», constatan desde ambos Cuerpos de Seguridad, y son pocas las que están dispuestas a ello, por su vulnerabilidad. De hecho, apunta el inspector Molina, la procedencia de las mujeres -son la mayoría de víctimas de este tipo de explotación, no así de la laboral, donde predominan los hombres-, está estrechamente vinculada con la situación geopolítica. «Ahora, un gran porcentaje proviene de Sudamérica, en su mayoría, Colombia», detalla. Hace unos años, recuerda la teniente Hurtado, estuvo en auge el método ‘lover boy’ para la captación de víctimas en Rumanía: hombres jóvenes que seducen a chicas vulnerables, para ganarse su confianza y luego prostituirlas.¿Liberadas?Ahora abundan locales de masajes y manicuras de origen asiático, tras los que, en no pocas ocasiones, operan redes dedicadas a la trata. Son investigaciones de especial complejidad, por la reticencia de las víctimas a contar su historia a las autoridades. Hace más de una década, en Las Ramblas de Barcelona era habitual ver a mujeres nigerianas. «Gran parte de ellas eran víctimas de trata, pero una cosa es saberlo y otra poder demostrarlo», lamenta el mando. La teniente recuerda que para ello deben poder acreditar su captación y posterior traslado, y no siempre es posible.Prostitución en Las Ramblas de Barcelona, en 2009. Inés BaucellsObligadas a entregar parte de la recaudación a sus explotadores, si no encontraban ‘clientes’, era frecuente que recurriesen al robo. Sobre todo, a turistas. Hubo varias operaciones policiales, entre ellas, una de los Mossos d’Esquadra que, en 2010, detuvieron a la banda de proxenetas que las que sometían mediante ceremonias de vudú, tras captarlas con falsas promesas de trabajo en peluquerías. De esta céntrica zona de Barcelona las desterró el propio ayuntamiento al modificar la ordenanza de civismo, con multas a los que recurriesen al denominado sexo de pago, pero no erradicó el problema. «¿Ha servido de algo? Yo creo que no. Las expulsas de la calle, pero se van a pisos », certifica el mando. Residentes en esos inmuebles son los que en ocasiones alertan a la Policía, pero no precisamente por temer por su integridad. «Es habitual que muchas de las llamadas o correos que recibimos en trata@policia.es sean de vecinos molestos porque les timbran a las dos de la madrugada», apunta Molina, que corrobora la falta de concienciación al respecto.MÁS INFORMACIÓN noticia No Una campaña de Interpol permite identificar a una mujer que apareció ahorcada en un cobertizo de Gerona en 2018 noticia Si Sin cadáver, sí hay crimen noticia Si ‘Pepe de Homicidios’, el policía que investigó más de 500 crímenes También la falta de alternativa para las víctimas que, en no pocas ocasiones, vuelven a ejercer la prostitución. Las más vulnerables son las mujeres trans. «Nosotros investigamos y el día que explotamos la operación decimos: ‘Las hemos liberado’, pero al cabo de unos meses, aunque las oenegés les proporcionen un lugar donde dormir, e incluso formación si no encuentran trabajo, no pocas veces vuelven a la prostitución», lamenta el inspector. Entre los motivos que las empujan a ello: enviar dinero a sus familias en sus países de origen. La caza de la proxeneta que luego se convertiría en una de las fugitivas más buscadas de Europa comenzó en Barcelona. Leuidis Isaac Corro Camacho ‘la Diabla’, una mujer transexual de origen venezolano que «captaba a compatriotas para prostituirlas aquí y luego las ‘vendía’ a un club de Caspe (Zaragoza)», recuerda ahora el inspector Roberto Molina, jefe del Grupo 1 de la sección de Trata de Seres Humanos de la Policía Nacional en Cataluña. Contaban ya con dos víctimas, cuando, tras la paliza a una joven rumana de 18 años, embarazada, la Guardia Civil también empezó a seguir la pista de ese club, Los Almendros y, en consecuencia, también de la Diabla. Pese al avance de las pesquisas, que se tradujo en su detención, el instructor de la causa no decretó su ingreso en prisión, y se esfumó junto a su entonces pareja, un policía alemán, hasta que en diciembre de 2021 consiguieron arrestarla de nuevo en Hamburgo. La Diabla se aprovechaba de la precariedad económica de las mujeres para captarlas. Las obligaba a someterse a cirugía estética -liposucciones y aumentos de pecho- previo traslado a pisos de la capital catalana, Madrid o Alemania, para explotarlas sexualmente, bajo el pretexto de saldar la deuda contraída: de 10.000 a 12.000 euros. Cuando ya no le daban ‘rendimiento’, las ‘vendía’ al citado club y seguía cobrando un porcentaje por su ‘actividad’. Finalmente, hace unos meses, fue condenada a seis años de prisión -lejos de los 57 que reclamaba la Fiscalía- por un sólo delito de trata de seres humanos en concurso medial con otro de prostitución coactiva. Noticia relacionada showvideo No No Dentro de OnlyFans: «No aconsejaría a nadie dedicarse a esto» Patricia DonohoeSegún los últimos datos del Ministerio del Interior, casi 7.700 personas fueron identificadas en España ejerciendo la prostitución durante 2024. El perfil más habitual es el de una mujer de entre 33 y 37 años, de nacionalidad colombiana, del propio territorio nacional o de Rumanía. Información recabada tras las 1.700 inspecciones que llevaron a cabo las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en clubes y en locales clandestinos por las que constataron que, al menos, 376 eran víctimas de explotación sexual y otras 256, de trata. En dichos casos, ocho de cada diez eran de origen latinoamericano, y su media de edad estaba entre los 23 y los 27 años. Es sólo una aproximación a esta lacra, ya que muchas quedan fueran del radar de los investigadores, lo que en argot policial se denomina cifra oculta. Las formas de captación varían. «Desde falsas ofertas de empleo en LinkedIn o InfoJobs a aquellas en las que media un engaño parcial», explica a ABC la teniente Sonia Hurtado, de la sección de Trata de Seres Humanos de la Unidad Central Operativa (UCO), que precisa que «pueden haber sido captadas [abiertamente] para ejercer la prostitución y ser igualmente víctimas» por su extrema vulnerabilidad y las condiciones a las que las someten. De amenazas o palizas, a exigirles parte de la recaudación.«Setenta euros, media hora, 100, una hora»«Setenta euros, media hora, 100, una hora», es lo que traslada una mujer al sujeto que ha acudido a un entresuelo de Barcelona, cercano a la estación de Sants, donde se ofrecen servicios sexuales. El negocio que opera en el piso, desde hace casi una década, lo administra una sociedad limitada (S.L.) con domicilio fiscal en una planta baja del mismo barrio, cuyo objeto social es la «prestación de masajes no terapéuticos». Una de las penúltimas intervenciones policiales, hace unas semanas, se produjo después de que una de las mujeres pidiese auxilio a través de la terraza del patio interior, al grito de «¡Me va a matar, que alguien llame a la Policía!». Antes de la llegada de los agentes -varias patrullas de la Guardia Urbana, que entraron a la carrera, escudos en ristre-, al prostíbulo se había desplazado ya uno de los porteros de un club cercano. Este, a pie de calle.Tras su fuga, la Policía Nacional detuvo a ‘La Diabla’ en Hamburgo, en diciembre de 2021. Sobre estas líneas, operaciones policiales contra la explotación sexual. Europol// Policía Nacional // EFEFue con la pandemia cuando gran parte de la prostitución se trasladó de la calle o clubes a inmuebles, es decir, a la clandestinidad. «Algo que complica su detección», constata el inspector Molina. La teniente Hurtado, explica, además, que en los últimos tiempos han detectado que operan también en apartamentos turísticos, que los explotadores alquilan a través de plataformas ‘online’ como Airbnb o Booking. «Ya no hay un punto concreto que la Policía pueda controlar». Además, los perfiles se crean con imágenes de las propias mujeres, la que dificulta aún más su rastreo.«Blanquear el proxenetismo»Tampoco es tarea sencilla perseguir a sus explotadores, sobre todo, en el ámbito de la cibertrata, indica la teniente de la UCO. La captación puede llegar a través de ‘app’ de citas como Tinder o de la plataforma OnlyFans, que «puede suponer el paso previo a entrar en el mundo de la trata y la prostitución», advierte el inspector Molina, bien mediante «engaño total o parcial», tras contactar los proxenetas con alguna de las usuarias, con la intención de trasladarlas luego hasta España. También puede materializarse la explotación en la propia red, sin necesidad de que las víctimas salgan de sus casas. De hecho, el Instituto Armado ha detectado ya el caso de una menor que subía contenido sexual tras ser convencida por su captor de que «tenía un cuerpo precioso y debía venderlo». Un caso que la UCO desveló durante el III Congreso Internacional sobre la Trata de Seres Humanos, este pasado septiembre, para explicar que, en un principio, la víctima ni siquiera se identificaba como tal. En 2024, un estudio de la Federación Mujeres Jóvenes ya advirtió que OnlyFans era un espacio que «blanqueaba el proxenetismo». Consultados al respecto, desde la plataforma indican a este diario que no han tenido conocimiento de esta «actividad» y defienden su política de «tolerancia cero» ante ilegalidades, con «medidas rigurosas para proteger» a sus usuarios, moderando todo el contenido, incluidos «los mensajes directos». Lo cierto es que los investigadores monitorean la actividad de aquellos que actúan como ‘agentes’ de creadores de contenido con la intención de comercializar con la producción, venta y distribución de material sexual. Clandestinidad La explotación sexual ha pasado de la calle o clubes a pisos y alojamientos turísticos a través de Booking y AirbnbLuego entra en juego el limbo legal ; aún más complejo en el ámbito de la explotación digital -al que se suma la necesidad de cooperación internacional-. El Código Penal español no castiga la prostitución -legalizada, por ejemplo, en Alemania-, aunque sí el proxenetismo y la explotación sexual. Perseguir estos delitos es especialmente complejo porque necesitan de «una víctima que quiera contar su historia», constatan desde ambos Cuerpos de Seguridad, y son pocas las que están dispuestas a ello, por su vulnerabilidad. De hecho, apunta el inspector Molina, la procedencia de las mujeres -son la mayoría de víctimas de este tipo de explotación, no así de la laboral, donde predominan los hombres-, está estrechamente vinculada con la situación geopolítica. «Ahora, un gran porcentaje proviene de Sudamérica, en su mayoría, Colombia», detalla. Hace unos años, recuerda la teniente Hurtado, estuvo en auge el método ‘lover boy’ para la captación de víctimas en Rumanía: hombres jóvenes que seducen a chicas vulnerables, para ganarse su confianza y luego prostituirlas.¿Liberadas?Ahora abundan locales de masajes y manicuras de origen asiático, tras los que, en no pocas ocasiones, operan redes dedicadas a la trata. Son investigaciones de especial complejidad, por la reticencia de las víctimas a contar su historia a las autoridades. Hace más de una década, en Las Ramblas de Barcelona era habitual ver a mujeres nigerianas. «Gran parte de ellas eran víctimas de trata, pero una cosa es saberlo y otra poder demostrarlo», lamenta el mando. La teniente recuerda que para ello deben poder acreditar su captación y posterior traslado, y no siempre es posible.Prostitución en Las Ramblas de Barcelona, en 2009. Inés BaucellsObligadas a entregar parte de la recaudación a sus explotadores, si no encontraban ‘clientes’, era frecuente que recurriesen al robo. Sobre todo, a turistas. Hubo varias operaciones policiales, entre ellas, una de los Mossos d’Esquadra que, en 2010, detuvieron a la banda de proxenetas que las que sometían mediante ceremonias de vudú, tras captarlas con falsas promesas de trabajo en peluquerías. De esta céntrica zona de Barcelona las desterró el propio ayuntamiento al modificar la ordenanza de civismo, con multas a los que recurriesen al denominado sexo de pago, pero no erradicó el problema. «¿Ha servido de algo? Yo creo que no. Las expulsas de la calle, pero se van a pisos », certifica el mando. Residentes en esos inmuebles son los que en ocasiones alertan a la Policía, pero no precisamente por temer por su integridad. «Es habitual que muchas de las llamadas o correos que recibimos en trata@policia.es sean de vecinos molestos porque les timbran a las dos de la madrugada», apunta Molina, que corrobora la falta de concienciación al respecto.MÁS INFORMACIÓN noticia No Una campaña de Interpol permite identificar a una mujer que apareció ahorcada en un cobertizo de Gerona en 2018 noticia Si Sin cadáver, sí hay crimen noticia Si ‘Pepe de Homicidios’, el policía que investigó más de 500 crímenes También la falta de alternativa para las víctimas que, en no pocas ocasiones, vuelven a ejercer la prostitución. Las más vulnerables son las mujeres trans. «Nosotros investigamos y el día que explotamos la operación decimos: ‘Las hemos liberado’, pero al cabo de unos meses, aunque las oenegés les proporcionen un lugar donde dormir, e incluso formación si no encuentran trabajo, no pocas veces vuelven a la prostitución», lamenta el inspector. Entre los motivos que las empujan a ello: enviar dinero a sus familias en sus países de origen.
La caza de la proxeneta que luego se convertiría en una de las fugitivas más buscadas de Europa comenzó en Barcelona. Leuidis Isaac Corro Camacho ‘la Diabla’, una mujer transexual de origen venezolano que «captaba a compatriotas para prostituirlas aquí y luego las ‘vendía’ … a un club de Caspe (Zaragoza)», recuerda ahora el inspector Roberto Molina, jefe del Grupo 1 de la sección de Trata de Seres Humanos de la Policía Nacional en Cataluña. Contaban ya con dos víctimas, cuando, tras la paliza a una joven rumana de 18 años, embarazada, la Guardia Civil también empezó a seguir la pista de ese club, Los Almendros y, en consecuencia, también de la Diabla. Pese al avance de las pesquisas, que se tradujo en su detención, el instructor de la causa no decretó su ingreso en prisión, y se esfumó junto a su entonces pareja, un policía alemán, hasta que en diciembre de 2021 consiguieron arrestarla de nuevo en Hamburgo.
La Diabla se aprovechaba de la precariedad económica de las mujeres para captarlas. Las obligaba a someterse a cirugía estética -liposucciones y aumentos de pecho- previo traslado a pisos de la capital catalana, Madrid o Alemania, para explotarlas sexualmente, bajo el pretexto de saldar la deuda contraída: de 10.000 a 12.000 euros. Cuando ya no le daban ‘rendimiento’, las ‘vendía’ al citado club y seguía cobrando un porcentaje por su ‘actividad’.
Finalmente, hace unos meses, fue condenada a seis años de prisión -lejos de los 57 que reclamaba la Fiscalía- por un sólo delito de trata de seres humanos en concurso medial con otro de prostitución coactiva.
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Patricia Donohoe
Según los últimos datos del Ministerio del Interior, casi 7.700 personas fueron identificadas en España ejerciendo la prostitución durante 2024. El perfil más habitual es el de una mujer de entre 33 y 37 años, de nacionalidad colombiana, del propio territorio nacional o de Rumanía. Información recabada tras las 1.700 inspecciones que llevaron a cabo las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en clubes y en locales clandestinos por las que constataron que, al menos, 376 eran víctimas de explotación sexual y otras 256, de trata. En dichos casos, ocho de cada diez eran de origen latinoamericano, y su media de edad estaba entre los 23 y los 27 años.
Es sólo una aproximación a esta lacra, ya que muchas quedan fueran del radar de los investigadores, lo que en argot policial se denomina cifra oculta. Las formas de captación varían. «Desde falsas ofertas de empleo en LinkedIn o InfoJobs a aquellas en las que media un engaño parcial», explica a ABC la teniente Sonia Hurtado, de la sección de Trata de Seres Humanos de la Unidad Central Operativa (UCO), que precisa que «pueden haber sido captadas [abiertamente] para ejercer la prostitución y ser igualmente víctimas» por su extrema vulnerabilidad y las condiciones a las que las someten. De amenazas o palizas, a exigirles parte de la recaudación.
«Setenta euros, media hora, 100, una hora»
«Setenta euros, media hora, 100, una hora», es lo que traslada una mujer al sujeto que ha acudido a un entresuelo de Barcelona, cercano a la estación de Sants, donde se ofrecen servicios sexuales. El negocio que opera en el piso, desde hace casi una década, lo administra una sociedad limitada (S.L.) con domicilio fiscal en una planta baja del mismo barrio, cuyo objeto social es la «prestación de masajes no terapéuticos».
Una de las penúltimas intervenciones policiales, hace unas semanas, se produjo después de que una de las mujeres pidiese auxilio a través de la terraza del patio interior, al grito de «¡Me va a matar, que alguien llame a la Policía!». Antes de la llegada de los agentes -varias patrullas de la Guardia Urbana, que entraron a la carrera, escudos en ristre-, al prostíbulo se había desplazado ya uno de los porteros de un club cercano. Este, a pie de calle.
(Europol// Policía Nacional // EFE)
Fue con la pandemia cuando gran parte de la prostitución se trasladó de la calle o clubes a inmuebles, es decir, a la clandestinidad. «Algo que complica su detección», constata el inspector Molina. La teniente Hurtado, explica, además, que en los últimos tiempos han detectado que operan también en apartamentos turísticos, que los explotadores alquilan a través de plataformas ‘online’ como Airbnb o Booking. «Ya no hay un punto concreto que la Policía pueda controlar». Además, los perfiles se crean con imágenes de las propias mujeres, la que dificulta aún más su rastreo.
«Blanquear el proxenetismo»
Tampoco es tarea sencilla perseguir a sus explotadores, sobre todo, en el ámbito de la cibertrata, indica la teniente de la UCO. La captación puede llegar a través de ‘app’ de citas como Tinder o de la plataforma OnlyFans, que «puede suponer el paso previo a entrar en el mundo de la trata y la prostitución», advierte el inspector Molina, bien mediante «engaño total o parcial», tras contactar los proxenetas con alguna de las usuarias, con la intención de trasladarlas luego hasta España.
También puede materializarse la explotación en la propia red, sin necesidad de que las víctimas salgan de sus casas. De hecho, el Instituto Armado ha detectado ya el caso de una menor que subía contenido sexual tras ser convencida por su captor de que «tenía un cuerpo precioso y debía venderlo». Un caso que la UCO desveló durante el III Congreso Internacional sobre la Trata de Seres Humanos, este pasado septiembre, para explicar que, en un principio, la víctima ni siquiera se identificaba como tal.
En 2024, un estudio de la Federación Mujeres Jóvenes ya advirtió que OnlyFans era un espacio que «blanqueaba el proxenetismo». Consultados al respecto, desde la plataforma indican a este diario que no han tenido conocimiento de esta «actividad» y defienden su política de «tolerancia cero» ante ilegalidades, con «medidas rigurosas para proteger» a sus usuarios, moderando todo el contenido, incluidos «los mensajes directos». Lo cierto es que los investigadores monitorean la actividad de aquellos que actúan como ‘agentes’ de creadores de contenido con la intención de comercializar con la producción, venta y distribución de material sexual.
Clandestinidad
La explotación sexual ha pasado de la calle o clubes a pisos y alojamientos turísticos a través de Booking y Airbnb
Luego entra en juego el limbo legal; aún más complejo en el ámbito de la explotación digital -al que se suma la necesidad de cooperación internacional-. El Código Penal español no castiga la prostitución -legalizada, por ejemplo, en Alemania-, aunque sí el proxenetismo y la explotación sexual. Perseguir estos delitos es especialmente complejo porque necesitan de «una víctima que quiera contar su historia», constatan desde ambos Cuerpos de Seguridad, y son pocas las que están dispuestas a ello, por su vulnerabilidad.
De hecho, apunta el inspector Molina, la procedencia de las mujeres -son la mayoría de víctimas de este tipo de explotación, no así de la laboral, donde predominan los hombres-, está estrechamente vinculada con la situación geopolítica. «Ahora, un gran porcentaje proviene de Sudamérica, en su mayoría, Colombia», detalla. Hace unos años, recuerda la teniente Hurtado, estuvo en auge el método ‘lover boy’ para la captación de víctimas en Rumanía: hombres jóvenes que seducen a chicas vulnerables, para ganarse su confianza y luego prostituirlas.
¿Liberadas?
Ahora abundan locales de masajes y manicuras de origen asiático, tras los que, en no pocas ocasiones, operan redes dedicadas a la trata. Son investigaciones de especial complejidad, por la reticencia de las víctimas a contar su historia a las autoridades. Hace más de una década, en Las Ramblas de Barcelona era habitual ver a mujeres nigerianas. «Gran parte de ellas eran víctimas de trata, pero una cosa es saberlo y otra poder demostrarlo», lamenta el mando. La teniente recuerda que para ello deben poder acreditar su captación y posterior traslado, y no siempre es posible.

(Inés Baucells)
Obligadas a entregar parte de la recaudación a sus explotadores, si no encontraban ‘clientes’, era frecuente que recurriesen al robo. Sobre todo, a turistas. Hubo varias operaciones policiales, entre ellas, una de los Mossos d’Esquadra que, en 2010, detuvieron a la banda de proxenetas que las que sometían mediante ceremonias de vudú, tras captarlas con falsas promesas de trabajo en peluquerías. De esta céntrica zona de Barcelona las desterró el propio ayuntamiento al modificar la ordenanza de civismo, con multas a los que recurriesen al denominado sexo de pago, pero no erradicó el problema.
«¿Ha servido de algo? Yo creo que no. Las expulsas de la calle, pero se van a pisos», certifica el mando. Residentes en esos inmuebles son los que en ocasiones alertan a la Policía, pero no precisamente por temer por su integridad. «Es habitual que muchas de las llamadas o correos que recibimos en trata@policia.es sean de vecinos molestos porque les timbran a las dos de la madrugada», apunta Molina, que corrobora la falta de concienciación al respecto.
También la falta de alternativa para las víctimas que, en no pocas ocasiones, vuelven a ejercer la prostitución. Las más vulnerables son las mujeres trans. «Nosotros investigamos y el día que explotamos la operación decimos: ‘Las hemos liberado’, pero al cabo de unos meses, aunque las oenegés les proporcionen un lugar donde dormir, e incluso formación si no encuentran trabajo, no pocas veces vuelven a la prostitución», lamenta el inspector. Entre los motivos que las empujan a ello: enviar dinero a sus familias en sus países de origen.
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