Cuando fui joven y militaba en la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) fuimos educados en la oposición al culto a la personalidad, que era una característica típica de los comunistas. Los comunistas prestaban obediencia bien a Moscú, bien a Pekín. Aquellos jóvenes descreídos en los modelos del socialismo real teníamos al Partido Comunista Portugués (PCP) como el modelo de la ortodoxia estalinista. Lo dirigía un líder muy respetable que incluso había huido de las garras de la dictadura salazarista, fugándose de la cárcel en una hazaña memorable. Ese líder era Álvaro Cunhal, al que el pueblo portugués y todos nosotros le debemos su sacrificio, que permitió la conquista de la libertad y avances innegables en los derechos políticos y sociales que mejoraron la vida de los portugueses y marcaron también los avances que después conquistamos los españoles.Cuando el pueblo portugués empezó a votar y los militares del 25 de abril dejaron el gobierno, las urnas dieron su confianza mayoritaria a los socialistas de Mario Solares y también a los liberales conservadores de Sá Carneiro. El PCP comprobó -como después nos pasó en España- que los comunistas eran minoría en la sociedad y en la clase obrera. El PCP no se llevaba bien con el PCE de Carrillo. Uno de los partidos españoles que tenían lazos de colaboración los comunistas de Cunhal era (y sigue siendo) la UPG. Al igual que el PCP montó un frente electoral llamado CDU (para disimular la palabra comunista), en Galicia asistimos al mismo frentismo. Primero se llamó ANPG, después BNPG y por fin BNG. Si los comunistas portugueses tienen su sindicato hermano, en Galicia la UPG tiene a la CIG. Cuando escucho al BNG hablar de «victoria histórica» para el caso de Altri -como en su día para la autopista AP-9- me acuerdo de Cunhal, que cada derrota electoral decía que era una victoria y así le fue al PCP. Aquí el problema es Galicia: sin industrias como Altri, sin eólica terrestre, sin eólica marina, mis nietos y sus hijos tendrán peor futuro y la derecha ganará las elecciones porque ni la UPG, ni el BNG ni la CIG son la alternativa necesaria, en mi opinión. Cuando fui joven y militaba en la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) fuimos educados en la oposición al culto a la personalidad, que era una característica típica de los comunistas. Los comunistas prestaban obediencia bien a Moscú, bien a Pekín. Aquellos jóvenes descreídos en los modelos del socialismo real teníamos al Partido Comunista Portugués (PCP) como el modelo de la ortodoxia estalinista. Lo dirigía un líder muy respetable que incluso había huido de las garras de la dictadura salazarista, fugándose de la cárcel en una hazaña memorable. Ese líder era Álvaro Cunhal, al que el pueblo portugués y todos nosotros le debemos su sacrificio, que permitió la conquista de la libertad y avances innegables en los derechos políticos y sociales que mejoraron la vida de los portugueses y marcaron también los avances que después conquistamos los españoles.Cuando el pueblo portugués empezó a votar y los militares del 25 de abril dejaron el gobierno, las urnas dieron su confianza mayoritaria a los socialistas de Mario Solares y también a los liberales conservadores de Sá Carneiro. El PCP comprobó -como después nos pasó en España- que los comunistas eran minoría en la sociedad y en la clase obrera. El PCP no se llevaba bien con el PCE de Carrillo. Uno de los partidos españoles que tenían lazos de colaboración los comunistas de Cunhal era (y sigue siendo) la UPG. Al igual que el PCP montó un frente electoral llamado CDU (para disimular la palabra comunista), en Galicia asistimos al mismo frentismo. Primero se llamó ANPG, después BNPG y por fin BNG. Si los comunistas portugueses tienen su sindicato hermano, en Galicia la UPG tiene a la CIG. Cuando escucho al BNG hablar de «victoria histórica» para el caso de Altri -como en su día para la autopista AP-9- me acuerdo de Cunhal, que cada derrota electoral decía que era una victoria y así le fue al PCP. Aquí el problema es Galicia: sin industrias como Altri, sin eólica terrestre, sin eólica marina, mis nietos y sus hijos tendrán peor futuro y la derecha ganará las elecciones porque ni la UPG, ni el BNG ni la CIG son la alternativa necesaria, en mi opinión.
Cuando fui joven y militaba en la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) fuimos educados en la oposición al culto a la personalidad, que era una característica típica de los comunistas. Los comunistas prestaban obediencia bien a Moscú, bien a Pekín. Aquellos jóvenes descreídos en los modelos … del socialismo real teníamos al Partido Comunista Portugués (PCP) como el modelo de la ortodoxia estalinista. Lo dirigía un líder muy respetable que incluso había huido de las garras de la dictadura salazarista, fugándose de la cárcel en una hazaña memorable. Ese líder era Álvaro Cunhal, al que el pueblo portugués y todos nosotros le debemos su sacrificio, que permitió la conquista de la libertad y avances innegables en los derechos políticos y sociales que mejoraron la vida de los portugueses y marcaron también los avances que después conquistamos los españoles.
Cuando el pueblo portugués empezó a votar y los militares del 25 de abril dejaron el gobierno, las urnas dieron su confianza mayoritaria a los socialistas de Mario Solares y también a los liberales conservadores de Sá Carneiro. El PCP comprobó -como después nos pasó en España- que los comunistas eran minoría en la sociedad y en la clase obrera.
El PCP no se llevaba bien con el PCE de Carrillo. Uno de los partidos españoles que tenían lazos de colaboración los comunistas de Cunhal era (y sigue siendo) la UPG. Al igual que el PCP montó un frente electoral llamado CDU (para disimular la palabra comunista), en Galicia asistimos al mismo frentismo. Primero se llamó ANPG, después BNPG y por fin BNG. Si los comunistas portugueses tienen su sindicato hermano, en Galicia la UPG tiene a la CIG. Cuando escucho al BNG hablar de «victoria histórica» para el caso de Altri -como en su día para la autopista AP-9- me acuerdo de Cunhal, que cada derrota electoral decía que era una victoria y así le fue al PCP.
Aquí el problema es Galicia: sin industrias como Altri, sin eólica terrestre, sin eólica marina, mis nietos y sus hijos tendrán peor futuro y la derecha ganará las elecciones porque ni la UPG, ni el BNG ni la CIG son la alternativa necesaria, en mi opinión.
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